Hermana, recuerda tu nombre

 

Hermana Plano General 2

 

Y canta Shug Avery “El blues de Miss Celie” en El color púrpura:

 

“Hermana, recuerda tu nombre,

ningún huracán se llevará tu valor

Hermana mía, no tenemos mucho tiempo

así que ponte a bailar, hermana.”

 

Mientras elijo a Alice Walker para ilustrar este post, estoy eligiendo por igual a Gloria Fuertes, a Marilyn Monroe, a todas mis hermanas de todos los colores y todos los tiempos, a todas las madres, a las no madres, a las mujeres que limpian, a las mujeres que sanan, a las que luchan, a las que escriben, a las que ya no pueden contarlo, a las que cantan, a las que callan, a las que paren, a las que pierden, a las que aguardan, a las que aguantan, a las que tejen, sobre todo y especialmente a todas aquellas sobre las que nadie escribe, sobre las que nadie canta, a todas las invisibles, porque no las ven, porque no se ven a sí mismas….

Alice Walker es una escritora afroamericana y feminista que recibió el Premio Pulitzer en 1983 por la novela El color púrpura, en la que se basó la película del mismo nombre y que dirigió Steven Spielberg, ambas brillantes obras que admiro desde adolescente.

La secuencia que incluyo al final de este escrito es, para mí, una de las más hermosas en la historia del cine.  Retrata el amor, la belleza y el poder de la solidaridad femenina y del reconocimiento. Quizás hay que conocer la historia para entenderla, pero aun sin saberla simbólicamente queda todo dicho.

Hermanas y  hermanos, estamos en un importante umbral, en un momento histórico de despertar y de profundo cambio en la conciencia humana. Para atravesarlo, nos apoyamos en las piedras que han dejado nuestras antecesoras y nuestros antecesores, y en las semillas sembradas.

El eminente físico austriaco Fritjof Capra escribe en su obra “El Tao de la Física”:

“Veo el interés que el misticismo oriental ha despertado en Occidente durante los últimos veinte años como parte de una tendencia mucho más amplia que trata de contrarrestar el profundo desequilibrio existente en nuestra cultura, en nuestros pensamientos y nuestros sentimientos, en nuestros valores y actitudes y en nuestras estructuras políticas y sociales.  La terminología del yin y el yang me pareció muy adecuada para describir este desequilibrio cultural. Nuestra cultura ha favorecido los valores y actitudes yang o masculinas, y ha descuidado sus contrapartes yin o femeninas, que le son complementarias. Hemos favorecido la autoafirmación a costa de la integración, el análisis sobre la síntesis, el conocimiento racional sobre la sabiduría intuitiva, la ciencia sobre la religión, la competencia sobre la cooperación, la expansión sobre la conservación y así sucesivamente. Este desarrollo parcial ha alcanzado ya un punto alarmante, ha llegado a constituir una crisis que presenta dimensiones sociales, ecológicas, morales y espirituales.

No obstante, al mismo tiempo, estamos siendo testigos del inicio de un tremendo movimiento evolucionario, que parece ilustrar el antiguo refrán chino que dice: “Cuando el yang ha alcanzado su punto culminante, retrocede dejando paso al yin”. Las décadas de los años 60 y 70 generaron toda una serie de movimientos sociales que parecían converger en una misma dirección.  La creciente preocupación por la ecología, el intenso interés por el misticismo, el surgimiento de la consciencia feminista y el redescubrimiento de los enfoques holísticos sobre la salud y la curación, son todas manifestaciones de una misma tendencia evolucionaria. Todas ellas vienen a contrarrestar el excesivo énfasis puesto en lo racional, en las actitudes y los valores masculinos y tratan de recuperar el equilibrio entre los aspectos masculino y femenino de la naturaleza humana. Así, la consciencia de la profunda armonía existente entre la visión del mundo de la física y la del misticismo oriental, aparece ahora como parte integral de una transformación cultural mucho más amplia, que nos lleva a una nueva visión de la realidad, visión que requerirá una cambio fundamental de nuestros pensamientos, en nuestras percepciones y nuestros valores”.

