La armonía de las esferas

La armonía de las esferas

Frazey Ford

 

“La armonía de las esferas es una antigua teoría de origen pitagórico, basada en la idea de que el universo está gobernado según proporciones numéricas armoniosas y que el movimiento de los cuerpos celestes se rige según proporciones musicales; las distancias entre planetas corresponderían, según esta teoría, a los intervalos musicales.”

Grande Pitágoras que estás en los Cielos, grande Wikipedia que estás en la Tierra.

Proporciones numéricas armoniosas y movimiento de cuerpos celestes es esta mujer en su Mismidad. Sí, la mujer de la foto, esta belleza que parece salida de un cuadro de Vermeer, la que busca una música contenida en las esferas de vinilo.

Ella es música, es esfera, es proporción, es armonía, como bien podrá comprobarse al final de este post, que está escrito con el propósito de mostrar un precioso vídeoclip de ella para nuestro puro deleite, y aprovechar la ocasión para escribir sobre otros asuntos que puedan venir al caso y sean útiles a la humanidad.

Ella se llama Frazey Ford, y es una cantante compositora canadiense que descubrí este pasado domingo gracias al Divino Algoritmo de Spotify, que también estás en los cielos.

De todos los post que tengo en la estantería de vinilos de mi mente peleándose para sonar en el tocadiscos de este blog en algún momento, si Pitágoras quiere, o Pitágoras mediante, o si Pitágoras tiene a bien ocuparse de las tareas domésticas para que yo pueda disponer de un tiempo para sentarme a escribir este querido blog tan prolífico… esta bola salió ganadora entre todas las demás.

En realidad, el post de hoy iba a ser sobre otra Artista, española y catalana, redonda en su perfección y pura armonía, y proporción en su belleza exacta.

Ambas son divinas, ambas son humanas, ambas son madres, ambas están vivas, ambas son contemporáneas, ambas son cantantes compositoras. La otra (la que hoy no es protagonista) es una cantante suprema, descomunal, auténtica maga, asombrosa, de incuestionable y unánime belleza. Y aunque llevo una semana fascinada después de haberla visto en directo, escuchándola, cantándola, rememorándola y adorándola, Frazey se ha cruzado en mi camino y me ha enloquecido. ¿Por qué? Por una razón tan banal como biológica:  me ha flechado, me ha disparado, me ha conectado con algo  profundo, ancestral,  podríamos decir… freudiano. Disculpen ustedes mi infidelidad.

No sé si a ustedes vosotros os pasará lo mismo que a mí cuando veais el vídeoclip al que, dicho sea de paso, yo le daría un Oscar al Diseño de Vestuario, entre otras cosas.

El caso es que miro a esta mujer y me pasa algo que me ha pasado con muy pocas mujeres: me dan ganas de tenerla como novia!

Y no sólo ganas, sino muchas muchas ganas!

Que conste que esto no desmerece ni eclipsa para mí su talento como artista. De hecho, la escuché antes de verla, su voz, la armonía y las letras de sus canciones me llegaron dulcemente al corazón, la elegí entre otras, la busqué antes de verla, y cuando la vi fue un gozoso descubrimiento. Su energía, su cuerpo, su movimiento son también su música. La música no está separada del cuerpo a través del cual suena. Se hacen juntos. Igual que los cuerpos celestes no están separados de su sonido.

Bueno, el caso es que ocasionalmente he coqueteado con la posibilidad de echarme una novia, o una amante. Es algo que pienso a veces, como creo que debemos pensar muchos, o casi todos, en algunos momentos de nuestras vidas.

Debido a mi, podríamos llamar, incapacidad relativa o imposibilidad permanente de mantener una pareja masculina, a veces he pensado que quizás con una mujer se me daría mejor. Después del pensamiento, le preguntaba a mi cuerpo, y mi cuerpo a veces me decía: guay! Y otras veces: mmmm, no sé….

Porque lo cierto es que los hombres me gustan mucho y me enloquecen los hombres barbudos en general y los barbudos tatuados en particular, como bien se detalla en el post “Los hombres no lloran, riegan su barba”.

