Alumbramiento

Alumbramiento bajo árbol

Del parto a las estrellas: física de la maternidad, astrofísica y ciencia ficción

 

Puede que el dolor del parto te haga “ver las estrellas”. También puede suceder que el efecto de la anestesia epidural en combinación con un cóctel de oxitocina y endorfinas en forma de lluvia de perseidas sobre una sensibilidad particular te haga ver flanes, como le ocurrió a una amiga mía. Sí, después de gritar a todo el equipo médico pidiéndo desesperadamente la epidural, mientras daba a luz empezó a ver flanes volando.

O como otra querida amiga me dijo cuando yo le contaba en mi embarazo que quería un parto natural sin anestesia: “Tú verás lo que haces, pero te digo, cuando me pusieron la epidural, yo vi el cielo” (Y así fue).

Puede que dar a luz sea una experiencia de iluminación inesperada, como me sucedió a mí (El infinito en la palma de tu mano y la eternidad en una hora),  no me importa que sus raíces estén en la química del cuerpo o en la trascendencia del alma, para mí ambas son una misma cosa.

La conexión entre el alumbramiento y las estrellas es obvia y el universo es elegante.  Y hacer elegante esta indagación es un trabajo de parto. Quizás debería renunciar a ser elegante al escribir este artículo, puesto que parir no lo es desde la estética que hoy impera. Es más bien brutal. Pero chicos, no os desmayéis y seguid leyendo, que voy a hablar más de astronomía que de romper aguas o de cortar la supercuerda del cordón umbilical o de extraer la placenta (disculpadme, pero vosotros sabéis perfectamente que tendéis a marearos).

Shake it.png

 

Excurso: siempre me ha resultado fascinante que la mayoría de los hombres que conozco se desmayan en los análisis de sangre y son pusilánimes para las pruebas médicas, cuando biológicamente están diseñados para cazar y defender el territorio sangre mediante.

Igualmente me resulta increíble que las mujeres poseamos la fuerza salvaje de parir sangre mediante o seamos capaces de cualquier cosa si nuestro hijo está en peligro, y sin embargo nos volvemos pusilánimes ante los médicos, y cediendo nuestro poder y nuestra libertad al someternos socialmente.

Es como si ambos perdiéramos nuestros poderes inherentes cuando nos descontextualizamos. Como Spiderman sin su traje se vuelve un Peter Parker torpe y sin poderes. Absolutamente adorable, también hay que reconocer. Porque en nuestra vulnerabilidad resplandece también nuestra belleza.

Así, en el transcurso de unos 100 años muchos hombres han pasando de las barricadas a los paritorios, han empezado a asistir a los cursos de preparación al parto, a cambiar pañales, a despiojar, a cocinar y a pasear el boogaboo (con el bebé dentro por supuesto).

Al mismo tiempo muchas mujeres nos hemos puesto a expresarnos y a crear de mil maneras, y a viajar y a liderar y a buscar nuestra libertad como si no hubiera un mañana.

Al explorar nuevos territorios no frecuentados por nuestras tendencias biológicas y condicionamientos culturales nos estamos pasando la antorcha.

Alumbramiento es la acción y efecto de alumbrar, del latín illumināre:

1.  Dar luz y claridad a algo o a alguien.

2.  Poner luz o luces en un lugar.

3.  Acompañar con luz a alguien.

5. Parir o dar a luz a un hijo.

Buscando fotografías sobre alumbramientos encontré estos oleos de Amanda Greavette, una pintora canadiense nacida en 1981. Aquí puedes ver su hermosa y particular galería de nacimientos.

Amanda Greavette Galería de Nacimientos

Alumbramiento. Me gusta mucho esta palabra y la relación entre luz y parto, nacimiento y creación. Por eso la he elegido para este Post Parto, que lejos de lo que su nombre indica, todavía no ha sido, sino que está siendo, un parto largo y complicado, nada fluido, por cierto. Cuando la inspiración no llega, la voluntad y el deseo se quedan solos atendiendo el chiringuito.

