Espejarse

BlancanievesMirror

Fotografía: Kareva Margarita

Espejarse: contemplarse en el espejo.  

Puedes escuchar este artículo en el siguiente audio. Duración: 14 minutos. No te pierdas los enlaces, las fotos y los vídeos de la versión escrita.

Sólo la palabra espejo es una puerta a mil dimensiones, una caja de Pandora.

Difícil para mí atravesar el espejo para llevarte de la mano, querid@ lector@, sin perderme a mí misma por el camino. Pero precisamente de eso trata este blog: de abrir puertas, de abrir cajas, de explorar, indagar, descubrir, encontrar, atravesar portales a otras miradas y a otros mundos a partir de algo cotidiano.

Cotidiano como un espejo, que forma parte de nuestra vida desde la primera vez que nos vimos reflejados en el agua y, como Narciso, nos quedamos atrapados en la necesidad de contemplar nuestra propia imagen.

Así que ahora me siento como si estuviera entrando en Interstellar (gran película que super recomiendo), un lugar dónde el tiempo se estira y desaparece, dónde se encuentran todas las teorías de la física: la relatividad, la cuántica, el electromagnetismo… y se cruzan, se anulan entre ellas, se superponen…. Pasamos a otro Universo dónde todo es posible.

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Lejos de ser un artículo de Ciencia Ficción, este post nace cuando al mirarme al espejo me doy cuenta de las cosas que nos suceden cuando nos encontramos con nuestra propia imagen. Una reflexión concreta sobre algo muy contemporáneo, reflejo de nuestra sociedad y de nuestra mente.

Espero volver a ello dentro de un rato, porque están apareciendo Eco, Narciso, Alicia y la Madrastra de Blancanieves y me están llevando de la mano a contemplar el Árbol de la Vida, distrayéndome. Y cuando creo que me están sacando de mi sendero, descubro que el mito de Narciso tiene mucho que ver con mi reflexión: una historia de amor no correspondido y de amor inalcanzado.

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Eco y Narciso, pintura de John William Waterhouse (1903).

Cuenta el mito, que Narciso era un joven muy hermoso del que se enamoraban las doncellas, pero él las rechazaba. Eco era una ninfa a la que Hera había condenado a repetir las últimas palabras de aquello que se le dijera. Un día siguiendo a Narciso por el bosque, Eco se escondió entre los árboles. Cuando él preguntó «¿Hay alguien aquí?», Eco respondió: «Aquí, aquí». Incapaz de verla, Narciso le gritó: «¡Ven!». Eco salió de entre los árboles con los brazos abiertos. Narciso cruelmente se negó a aceptar su amor, por lo que la ninfa, desolada, se ocultó en una cueva y allí se consumió hasta que sólo quedó su voz.

Para castigar a Narciso por su engreimiento, Némesis, (la diosa de la justicia retributiva, la solidaridad, la venganza, el equilibrio y la fortuna) hizo que se enamorara de su propia imagen reflejada en una fuente. En una contemplación absorta, incapaz de apartarse de su imagen, acabó arrojándose a las aguas. Se dice que Narciso se suicida al no poder tener el objeto de su deseo. En el sitio donde su cuerpo había caído, creció una hermosa flor, que hizo honor al nombre y la memoria de Narciso.

Espejo, del latín specŭlum.

Se me cae el alma al suelo cuando consulto el Diccionario de la Real Academia Española. Algo tan increíble como Espejo tiene una definición tan  tan…. Con todos mis respetos y reconociendo la labor y la dificultad de semejante empresa… es tan poco espiritual! Tan poco metafísico! Tan serio! Tan literal! Tan sólo hemisferio izquierdo! Tan antiguo. Tan lleno de corbatas y trajes obsoletos.

“Veramente”, hacen falta más mujeres en la Academia para equilibrarlo y darle vidilla. Es plano plano. Cero esférico. Es literalmente un … y me sale una palabrota sexista, así que la voy a cambiar por “profundo aburrimiento” que no tiene nada que ver con la palabrota sexista, obviamente. (No me distraigas, Eco)

Busco la etimología (en otro lado) y dice: “La palabra espejo, formada por specio mirar, y el sufijo instrumental culum.  Significa, por tanto, “instrumento de mirada”.

Alicia desde el País de las Maravillas me susurra al oído: “Gargantua…”. Tienes razón, bonita. No olvidaré mencionar que Gargantua, un agujero negro super masivo, es el objetivo de la expedición de Interstellar.

gargantua

El ser humano es explorador por naturaleza. Los exploradores de todos los siglos, desde el principio de la humanidad hasta los astronautas, buscan ver más allá, encontrar más allá, cruzar al otro lado. Alicia acepta el juego, es curiosa, y cuando la curiosidad puede al miedo se convierte en puro deleite, en pura transformación. Narciso no cruza, se queda cautivado por lo evidente, y muere atrapado porque no consigue alcanzarse a sí mismo.

Tan lejos hemos llegado a otros continentes y a otras estrellas y tan lejos estamos de nosotros mismos.

Cuando miramos nuestra propia imagen en un espejo… ¿aceptamos lo que vemos? ¿amamos lo que vemos? ¿Comprendemos lo que vemos? ¿alcanzamos lo que vemos? ¿cruzamos al “otro lado”? ¿llegamos a ser uno con lo que vemos? ¿somos capaces de ver de verdad la verdad de lo que vemos?

Lo explicaré mejor. Lo que a mí me sucede estoy segura de que es lo que le sucede a la mayoría de las mujeres. No sé lo que les sucede a la mayoría de los hombres. Tengo pendiente preguntarles.

A mí me sucede lo siguiente: si la imagen que muestra el espejo pasa el examen de mi Departamento de Control de Calidad Interior, entonces me pongo contenta, y me siento bella y bien; si la imagen que muestra el espejo no pasa el Quality Control, es decir, no se ajusta a lo que mi mente considera bello, entonces me siento mal. Y no me quiero.

Esto es resumirlo simple. ¿Te has parado a darte cuenta de la cantidad y calidad de pensamientos que emergen cuando la imagen en el espejo, cuando la imagen de cualquier mujer en el espejo no se adecúa a los cánones de belleza de esta sociedad?

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Quizás me equivoco, pero esta experiencia no es tan dramática para los hombres. Contadme, chicos.

Me atrevo a asegurar que no conozco a ninguna mujer que se sienta satisfecha con su físico. Incluyéndome a mí misma, todas nos criticamos y nos desaprobamos a nosotras mismas sistemáticamente. Lo que quisiéramos, resulta inalcanzable. Puede que algún día nos veamos bien, pero va a durar bien poco. La noche va a avanzar, el rimmel se va a correr, los años van a pasar, las arrugas y las canas van a aparecer. Y empezaremos a luchar contra esos “terribles monstruos”. Y sacaremos toda nuestra artillería contra las canas, las arrugas, los kilos, la flacidez, la celulitis, y maquillaremos y manipularemos la belleza de lo real hasta aniquilarla por completo. Y moriremos sin habernos alcanzado, como Narciso.

Y entonces seremos capaces de perseguir y mandar asesinar a esa niña inocente de piel blanca como la nieve, labios rojos como las fresas, pelo negro como el cielo nocturno. Y si no,  recuerda lo que le sucede a la madrastra cuando el espejo le dice que “ella ya no es la más bella”. Se envenena y envenena.

No voy a ir a lo trillado, ni a lo evidente. A todos nos encanta LA BELLEZA. Pero ¿quién decide e implanta para todos lo que es oficialmente bello? ¿no ha cambiado lo bello a lo largo de la historia? ¿no es lo realmente bello una experiencia más bien del espíritu?