Personalmente lo veo como él y estoy comprometida con este cambio, tratando de pensar y actuar desde una conciencia superior en la medida de lo posible y de descubrir, en el trabajo conmigo misma desde mi interior atravesando mis luces y mis sombras, las claves para ir creando un mundo mejor.

Vivimos en un desequilibrio y como todo cuerpo vivo, nuestra sociedad desde dentro de sí misma busca equilibrarse a través del mecanismo de la homeostasis,

El día de hoy, la huelga de hoy, la manifestación de hoy, la lluvia de hoy, son mecanismos de homeostasis de nuestro propio sistema.

Y desde mí, como humilde pensadora, quiero favorecer ese equilibrio no desde el castigo, ni desde el odio, ni desde el rencor, ni desde la violencia, sino desde la reflexión, sino desde el amor a la vida, desde la visibilización, la visión y la comprensión desde el corazón.

Hay una realidad social que perdura milenios, y que nos ha perjudicado y nos perjudica a tod@s, mujeres, hombres, niños y por supuesto a todo el planeta y a la naturaleza misma. Esto está claro. Todos somos víctimas. Podemos llamar patriarcado a esta realidad social.

La Real Academia Española, compuesta por 8 mujeres en un total de 44 académicos (fue en 1978 cuando ingresó Carmen Conde como primera mujer en la RAE), define patriarcado como la organización social primitiva en que la autoridad es ejercida por un varón jefe de cada familia, extendiéndose este poder a los parientes aun lejanos de un mismo linaje.

En la evolución del patriarcado, visto lo visto, da igual como sean esos parientes (ahora gobernantes), basta que sean varones aunque lejanos en parentesco (diré hermandad). Y al final tampoco importa que sean mujeres. Porque lo que prevalece es que estén al servicio de la codicia y del poder de unos pocos y que sus formas sean lejanas del amor y del respeto.

El gen del patriarcado está en el ADN de mujeres y hombre en cada pensamiento y en cada gesto cotidiano de nosotr@s mism@s. Y van desde el “No, ya lo hago yo, si no me importa….” pasando por “estoy gorda” y todo lo que hay detrás de ambas afirmaciones, hasta actos criminales. Y no lo vemos.

Cada gesto cotidiano en el compromiso del respeto nace de un cambio en nuestra mente, de darnos cuenta de las pequeñas formas en las que todas y todos mantenemos viva la injusticia, mayoritariamente desde la ignorancia. Y en el poder, desde la ausencia de luz, de corazón, de compasión. De otra manera esta situación no continuaría.

La buena noticia es es que está cambiando. Much@s mujeres y hombres estamos haciendo el cambio. Nos estamos transformando.

Son más de 2.000 años de una distorsión mental y social desde que se empieza a condenar como pecado el acto sexual, que da la vida desde el placer, cuando no está al servicio de la reproducción sino del placer. En 2018 la ablación es una realidad y se marca como referencia el 2030 para abolirla.

Dentro de esta enajenación (o confusión mental mayúscula) se encuentra el burka para ocultar por completo la belleza de lo femenino (además de impedir el aire) tanto como en otros lugares las muchachas invaden con un canon excluyente de “belleza” las fotos de toda publicidad, de la misma manera en la que tienen que caminar también en lencería por algunas calles y parques oscuros en invierno o mostrarse detrás de vitrinas iluminadas, para el contentamiento del hombre y a su servicio.

Cuando digo hombre hablo de una generalidad y pido que no identifiquemos esto como todos los hombres, si no como una conducta mayoritariamente aceptada que nace de nuestro lado oscuro (ignorancia, ausencia de empatía) como seres humanos. 

En esta distorsión también se induce a que nos vistamos “como putas” pero luego eso mismo se insulta y se desprecia. Y de esa distorsión surgen desde la paliza hasta la violación o el asesinato para tener o no tener a ese oscuro objeto del deseo. Pareciera que somos las mujeres la razón de todos los males. Bozal para el perro peligroso.

