En la Tierra Alrededor del Sol En el Cielo

En la Tierra Alrededor del Sol En el Cielo

solar-system-NASA

 

“Bienvenida. Y Felicidades. Estoy encantado de que pudieses conseguirlo. Llegar hasta aquí no fue fácil. Lo sé. Y hasta sospecho que fue algo más difícil de lo que tú crees.

En primer lugar, para que estés ahora aquí, tuvieron que agruparse de algún modo, de una forma compleja y extrañamente servicial, billones de átomos errantes. Es una disposición tan especializada y tan particular que nunca se ha intentado antes y que sólo existirá esta vez. Durante los próximos muchos años -tenemos esa esperanza-, estas pequeñas partículas participarán sin queja en todos los miles de millones de habilidosas tareas cooperativas necesarias para mantenerte intacta y permitir que experimentes ese estado tan agradable, pero tan a menudo infravalorado, que se llama existencia.”

(“Una breve historia de casi todo”, Bill Bryson, 2003)

Sí, yo celebro mi existencia. Ahora. Hasta hace poco la celebraba ritualmente sólo por mi cumpleaños, un misterioso designio me ha llevado cada año a celebrar mi nacimiento, pero el resto de los días pasaban medio ciegos medio asombrados. Quizás más ciegos que asombrados. El asombro eran vislumbres. Un vivir a medias, dando todo lo que podía pero sin terminar de ver.

Afortunadamente esos vislumbres fueron creciendo, fueron haciédose más frecuentes y luminosos, llevándome de la mano como los niños cuando juegan a la Gallinita Ciega.

Ahora mientras escribo esto entran los rayos de sol por el ventanal e iluminan mi pequeño escritorio, el teclado y el árbol de Navidad. El sol acaba de elevarse por el horizonte sobre los tejados.

Me asombra que todos los que estamos en condiciones de celebrar nuestra existencia ni siquiera consideremos la posibilidad, que no abramos los ojos a lo que somos. Y que todavía se nos vaya la vida en pequeñeces que no son nada al lado de un simple latido del corazón.

 

Cada vez que contemplo el sol salir, cada mañana, me siento sostenida por un orden y una certidumbre que olvido tan a menudo como tan a menudo me aterra la magnificencia de la vida. Cada cumpleaños, me siento arropada y feliz de estar, como decía mi querido padre, dando otra vuelta alrededor del sol. Mi madre, por otra parte, tenía una cualidad solar, iluminaba todo con una fuerza y calidez increíble. Así he sentido al sol muy cerca desde que nací, a las 5.50 de una mañana de invierno en la tierra caliente de Córdoba.

Además, desde pequeña, me fascinaron los astros, las órbitas, los colores y tamaños de las increíbles esferas de nuestro sistema solar. Siempre tuve la costumbre de mirar arriba, de mirar más allá, cuando la oscuridad acechaba. Todavía me asombra descubrir la luna llena, menguante, creciente y buscarla cuando está nueva.

Hoy me he levantado a las 5.50 y, como es mi cumpleaños, he encendido una vela a la vida, a mí, a mis padres, a mi hijo, a mi familia, a mis amigos, al mundo… en gratitud. Y he abierto el regalo de cumpleaños que me había preparado para mí misma:

felices

 

He comenzado el día practicando mi yoga para hoy: 4 saludos a la luna, 12 saludos al sol y

R E S P I R A R ….

 

Abrazar a mi hijo, desayunar rico, tocar el piano, escribir… y celebrar….

No hace falta ser rico económicamente, no hace falta que no te falten cosas, no hace falta que todo cuadre, no hace falta que todo salga bien, no hace falta ser delgada, ni joven, ni guapa eternamente….