Es creativo ensalzar la belleza natural del tipo que sea, la propia forma genuina, a través de la moda, de nuestra vestimenta, del uso del maquillaje, del peinado, de los tatuajes, adornos y ese largo etcétera de recursos que los humanos desarrollamos desde nuestro instinto biológico del cortejo y que se convierten en arte. Y más allá, como humanos, desde ese anhelo inherente de expresar la belleza.

Es legítima cualquier decisión de hacerse cirugía estética o hacerse todo tipo de tratamientos antienvejecimiento.

Es maravilloso dedicarse a cuidar la alimentación y hacer ejercicio para mantenerse en una buena forma física, mental y espiritual y lucir un aspecto bello y saludable.

Lo que me parece importante aquí, a nivel personal y social, es: ¿después de hacer todo eso, voy a seguir desaprobándome? ¿Hasta cuándo? ¿Y si no alcanzo a conseguir esa belleza que deseo ser, entonces no valgo?  ¿Seguiré siempre inmensamente insatisfecha con mi propia imagen?

¿Cuánto me va a costar sostener este espejo toda mi vida?

¿Qué supone todo esto? ¿Cuántos pensamientos de desaprobación sobre una misma a lo largo del día? ¿Qué impacto tiene cada pensamiento de juicio sobre sí misma, de desaprobación de sí misma? ¿por no hablar de la desaprobación de todos los demás aspectos de lo que somos?

Nunca somos suficientes. Nunca es suficiente.

¿Realmente no somos capaces de amar la prodigiosa criatura que somos?¿No es plena y suficiente nuestra respiración? ¿No es perfecto y bello el latido de nuestro corazón?

Origen” es una película de Christopher Nolan, el mismo director de Interstellar (nunca imaginé que hablaría de su cine cuando mi mente concebía este post ante el espejo). “Origen” cuenta que una idea en la mente puede destrozar tu vida o crear una vida maravillosa. Así que el equipo protagonista de Origen se dedica a entrar en el inconsciente de las personas a través de sus sueños, para aniquilar, erradicar esa idea en su mente que está diseñando su vida de determinada manera.

Los budistas, los yoguis, los artistas, los buscadores espirituales somos exploradores del otro lado, igual que los exploradores de continentes y de otros universos “físicos” exploran el macrocosmos, los buscadores espirituales nos dedicamos a descubrir los confines del universo de la mente y del espíritu.

Los maestros nos animan siempre a mirar en el interior.

Entonces ¿alcanzamos a ver que nuestra mirada está teñida de un filtro lleno de condicionamientos culturales, sociales, familiares, circunstanciales, personales, a través de las ideas y creencias que han ido conformando nuestra mente, que es una mente individual pero fundamentalmente colectiva?

¿Todas esas cosas que mi mente cree y piensa … son verdad?

Cuando me miro al espejo y me veo con todos esos filtros pienso: “estoy gorda”, porque la imagen y la idea de lo correcto y lo bello y lo socialmente admirable me está bombardeando en todas las marquesinas desde hace ya demasiado años. Y esa idea es muy delgada. Y esa idea no tiene nada que ver con los seres humanos que veo a mi alrededor. Es por lo tanto inalcanzable.

Y… ¿es verdad que estoy gorda?

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Y…. si estoy gorda ¿no soy bella? Y si no soy “bella” ¿soy menos? ¿es verdad que debería ser de otra manera distinta a la que soy? ¿verdaderamente soy un error de la naturaleza? ¿Y si resulta que todo es bello pero no lo vemos?

Hace un par de años tuve la suerte y el privilegio de conocer personalmente a Pablo d’Ors, en un taller de meditación que organicé y le invité a impartir. Pablo d’Ors es sacerdote y escritor y un maravilloso y generoso ser humano, así lo sentí.

Al taller que impartió asistieron 45 personas en una sala de 33 metros cuadrado. Fue un encuentro auténtico, sencillo, profundo y natural, como él.

Dijo algunas cosas memorables. Una de ellas, que comentó casi de pasada, me llegó especialmente, porque ya lo había experimentado.

Nos dijo: “Si te miras al espejo, y te mantienes contemplándote al espejo un buen rato, acabas llorando.

Sí, acabas llorando, porque te ves. Te miras a ti mismo a través de la negra pupila del Gargantua de tus ojos y ves tanto. Ves tu persona, ves tu identidad, ves tu mente, ves tu cuerpo, ves tus manchas, ves tu inocencia, ves tu alma. Te alcanzas.

Y es que, sostienen filosofías espirituales como la Cábala o el Shivaismo de Cachemira, el 1 para convertirse en 2 sólo puede hacerlo reflejándose a sí mismo. O dicho de otra manera, Dios crea el Mundo para conocerse a sí mismo, siendo la Creación su propio reflejo. O dicho de otra manera, Dios creó al hombre a su imagen y semejanza. Por eso buscamos al otro para sentirnos completos.

De las Cinco Sabidurías del Budismo, la segunda es la “Sabiduría similar a un espejo”. Esta Sabiduría es como un espejo porque éste refleja todos los objetos; de igual manera la mente iluminada entiende la verdadera naturaleza de todo y refleja todo aquello que existe.

¿Te has contemplado a ti mism@ en el espejo mágico?

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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El infinito en la palma de tu mano y la eternidad en una hora

manito

agua dulce fotografía

Puedes leer este post o escucharlo en este audio:

Quiero escribir de tantas cosas hoy, y son las 23 horas, y se me cierran los ojos de sueño, pero necesito escribir, tantos días sin poder escribir… Y quiero escribir lo mágico y lo banal de un día cualquiera como hoy: un día que empieza, un día que transcurre, un día que termina, un día más en el paraíso.

Y quiero escribirlo desde el recuerdo de un primer abrir de ojos, de una primera respiración, del primer instante de la vida, que es, en realidad, cada instante.

El instante en que nació mi hijo se paró el tiempo. Todo se volvió transparente con un halo blanco. Mi sonrisa, mi felicidad, mi inocencia pura, mi absoluta plenitud. La eternidad del instante perfecto que se desplegaba a un ritmo perfecto duró varias horas. Dicen que esa experiencia se llama éxtasis.

Siempre digo que el nacimiento de mi hijo fue una experiencia de iluminación para mí. Y así fue, realmente. Un estado de gracia. Tuve la suerte de vivirlo así.

Y aunque luego todo volvió a adquirir esa pátina de realidad acostumbrada, la experiencia dejó su impronta para siempre.

Cuando vi esta fotografía, me envolvió el recuerdo de la primera noche dándole mi dedo a la manita diminuta de mi bebé.  Y la ternura más allá de las palabras.

Esa primera noche en el hospital no dormí. Tuve mis ojos fascinados y mi mano agarrando su manita toda la noche sin descanso. Él en su cunita transparente donde te recomiendan que duerma y que yo puse junto a mi cama todo lo cerca que fue posible.

Esta sociedad ha anestesiado nuestra maternidad. Nos convertimos en niñas pequeñas durante el embarazo y el parto sometiéndonos a lo que nos “disimuladamente” obligan.

No me atreví a dormir con él junto a mi pecho en mi cama, por ese absurdo miedo a aplastarle. Y porque no sólo no te animan a ello, si no que te lo desaconsejan. Por no decir que normalmente se llevan al bebé al nido, una habitación donde llevan a todos los bebés para que la madre descanse.

En algunos casos la madre necesita descansar después de 36 horas de un parto extremadamente difícil y de perder mucha sangre, como es el caso de una amiga mía. Algunas madres necesitan descansar. Pero no creo que la costumbre de separar al bebé de su madre nada más nacer sea la mejor opción.