También es verdad que la creencia de “pareja” o “matrimonio”, como algo que “debe ser”, como institución, como corporación, como única salvación, se ha caído frente a mí como las balas que Neo para en el aire con la fuerza de su mente de Elegido y van cayendo una por una al suelo, inofensivas para siempre. Es decir, por fin es inofensivo para mí el hecho de no tener pareja. Good news!

 

 

Y quien dice creencias sobre la pareja, dice creencias sobre el resto de las cosas. Se empiezan a caer como balas.

En este escenario, la vida se despliega como un oceáno infinito de maravillosas posibilidades.

Parece que todo pinta bien hasta que nos encontramos con que “promiscua” no es la palabra que me define. El guionista de mi vida se equivoco y escribió: “promística”. Lamentable hecho.

Así que aquí estoy, recluida en mi templo, venga a tirar mis trenzas por la terraza, pero por ellas sólo trepan gatos, mirlos y gorriones.

Hasta que a Pitágoras le de el punto y decida intervenir en las proporciones numéricas preestablecidas, para que “promística” cambie sus letras a “promíscua” o a “princesa prometida”, o a comer “perdices” como símbolo de felicidad y fidelidad, me divierte imaginar la posibilidad de tener una novia oronda, sexy y acogedora como Frazey y un novio barbudo con el que jubilarme junto al mar, y eventualmente un barbudo tatuado de revista, con los que disfrutar del tiempo del que no dispongo. Porque… ¿en que franja de mi calendario incluyo a un novio o a una novia?

Y es que una parte importante de mí se siente despeinada como un personaje de Ken Loach o como Carmen Maura en ¿Qué he hecho yo para merecer esto? pagando facturas y haciendo la colada sin fin: el Sísifo de las mujeres trabajadoras es la puta colada.

Sísifo, el eterno retorno, la reencarnación… Para mí el verdadero yoga no sería salir de la rueda de reencarnaciones, sino dejar de hacer la colada y de recoger la cocina una y otra maldita vez.

Sin embargo, porque hay que ser positivos y pensar que todo sirve, cierto es que las tareas domésticas son el tiempo en el que me dedico a la música, a aprenderme canciones, a cantarlas, a escuchar podcast de Radio 3 y Descubrimientos Semanales de Spotify.

Así que al final la harmonia tou kosmou, la «armonía del cosmos» o «música universal», hace que el eterno retorno de estropajos y escobas se conviertan en esferas celestiales y preciosas redondeces.

Desde los 11 años estudio el movimiento de los cuerpos celestes y sus intervalos musicales. Nunca he entendido que vivamos entre aristas, picos de mesas y formas cuadradas.  Siempre he amado las formas redondas y me encantan las casas de los hobbits.

¿Será quizás por eso que cuando veo a una mujer gorda y preciosa como Frazey Ford siento un inmenso bienestar? Porque estoy profundamente aburrida de las modelos de lencería de las marquesinas y el actual Canon de “Belleza” empieza a parecerme cansino, insustancial, y lo que es peor, una dañina mentira que todos nos hemos creído y grabado a fuego en nuestra mente.

Quizás esto sea porque ya me he hartao, o me he iluminao, o porque he madurao o porque he engordao. Lo importante es que me siento Libre.

Muchas veces en el pasado he dicho que si fuera hombre estaría con mujeres gorditas. Ahora sonrío al descubrir que ya no me haría falta ser hombre, si algún día se me cruzara una gordi guapa en mi camino para hacer la colada juntas.

Gordis, barbudos, bienvenid@s a mi universo paralelo de promiscuidad pitagórica.

Pasen, vean, disfruten y enamórense del poderío femenino en su libertad!!!

 

I fought for my own victories and for the beauty in my life
My joy, my joy, my joy…….

Comment te dire adieu? (Parte 1)

Comment te dire adieu? (Parte 1)

 

Mexico Pareja Día muertos

Puedes escuchar este post en el siguiente audio:

 

“Comment te dire adieu” es una canción de Françoise Hardy que, por algún extraño motivo, lleva sonando en mi mente con frecuencia en este último año.