El proceso del parto es la entrega a la inteligencia primordial que late en nuestros movimientos. Y el bebé en la plena oscuridad del vientre de su madre es guiado por esa pulsación que acontece en el útero, mientras la madre se entrega en la oscuridad del dolor y el temor, a luz que el dolor también oculta, a la luz escondida de la promesa, a la luz olvidada de sus ancestros. Así una madre es La que ilumina.

Dar a luz es un estallido brutal que puede ir seguido de una dicha transparente o de la extenuación del cuerpo, o del desmayo o del desconcierto o de una ternura dolorosa seguida de hasta el infinito y más allá… y no podemos saber si a Dios el Big Bang le dolió tanto como le duele el parto a una mamífera, o si, como suele suceder, el dolor se le ha olvidado.

No puedo hablar mucho sobre atravesar el dolor en el parto porque en medio de las contracciones la posibilidad de una epidural en dosis bajas me sedujo y a ella me entregué. Siento que si tuviera que volver a parir, me gustaría atravesar el dolor y la totalidad de la experiencia tal cual es, para conocerla.

Si quieres investigar sobre el sentido que tiene el dolor en el parto, aquí tienes un libro escrito por la comadrona italiana Verena Schmid que me recomendó una amiga y que le ayudó a parir las dos veces sin anestesia en unos partos largos y extremos.

El dolor del parto

Como los bebés, algún día surgieron la luz y la creación y me apasiona explorar de dónde. Me fascina que la nada se convierta en infinito, el vacío en plenitud y que en el universo haya galaxias y también un montón de materia oscura.

Como a muchos, los Jedis dejaron una huella imborrable en mí: me maravillan el lado luminoso y el lado oscuro de la fuerza, su danza y su alternacia.

Hoy estamos cruzando el equinoccio (del latín aequinoctium, “noche igual”), cuando el día tiene una duración igual a la de la noche en todos los lugares de la Tierra. Ocurre dos veces por año. Es un dos. Es dual. Y marca el inicio de la primavera y del otoño, del nacer y del morir.

En el equinocio la luz y la oscuridad se hallan en equilibrio.

Hace un año elegí esta fecha para dar a luz a mi tercera hija, que es multilliza, puesto que es 1 y 21 al mismo tiempo, mi 21 Taras. Y celebro el nacimiento de este blog escribiendo sobre alumbramientos.

Mi primer hijo es un niño y es humano, un hijo propiamente dicho que cumplió 10 años hace 3 días; fue concebido con facilidad y prontitud, la gestación fue un tsunami emocional, y el parto fácil y rápido.

Mi segunda hija es una creación, material y espiritual, física y metafísica, que nació en la forma de una escuela de yoga y cumplirá 9 años el 9 del 9. Requirió años hasta concebirse, y el embarazo y el parto fueron increíblemente fáciles y placenteros. Sin embargo la recuperación del parto ha durado años.

Mi tercera hija es virtual, es esta plataforma luminosa dónde escribo. Tardó unos meses en concebirse y gestarse, y el parto fue a toda velocidad.

Como me dijo una madre de tres, el tercero ya va solo. Y así es, porque el primero y el segundo me ocupan todo el tiempo. Confío en la supervivencia de mi criatura más pequeña gracias a sus poderes divinos.

Aunque apenas puedo atender a mi tercera hija sueño sin embargo con gestar y parir más retoños, será porque los Jedis vivieron en la casa de “Con ocho basta”. Quisiera dar a luz varios libros, un duo o trío o cuarteto musical y un hogar en una tierra bonita donde echar raíces. Y entre mis futuros autoempleos deseados están diseñadora de perfumes y maestra de ceremonias para alumbrar aromas y discursos. Me gustar concebir, me gusta gestar, me gusta dar a luz. Me gustar crear mundos. Pero el proceso de creación se despliega a través de muchos momentos de oscuridad, así como oscuro es el canal del parto para el bebé en el proceso de nacer.

