En compañía de hombres

loboyluna

Puedes optar por escuchar los artículos en lugar de leerlos. Aquí tienes el de hoy en el siguiente audio. Y como siempre, al final, te espera un vídeo sorpresa!

Mientras escribo esto se eleva la luna llena preciosa sobre los tejados. Tengo la suerte de ver salir el sol desde la mesa donde escribo, y también de ver salir la luna cuando está llena.

Son las 22.22 (de verdad) en este preciso instante en el que escribo y tengo hasta las 0.00 para publicar este post (siempre me pongo estás metas extravagantes). Porque hoy es martes, el día en el que quiero escribir sobre los hombres.

Mis únicos momentos para escribir son las 6 de la mañana o a partir de las 22 horas. Y las musas me regalan la ascensión de los astros.

Cuando pensé en el post de hoy me vino el título “En compañía de hombres” y con él el recuerdo de dos películas “En compañía de hombres” (propiamente dicha) y “En compañía de lobos” (aquí cada cual que asocie como le guste, mi inconsciente ya decidió su propia asociación).

Aunque mi post dedicado a los hombres no tenía a priori que ver con lo que cuentan estas películas, sí son un punto de partida para una reflexión.

Quiero escribir sobre la deliciosa compañía de los exquisitos hombres que tengo la suerte de tener en mi vida, cerca de mí, después de haber pasado un precioso fin de semana compartiendo con algunos de ellos. 

Mi post, mi entrada, mi artículo de hoy (como deseemos llamarlo) ya está escrito en mi corazón, desde hace algunos días. Sin embargo, como artículo que es, necesita ser articulado, y yo, por mi parte, como ser humano responsable que soy, pretendo articularlo como se merece.

Y eso supone subirme a una montaña rusa.

Porque escribir lo que hay en la retaguardia me permite vaciarme y liberarme. Pero hablar, escribir, compartir, conlleva una responsabilidad.

Al menos yo así lo vivo. Escribo para compartir lo mejor de mí, y para aportar algo bueno, por eso me llena de felicidad cuando suena una campanilla en mi móvil que me anuncia que una persona nueva está siguiéndome, o que a alguien le ha gustado mi artículo o cuando recibo algún comentario, en el blog o por WhatsApp o en vivo de alguna amiga o amigo al respecto. Me llena de ilusión por el reconocimiento y el cariño, y porque nos acerca.

Entonces, cuando decido que voy a escribir sobre los hombres, sobre lo precioso que tienen en su interior como hombres, de pronto empiezan a suceder cosas.

Mientras pensaba este post, mientras me invadía la dulzura que sentía al recordar el tiempo que paso con mis amigos hombres, descubro por azar la noticia del asesinato en Argentina de Micaela García, activista del movimiento Ni Una Menos, supuestamente a manos de un violador en libertad condicional.

Y los hombres pensarán, ¿qué tiene que ver esto con los hombres?

Sigue nadando…..

Cuando ocurren estos hechos deleznables, tristemente, todas las mujeres se convierten en víctimas y los hombres en asesinos o abusadores potenciales. Lo cual ni es verdad, ni es justo.

Lo cierto es que en mí surgía un desconcierto al sentir lo que quiero escribir sobre hombres maravillosos y al mismo tiempo el deber de denunciar y señalar algo que no debería nunca jamás volver a suceder, cuando leo que en Argentina se registra un feminicidio cada 30 horas y que en 2016 hubo 290 asesinatos de mujeres en todo el país.

Soy feminista y pretendo recorrer caminos del feminismo que lleguen a mujeres y a hombres y abran otras puertas, otros horizontes. Por supuesto, honrando a mis antecesoras y a todas las feministas de la historia que sentaron y sientan las bases para que mi vida como mujer pueda ser la que es, a día de hoy, aunque quede camino, mucho camino, por recorrer hasta que la igualdad sea la base de nuestras relaciones, de nuestra intimidad, de nuestras leyes y de nuestro comportamiento. Y para que las mujeres no sean asesinadas por ser mujeres.

Reconciliación es la palabra que todo el tiempo susurra mi alma.

