En los recovecos está …

 

Puerto

El porvenir es tan irrevocable
como el rígido ayer. No hay una cosa
que no sea una letra silenciosa
de la eterna escritura indescifrable
cuyo libro es el tiempo. Quien se aleja
de su casa ya ha vuelto. Nuestra vida
es la senda futura y recorrida.
Nada nos dice adiós. Nada nos deja.
No te rindas. La ergástula es oscura,
la firme trama es de incesante hierro,
pero en algún recodo de tu encierro
puede haber un descuido, una hendidura.
El camino es fatal como la flecha
pero en las grietas está Dios, que acecha.
(Jorge Luis Borges)

En los recovecos de la costa asturiana hay escondido un pequeño pueblo de pescadores que un día me flechó. Y es que hay una plaza de Cupido. Y en lo alto del puerto un arpón gigante, ahora enredado de zarzamoras, con el que se capturaban ballenas en el siglo XVII.

En los recovecos de mi cintura que un día fueron valles hoy se atisba la menopausia sin necesidad de catalejo. Canelones van ganando posiciones frente a canalillo que se va quedando rezagado. Y aspirante a ballenita llega por decisión propia un buen día a este puerto sin necesidad de ser disparada con arpón, pero con la sensación de haber sido alcanzada por la flecha del dios del deseo amoroso, hijo de Venus y Marte.

En los recovecos de los bares del puerto una mujer ballena en sus sesenta y tantos con una larga trenza cobriza irradia sexualidad y me confirma con cristalina contundencia que la gracia divina brilla más allá de cualquier edad, sobrepeso y geometría.

En los recovecos de mi tiempo aquí atesoro el esplendor infinito en la mirada de mi hijo de diez años, atesoro su risa y su disfrute jugando con las olas; atesoro su compañía como oro en paño, atesoro sus preguntas y su hermosura, atesoro sus abrazos y su frescura, atesoro su premeditación y su dulzura, atesoro su condición de grumete gourmet. Atesoro, sobre todo, su inmortalidad.

En los recovecos de un universo paralelo soy marinera de piel curtida y cuerpo fibroso que, descalza por el puerto, escancia sidra y saborea frutos del mar sintiendo que es ahí dónde pertenece, entre el crujir de la madera de los barcos, el silencioso movimiento de los gatos y el cautivador perfume de la mar.

En los recovecos de los oídos de Guionista, y debido a su libre interpretación, marinera se convirtió en minera y ahora minera se dedica a alumbrar en la oscuridad buscando oro y piedras preciosas mientras, tiznada de carbón, sueña con ser marinera en los pliegues de un universo ondulado como la espuma de mar en sus cabellos de sirena.

En los recovecos de los cabellos de mi hijo, en este mismo mágico lugar, mis manos retiraban liendres hace un par de años con premura y espanto ante la inminente vuelta al cole, con la eficacia de una liendrera microacanalada.

En los recovecos de mis cabellos de sirena ocultos bajo el casco de minera saltaban los piojos con alegría hace un par de años un par de pliegues más tarde en pleno golpe y porrazo de final del verano contra inicio de curso en un poético y tragicómico juego de malabares.

En los recovecos de las tres de esta madrugada Inspiración me despierta con insistencia queriendo mejorar mi primera canción compuesta y una vez conseguido no se da por vencida y me sugiere escribir un post para mi blog olvidado en los oleajes de la cotidianidad.

En los recovecos de este apartamento alquilado en las afueras del pueblo y de la wifi pero no de la belleza, se alternan coladas sin piña con disfrutes, deshoras con eternidades, canciones con silencios, sorprendente orden con deliberado desorden, el olor del incienso con el del pescado en la basura.

En los recovecos de este pueblo ondulan la ropa tendida en los balcones, los saludos amables de los habitantes, los caminos de hierba salvaje y las inesperadas visiones del mar acechando entre las casas de colores.

En los recovecos de la arena y de las olas vigilan incesantes cinco socorristas en medio kilómetro de playa: uno en la torre, dos sentados en la orilla frente a la zona de baño, otro en una zodiac y otro en una tabla de surf.

En los recovecos de mi biología Miedo ancestral aparece inesperado, me agarra tan fuerte que no me deja jugar a atravesar las olas, me obliga a detener la marcha exploradora de mi hijo, su mirada alegre y fascinada y su decisión de avanzar contra viento y marea sin temor alguno ante esos vislumbres de Tsunami, que también son atisbos de Samadhi.

En los recovecos de los neoprenos de los surfistas se ocultan los tatuajes que después se revelarán en un acontecimiento glorioso bajo las duchas para deleite de muchas.

En los recovecos del spotify en un iphone 5 agonizante chisporrotean las elecciones musicales de mi hijo que practica en el aire los ritmos de la batería en un obsesivo bucle que va desde Eye of the Tiger hasta Satisfaction, pasando por I am the Walrus y Bohemian Rapsody ante mi embelesado desconcierto.

En los recovecos de la senda del acantilado, el inmenso horizonte sostiene la ermita de la Atalaya, cuya presencia vacía y humilde contempla la puesta de sol sobre el mar donde nosotros, en nuestra recortada pequeñez y ojos de dibujo japonés, esperamos cazar el rayo verde.

En los recovecos del paraíso donde todo es perfecto se lamenta un quejido silencioso y profundo cuyos ecos a veces me asustan pero cuya canción se aleja en un adiós para nunca más volver.

En los recovecos de mis redes y de mis hilos de seda anida la esperanza de un amor absoluto y una dicha perenne cuyo anhelo insistente a veces suena como un doblar de campanas y otras dibuja formas en el humo del incienso.

En los recovecos de la Soledad en mi corazón comienzan a crecer raíces, flores, frutos, insectos, mamá pato y sus patitos, mamá gata y sus gatitos, plantas medicinales, musgo, helechos, ortigas y hierbabuena, grandes bosques de eucaliptos, cascadas y ríos, cielos estrellados y un cartel de “Se vende. Incluye jardín”.

En los recovecos de la lectura de “Momo” con mi hijo me doy cuenta de que los engaños de los hombres grises calaron en mí como en todos hace ya tanto tiempo que ha llegado el momento de reclamar educadamente pistola en mano al estilo Thelma: “¡Entrégennos inmediatamente todo el tiempo robado!”

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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