Si pudiera volver a vivirlo, lo haría diferente. Habría dormido con mi bebé junto a mi pecho, en lugar de darle “sólo” mi mano, aunque en realidad le estaba dando toda mi alma.

Cuando das tu mano a la manita diminuta de tu hijo recién nacido estás dando la mano incondicionalmente a la vida entera. Y entregándote a un abismo de amor, de dolor, de felicidad, de miedo, de ignorancia y de maestría. De una ternura dolorosa por lo extrema.

Mi hijo ahora tiene 9 años y está durmiendo junto a mí, en mi misma cama, mientras yo escribo este post. También están a los pies de la cama nuestras dos gatas: Happy y Samadhi. Y el macbookair. Podríamos decir que los 100 metros cuadrados de piso nos sobran y nos apañaríamos con una estancia.  Amor infinito en cuatro metros cuadrados.

A mi hijo le gusta dormir conmigo porque le da miedo la noche, como nos dio miedo a todos cuando éramos pequeños. Entiendo que los humanos y muchos mamíferos nos sentimos instintivamente vulnerables durante el sueño y tendemos a dormir juntos para protegernos. Y creo que casi todos los niños se levantan para ir a la cama de sus padres. Y si ellos pudieran elegir, pongo la mano en el fuego a que dormirían con ellos. De hecho, en muchas culturas duermen todos juntos.

Me parece genial que cada madre, padre y familia hagan lo que les plazca al respecto. No creo en un método ni en una verdad, creo en lo que el corazón te pide y en lo que se va desplegando naturalmente en armonía cada día, y según las circunstancias, las necesidades y el sentir de cada uno.

A mí me gusta dormir con mi hijo porque es mi amor. Y uno normalmente quiere estar junto a aquello que ama. Me parece natural y hermoso. Y me siento afortunada de poder hacerlo.

Aunque esto es algo muy criticado en nuestra sociedad, yo lo tengo tan claro, y lo disfruto tanto, que me importan un huevo todas esas cosas que mucha gente asegura con tanta rotundidad sobre la educación de los hijos.

La crianza, la infancia de un hijo, es un tiempo tan corto en toda una vida que yo prefiero vivirlo tan plenamente como me sea posible.

Y un día de estos mi hijo sentirá que ya es el momento de dormir en su cama y tranquilamente se irá. Igual que un día tranquilamente se irá de casa. Igual que un día ya no podré agarrarle la manita y comérmelo a besos y a cosquillas.

Mi hijo hoy ha sido lo mejor del día.

Hoy ha sido lunes de Pascua, día no lectivo. Ser autónoma tiene sus cosas terribles y sus cosas magníficas: a veces puedes decidir quedarte con tu hijo y trabajar en casa, porque está malito o porque no tiene cole, y esto puede ser a la vez terrible, y magnífico.

Hoy ha sido esplendoroso y delirante.

Me he levantado muy pronto para poder trabajar antes de que mi niño se despertara. Porque ya sé que trabajar con tu hijo en casa suele ser casi siempre desquiciante.

Cuando llevaba media hora trabajando en pijama delante del ordenador y sin haber desayunado para que me diera tiempo (todos los chistes sobre los autónomos son verdad), escucho una vocecita: “mami….”

Así que como es muy pronto y tiene que dormir más, al menos sus diez horas mínimas de sueño, voy y le abrazo para que vuelva a dormirse. Se duerme pero tarda, y cada vez que intento irme se despierta y tengo que quedarme.

La ansiedad por todo el trabajo que tengo por hacer y mil tareas por resolver se empieza a manifestar en mi interior, simultáneamente al placer de disfrutar de la respiración y el olor de mi hijo tranquilamente en la cama. Así que decido aprovechar el tiempo disfrutándolo, y meditándolo. Aprovecho para sentir, para recordar mis sueños, para tomar conciencia de mis miedos, para observar mi mente, para elevarla cuando cae e iluminarla cuando se oscurece…

En un momento ya puedo irme y volver al ordenador y a la agenda, hasta que mi hijo se despierta definitivamente y hay que preparar desayuno, y recoger la casa y organizar el día, que avanza conciliando.

Pero la conciliación… esa palabra….

Hoy mi hijo es un regalo del cielo: ha hecho los deberes sin quejarse, no me reclama, no se me sube a la chepa mientras atiendo llamadas de trabajo, puedo responder emails, pelearme con la contabilidad, poner tickets de soporte al servidor de la web de la empresa que no funciona y me rechaza la contraseña. Mi hijo mientras hace todo lo que le pido, cambia de actividades, juega, ve algún vídeo, se viste, se lava los dientes, me dice gracias y por favor y está especialmente cariñoso y me abraza y me cuenta cosas de vez en cuando.

Yo sobre la marcha tengo que ir decidiendo qué cosas de la lista de tareas tendrán que caerse o dejarse para otro momento. La compra es una de ellas. Cambiar la arena de los gatos, otra. Recoger la cocina y hacer la cama tendrán que postergarse.

DETESTO LAS TAREAS DOMÉSTICAS CON TODA MI ALMA

Y me empiezo a sentir terriblemente incómoda de no abarcar el trabajo, de colapsarme a la hora de vestirme, de las tareas domésticas que nunca se acaban… y de ver que no voy a poder, ni de lejos, escribir un post en mi querido blog. Llevo casi una semana sin poder escribir. Sé que me conviene dejar el trabajo un rato y salir a dar un paseo con mi hijo. Sé que siempre nos despeja y nos cambia el ánimo. Hace un día precioso. Quizás demasiado calor para pasear.

Entonces decido darle una clase de yoga de 20 minutos a mi hijo (hemos empezado hace poco). Lo hace muy bien, teniendo en cuenta lo difícil que es.

Consigo improvisar una comida sana que mi niño se come con gusto (ensalada caprese con tomatitos Cherry, y huevos) y después nos vamos a dar un paseo por un campo-bosque que tenemos cerca. Y ahí todo cambia. Estamos solos entre los árboles.

El paisaje es hermoso, entre pinos, encinas, jaras, zarzamoras y senderos que se bifurcan. Comenzamos a ver conejos (hay un montón de crías), las primeras golondrinas, y escuchamos el canto de los pájaros en una increíble sinfonía primaveral.

Escucha el jardín de mirlos (20 segundos):

De pronto, escuchamos cencerros. Un pastor ha sacado a su rebaño. Hay ovejas, algunas cabras, varios corderitos y dos perros. El pastor es un señor mayor de pelo blanco y barba, curtido por el sol, que saluda a mi hijo y le pregunta si quiere acariciar al perro. Le pregunto si siempre pasean por ahí porque nunca antes le he visto. Me dice sonriendo: “siempre hay una primera vez”. Se llama Antonio. Y el perro Triqui.

Es maravilloso escuchar los cencerros del rebaño resonando. Ellos siguen su camino. Mi hijo me pide que volvamos porque hemos quedado en ir a casa de un amiguito. Llegamos a la hora prevista.

Yo mientras me dispongo a hacer la compra y pienso que si resuelvo lo urgente del trabajo rápidamente, quizás me da tiempo a escribir. Al pasar por el mercado no hay sitio para aparcar así que dejo la compra para el día siguiente. Y llego a mi casa y abro el ordenador.