En la cosmología tántrica, todo el universo se percibe como creado, penetrado y sostenido por dos fuerzas fundamentales, que están permanentemente en una unión perfecta e indestructible, formando el principio absoluto Shiva-Shakti.

La tradición ha asociado a estos principios una forma, respectivamente la de una deidad masculina y la de una femenina. Desde un punto de vista metafísico, la pareja divina Shiva-Shakti corresponde a dos aspectos esenciales del Uno: el principio masculino, que representa el aspecto permanente de Dios, y el principio femenino, que representa su energía, la fuerza que actúa en el mundo manifestado, el acto de creación y la creación misma.

Como escribió Blaise Pascal:

Contemple el hombre, pues, la naturaleza entera en su elevada y plena majestad (…) Contemple esta resplandeciente luz colocada como una lámpara eterna para alumbrar el universo, que la Tierra le parezca como un punto rodeado por la vasta órbita que este astro describe y que se asombre de que esta vasta órbita es a su vez  una fina punta respecto de la que abrazan los astros que ruedan por el firmamento. Pero si nuestra vista se detiene aquí, que la imaginación vaya más allá; antes se cansará ella de concebir que la naturaleza de suministrar.

Nosotros somos hijos de la creación y a la vez creadores, y las creaciones nos resuenan como propias, ya sean niños, canciones o películas, sentimos un vínculo profundo con lo creado.

En cierto sentido, todos los niños son hijos nuestros. Cuando nace un bebé, es como si fuera nuestro y es como si nacieran todos los niños. Cuando muere un niño es como si  muriera el nuestro, como si murieran todos los niños. Y es que todos somos hermanos, hijos de las estrellas según las palabras de la astrónoma chilena, María Teresa Ruiz, Premio de la UNESCO mujeres en Ciencia en 2017:

MariaTeresaRuizyniños

De verdad somos todos hermanos, soñamos las mismas cosas, estamos hechos del mismo material y tenemos los mismos parientes ancestrales, las mismas estrellas que fabricaron los átomos de los cuales estamos hechos. Cualquier átomo de nuestro cuerpo tiene miles de millones de años. Los átomos de hidrógeno de mis lágrimas los fabricó el big bang. Y los átomos de calcio en mis huesos, el óxigeno en mi sangre y todos los elementos que forman parte de mí, todos, fueron fabricados por las estrellas. Somos sus hijos, hijos de las estrellas.

https://www.amazon.es/Hijos-las-estrellas-maravilloso-recorrido/dp/8499927742

 

Este mismo mes de marzo se publica la detección de la formación de las primeras estrellas después de una Edad Oscura del Universo. Tienes todo el reportaje aquí: Así se hizo la luz en el universo tras 180 millones de años de oscuridad. y en el siguiente vídeo subtitulado está resumido en poca más de 1 minuto. Es fascinante.

 

 

Esta pulsación entre luz y oscuridad, inhalación y exhalación, sístole y diástole es la expresión física de lo que en filosofía tántrica se llama Spanda, término sánscrito que designa la vibración primordial del Universo y de nuestro ser, su continua pulsación creativa.

Catherine Heymans, astrofísica de la Universidad de Edimburgo, y especialista en materia oscura, nos desvela los recientes descubrimientos sobre los componentes oscuros del universo en el siguiente artículo:

Catherine Heymans.jpg

“El lado oscuro del Universo”

“Aunque las galaxias permanecerán unidas, porque la gravedad es demasiado fuerte, las estrellas agotarán su combustible y se apagarán lentamente y todo terminará en una nada fría y oscura”

 

“Por un azar que no busco comprender” hace hoy exactamente 5 años, el telescopio Planck proporciona la imagen más precisa hasta la fecha del eco del gran estallido que dio origen al cosmos, que la Agencia Espacial Europea presentaba como la imagen del universo recién nacido:

Planck_CMB

 

Y siguiendo con la conexión de fechas, interdependencia de los fenómenos o entrelazamiento cuántico, me encuentro que en el día de mi cumpleaños se publica la noticia de la muerte de Vera Rubin, la astrónoma que aportó la primera prueba de materia oscura:

“Yo observé que las galaxias giraban de una manera totalmente inesperada según las leyes de Newton y Kepler. Esto se interpretó como la primera evidencia de que la materia oscura existía y continúa siendo la hipótesis más factible, pero también podría ser que arrastráramos un error fundamental en las ecuaciones que utilizamos para describir el movimiento de los cuerpos celestes”

 

Vera RubinVera Rubin, astrónoma estadounidense (1928-2016)

Aquí tienes un bonito artículo sobre ella.

Esa coherencia secreta y misteriosa que, según la poeta colombiana Adriana Hoyos, se oculta detrás de la creación de un poema, es la misma que subyace este escrito. Porque cuando hace unos días quise escribir un post por el primer año de vida de este blog no tenía nada, sólo el final de un invierno y el principio de una creación. Y nunca pensé que el parto me iba a llevar de viaje por estrellas y planetas, mis amados cuerpos celestes.

El parto de este post o post-parto ha sido largo muy largo, y oscuro, y poco elegante. Un montón de kleenex usados y arrugados se apelotonan alrededor del Air de mi MacBook en forma de galaxia en espiral porque este largo invierno de nuestro descontento ha hecho estragos en mis defensas. Este alumbramiento, lejos de llevarme por el atajo de un agujero de gusano, se ha convertido en un viaje a través de un agujero negro del cual estoy pudiendo salir gracias al comportamiento extravagante de las partículas subatómicas.

Nunca imaginé que mi devoción por la astrología se convertiría en amor a la astronomía, ni que mi fascinación por la metafísica se convertiría en amor verdadero a la física. Y de la física hacia mí, por lo que parece querer decirme el virus de la influenza que me orbita, pequeño escombro del microcosmos.

Porque al final todo es lo mismo y nunca ha estado separado. Luz, oscuridad, sueño, despertar.

Y para terminar, una entrañable masterclass de 7 minutos de la astrónoma María Teresa Ruiz, sobre nuestros ancestros estelares. Y un timelapse de 11 minutos de todo el universo desde su nacimiento hasta ahora, que ilustra los pensamientos de Pascal. En la grandeza de nuestro microcosmos somo pequeños y recientes inquilinos de nuestro universo.

Feliz Primavera!

 

 

 

 

 

 

Hermana, recuerda tu nombre

Hermana, recuerda tu nombre

 

Hermana Plano General 2

 

Y canta Shug Avery “El blues de Miss Celie” en El color púrpura:

 

“Hermana, recuerda tu nombre,

ningún huracán se llevará tu valor

Hermana mía, no tenemos mucho tiempo

así que ponte a bailar, hermana.”

 

Mientras elijo a Alice Walker para ilustrar este post, estoy eligiendo por igual a Gloria Fuertes, a Marilyn Monroe, a todas mis hermanas de todos los colores y todos los tiempos, a todas las madres, a las no madres, a las mujeres que limpian, a las mujeres que sanan, a las que luchan, a las que escriben, a las que ya no pueden contarlo, a las que cantan, a las que callan, a las que paren, a las que pierden, a las que aguardan, a las que aguantan, a las que tejen, sobre todo y especialmente a todas aquellas sobre las que nadie escribe, sobre las que nadie canta, a todas las invisibles, porque no las ven, porque no se ven a sí mismas….

Alice Walker es una escritora afroamericana y feminista que recibió el Premio Pulitzer en 1983 por la novela El color púrpura, en la que se basó la película del mismo nombre y que dirigió Steven Spielberg, ambas brillantes obras que admiro desde adolescente.

La secuencia que incluyo al final de este escrito es, para mí, una de las más hermosas en la historia del cine.  Retrata el amor, la belleza y el poder de la solidaridad femenina y del reconocimiento. Quizás hay que conocer la historia para entenderla, pero aun sin saberla simbólicamente queda todo dicho.