 

 

Cada vez que siento que tengo que despedirme de algo, o de alguien, aparece la dulce voz de Françoise y su bello rostro, susurrándome al oído cómo decirle adiós. Es bonito tener tan grata y divertida compañía, y tan perfecta banda sonora, mientras luchas con garras y dientes como un perro enloquecido cuando le quitan su presa, o mientras te debates como Golum por el anillo que, aunque sabes bien que deberías soltar, sólo lo quieres agarrar por y para siempre.

En el inicio de esta semana que termina, marcada por la Festividad de Todos los Santos y y el Día de los Difuntos, se me ocurrió la feliz idea de que el tema semanal de mis clases de yoga estuviera dedicada a honrar a nuestros seres queridos que ya murieron, a darnos cuenta del valor de la vida a cada instante, cada latido y cada respiración, y a despedirnos con amor de todo aquello que perdemos.

Para ser sinceros, este tema a la mayoría de la gente no le gusta nada, teniendo en cuenta que vienen a hacer yoga para sentirse mejor. Así que cuando abría un ojo en medio de la meditación para ver sus caras, en vez de ver sus sonrisas habituales, descubría una disimulada mueca de perplejidad.

En mi manera ambiciosa de proyectar, quería hablar en las clases sobre la muerte en el Budismo Tibetano, sobre la apóptosis o la muerte celular programada que nuestro propio organismo propicia para el óptimo mantenimiento de todo el sistema; también quería hablar de todas las veces que nos morimos y renacemos a lo largo de nuestra propia vida, y de esa “mítica” necesidad de dejar ir….

Si todo esto es tema de infinidad de libros, ¿cómo pretendía yo sus titulares hilvanar entre posturas, entre costuras y entre costillas…?

Aun así, lo hice, porque me lo había propuesto. Pero cierto es, y con día de fiesta de por medio, que al terminar mi jornada laboral el viernes no quería ver a nadie. Sólo quería abrazar a mi churumbel, escuchar la vocecita, los pasitos y la respiración del que todavía es “mi bebé” aunque ya por poco tiempo, mientras  la nostalgia anticipada me azuzaba tirándome de un brazo y la felicidad del amor materno me encadenaba el otro.

Ahora es media noche y Françoise pasa el relevo a The Cure que me interpretan con cariño e insistencia su “Let’s go to bed”, vídeo y tema que los locos como yo de mi generación sabrán apreciar.

Porque después de un largo sábado de trabajo frente al ordenador planificando cursos, peleándome con configuraciones de mailchimp y wordpress, enfrentándome con desesperación a mis finanzas en excels diversas, con intermedios de partidas de ajedrez con mi hijo y  tareas domésticas varias; queriendo publicar mi post de los Muertos y sin poder salir de casa a respirar el aire de la lluvia, estoy tan despeinada como Robert Smith y empiezo a sentir como una contractura invade mi trapecio derecho, la fiebre amenaza mi cabeza y mi ser interior me grita, como a Liz en “Come, reza, ama”: “Mila, vete a dormir”.

Así que, soltando perfección y decoro, porque es la semana del soltar, suelto este post para su publicación, sin importarme que sea bueno o malo, satisfactorio o decepcionante, absurdo o coherente, inacabado o suficiente, para así poder irme a dormir en paz, con todos los deberes cumplidos, y seguir mañana, quizás, si el tiempo, el cuerpo y la mente me lo permiten, una prometedora y fascinante segunda parte, en la que podré usar todos los vídeos y las fotos que llevan toda la semana en mi mente, y dejar de ser, para siempre, minimalista.

Au revoir…

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Declaración

Declaración

Artthrópoda Project

 

Esta sobremesa, mientras recogía los cacharros de mi cocina a la vez que escribía mentalmente mi próximo post sobre las banderas, España y Cataluña, me sorprendía esta declaración de Victoria Sur, que es la mía, exacta.

Victoria Sur es una cantante y compositora colombiana, que en estas últimas semanas me acompaña en mis quehaceres, aportándome su luz.