A partir de ahí, mis dos horas sin mi hijo, dos horas de delirio tecnológico. Cada tarea depende de la tecnología y se subdivide en un montón de pequeñas tareas que se van convirtiendo en irrealizables. Una carrera de obstáculos, de pesadillas de contraseñas que no funcionan y que no pueden reestablecerse:

su contraseña no es suficientemente segura

su contraseña no debe de tener más de 12 caracteres

su contraseña debe de incluir minúsculas, mayúsculas y signos

ha excedido su tiempo

descárguese este formulario, imprímalo, escanéelo, fírmelo y envíelo por fax

y una locura de configuración de cuentas de email que no consiguen descargarse, de páginas web del banco que caducan cada dos minutos y te obligan a repetir el trabajo mil veces, desesperación por no poder acceder a la información al haber cambiado de ordenador, el Microsoft office que te dice que no tienes licencia después de haberla pagado…

en fin, un largo etcétera de Orcos que te hacen empezar a pensar que …

….quizás soy gafe tecnológica

… que no, que es que tengo que asumir que esto es el día a día de un autónomo que no tiene departamento de informática, ni de mantenimiento, ni de contabilidad en su empresa porque es ella/él para todo…..

…que debe de ser una conspiración global para volver loco al pobre ser humano de a pie

…que si no sería mejor opositar (lo digo pero no lo creo)

… que qué vida apacible tienen los funcionarios y la gente que trabaja en empresa con vacaciones pagadas y pagas extras y departamentos a su servicio

… que así es la vida

… que qué suerte que no hay guerra y tenemos que comer

… aunque no sé si este verano tendré sueldo y si llegaré a final de mes

… que cómo voy a hacer en verano para conciliar trabajo y vacaciones de mi hijo

… que cómo me gustaría irme de vacaciones y no hacer nada pero no sé si voy a tener dinero para vacaciones

… que esta vida es delirante

… que si no sería mejor vivir en una aldea sin wifi y comiendo de mi propio huerto y sin correr todo el puto día

… que no pasaría nada si no escribiera un blog y no tuviera una empresa, siempre hay un repertorio inmenso de canciones para cantar durante toda una vida

Y sí, siento ansiedad, y algo de desesperación. Y en algún momento llego a escribir un par de emails de cliente borde que amenaza con cambiarse de proveedor y llegando incluso a escribir en MAYÚSCULAS Y CON EXCLAMACIONES.

Y sí, soy profesora de yoga y siento ansiedad y me desespero… Por suerte tengo un truco. Me digo: tengo ansiedad. Entonces la reconozco, la miro, la llamo por su nombre y la dejo estar…

Y pienso que la solución debe de ser cuántica: hacer como que se para el tiempo en medio de la vorágine de obstáculos y minutos y confiar, y tener paciencia, y recordar esa experiencia sin tiempo en el instante de la iluminación.

Y pienso que si me esmero podré parar el tiempo, como Neo para las balas.

Neo, matrix

Hora de recoger a mi hijo! Voy un poco tarde, pliego el ordenador, salgo pitando, cojo el coche, improviso una cena sana que mi hijo se devora (quinoa que hice ayer en la Thermomix rehogada con cebolla y shitake y aguacate aliñado) Y me pide dos tostadas con mantequilla y miel de postre. Habla con su padre por teléfono, mañana se queda a dormir con él para ver la Champions juntos 🙂

Recojo la cocina, mi hijo se pone el pijama, se lava los dientes, ya es tarde, hoy no hay ducha.

Y me pide que le lea un cuento de “Cuentos budistas para ir a dormir”, un libro que le regaló mi mejor amigo. Se acurruca en mi hombro y le leo: el árbol de los frutos misteriosos.

 

 

Se dispone a dormirse como un bendito pero me ve abrir el macbook y me empieza a preguntar cosas. Finalmente se duerme.

No es mi mejor día para escribir, tengo mucho sueño, pero quería guardar el recuerdo de un día raro y honorable que me enseña a surfear, a confiar, a ver lo bello detrás de cada obstáculo.

Y sobre todo, la alegría de tener la manita de mi hijo, todavía cerquita, de tener a mi hijo durmiendo a mi lado, de comprobar como en cada rincón se despliega un infinito, de confiar en que a pesar del tsunami de la vida, el amor y la vida son hasta el infinito y más allá.

Como decía William Blake, abarcar el infinito en la palma de nuestra mano:

Para ver el mundo en un grano de arena,
Y el Cielo en una flor silvestre,
Abarca el infinito en la palma de tu mano
Y la eternidad en una hora.

To see the world in a grain of sand,
And Heaven in a wild flower,
Hold infinity in the palm of your hand
And eternity in an hour.

Cómo parar el tiempo 😉 Maravillosa secuencia:

En compañía de hombres

loboyluna

Puedes optar por escuchar los artículos en lugar de leerlos. Aquí tienes el de hoy en el siguiente audio. Y como siempre, al final, te espera un vídeo sorpresa!

Mientras escribo esto se eleva la luna llena preciosa sobre los tejados. Tengo la suerte de ver salir el sol desde la mesa donde escribo, y también de ver salir la luna cuando está llena.

Son las 22.22 (de verdad) en este preciso instante en el que escribo y tengo hasta las 0.00 para publicar este post (siempre me pongo estás metas extravagantes). Porque hoy es martes, el día en el que quiero escribir sobre los hombres.

Mis únicos momentos para escribir son las 6 de la mañana o a partir de las 22 horas. Y las musas me regalan la ascensión de los astros.

Cuando pensé en el post de hoy me vino el título “En compañía de hombres” y con él el recuerdo de dos películas “En compañía de hombres” (propiamente dicha) y “En compañía de lobos” (aquí cada cual que asocie como le guste, mi inconsciente ya decidió su propia asociación).

Aunque mi post dedicado a los hombres no tenía a priori que ver con lo que cuentan estas películas, sí son un punto de partida para una reflexión.

Quiero escribir sobre la deliciosa compañía de los exquisitos hombres que tengo la suerte de tener en mi vida, cerca de mí, después de haber pasado un precioso fin de semana compartiendo con algunos de ellos. 

Mi post, mi entrada, mi artículo de hoy (como deseemos llamarlo) ya está escrito en mi corazón, desde hace algunos días. Sin embargo, como artículo que es, necesita ser articulado, y yo, por mi parte, como ser humano responsable que soy, pretendo articularlo como se merece.

Y eso supone subirme a una montaña rusa.

Porque escribir lo que hay en la retaguardia me permite vaciarme y liberarme. Pero hablar, escribir, compartir, conlleva una responsabilidad.

Al menos yo así lo vivo. Escribo para compartir lo mejor de mí, y para aportar algo bueno, por eso me llena de felicidad cuando suena una campanilla en mi móvil que me anuncia que una persona nueva está siguiéndome, o que a alguien le ha gustado mi artículo o cuando recibo algún comentario, en el blog o por WhatsApp o en vivo de alguna amiga o amigo al respecto. Me llena de ilusión por el reconocimiento y el cariño, y porque nos acerca.

Entonces, cuando decido que voy a escribir sobre los hombres, sobre lo precioso que tienen en su interior como hombres, de pronto empiezan a suceder cosas.

Mientras pensaba este post, mientras me invadía la dulzura que sentía al recordar el tiempo que paso con mis amigos hombres, descubro por azar la noticia del asesinato en Argentina de Micaela García, activista del movimiento Ni Una Menos, supuestamente a manos de un violador en libertad condicional.

Y los hombres pensarán, ¿qué tiene que ver esto con los hombres?

Sigue nadando…..

Cuando ocurren estos hechos deleznables, tristemente, todas las mujeres se convierten en víctimas y los hombres en asesinos o abusadores potenciales. Lo cual ni es verdad, ni es justo.

Lo cierto es que en mí surgía un desconcierto al sentir lo que quiero escribir sobre hombres maravillosos y al mismo tiempo el deber de denunciar y señalar algo que no debería nunca jamás volver a suceder, cuando leo que en Argentina se registra un feminicidio cada 30 horas y que en 2016 hubo 290 asesinatos de mujeres en todo el país.