Hermanas y  hermanos, estamos en un importante umbral, en un momento histórico de despertar y de profundo cambio en la conciencia humana. Para atravesarlo, nos apoyamos en las piedras que han dejado nuestras antecesoras y nuestros antecesores, y en las semillas sembradas.

El eminente físico austriaco Fritjof Capra escribe en su obra “El Tao de la Física”:

“Veo el interés que el misticismo oriental ha despertado en Occidente durante los últimos veinte años como parte de una tendencia mucho más amplia que trata de contrarrestar el profundo desequilibrio existente en nuestra cultura, en nuestros pensamientos y nuestros sentimientos, en nuestros valores y actitudes y en nuestras estructuras políticas y sociales.  La terminología del yin y el yang me pareció muy adecuada para describir este desequilibrio cultural. Nuestra cultura ha favorecido los valores y actitudes yang o masculinas, y ha descuidado sus contrapartes yin o femeninas, que le son complementarias. Hemos favorecido la autoafirmación a costa de la integración, el análisis sobre la síntesis, el conocimiento racional sobre la sabiduría intuitiva, la ciencia sobre la religión, la competencia sobre la cooperación, la expansión sobre la conservación y así sucesivamente. Este desarrollo parcial ha alcanzado ya un punto alarmante, ha llegado a constituir una crisis que presenta dimensiones sociales, ecológicas, morales y espirituales.

No obstante, al mismo tiempo, estamos siendo testigos del inicio de un tremendo movimiento evolucionario, que parece ilustrar el antiguo refrán chino que dice: “Cuando el yang ha alcanzado su punto culminante, retrocede dejando paso al yin”. Las décadas de los años 60 y 70 generaron toda una serie de movimientos sociales que parecían converger en una misma dirección.  La creciente preocupación por la ecología, el intenso interés por el misticismo, el surgimiento de la consciencia feminista y el redescubrimiento de los enfoques holísticos sobre la salud y la curación, son todas manifestaciones de una misma tendencia evolucionaria. Todas ellas vienen a contrarrestar el excesivo énfasis puesto en lo racional, en las actitudes y los valores masculinos y tratan de recuperar el equilibrio entre los aspectos masculino y femenino de la naturaleza humana. Así, la consciencia de la profunda armonía existente entre la visión del mundo de la física y la del misticismo oriental, aparece ahora como parte integral de una transformación cultural mucho más amplia, que nos lleva a una nueva visión de la realidad, visión que requerirá una cambio fundamental de nuestros pensamientos, en nuestras percepciones y nuestros valores”.

Personalmente lo veo como él y estoy comprometida con este cambio, tratando de pensar y actuar desde una conciencia superior en la medida de lo posible y de descubrir, en el trabajo conmigo misma desde mi interior atravesando mis luces y mis sombras, las claves para ir creando un mundo mejor.

Vivimos en un desequilibrio y como todo cuerpo vivo, nuestra sociedad desde dentro de sí misma busca equilibrarse a través del mecanismo de la homeostasis,

El día de hoy, la huelga de hoy, la manifestación de hoy, la lluvia de hoy, son mecanismos de homeostasis de nuestro propio sistema.

Y desde mí, como humilde pensadora, quiero favorecer ese equilibrio no desde el castigo, ni desde el odio, ni desde el rencor, ni desde la violencia, sino desde la reflexión, sino desde el amor a la vida, desde la visibilización, la visión y la comprensión desde el corazón.

Hay una realidad social que perdura milenios, y que nos ha perjudicado y nos perjudica a tod@s, mujeres, hombres, niños y por supuesto a todo el planeta y a la naturaleza misma. Esto está claro. Todos somos víctimas. Podemos llamar patriarcado a esta realidad social.

La Real Academia Española, compuesta por 8 mujeres en un total de 44 académicos (fue en 1978 cuando ingresó Carmen Conde como primera mujer en la RAE), define patriarcado como la organización social primitiva en que la autoridad es ejercida por un varón jefe de cada familia, extendiéndose este poder a los parientes aun lejanos de un mismo linaje.