Y puesto que este blog trata de aportar luz preferentemente a través de la mirada femenina, para dar visibilidad a las contribuciones artísticas, científicas y humanas de las mujeres al mundo, qué mejor que esta artista en este momento.

Siempre con profundo respeto hacia todos los sentires, los pensares, los padeceres y reconociendo la seriedad de los asuntos, tanto como la urgente necesidad de hacer un cambio en el mundo, en esta tierra, que nos lleve a ser el gran Ser Humano que estamos destinados a Ser,  ahí va mientras tanto nuestra declaración, porque es la declaración de muchos.

Como decía John Lennon en Imagine:

“They may say I’m a dreamer, but I’m not the only one,

I hope some day you’ll join us and the world will be as one”

 

Os propongo que escuchéis esta preciosa canción de Victoria Sur, disponible gratuitamente en Spotify.

Es tan gratificante cuando encuentras una canción que te define, y más en medio de estas turbulencias, que te hacen sentir rara, inadecuada y marciana.

https://open.spotify.com/embed/track/3yqYthcXXw4o8tXqKZ7dA8

 

DECLARACIÓN

de Victoria Sur

 

No soy de izquierda, ni de derecha

yo soy del sur y de aquí vengo

En pianoforte sin pasaporte

yo soy del sur y de aquí vengo

 

Desde aquí yo elevo mi canto al mundo entero, lo requiero

no tengo ninguna bandera ni fronteras, soy aventurera

 

Yo soy de aquí, también de allá, al final nada queda

o se integra a la naturaleza, al final todo queda

Yo sé donde empieza el camino, mi raíz y mis vuelos

No tengo ninguna bandera ni frontera, soy aventurera

 

Y libre soy como las nubes, y libre soy

como el perfume que me lleva a ti

Libre soy como los cantos y libre soy

como los campos que brotan sin fin, libre soy

como la lluvia, y libre soy

como los aires que viajan al sur, libre soy

 

y libre soy

 

y libre soy como los vientos que se llevan mis pensamientos

como las olas que llevan y traen sentimientos

como los astros que viajan por el universo

 

por el universo

por el universo

por el universo

por el universo

 

 

 

Cenizas…nenúfares…tizas

Cenizas…nenúfares…tizas

Nenufarestiza

 

En las fisuras de la apariencia, de lo esperado, de lo creído, de lo pensado, de lo decidido, de lo imaginado, de lo dolido, de lo manipulado, de lo arrepentido; a través de las fisuras en la pátina de la culpa, del miedo, de la vergüenza y de la pena, brilla lo real, tan majestuoso como desapercibido.

Un verano dulce, con la dulzura propia de ese verano que la piel anhela desde lo más profundo del alma. Esa nostalgia que ya no es nostalgia porque es promesa cumplida. Y aunque lo cotidiano y lo banal empañen la visión clara, entre las grietas del espejo se vislumbran los destellos de esa cosa llamada felicidad, que pasa a ser algo pequeño, delicado, sutil y tan simple como el ahora, tal cual Es, poblado, según nuestro juicio, de imperfecciones y desaciertos.

Cuando emerges de las profundidades de lo oscuro, porque has viajado en la oscuridad, con la fuerza que te da tu propio espíritu que en la luz mora, el sonido pequeñito que producen las ranas saltando de sus nenúfares al agua en un estanque, la magnificencia diminuta en el sonido de la vocecita de tu hijo, el esplendor de la ilusión en su mirada inocente entre las olas,  el crujir de sus pasitos al acecho de gatos y ranas y estrellas fugaces, todas esas pequeñas cosas, son mi renacer a la Vida.

Y mientras unos renacen, aunque no sabemos por cuanto tiempo, otros van muriendo, de formas esperadas o anunciadas, o imprevisibles, en una asombrosa cadena, como si uno tras otro fueran subiendo a un tren. Y con sus cenizas, el polvo en el que se transforma lo que hasta hace poco fueron, nuevos niños pintarán sus aprendizajes en la pizarra de la existencia.