Soy feminista y pretendo recorrer caminos del feminismo que lleguen a mujeres y a hombres y abran otras puertas, otros horizontes. Por supuesto, honrando a mis antecesoras y a todas las feministas de la historia que sentaron y sientan las bases para que mi vida como mujer pueda ser la que es, a día de hoy, aunque quede camino, mucho camino, por recorrer hasta que la igualdad sea la base de nuestras relaciones, de nuestra intimidad, de nuestras leyes y de nuestro comportamiento. Y para que las mujeres no sean asesinadas por ser mujeres.

Reconciliación es la palabra que todo el tiempo susurra mi alma.

Y de pronto aparece el recuerdo de mi mejor amigo. Y el cuerpo se recupera. Cuando sé que le voy a ver, mi cuerpo dice “casa”, mi alma dice “casa”, me lleno de una sensación de hogar y de felicidad al saber que vamos a tomar un vino, con un poco de queso, y un paseo por Lavapiés, y quizás un cine y que voy a disfrutar tanto de su sentido del humor, y de nuestra complicidad, y de su inteligencia sorprendente, y sus detalles, su exquisitez, sus forma de indignarse y su alma apasionada. Y de tanto y de todo lo que nos une y todo lo que él es y soy yo y somos juntos y que merecería un librito.

Cuando pienso en los hombres, sin embargo, siempre aparece lo que me separa de ellos. Es decir, siempre les califico como hombres y establezco una diferencia clara por todo lo que implica, para mí, lo que es un hombre.

Los temas de género no son vividos de la misma manera por todo el mundo, obviamente. Cada persona tiene su propia experiencia al respecto. La mía estuvo muy marcada desde siempre, y ya de pequeña me alineé en el bando de las mujeres.

¿Porqué?

Sigue nadando

Hace poco más de una semana, durante un delicioso picnic junto a un río con nuestros churumbeles, una muy buena amiga que es terapeuta de Biodecodificación, Neuroemoción, Psicogenealogía y herencia Transgeneracional, nos hacía ver que las tres amigas que allí estábamos, “casualmente” habíamos tenido “padres peligrosos”, en el sentido de que habían sido dañinos, o de alguna manera habían maltratado. No era una crítica, ni justificación de nada, pero explicaba ciertas cosas.

Mi amado padre, que en paz descanse, y del cual he hablado en otro artículo anterior, había sido maltratado por un hombre, su propio padre, que a su vez había sido maltratado por otro hombre, su propio padre. Y así mi padre aprendió que amor es maltrato.

Siento una profunda compasión y comprensión hacia mi padre y su vida y he experimentado el amor infinito que nos une detrás de dolorosas circunstancias de nuestras vidas.

Sin embargo mientras crecía veía que mi madre aparentemente hacía todo por mantener la armonía y el amor en nuestra familia y alrededor, y que mi padre siempre la liaba parda.

Así que crecí con la experiencia repetida de “mamá buena”, “papá peligroso”.

Dicen que la experiencia con tus padres condiciona tus relaciones con las mujeres y los hombres después a lo largo de tu vida. Quizás eso influya en que algunas mujeres nos sentimos tan bien entre mujeres, y otras mujeres rivalizan y desprecian a sus compañeras, por eso algunos hombres temen a las mujeres y otros hombres tienen un montón de amigas mujeres. Quizás, no lo sé.

Me psicoanalicé durante 7 años y he caminado a través de los innumerables recovecos de la mente, y ahora siento que cada vez sé menos, y que no hay verdades categóricas, sólo indicaciones y pistas. Y que la verdad se encuentra más allá de las palabras, en el reino del silencio del corazón.

Pero me gusta llegar al reinado del Ser a través de palabra, y me gusta escribir palabras desde el reinado del Ser.

El caso es que durante mucho años, de alguna manera, he temido a los hombres, por aquello que veía en el primer hombre de mi vida: mi padre. Temía la ira causada por su profundo dolor y los líos en los que se metía a causa de su búsqueda.

Cuando yo tenía 15 años, sucedió en la familia algo terrible. Mi madrina, mi tía materna, era feminista y militante del Partido Comunista en Córdoba, una mujer de pelo rojo que trabajaba en la radio y vestía de colores alegres, poderosa, inteligente y luchadora.  Recuerdo su risa y su fuerza. Mi madrina fue violada en la flor de su vida y de su nombre, a la edad de 42 años, una noche al volver a casa. Intentó dialogar con el violador, y no pudo escaparse. Y cuando la infamia terminó se fue caminando directamente a la Comisaría de policía. Al contar lo sucedido, el agente le respondió: “No me extraña, es que está Vd. muy buena” (esto es verídico).

Sigue nadando….

He visto a las mujeres de mi familia pasar la mayoría de su vida luchando solas, después de haber sido abandonadas, o traicionadas, o haber decidido renunciar a la pareja a cambio de otra vida , o porque la vida sin más les había arrebatado a su hombre.

Esta memoria y este miedo se quedó grabado en mí durante años. Y no quiero que se repita lo mismo. Quiero crear en mi vida un camino amoroso compartido y libre, porque dicen que el Amor es Libertad.

Aparte de esta memoria, he sido muy afortunada y la vida me ha regalado hombres maravillosos. Empezando por mi propio hermano, un ser extraordinario sobre el que escribiré con calma un día de estos un post enterito. Y, por supuesto, el padre de mi hijo, quien me ha concedido mi más preciado regalo y a quien estoy unida por siempre en mi corazón.

Y mi socio, un hombre lleno de inteligencia, paciencia y confianza, sentido del humor y saber hacer, un ser que me trajo la Vida para salvarme en un momento dado y que es una caja de innumerables sorpresas.

Y mis parejas pasadas y mis amigos.

Entonces quiero honrar a los hombres. Y quiero honrar el proceso de poder verlos de verdad detrás de mis miedos.

Por eso es tan reconfortante para mí, y tan revelador, el paseo del domingo con mi amigo biólogo por un campo espectacular y desconocido que nos espera en un lugar inesperado. La tarde es brillante como el mediodía anaranjándose hacia el crepúsculo. Un regalo cada vez que mi amigo se detiene y dice “espera… escucha”…. y se hace el silencio. Y en el silencio el canto de un pájaro. “Es un Triguero” me dice. “¿Ves? Se busca un sitio en lo alto del árbol dónde se le escuche muy bien. “Y… escucha: hay otro respondiéndole. Son machos. Es su forma de marcar su territorio. Y la hembra acudirá al que se le escuche más”.

Y después de escuchar el canto de los pájaros, caminamos y conversamos y caminamos y conversamos. Y cada tanto se para, y me dice “Escucha…. las ranas”  y tiempo más tarde “espera…. creo que es un mochuelo”, un búho pequeño, porque ya se ha hecho de noche y vemos la luna casi llena e intentamos reconocer lo que parece ser Júpiter, y las Pléyades y la Constelación de Orion.

Y me queda un poso adorable de su compañía.

Trabajo rodeada de mujeres desde hace años, las adoro, son maravillosas. Y la mayoría de mis amistades son mujeres fascinantes.

Pero este fin de semana ha estado lleno de encuentros con hombres estupendos, lo cual valoro especialmente y me hace pasar la primavera con mayor deleite!

Una vez leí un poema que se llamaba “Colecciono amistades”, lo sentí muy mío.