En la evolución del patriarcado, visto lo visto, da igual como sean esos parientes (ahora gobernantes), basta que sean varones aunque lejanos en parentesco (diré hermandad). Y al final tampoco importa que sean mujeres. Porque lo que prevalece es que estén al servicio de la codicia y del poder de unos pocos y que sus formas sean lejanas del amor y del respeto.

El gen del patriarcado está en el ADN de mujeres y hombre en cada pensamiento y en cada gesto cotidiano de nosotr@s mism@s. Y van desde el “No, ya lo hago yo, si no me importa….” pasando por “estoy gorda” y todo lo que hay detrás de ambas afirmaciones, hasta actos criminales. Y no lo vemos.

Cada gesto cotidiano en el compromiso del respeto nace de un cambio en nuestra mente, de darnos cuenta de las pequeñas formas en las que todas y todos mantenemos viva la injusticia, mayoritariamente desde la ignorancia. Y en el poder, desde la ausencia de luz, de corazón, de compasión. De otra manera esta situación no continuaría.

La buena noticia es es que está cambiando. Much@s mujeres y hombres estamos haciendo el cambio. Nos estamos transformando.

Son más de 2.000 años de una distorsión mental y social desde que se empieza a condenar como pecado el acto sexual, que da la vida desde el placer, cuando no está al servicio de la reproducción sino del placer. En 2018 la ablación es una realidad y se marca como referencia el 2030 para abolirla.

Dentro de esta enajenación (o confusión mental mayúscula) se encuentra el burka para ocultar por completo la belleza de lo femenino (además de impedir el aire) tanto como en otros lugares las muchachas invaden con un canon excluyente de “belleza” las fotos de toda publicidad, de la misma manera en la que tienen que caminar también en lencería por algunas calles y parques oscuros en invierno o mostrarse detrás de vitrinas iluminadas, para el contentamiento del hombre y a su servicio.

Cuando digo hombre hablo de una generalidad y pido que no identifiquemos esto como todos los hombres, si no como una conducta mayoritariamente aceptada que nace de nuestro lado oscuro (ignorancia, ausencia de empatía) como seres humanos. 

En esta distorsión también se induce a que nos vistamos “como putas” pero luego eso mismo se insulta y se desprecia. Y de esa distorsión surgen desde la paliza hasta la violación o el asesinato para tener o no tener a ese oscuro objeto del deseo. Pareciera que somos las mujeres la razón de todos los males. Bozal para el perro peligroso.

Hablamos de ello porque ha causado y causa mucho sufrimiento, para tod@s.

Este lado oscuro del ser humano está en tod@s nosotr@s. Y, supuestamente, debería estar en nuestra mano elegir con qué pensamientos y acciones queremos manifestar en la realidad esa felicidad y bien común que tod@s anhelamos desesperadamente en nuestro corazón.

(Nota: personalmente uso la arroba porque la prefiero a la x. La arroba es redonda como los átomos y los planetas y es un abrazo incluyente. De x y cruces ya hemos tenido mucho).

En realidad ya está todo dicho y hecho. Ahora está siendo el momento de visibilizarlo y cambiarlo, desde una conciencia humanitaria, de comprensión profunda y amor por los seres, la tierra y la vida.

¿Quién da la vida y quien la quita? Dar vida y quitarla forman parte de la vida toda. Dar a luz, amamantar y cuidar de niñ@s y mayores y cazar y matar para alimentar y proteger al clan y forman parte de la misma vida. Y hay unas hormonas en el cuerpo que gobiernan, incesantes, esas conductas y esos comportamientos.

De igual manera, hay una conciencia prodigiosa que subyace la biología y un espíritu dentro de todas las cosas. En este marco inconmesurable destella la evolución en la mente humana.