Hablamos de ello porque ha causado y causa mucho sufrimiento, para tod@s.

Este lado oscuro del ser humano está en tod@s nosotr@s. Y, supuestamente, debería estar en nuestra mano elegir con qué pensamientos y acciones queremos manifestar en la realidad esa felicidad y bien común que tod@s anhelamos desesperadamente en nuestro corazón.

(Nota: personalmente uso la arroba porque la prefiero a la x. La arroba es redonda como los átomos y los planetas y es un abrazo incluyente. De x y cruces ya hemos tenido mucho).

En realidad ya está todo dicho y hecho. Ahora está siendo el momento de visibilizarlo y cambiarlo, desde una conciencia humanitaria, de comprensión profunda y amor por los seres, la tierra y la vida.

¿Quién da la vida y quien la quita? Dar vida y quitarla forman parte de la vida toda. Dar a luz, amamantar y cuidar de niñ@s y mayores y cazar y matar para alimentar y proteger al clan y forman parte de la misma vida. Y hay unas hormonas en el cuerpo que gobiernan, incesantes, esas conductas y esos comportamientos.

De igual manera, hay una conciencia prodigiosa que subyace la biología y un espíritu dentro de todas las cosas. En este marco inconmesurable destella la evolución en la mente humana.

Con respecto a la vida que doy, como madre, me gustaría que mi hijo estudiara otra historia. La historia que yo estudié fueron guerras, conquistas, invasiones, luchas por el poder. En otro lado, por suerte, arte y conocimiento de la naturaleza. Los nombres propios, todos masculinos, a excepción de Eva (empezamos mal), la Virgen María (mucho que decir al respecto), Juana de Arco, Juana la Loca, Isabel la Católica hasta que lució el arco iris y aparecieron Marie Curie o Rosalía de Castro y Emilia Pardo Bazán. Chin pún. No había más. Estábamos todas pariendo, fregando, curando y muriendo. O aparecíamos como personajes de novelas u objetos de inspiración.

Se puede pensar que es que realmente no había mujeres, sin embargo curiosamente ahora están saliendo a la luz nombres propios de mujeres de todos los tiempos que hicieron grandes cosas y que podían haberse estudiado. Pero hasta hace muy poco no se las nombraba, por tanto, nunca existieron.

Hay múltiples maneras en las que podemos hacer este cambio, aunque no sea fácil.

Por ejemplo ¿Cómo hacemos esto cuando la sociedad no lo apoya? ¿Cómo haces esto cuando lo urgente es trabajar para ganar el dinero para alimentar a tu familia? ¿Cómo haces esto cuando trabajar para ganar el dinero para alimentar a tu familia supone aceptar cosas inaceptables para el bienestar de esa mujer obligadas por la propia sociedad?

Sólo sé que lo hacemos entre tod@s y poco a poco, desde lo más pequeño y cotidiano. Y los que podamos hacerlo más fácilmente iremos liberando y despejando el camino para los que no pueden. Y sé que hay muchas personas, hombres y mujeres, trabajando, tan incesantemente como nuestras células, para crear un mundo bueno para tod@s.

Una de las formas que se me ocurren, como mujeres, es tomar el propio poder, la propia belleza. Tenemos la fuerza extraordinaria de concebir, gestar y dar a luz vida y creación en infinitas maneras con la dulzura del corazón y también la fiereza del instinto. Ambas son inherentes para preservar la creación y cuidar amorosamente del clan, que es la humanidad toda.

Tomar el propio poder supone darse espacio a una misma, de descanso, de deleite, de inocencia, de libertad. Y poner los límites necesarios para preservar ese espacio. A veces dulcemente, a veces con el rugido y el zarpazo de una leona.

Trato con muchas mujeres. Conozco a muchas mujeres. Veo a muchas mujeres. Estamos exhaustas. Los hombres están exhaustos también.