El sábado pude disfrutar de otra deliciosa presencia masculina, mi compañero de canto, que posee el repertorio de canciones más bellas que he podido escuchar, con las que cada vez me sorprende. Tiene una hermosa voz y una maravillosa forma de tocar la guitarra. E irradia una energía alegre, apacible, siempre sonriente. Hace que todo sea fácil y fluido. Y, al mismo tiempo, tiene una actitud que ordena el espacio y delinea los límites.

Y después un encuentro inesperado con un grupo de amigos que hacen cine y me hacen reír a carcajadas hablando de los desafíos de llevar el foco de la cámara mientras se meten un gintonic tras otro entre capa y espada, al más puro estilo macho cuando se emocionan y empieza a intuirse que en cualquier momento se abrazan y cantan “Asturias patria querida”.

Y simplemente un vino al atardecer, al final de una semana de trabajo, en una terraza bajo los árboles, un breve encuentro lleno de universo con un amigo le abre una nueva puerta a Caperucita, que se quita la capucha y se hace una mujer que aprende a correr con los lobos y a caminar con los Hombres.

 

Pero el amor, esa palabra…

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Fotografía: Jade Beall

Puedes escuchar este escrito en el siguiente audio. Y al final del post, una preciosa secuencia de “Los Puentes de Madison” de Clint Eastwood:

Hoy es viernes y es primavera y quiero escribir sobre el amor, porque es el día de Venus en el que el amor toca, y la estación del año en la que el amor toca.

Tengo sólo unos minutos para escribir sobre el amor antes de que la medianoche me alcance. Acaba el viernes, y se acabará hablar del amor. Entrará Saturno en su día (Saturday) con su daga despiadada cortando todo lo que desafía la moral y las estructuras que mantienen la sociedad en “orden”.

Amor, como Dios, es una palabra demasiado pequeña. Amor, como Dios, es una experiencia demasiado grande.

Escribir sobre el amor, y hacerlo bien, o hacer el amor y escribirlo bien, el orden de los factores no altera el producto.

Cuando el amor sacude a veces las palabras molestan. A veces las palabras traen el amor. A veces el amor estalla en palabras compartidas. El amor simplemente es, desplegándose en formas diversas, en tiempos, destiempos y contratiempos. El amor siempre es, aunque a veces no pueda realizarse. Incluso cuando parece ilusión, incluso cuando el miedo y las dudas lo ocultan, incluso detrás de lo que aparece como deseo y necesidad, el amor siempre Es. Igual que Dios.

Cuando el amor o el desamor o el desencuentro o la pérdida o las despedidas me golpean fuerte, sostener el sentimiento y dejármelo sentir y dejar que me pase a través, y vivirlo y enfrentarlo y no salir corriendo y no resistirme…. es como un acto heroico de guerrero abriendo el pecho para recibir una flecha. Un flecha que una vez recibida con el corazón abierto se convierte en una esfera transparente donde todo está perfectamente delineado y nítido. Es incómodo y hermoso al mismo tiempo. Y de una intensidad que marea. Y si entran la duda y las palabras, las expulso del paraíso. Entonces, cuando el sentimiento se vaya esfumando, lo recordaré. Y cuando se esfume el recuerdo, lo evocaré. Y en mi memoria brotarán secuencias de películas.

En “La edad de la inocencia” de Martin Scorsese, Newland Archer observa desde lejos a la Condesa Olenska y la narradora describe la decisión de Archer: “Se dió a si mismo una sola oportunidad, ella debía volverse antes de que el velero pasase el faro de Lime Rock, entonces iría hacia ella”.

Pero ella no se volvió, y él se marchó.

Una película para volver a ver.

Entonces en la pantalla del aire veo como se proyecta “Los puentes de Madison”. Cuando Francesca le dice a Robert:

Somos nuestras propias decisiones. Nadie entiende que cuando una mujer decide casarse y tener hijos, en cierto modo su vida empieza, pero en otro, su vida acaba” (Y quien dice mujer, dice hombre).

Antes de marcharse, Robert le responde: “Este tipo de certidumbre llega tan solo una vez en la vida”

Yo sólo creo y espero que Robert se equivoque.  Porque en lo más profundo de mí, siento que el corazón en su magnificencia es como el universo: infinito.

Sin embargo, veo que los humanos lo hacemos finito:

Pero el amor, esa palabra….”     (…)   “Amor mío, no te quiero por vos ni por mí ni por los dos juntos, no te quiero porque la sangre me llame a quererte, te quiero porque no sos mía, porque estás del otro lado, ahí donde me invitas a saltar y no puedo dar el salto, porque en lo más profundo de la posesión no estás en mí, no te alcanzo, no paso de tu cuerpo, de tu risa, hay horas en que me atormenta que me ames (cómo te gusta usar el verbo amar, con qué cursilería lo vas dejando caer sobre los platos y las sábanas y los autobuses), me atormenta tu amor que no me sirve de puente porque un puente no se sostiene de un solo lado, jamás Wright ni Le Corbusier van a hacer un puente sostenido de un solo lado y no me mires con esos ojos de pájaro, para vos la operación del amor es tan sencilla, te curarás antes que yo y eso que me querés como yo no te quiero. Claro que te curarás, porque vivís en la salud, después de mí será cualquier otro, eso se cambia como los corpiños. Tan triste oyendo al cínico Horacio que quiere un amor pasaporte, amor pasamontañas, amor llave, amor revólver, amor que le dé los mil ojos a Argos, la ubicuidad, el silencio desde donde la música es posible, la raíz desde donde se podría empezar a tejer una lengua. Y es tonto porque todo eso duerme un poco en vos, no habría más que sumergirte en un vaso de agua como una flor japonesa y poco a poco empezarían a brotar los pétalos coloreados, se hincharían las formas combadas, crecería la hermosura.

Dadora de infinito, yo no sé tomar, perdóname. Me estás alcanzando una manzana y yo he dejado los dientes en la mesa de luz. 

(“Rayuela”, Julio Cortázar, capítulo 93)

 

Negro sobre blanco

 

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Puedes escuchar esta entrada en el siguiente audio. Y al final del escrito te espera una maravillosa charla subtitulada de la autora Chimamanda Ngozi Adichie.

Hoy miércoles día de la palabra…

Negro sobre blanco…. Tinta negra sobre una blanca y luminosa pagina. Negra (tinta), blanca (página). Negra sobre blanca.

Poner algo “negro sobre blanco” significa escribirlo. La expresión se suele aplicar a obras literarias y a hechos o situaciones de cierta importancia. Significa otorgar oficialidad a algo que carecía de ella, aclarar malentendidos y sacar a la luz o hacer visible algo que permanecía escondido.

Eso es lo que hace Chimamanda Ngozi Adichie: poner negro sobre blanco.

Chimamanda Ngozi Adichie (sonoro precioso nombre) es una escritora nigeriana feminista nacida en 1977.

Tomás de Aquino define lo bello como aquello que agrada a la vista (quae visa placet). Yo añadiría también que agrada al oído, a la inteligencia, al corazón, al espíritu. La percepción de la «belleza» a menudo implica la interpretación de alguna entidad que está en equilibrio y armonía con la naturaleza, y puede conducir a sentimientos de atracción y bienestar emocional.

En ese sentido para mí Chimamanda es belleza en cada una de sus letras, en cada palabra que elige, en el propósito detrás de lo que escribe, en la dulzura real y profunda detrás de las verdades que muestra.

La descubrí ayer y ha sido un flechazo. Estoy perpleja porque no la conocía.

Si hubiera estado en el mundo en los últimos años de mi vida, seguramente la habría conocido hace tiempo. Pero llevo unos cuantos años ajena al mundo exterior, a la prensa, a la televisión y a los medios en general, ocupándome de salvar a cada instante la calidad de mi vida familiar,  doméstica, profesional y personal. Y tengo que elegir los minutos que dedico a cada cosa.