Con respecto a la vida que doy, como madre, me gustaría que mi hijo estudiara otra historia. La historia que yo estudié fueron guerras, conquistas, invasiones, luchas por el poder. En otro lado, por suerte, arte y conocimiento de la naturaleza. Los nombres propios, todos masculinos, a excepción de Eva (empezamos mal), la Virgen María (mucho que decir al respecto), Juana de Arco, Juana la Loca, Isabel la Católica hasta que lució el arco iris y aparecieron Marie Curie o Rosalía de Castro y Emilia Pardo Bazán. Chin pún. No había más. Estábamos todas pariendo, fregando, curando y muriendo. O aparecíamos como personajes de novelas u objetos de inspiración.

Se puede pensar que es que realmente no había mujeres, sin embargo curiosamente ahora están saliendo a la luz nombres propios de mujeres de todos los tiempos que hicieron grandes cosas y que podían haberse estudiado. Pero hasta hace muy poco no se las nombraba, por tanto, nunca existieron.

Hay múltiples maneras en las que podemos hacer este cambio, aunque no sea fácil.

Por ejemplo ¿Cómo hacemos esto cuando la sociedad no lo apoya? ¿Cómo haces esto cuando lo urgente es trabajar para ganar el dinero para alimentar a tu familia? ¿Cómo haces esto cuando trabajar para ganar el dinero para alimentar a tu familia supone aceptar cosas inaceptables para el bienestar de esa mujer obligadas por la propia sociedad?

Sólo sé que lo hacemos entre tod@s y poco a poco, desde lo más pequeño y cotidiano. Y los que podamos hacerlo más fácilmente iremos liberando y despejando el camino para los que no pueden. Y sé que hay muchas personas, hombres y mujeres, trabajando, tan incesantemente como nuestras células, para crear un mundo bueno para tod@s.

Una de las formas que se me ocurren, como mujeres, es tomar el propio poder, la propia belleza. Tenemos la fuerza extraordinaria de concebir, gestar y dar a luz vida y creación en infinitas maneras con la dulzura del corazón y también la fiereza del instinto. Ambas son inherentes para preservar la creación y cuidar amorosamente del clan, que es la humanidad toda.

Tomar el propio poder supone darse espacio a una misma, de descanso, de deleite, de inocencia, de libertad. Y poner los límites necesarios para preservar ese espacio. A veces dulcemente, a veces con el rugido y el zarpazo de una leona.

Trato con muchas mujeres. Conozco a muchas mujeres. Veo a muchas mujeres. Estamos exhaustas. Los hombres están exhaustos también.

Me ocuparía otro artículo como mínimo escribir sobre las miles de maneras en las que nos dejamos exclavizar y nos exclavizamos a nosotras mismas a diario. Pero hoy no lo voy a escribir.

Porque se me ocurre una forma más sencilla para empezar a manifestar este cambio, a recuperar este equilibrio en la humanidad entre lo femenino y lo masculino.

Y esa forma es:

Hermanas, vamos a mirarnos en el espejo, a quedarnos un rato mirándonos a los ojos, contemplando nuestras curvas, nuestros huesos, nuestro aliento, nuestro vello, nuestras “imperfecciones”, nuestras obras, la vida en nosotras. Vamos a concedernos tiempo para hacer esto. Atravesemos la vergüenza que hemos padecido por ser lo que somos. Y no paremos hasta que nos veamos, realmente. Y suceda la epifanía de nuestro reencuentro, de la perfección que somos, del esplendor, y del amor a nosotras mismas, real, más allá de la mente, más allá de todo lo dicho y escrito.

Vamos a permitirnos recibir también el reflejo que el espejo de los que nos quieren nos susurra “eres bella, eres maravillosa, gracias por existir”.

Y cuando nos vemos realmente y pronunciamos nuestro nombre como un mantra mágico que abre puertas, y escribimos nuestro nombre con nuestros colores en las paredes de esta existencia, en ese mismo instante somos reconocidas, vistas, respetadas y amadas por nuestras hermanas, por nuestros hermanos, por nuestras hijas e hijos, por nuestras madres y padres. Por todos los hombres.

Y esa forma es:

Hermanos, somos un@.