Basta con dejarse iluminar la mente el cuerpo y el alma por esos pequeños y, como diría Bill Bryson, tan agradables pero tan a menudo infravalorados rayitos de sol: es la medicina que recomiendo, la ducha tan necesaria como placentera. Y no estoy hablando de tumbarse a tomar el sol, aunque también 😉

Estoy hablando de ver la vida, estoy hablando de sentir, de sentir los propios pasos caminar, de mirarse al espejo, de verse, de mirar al otro, de ver al otro, de escuchar, de tocar, de saborear, de oler la vida. Estoy hablando de esforzarnos en perseguir nuestra dicha inherente, en agarrarnos a nuestro sol interior, a la fuerza de nuestro espíritu, a dejarnos guíar por ella en medio de cualquier tempestad, sea grande o pequeña. Y a perseverar en ello cada segundo de nuestra existencia.

Esto exige voluntad y entrenamiento, es hacer músculo. Es como ir al gimnasio, salir a correr o a nadar o escalar o hacer la compra o las tareas domésticas o ponerte a hacer todo eso que detestas pero que es absolutamente necesario. Y si puedes darle alegría al camino, mejor que mejor.

Podemos pasarnos la vida rechazando y apreciando alternativamente, identificándonos con países y partidos políticos y razas y familias e ideologías y odiando todo lo que es “otro”. Podemos pasarnos las vida intentando que no nos roben, quejándonos de todo lo que no nos gusta, de todo lo que nos hacen los demás, de todo lo que padecemos;  podemos intentar decorar nuestra vida sólo con lo que nos gusta. Podemos hacer un cercado sólo con las emociones positivas y las cosas bonitas gastando toda nuestra energía en crear un parapeto para que “nada más” ni “nadie más” entre en nuestra milimétricamente diseñada burbuja.

También podemos elegir, a veces.

Podemos elegir inhalar la vida, exhalar la vida, dejarnos atravesar por la pena más profunda, canalizar la ira y en algún momento, sin previo aviso, sin nada que lo haya provocado,  que nos pille por sorpresa el estado de gracia y la dicha más deliciosa. Es algo parecido a comer bombones debajo de la ducha caliente a solas. ¿Lo habéis probado?  Yo sí. ¡Probadlo!!!

A veces pienso que en mi cuento, al nacer, me bendijeron con un hechizo, el de ver oscuro hasta pasados los 40 y y y….. Y a los 40 y y y un buen médico me dijo algo que se resume en esto: “Tienes una depresión endógena por falta de serotonina, se considera una enfermedad (siempre fue así y posiblemente siempre será así)” Y yo pensé: “Sí, siempre fue así y también hubo muchos destellos. Y eso de siempre lo será, ya lo veremos, que soy bruja y también puedo neutralizar hechizos”.

Así que empecé a soplar, empecé a soplar, despacito, sobre el bebé que fui, sobre la niña que fui, sobre la adolescente que fui, sobre la joven que fui, sobre la mujer que soy. Despacito como quitando el polvo de hechizo oscuro. Y esa brisa de mi propio aliento fue convirtiéndose en polvo de estrellas y fino polvo de oro del sol.

En medio de la experiencia poética de existir y escribir, me doy cuenta de que es tarde y  que tengo que salir al Punto Limpio a tirar un montón de trastos rotos para liberar espacio en casa y tengo que hacer la compra en Mercadona, pues esta tarde vienen amigos queridos a celebrar nuestra existencia juntos:

“Saravá!”

(escucho la voz de Vinicious de Moraes bendiciendo en su canto)

Saravá es una palabra de origen africano empleada en Brasil como una bendición, un “salve”, un mantra, un sonido místico o sagrado que sirve para elevar el espíritu.

Una posible interpretación que encontré en la wikipedia:

SA— (Fuerza, Señor) —RA— (Reinar, Movimiento) —VÁ (Naturaleza, Energia).

Es decir, una versión africana de:

“Que la Fuerza te acompañe”

Que la fuerza te acompañe, amig@, que la fuerza me acompañe, que la fuerza nos acompañe a tod@s…

… y que celebremos ese estado tan prodigioso, pero tan a menudo infravalorado, que se llama EXISTENCIA.