Por ejemplo, ahora estoy eligiendo escribir este post, a las 22:58, en la cama, junto a mi niño que duerme a mi lado (le gusta dormirse acompañado) en lugar de recoger la ropa del tendedero, doblarla y guardarla en los armarios. También estoy eligiendo escribir en lugar de dormirme a las 23:00  para poder levantarme a las 6:00 y que me de tiempo a todo.

Ayer mi hijo salió del cole y me dijo: “Mamá: tengo una noticia que es buena y mala a la vez”. Yo estaba expectante. “Me he terminado el último libro que me quedaba del “Diario de Gregg”.  Así que no tengo nada para leer. ¿Podemos ir a la librería comprar otro tomo?

Yo pensé que el libro no es barato (y mi hijo se los zampa) y que se lo podíamos pedir prestado a un amigo suyo que tiene todos, o mirar en la biblioteca. Pero se me iluminó el alma al pensar en pasar por la librería.

Era una tarde luminosa, de hecho, en la que se paró el tiempo. Hacía calorcito y el sol brillaba como si fuera mediodía. Así que caminamos hacia la librería del pueblo.

 

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Mientras mi hijo elegía el tomo que le apetecía de la colección y se sentaba a hojear todos, aproveché para comprar el regalo de un amiguito suyo que cumple años el sábado, y echar un vistazo a las mesas con la selección de libros expuestos. Y encontré una mesa entera y varios espacios con libros escritos por mujeres, sobre mujeres y sobre la vida.

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Me sorprendió que no conocía a ninguna. Eran escritoras de las que jamás había oído hablar. Y creo que el público en general no debe conocer, partiendo de la base de que nunca se han estudiado autoras en todos los años de colegio..

 

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Todos los libros pasaron por mis manos y todos me los quería llevar. Sorprendentemente, las autoras habían nacido en 1927, 1935, 1943, 1955….. Y habían escrito muchos libros.

 

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Entonces yo me pregunté: ¿dónde estaban? ¿dónde han estado todo este tiempo estas mujeres?

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Después de tener todos esos libros es mis manos y quedarme sus huellas en el alma con el anhelo de volver a encontrarlas, elegí a Chimamanda. Dos libritos pequeños, de 5 € que me han cautivado.

 

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Y como a mí, sé que cautivaran a mujeres y hombres, por eso quiero compartirlo aquí.

Y aprovecho para pedir especialmente a los hombres: leed a las mujeres, como nosotras hemos leído a los hombres durante toda la historia de la humanidad. Escuchad a las mujeres, como nosotras hemos escuchado a los hombres. Ved a las mujeres, como nosotras hemos visto a los hombres.

Y aprovecho para pedir especialmente a las mujeres: leed a las mujeres, como nosotras hemos leído a los hombres; escuchad a las mujeres, como nosotras hemos escuchado a los hombres. Ved a las mujeres, como nosotras hemos visto a los hombres.

Porque nos han enseñado a admirar al hombre. Y al hombre no se le ha enseñado a admirar a la mujer, más allá de su belleza o su comportamiento. Y a la mujer no se le ha enseñado a admirar a la mujer.

Creo que nosotras llevamos ventaja como lectoras y consumidoras de cultura. Ahora nosotras tenemos la palabra. Y nos corresponde a todas y a todos escucharla. Sobre todo cuando la palabra trae luz y cambia el mundo.

Sería muy muy hermoso que nos detuviéramos con cariño, con conciencia, a escuchar lo que en este tiempo las. mujeres podemos aportar.

En la intimidad, la palabra de la mujer se ha convertido en una queja amarga, en una exigencia, en un reproche, en un llanto de carencia al hombre.

Cambiar el mundo pasa por cambiar la palabra, cambiar la forma de hablar, de comunicarnos. Y cambiar la forma de escucharnos.

Por eso os comparto esta verdadera delicia y os animo a que la disfrutéis.

 

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El librito “Todos deberíamos ser feministas” es la publicación de la charla que sigue a continuación. Todo un regalo. Subtitulado al español.

 

Mi hijo tiene una madre con TDAH

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Puedes escuchar esta entrada en el siguiente audio. Duración 12 minutos.

Al final de este post tienes una joyita de vídeo, titulado: Madre: un tributo al indomable espíritu de las madres.

Mi hijo de 9 años me contaba el otro día, en el coche al volver del cole, que con su padre se levanta a las 9, desayuna, se viste, salen de casa a las 9.23  y a las 9.30 está en colegio. Yo exclamé, estupefacta: NO!!!!! ¿¿¿¿EN SERIO????

Mi hijo me responde tranquilamente y medio riendo: “sí, papá se levanta, se toma un té así sin más, se viste y nos vamos”. Lo dijo con un tono imposible de registrar aquí. A mí me salió una carcajada del alma. Primero por la forma tan divertida de mi hijo de decirlo con una entonación nueva, segundo porque vi la estampa y me inundó el amor, tercero porque vi dos ventanas simultáneas de las mañanas antes del cole de Manuel, una con su padre y otra con su madre. Mi risa era una risa genuina a la par que trascendente, de superación de mí misma, de aceptación de mi cotidianidad y de mis dificultades ante el chiste de mi vida. Pero cualquier otro día, en lugar reírme, podría haberme puesto a llorar como un dibujo japonés lanzando lágrimas como misiles en todas las direcciones.

“¿Y a qué hora se levanta papi?”, le pregunto a mi hijo (sabiendo que la batalla está perdida de antemano). “A las 9 y algo…” me responde. A mi no me salen las cuentas…. Y estoy ojiplática que se dice (gran palabro donde los haiga, oiga. Etimológicamente significa: con los ojos como platos).

“¿Pero tú te levantas antes que papá?”

“sí… a veces”

“Y te preparas tú el desayuno solito”

“Sí, mira: cojo los cereales, una taza, la leche, una cuchara ….”

Pienso: claro! Por eso a los padres les cunde más! No tienen la maldita manía de dárselo todo hecho a los hijos. Pues a partir de ahora te vas a preparar tú el desayuno también en casa, me digo para mis adentros. Ya fue un avance cuando le organicé el armario para que él eligiera su propia ropa y se vistiera como si yo no existiera. Esto va a ser toda una revolución, una cosa menos! Sobre todo porque cuando me enfrento al desayuno suelo colapsarme. Más adelante se entenderá porqué.

Ahora mientras escribo esto son las 7:09 de la mañana. Anoche me acosté a las 23:00 para levantarme a las 6:15 y hacer mi práctica de yoga y escribir este post que, si llego a tiempo, programaré para publicar esta noche. Y si todo fluye debería darme tiempo a ducharme, a elegir bien la ropa, a maquillarme incluso, a preparar el almuerzo de mi hijo…. Y si dejo la cocina recogida y la cama hecha, medalla olímpica. Lo normal para cualquier persona normal, para mí es una proeza.

Las 7 horas de sueño que había programado dormir, para mantener una buena salud de sueño, no han sido posibles. Me he despertado, no sé porqué, a las 4.20. Mala hora para despertar. He intentado conciliar el sueño pero no he podido. Así que a las 5.47 me he levantado. Y he pensado: nací a las 5.50 a.m. así que será buena hora para levantarme.

Si no fuera porque llevo una semana agotada, con un sueño permanente e infinito….

Da igual la hora a la que me levante, como si no duermo. Haga lo que haga, no me cunde el tiempo. O no me da tiempo a hacer todo todo lo que hay que hacer en el tiempo que tengo.