Y de pronto aparece el recuerdo de mi mejor amigo. Y el cuerpo se recupera. Cuando sé que le voy a ver, mi cuerpo dice “casa”, mi alma dice “casa”, me lleno de una sensación de hogar y de felicidad al saber que vamos a tomar un vino, con un poco de queso, y un paseo por Lavapiés, y quizás un cine y que voy a disfrutar tanto de su sentido del humor, y de nuestra complicidad, y de su inteligencia sorprendente, y sus detalles, su exquisitez, sus forma de indignarse y su alma apasionada. Y de tanto y de todo lo que nos une y todo lo que él es y soy yo y somos juntos y que merecería un librito.

Cuando pienso en los hombres, sin embargo, siempre aparece lo que me separa de ellos. Es decir, siempre les califico como hombres y establezco una diferencia clara por todo lo que implica, para mí, lo que es un hombre.

Los temas de género no son vividos de la misma manera por todo el mundo, obviamente. Cada persona tiene su propia experiencia al respecto. La mía estuvo muy marcada desde siempre, y ya de pequeña me alineé en el bando de las mujeres.

¿Porqué?

Sigue nadando

Hace poco más de una semana, durante un delicioso picnic junto a un río con nuestros churumbeles, una muy buena amiga que es terapeuta de Biodecodificación, Neuroemoción, Psicogenealogía y herencia Transgeneracional, nos hacía ver que las tres amigas que allí estábamos, “casualmente” habíamos tenido “padres peligrosos”, en el sentido de que habían sido dañinos, o de alguna manera habían maltratado. No era una crítica, ni justificación de nada, pero explicaba ciertas cosas.

Mi amado padre, que en paz descanse, y del cual he hablado en otro artículo anterior, había sido maltratado por un hombre, su propio padre, que a su vez había sido maltratado por otro hombre, su propio padre. Y así mi padre aprendió que amor es maltrato.

Siento una profunda compasión y comprensión hacia mi padre y su vida y he experimentado el amor infinito que nos une detrás de dolorosas circunstancias de nuestras vidas.

Sin embargo mientras crecía veía que mi madre aparentemente hacía todo por mantener la armonía y el amor en nuestra familia y alrededor, y que mi padre siempre la liaba parda.

Así que crecí con la experiencia repetida de “mamá buena”, “papá peligroso”.

Dicen que la experiencia con tus padres condiciona tus relaciones con las mujeres y los hombres después a lo largo de tu vida. Quizás eso influya en que algunas mujeres nos sentimos tan bien entre mujeres, y otras mujeres rivalizan y desprecian a sus compañeras, por eso algunos hombres temen a las mujeres y otros hombres tienen un montón de amigas mujeres. Quizás, no lo sé.

Me psicoanalicé durante 7 años y he caminado a través de los innumerables recovecos de la mente, y ahora siento que cada vez sé menos, y que no hay verdades categóricas, sólo indicaciones y pistas. Y que la verdad se encuentra más allá de las palabras, en el reino del silencio del corazón.

Pero me gusta llegar al reinado del Ser a través de palabra, y me gusta escribir palabras desde el reinado del Ser.

El caso es que durante mucho años, de alguna manera, he temido a los hombres, por aquello que veía en el primer hombre de mi vida: mi padre. Temía la ira causada por su profundo dolor y los líos en los que se metía a causa de su búsqueda.

Cuando yo tenía 15 años, sucedió en la familia algo terrible. Mi madrina, mi tía materna, era feminista y militante del Partido Comunista en Córdoba, una mujer de pelo rojo que trabajaba en la radio y vestía de colores alegres, poderosa, inteligente y luchadora.  Recuerdo su risa y su fuerza. Mi madrina fue violada en la flor de su vida y de su nombre, a la edad de 42 años, una noche al volver a casa. Intentó dialogar con el violador, y no pudo escaparse. Y cuando la infamia terminó se fue caminando directamente a la Comisaría de policía. Al contar lo sucedido, el agente le respondió: “No me extraña, es que está Vd. muy buena” (esto es verídico).

Sigue nadando….

He visto a las mujeres de mi familia pasar la mayoría de su vida luchando solas, después de haber sido abandonadas, o traicionadas, o haber decidido renunciar a la pareja a cambio de otra vida , o porque la vida sin más les había arrebatado a su hombre.