 

 

 

 

 

La armonía de las esferas

La armonía de las esferas

Frazey Ford

 

“La armonía de las esferas es una antigua teoría de origen pitagórico, basada en la idea de que el universo está gobernado según proporciones numéricas armoniosas y que el movimiento de los cuerpos celestes se rige según proporciones musicales; las distancias entre planetas corresponderían, según esta teoría, a los intervalos musicales.”

Grande Pitágoras que estás en los Cielos, grande Wikipedia que estás en la Tierra.

Proporciones numéricas armoniosas y movimiento de cuerpos celestes es esta mujer en su Mismidad. Sí, la mujer de la foto, esta belleza que parece salida de un cuadro de Vermeer, la que busca una música contenida en las esferas de vinilo.

Ella es música, es esfera, es proporción, es armonía, como bien podrá comprobarse al final de este post, que está escrito con el propósito de mostrar un precioso vídeoclip de ella para nuestro puro deleite, y aprovechar la ocasión para escribir sobre otros asuntos que puedan venir al caso y sean útiles a la humanidad.

Ella se llama Frazey Ford, y es una cantante compositora canadiense que descubrí este pasado domingo gracias al Divino Algoritmo de Spotify, que también estás en los cielos.

De todos los post que tengo en la estantería de vinilos de mi mente peleándose para sonar en el tocadiscos de este blog en algún momento, si Pitágoras quiere, o Pitágoras mediante, o si Pitágoras tiene a bien ocuparse de las tareas domésticas para que yo pueda disponer de un tiempo para sentarme a escribir este querido blog tan prolífico… esta bola salió ganadora entre todas las demás.

En realidad, el post de hoy iba a ser sobre otra Artista, española y catalana, redonda en su perfección y pura armonía, y proporción en su belleza exacta.

Ambas son divinas, ambas son humanas, ambas son madres, ambas están vivas, ambas son contemporáneas, ambas son cantantes compositoras. La otra (la que hoy no es protagonista) es una cantante suprema, descomunal, auténtica maga, asombrosa, de incuestionable y unánime belleza. Y aunque llevo una semana fascinada después de haberla visto en directo, escuchándola, cantándola, rememorándola y adorándola, Frazey se ha cruzado en mi camino y me ha enloquecido. ¿Por qué? Por una razón tan banal como biológica:  me ha flechado, me ha disparado, me ha conectado con algo  profundo, ancestral,  podríamos decir… freudiano. Disculpen ustedes mi infidelidad.

No sé si a ustedes vosotros os pasará lo mismo que a mí cuando veais el vídeoclip al que, dicho sea de paso, yo le daría un Oscar al Diseño de Vestuario, entre otras cosas.

El caso es que miro a esta mujer y me pasa algo que me ha pasado con muy pocas mujeres: me dan ganas de tenerla como novia!

Y no sólo ganas, sino muchas muchas ganas!

Que conste que esto no desmerece ni eclipsa para mí su talento como artista. De hecho, la escuché antes de verla, su voz, la armonía y las letras de sus canciones me llegaron dulcemente al corazón, la elegí entre otras, la busqué antes de verla, y cuando la vi fue un gozoso descubrimiento. Su energía, su cuerpo, su movimiento son también su música. La música no está separada del cuerpo a través del cual suena. Se hacen juntos. Igual que los cuerpos celestes no están separados de su sonido.

Bueno, el caso es que ocasionalmente he coqueteado con la posibilidad de echarme una novia, o una amante. Es algo que pienso a veces, como creo que debemos pensar muchos, o casi todos, en algunos momentos de nuestras vidas.

Debido a mi, podríamos llamar, incapacidad relativa o imposibilidad permanente de mantener una pareja masculina, a veces he pensado que quizás con una mujer se me daría mejor. Después del pensamiento, le preguntaba a mi cuerpo, y mi cuerpo a veces me decía: guay! Y otras veces: mmmm, no sé….