Me ocuparía otro artículo como mínimo escribir sobre las miles de maneras en las que nos dejamos exclavizar y nos exclavizamos a nosotras mismas a diario. Pero hoy no lo voy a escribir.

Porque se me ocurre una forma más sencilla para empezar a manifestar este cambio, a recuperar este equilibrio en la humanidad entre lo femenino y lo masculino.

Y esa forma es:

Hermanas, vamos a mirarnos en el espejo, a quedarnos un rato mirándonos a los ojos, contemplando nuestras curvas, nuestros huesos, nuestro aliento, nuestro vello, nuestras “imperfecciones”, nuestras obras, la vida en nosotras. Vamos a concedernos tiempo para hacer esto. Atravesemos la vergüenza que hemos padecido por ser lo que somos. Y no paremos hasta que nos veamos, realmente. Y suceda la epifanía de nuestro reencuentro, de la perfección que somos, del esplendor, y del amor a nosotras mismas, real, más allá de la mente, más allá de todo lo dicho y escrito.

Vamos a permitirnos recibir también el reflejo que el espejo de los que nos quieren nos susurra “eres bella, eres maravillosa, gracias por existir”.

Y cuando nos vemos realmente y pronunciamos nuestro nombre como un mantra mágico que abre puertas, y escribimos nuestro nombre con nuestros colores en las paredes de esta existencia, en ese mismo instante somos reconocidas, vistas, respetadas y amadas por nuestras hermanas, por nuestros hermanos, por nuestras hijas e hijos, por nuestras madres y padres. Por todos los hombres.

Y esa forma es:

Hermanos, somos un@. 

 

5 comentarios sobre “Hermana, recuerda tu nombre

  1. Y van desde el “No, ya lo hago yo, si no me importa….” pasando por “estoy gorda” y todo lo que hay detrás de ambas afirmaciones… vaya si me has llegado a lo profundo con todo y sobre todo con esa frase. El pasado martes comí con una de mis hermanas. la que lleva 20 años diciendo en casa: ya lo hago yo, si no me importa… y pasa que de pronto ha dicho q ahora si q le importa y q no quiere hacerlo más. Y tiene a 4 bestias rebelándose y machacándola. Y mira q los quiero q son mis sobrinos y mi cuñado! pero eso está ocurriendo, q por haber dicho q no le importaba tantos años, ahora no hay quien revierta la situación. Ni comprensión, ni empatía, ni respeto, ni generosodad. Es decir, que haberlo hecho tantos años no ha generado nada más que una obligación (injusta) en alguien q no tenía por qué asumirla pero lo hizo y un sentimiento de derecho a que esto se perpetúe eternamente. Le pedí a mi sobrino q me hiciera un café y tuve q retener a mi hermana porque enseguida se levantó a hacerlo ella. Y medio avergonzada, me dijo: es q él no sabe. Y es alucinante pero verdad. No sabía hacer un café de cápsulas nespresso. Con 18 años. No estoy hablando de un pueblo de Las Hurdes ni de una chica sin estudios, estoy hablando de una mujer con su carrera y su master y de una familia de universitarios, que viven en la capital de España, y así estamos. Es el patriarcado en nuestro ADN. Pues hasta cuando le digo q esta situación es horrible, q no puede seguir haciendo las camas de tíos de 20 años, q se respete a si misma, y q haga huelga de verdad, pero no solo el día 8, me mira y me dice: no, pero si no me importa…
    Gracias infinitas por tus posts

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    1. Gracias Nuria ❤️ así sucede lamentablemente. Hacemos lo que podemos pero como madres de hijos varones podemos aprender de estas experiencias y tomar la responsabilidad y el poder sobre nosotras mismas y darles una educación que les lleve a ser hombres empáticos, solidarios y con suerte comprometidos con el equilibrio que buscamos para la humanidad en los pequeños gestos. Para hacerlos necesitamos estar muy atentas. Gracias por tus comentarios. Luz y bendiciones 🙏🏻

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