Esta memoria y este miedo se quedó grabado en mí durante años. Y no quiero que se repita lo mismo. Quiero crear en mi vida un camino amoroso compartido y libre, porque dicen que el Amor es Libertad.

Aparte de esta memoria, he sido muy afortunada y la vida me ha regalado hombres maravillosos. Empezando por mi propio hermano, un ser extraordinario sobre el que escribiré con calma un día de estos un post enterito. Y, por supuesto, el padre de mi hijo, quien me ha concedido mi más preciado regalo y a quien estoy unida por siempre en mi corazón.

Y mi socio, un hombre lleno de inteligencia, paciencia y confianza, sentido del humor y saber hacer, un ser que me trajo la Vida para salvarme en un momento dado y que es una caja de innumerables sorpresas.

Y mis parejas pasadas y mis amigos.

Entonces quiero honrar a los hombres. Y quiero honrar el proceso de poder verlos de verdad detrás de mis miedos.

Por eso es tan reconfortante para mí, y tan revelador, el paseo del domingo con mi amigo biólogo por un campo espectacular y desconocido que nos espera en un lugar inesperado. La tarde es brillante como el mediodía anaranjándose hacia el crepúsculo. Un regalo cada vez que mi amigo se detiene y dice “espera… escucha”…. y se hace el silencio. Y en el silencio el canto de un pájaro. “Es un Triguero” me dice. “¿Ves? Se busca un sitio en lo alto del árbol dónde se le escuche muy bien. “Y… escucha: hay otro respondiéndole. Son machos. Es su forma de marcar su territorio. Y la hembra acudirá al que se le escuche más”.

Y después de escuchar el canto de los pájaros, caminamos y conversamos y caminamos y conversamos. Y cada tanto se para, y me dice “Escucha…. las ranas”  y tiempo más tarde “espera…. creo que es un mochuelo”, un búho pequeño, porque ya se ha hecho de noche y vemos la luna casi llena e intentamos reconocer lo que parece ser Júpiter, y las Pléyades y la Constelación de Orion.

Y me queda un poso adorable de su compañía.

Trabajo rodeada de mujeres desde hace años, las adoro, son maravillosas. Y la mayoría de mis amistades son mujeres fascinantes.

Pero este fin de semana ha estado lleno de encuentros con hombres estupendos, lo cual valoro especialmente y me hace pasar la primavera con mayor deleite!

Una vez leí un poema que se llamaba “Colecciono amistades”, lo sentí muy mío.

El sábado pude disfrutar de otra deliciosa presencia masculina, mi compañero de canto, que posee el repertorio de canciones más bellas que he podido escuchar, con las que cada vez me sorprende. Tiene una hermosa voz y una maravillosa forma de tocar la guitarra. E irradia una energía alegre, apacible, siempre sonriente. Hace que todo sea fácil y fluido. Y, al mismo tiempo, tiene una actitud que ordena el espacio y delinea los límites.

Y después un encuentro inesperado con un grupo de amigos que hacen cine y me hacen reír a carcajadas hablando de los desafíos de llevar el foco de la cámara mientras se meten un gintonic tras otro entre capa y espada, al más puro estilo macho cuando se emocionan y empieza a intuirse que en cualquier momento se abrazan y cantan “Asturias patria querida”.

Y simplemente un vino al atardecer, al final de una semana de trabajo, en una terraza bajo los árboles, un breve encuentro lleno de universo con un amigo le abre una nueva puerta a Caperucita, que se quita la capucha y se hace una mujer que aprende a correr con los lobos y a caminar con los Hombres.

 

10 comentarios sobre “En compañía de hombres

  1. Ayer estuvimos en compañía de hombres tú y yo, y fue estupendo también. Escribirás de ese día, y veré con tus ojos la delicia del compartir conversaciones inteligentes e inspiradoras desde los tejados de Lavapies, comiendo unas sardinas repletas de omega 3 y bebiendo un delicioso vermut reserva, recibiendo La Luz primaveral de Madrid y el gozo de compartir con hombres q no se creen más que las mujeres. NAmaste, bella amiga

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  2. Buscando tu nuevo artículo como quien busca una ranuritacde luz en la celda. No lo encuentro! Pero siempre se puede elegir otro y repetirlo…. Mmmmm…. Me gusta tanto esta… Muac!

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