Porque lo cierto es que los hombres me gustan mucho y me enloquecen los hombres barbudos en general y los barbudos tatuados en particular, como bien se detalla en el post “Los hombres no lloran, riegan su barba”.

También es verdad que la creencia de “pareja” o “matrimonio”, como algo que “debe ser”, como institución, como corporación, como única salvación, se ha caído frente a mí como las balas que Neo para en el aire con la fuerza de su mente de Elegido y van cayendo una por una al suelo, inofensivas para siempre. Es decir, por fin es inofensivo para mí el hecho de no tener pareja. Good news!

 

 

Y quien dice creencias sobre la pareja, dice creencias sobre el resto de las cosas. Se empiezan a caer como balas.

En este escenario, la vida se despliega como un oceáno infinito de maravillosas posibilidades.

Parece que todo pinta bien hasta que nos encontramos con que “promiscua” no es la palabra que me define. El guionista de mi vida se equivoco y escribió: “promística”. Lamentable hecho.

Así que aquí estoy, recluida en mi templo, venga a tirar mis trenzas por la terraza, pero por ellas sólo trepan gatos, mirlos y gorriones.

Hasta que a Pitágoras le de el punto y decida intervenir en las proporciones numéricas preestablecidas, para que “promística” cambie sus letras a “promíscua” o a “princesa prometida”, o a comer “perdices” como símbolo de felicidad y fidelidad, me divierte imaginar la posibilidad de tener una novia oronda, sexy y acogedora como Frazey y un novio barbudo con el que jubilarme junto al mar, y eventualmente un barbudo tatuado de revista, con los que disfrutar del tiempo del que no dispongo. Porque… ¿en que franja de mi calendario incluyo a un novio o a una novia?

Y es que una parte importante de mí se siente despeinada como un personaje de Ken Loach o como Carmen Maura en ¿Qué he hecho yo para merecer esto? pagando facturas y haciendo la colada sin fin: el Sísifo de las mujeres trabajadoras es la puta colada.

Sísifo, el eterno retorno, la reencarnación… Para mí el verdadero yoga no sería salir de la rueda de reencarnaciones, sino dejar de hacer la colada y de recoger la cocina una y otra maldita vez.

Sin embargo, porque hay que ser positivos y pensar que todo sirve, cierto es que las tareas domésticas son el tiempo en el que me dedico a la música, a aprenderme canciones, a cantarlas, a escuchar podcast de Radio 3 y Descubrimientos Semanales de Spotify.

Así que al final la harmonia tou kosmou, la «armonía del cosmos» o «música universal», hace que el eterno retorno de estropajos y escobas se conviertan en esferas celestiales y preciosas redondeces.

Desde los 11 años estudio el movimiento de los cuerpos celestes y sus intervalos musicales. Nunca he entendido que vivamos entre aristas, picos de mesas y formas cuadradas.  Siempre he amado las formas redondas y me encantan las casas de los hobbits.

¿Será quizás por eso que cuando veo a una mujer gorda y preciosa como Frazey Ford siento un inmenso bienestar? Porque estoy profundamente aburrida de las modelos de lencería de las marquesinas y el actual Canon de “Belleza” empieza a parecerme cansino, insustancial, y lo que es peor, una dañina mentira que todos nos hemos creído y grabado a fuego en nuestra mente.

Quizás esto sea porque ya me he hartao, o me he iluminao, o porque he madurao o porque he engordao. Lo importante es que me siento Libre.

Muchas veces en el pasado he dicho que si fuera hombre estaría con mujeres gorditas. Ahora sonrío al descubrir que ya no me haría falta ser hombre, si algún día se me cruzara una gordi guapa en mi camino para hacer la colada juntas.

Gordis, barbudos, bienvenid@s a mi universo paralelo de promiscuidad pitagórica.

Pasen, vean, disfruten y enamórense del poderío femenino en su libertad!!!

 

I fought for my own victories and for the beauty in my life
My joy, my joy, my joy…….