Porque en este breve, luminoso y dulce verano vivido, mientras las voces de los niños y sus juegos puebla el detenerse del tiempo, la noticia de la muerte del padre de mi más querido amigo suena entre nenúfares, la noticia de la muerte de la madre de mi amiga  íntima acompaña el olor de la higuera, el recuerdo de la reciente muerte de dos queridas alumnas se funde con la brisa entre las hojas de los sauces; la voz llorosa de otra amiga días antes de la muerte de su padre por estar trabajando y no poder estar junto a él me llevan a recordar los últimos meses de la vida de mi madre mientras me ducho con mi hijo bajo una cascada entre rocas y musgo; las inesperadas palabras “se nos fue en paz” en un mensaje de whatsapp de otra amiga cuando un mes antes ni siquiera se sabía que su hermano tenía cáncer se imprimen como limón en papel al guardar la ropa en la maleta.

Y la memoria de mi madre, y la memoria de mi padre, y la memoria de mis muertos, tan cercana como lejana, con esa extrañeza y perplejidad que te deja la muerte a pesar de los años, discurren hiladas por la danza de las libélulas.

Y el tren se aleja. Y se los lleva, dejándonos la huella de los sonidos pasados temblando en medio del silencio del aula vacía y una pizarra a medio borrar.

Tiza, de la lengua azteca náhuatl tizatl: “yeso”, “arcilla blanca”.

Y a modo de ritual con ese polvo blanco pinto las estanterías de mi casa de la negrura de una pena, de varias penas, y con las cenizas de mis duelos pinto los armarios, y pinto los cajones, y los barnizo con un brillo satinado y vacío mi cocina de sartenes inservibles y trastos pesados y quemo los papeles viejos del salón, y saco todo aquello que convierte mi hogar en un desvan de muertos queridos y la dejo como la estación de la que partió ese último tren de los que se han ido. Y por la estación camino hasta alejarme al lugar donde los niños se tumban sobre los raíles para predecir la llegada del próximo tren. Y yo también me tumbo y simultáneamente escucho el pasado reciente en la vibración del hierro, y el silencio del ahora y las cigarras y el latido de mi propio corazón por la emoción ante lo que está por venir.

De pronto, sin previo aviso, se escucha algarabía, sonidos de sillas arrastrandose en el suelo, ecos de voces y gritos de niños subiendo y bajando escaleras, el olor de los pupitres y de los libros nuevos que todavía perdura en mi cerebro límbico se junta con el olor que sucede en el presente, en el colegio de mi hijo, en el colegio de nuestros hijos, hoy.

Y despierto, otra vez. Y renazco.

Y el recuerdo de un poema de E.E. Cummings que me acompaña cada día, ilustra mi renacimiento.

 

I, who have died, am alive again today

and this is the sun’s birthday

this is the birthday of life and love and wings

and of the gay great happening illimitably earth

now the ears of my ears awake and now the eyes of my eyes are opened

 

Yo, que he muerto, estoy vivo de nuevo

y este es el cumpleaños del sol

y es el cumpleaños de la vida y del amor y de las alas

y del alegre y gran acontecimiento que es la tierra, ilimitada

ahora los oídos de mis oídos despiertan y ahora los ojos de mis ojos están abiertos

 

Canción de hoy: “En mi isla” de Henri Salvador

 

 

 

 

 

De Madrid al Arcoíris

De Madrid al Arcoíris

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“En algún lugar sobre el arcoíris el cielo es azul,
y los sueños que te atreves a soñar, de verdad se hacen realidad” 

 

Puedo decir que en Madrid el cielo es azul, y también puedo decir que en Madrid los sueños que me atrevo a soñar really do come true.

Madrid te quiere, ames a quien ames, vengas de dónde vengas. Madrid te acoge siempre bajo sus nubes magenta. 

(Audio post: 8 minutos)

Madrid tiene un cuerpo y una mente y un espíritu, y es un ser vivo, inteligente y luminoso como todo lo que existe.

Nunca imaginé que algún día viviría tan cerca del cielo cuando paseaba de la mano de mi abuelo por las blancas callejuelas de la judería, coloreadas de las flores que descubría al asomarme a sus patios escondidos.