Es verdad, no soy la única. A la mayoría de las personas que conozco no les da tiempo, por no hablar de las madres, que pertenecemos a otra categoría.

Ruego me disculpen los padres por no ponerles en la misma categoría. Sé que aunque estén también realmente desbordados esos padres maravillosos copartícipes en la Igualdad de Género, las madres (en general y en su mayoría, salvo excepciones) se cargan ellas mismas con mucho más trabajo debido fundamentalmente a condicionamientos sociales y culturales y quizás también tendencias biológicas. A veces me da la impresión de que los padres (en general y en su mayoría, salvo excepciones) consiguen preservar su tiempo para estar bien ellos, algo que nosotras deberíamos aprender de ellos, por cierto.  Si eres una excepción de padre que se sobrecarga porque antepone las necesidades de todo el clan frente a las suyas propias, por favor, acógete al paréntesis y te recibimos con los brazos abiertos en nuestra clase “preferente” de madres.

Pues si a una persona “normal”, madre o padre, en esta sociedad de hoy no le da tiempo,  puedo aseguraros que la vida cotidiana de una madre con TDAH (imagino que la de un padre también) llega a vivirse con una buena dosis de dificultad, esfuerzo y desconcierto, como cualquier vida con un handicap.  La sensación interior es como si tu mente fuera la ruedita de espera que aparece cuando el ordenador se cuelga o cuando el móvil está buscando la wifi.

Hace ya aproximadamente una década se empezó a oír hablar de “niños hiperactivos”  o con trastornos de atención, y de los problemas que tenían sus padres con ellos y cómo tratarlos médicamente o terapéuticamente.

A día de hoy ya hay asociaciones de padres con hijos de TDAH, productos de coaching on-line para padres de niños con TDAH y también para adultos con TDAH y una gran cantidad de libros e información, así como neuropediatría online. Pero lo cierto es que a quien no le toca de cerca no lo conoce.

Es cierto que siempre me sentí rara, distinta. Y sobre esto podría dar muchos datos, quizás más adelante en otro post. Extrañamente siempre me sentí más identificada con lo que le pasaba a cualquier personaje de Bergman que con cualquier sevillano saleroso. Hacía yoga cuando aquí casi nadie hacía yoga, investigaba sobre alimentación cuando casi nadie se lo planteaba, inauguré centros de yoga y herbolarios, estudiaba astrología cuando nadie sabía siquiera lo que era, indagaba en técnicas de meditación cuando no se conocía la palabra, me psicoanalizaba en secreto cuando aquí sólo se conocía el psicoanálisis por las películas de Woody Allen. Era nueva era cuando la nueva era era una minoría mal vista en España. Iba a ver películas en chino mandarín y durante un tiempo tuve que defender semejante rareza ante la mayoría de mis amigos. Ahora es habitual. Hasta hace pocos años no lo era.

Ahora me siento pionera de mi propio trastorno y cuando busco chistes sobre madres con TDAH, sólo los encuentro en google en inglés. A España todavía no han llegado, como no hay libros publicados en España específicos sobre mujeres adultas con TDAH, y en EEUU sí. Y estoy casi segura de que pertenezco a la primera promoción de mujeres diagnosticadas oficialmente con TDAH en España. Y aunque lo que padezco no es algo de lo que pueda uno sentirse orgulloso, apuesto ahora por lucir mis defectos.

A estás alturas, posiblemente te estés preguntando. ¿Pero que es esto del TDAH? A ver cómo consigo resumirlo.

TDAH (ADHD en inglés) son las siglas para Trastorno de Déficit de Atención y/o Hiperactividad. Link a wikipedia por si te interesa investigar. Aunque no estoy muy de acuerdo con el resumen de síntomas principales. Son un poco mediáticos.

Intento resumir con mis palabras, si es que esto se puede resumir, lo que es el TDAH. Y siéntanse libres por favor los psiquiatras para corregirme lo que consideren necesario.

El TDAH es un trastorno neurobiológico que se caracteriza por un déficit en los neurotransmisores del cerebro dopamina y noradrenalina, que son los que regulan las funciones ejecutivas del cerebro, relacionadas con la actividad y la atención.

Sí, pero como bien me dice mi psiquiatra: “¿Qué hay detrás de los neurotransmisores? ¿Ese “más allá que has mencionado alguna vez ?”

El cerebro y la mente son mundos asombrosos. Y la psiquiatría es fascinante.

Digamos que las personas con TDAH tenemos mucha dificultad para manejarnos en las tareas cotidianas y mecáncias, tenemos mucha facilidad para distraernos y dejar a medias cada cosa que empezamos, nos perdemos en nuestra propia mente hiperactiva y en lo cotidiano. Nos resulta una odisea elegir entre muchas posibilidades (ropa en el armario, un producto en el supermercado). Como el funcionamiento del cerebro ejecutor es inestable, debido al funcionamiento inestable de los neurotransmisores que lo regulan, ejecutamos inestablemente y tenemos una atención y una actividad inestable. Pasamos de la falta total de atención al “hiperfoco” y de la hiperactividad a la parálisis.

Así que puedes imaginar el desafío para una madre con este trastorno. A no ser que tengas dinero para pagarte una empleada doméstica que lo haga todo y te ordene todo, y una asistente personal que te lleve todos los temas económicos y organizativos. No es mi caso. Lo tengo que hacer todo yo.

Lo maravilloso de todo esto es que soy madre con déficit de atención, y profesora de yoga con déficit de atención, y fui productora de televisión con déficit de atención. Y, a día de hoy, no me han despedido de ninguno de mis cargos, ni he llevado a la humanidad a la hecatombe.

Cuando me diagnosticaron pensé: “Toda mi vida sintiéndome un imperfecto desastre, y resulta que soy un puto crack!!!”

Mi psiquiatra (me encanta decir esto, es taaan contemporáneo) me asegura que no es una enfermedad, si no una “predominancia del hemisferio cerebral derecho”, y me hace un precioso dibujo del cerebro con sus dos hemisferios y lo que rige cada uno. Sin embargo, me dice, la medicación está funcionando muy bien en niños y adolescentes, aunque no se trate de una enfermedad. Él es especialista y trabaja especialmente con niños y adolescentes en la Seguridad Social.

Si es difícil para un niño padecer TDAH en esta sociedad tan enloquecida (en realidad, para mí, es la sociedad la que sufre Trastorno por déficit de Atención e Hiperactividad, obviamente y no el niño que pacede el delirio de su tiempo y poca comprensión en su naturaleza “diferente”), entonces ¿Cómo es ser madre con TDAH?

Por suerte, puedo escribir y contarlo. Otro día. Pero te adelanto que nuestro mundo interior, en ocasiones también el exterior, se parece mucho a la foto. Aunque esa colada resulta esplendorosa rodeando a esa belleza oriental. Ponle a la muchacha una bata, un moño despeinado, 10 kilos de más y 10 años de más y unas cuantas arrugas de más…. y posiblemente se acerque más a una realidad políticamente incorrecta.

Son las 8.07 cuando escribo esto, acaba de salir el sol sobre los tejados y sus rayos me inundan los ojos y me despiertan de este momento. Hora de ducharse, preparar desayunos, ropa, despertar a mi hijo, que no ha hecho los deberes durante el fin de semana, y me  dijo ayer que los haría después de desayunar. Ya voy tarde. Dudo que me de tiempo a recoger la cocina, hacer la cama y maquillarme. Con llegar a la hora al cole me doy por satisfecha (¿o no?). Más bien no. Más bien nunca. Digamos que salvamos lo fundamental. Mi hijo estará preparado mucho antes que yo y me esperará diciéndome: “¡Vamos, mamá!”