Nací en el sur entre palmeras y naranjos, cuando el perfume era la promesa del azahar y el oloroso Montilla-Moriles el aire de los bares, en los ultimísimos días de una década. En ese año 1969 en el que televisaron cómo un astronauta daba un pequeño paso para el hombre, grande para la humanidad, sobre el supuesto territorio de la Luna, clavando la bandera de un país, los Estados Unidos de América, que ondeó en su finísima casi inexistente atmósfera. No clavaron una bandera que incluyera a todos los seres humanos de esta Tierra, porque llegar a la luna no era lo importante, sino ganar una guerra fría.

 

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Un mes antes de ese “paso grande para la humanidad”, moría Judy Garland, la preciosa mujer y voz que dio vida a esta canción, Somewhere over the Rainbow, (pincha el enlace para ver el vídeo HD y subtitulado español)

 

 

El 27 de junio de 1969, estaba yo en el vientre de mi madre, exactamente a 6 meses por nacer, cuando se celebraba el funeral de Judy Garland. Pocas horas después en Stonewall Inn, un club gay situado en el Greenwich Village de Nueva York, tenía lugar una redada policial contra los dueños, empleados y clientes del local, fundamentalmente hombres gays, y algunos transexuales y lesbianas, que se se resistieron a ser detenidos y se enfrentaron a la policía. La gente les secundó. Siguieron 5 días de disturbios que iniciaron el movimiento por los derechos civiles de lesbianas, gays, bisexuales y transexuales.

(Después de buscar veracidad, he encontrado dos artículos interesantes y bastante contrastados sobre lo que ocurrió: aquí en español y otro en inglés del Washington Post).

 

Stonewall_Inn_1969.jpg

Stonewall Inn 1969

 

Me gusta imaginar que desde mi comfortable casita prenatal sentía de alguna manera esos impactantes fenómenos, mientras miraba mi nacimiento a 180 grados zodiacales. Y algo debió suceder porque nací mirando hacia arriba, con una especial y espacial fascinación por la luna, los astros y los arcoíris.

Dicen que dentro del local algunos fans de Garland conmemoraban su muerte. Verdadero o falso, lo cierto es que las fechas coinciden. Y también es cierto que Judy Garland ha sido desde hace muchos años uno de los más importantes iconos gays. Judy que murió anhelando ese paraíso sobre el arcoíris.

El uso de la bandera arcoiris para identificar a la comunidad gay se registró por primera vez en el año de 1978, durante el desfile por la Libertad de Gays y Lesbianas en San Francisco.

Aunque política hacemos todos, cada uno a su manera, no comulgo con ningún partido. Pero sí quiero resaltar pequeños grandes pasos que dan algunos políticos, porque sí.

El 3 de julio de 2005 el entonces presidente de España José Luis Rodríguez Zapatero legaliza el matrimonio homosexual, siendo España el cuarto país del mundo en hacerlo.

El 24 de junio de 2016, el presidente de los EE.UU Barack Obama declaró el local Stonewall Inn Monumento Nacional. Aquí tienes sus 3 minutos de discurso que resumen el inicio de la reivindicación de la comunidad LGBT  ilustrando lo sucedido en Stonewall.

Mientras escribo esto se está celebrando en Madrid el World Pride 2017. Y la alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena, vestida como una ciudadana de a pie, cercana como es a la gente, leía unos versos de Federico García Lorca, y decía: “porque Federico García Lorca es nuestro”. Y ese “nuestro” me llena de orgullo verdadero.

Porque esos versos de nuestro Federico dicen:

Que no se acabe nunca la madeja
del te quiero me quieres, siempre ardida
con decrépito sol y luna vieja.

Y yo estoy humildemente orgullosa de este “Ames a quien ames, Madrid te quiere”, aunque no soy fiestera y no estoy ahora entre la muchedumbre arcoíris. Para mí es un fin de semana de concentrado trabajo en casa, pero me llegan la alegría, el desenfreno y la reivindicación en la distancia. Y es libertad y creatividad en estado puro. Y celebración.

Neptuno-Iluminado

¿Cuánto hemos escondido, reprimido, culpabilizado y condenado durante tantos siglos de puritanismo al amparo de una religión que ha malentendido y malpracticado el mensaje amoroso, compasivo y solidario de Cristo, que no rechazaba a nadie y que condenaba la mentira, la codicia y la falsa moral?

Ahora la verdad estalla, como mil botellas de champán, como fuegos artificiales, sin mesura. Ahora la falsa moral se va agrietando como tierra en sequía. Y nos vamos de un extremo al otro hasta encontrar el equilibrio. Es parte de todos los procesos.

Comprendo y respeto que hay muchas personas que no pueden asumir la libertad amorosa y sexual en su mente, porque les da miedo, porque tienen una idea en su mente rígida, limitada y poco humana de lo que es correcto e incorrecto. A todavía una mayoría de las personas no les gusta esto y no lo pueden comprender, porque estamos programados y manipulados diariamente y desde hace siglos.  A otros les es indiferente porque lo que les importa es que trae mucha pasta, reputación internacional y turismo de todo el mundo. Otros muchos son activistas verdaderos y están profundamente implicados. Y más allá de la fuerza económica detrás de todo esto, esta sucediendo porque está vivo. Es real y necesario.

No es fácil ejercer la libertad personal sin verse rechazado socialmente. Madrid es valiente y siempre lo ha sido. La conocí en los años 80 y la conozco en el nuevo milenio.

Confío en la evolución, la conciencia y el corazón humano, individual y colectivamente. Tengo mucha esperanza.

Así que estoy humildemente orgullosa de la ciudad que me acogió en su seno. Porque es la prueba de un pueblo despierto.

Y este orgullo es algo diferente a la soberbia o a la vanidad. Me gusta una definición positiva de orgullo que he encontrado en Google, y que no es la de la R.A.E. (tengo mis más y mis menos con esta honorable institución):

“Sentimiento de satisfacción hacia algo propio o cercano a uno que se considera meritorio”

Meritoria, propia y cercana es la ciudad que me ha adoptado.

He ido amando a Madrid a lo largo de los años. Siempre me quedó una nostalgia de mi paraíso sureño, como si me hubieran arrancado injustamente de sus jardines. Mi amor por Madrid ha sido un amor a fuego lento, como esos suculentos y deliciosos caldos que pasan dos días haciéndose lentamente en tu compañía en la cocina. Son deliciosos porque requieren su tiempo y tu presencia amorosa.

Cálida y permanente es la presencia amorosa de Madrid.

Mira este precioso vídeo:

En suma, La Renta

En suma, La Renta

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Un relato de Sergio Fernández Santacana

 

Hace muchos muchos años, La Renta.

Un momento de tensión familiar.

 

En el exterior la primavera se adueñaba de los vertederos y los llenaba de flores que nadie había plantado.

La vida se abría camino en la calle .

Parecía el momento de florecer y expandirse.

Mientras , en casa, crecía otra planta.

Y de ella salía una flor turbia que envolvía el hogar y la convivencia con los colores de la responsabilidad, el agobio y la mala hostia

Era La Renta.

Mi padre, que siempre ha trabajado en banca, llenaba la casa con papelitos donde apretujaba a lápiz números, restas, multiplicaciones, divisiones y sumas. Una suma, en suma, caótica.

Una suma de inseguridades y de miedos. Sumas repasadas de posibles errores. Sumas de errores del pasado cercano. Confesiones por hacer.

Para mi padre, que nunca ha sido creyente,  seguramente éste era el momento más equivalente a la confesión que experimentaba a lo largo del año .

En cada epígrafe, un posible pecado oculto, un examen de conciencia.

Epígrafe 303, te alabamos Señor. Epigrafe 808, te pagamos Señor.

Como si se tratara de una confesión hacia el Estado.

Una, dos, tres veces, la misma suma. Y a repetir. Un apartado tras otro.

Como un mantra, como las cuentas –las cuentas- de un rosario.

Como si equivocarte te fuera a condenar al puto infierno. O a la vergüenza pública.

Y un extraño alivio en el pagar, como si eso le fuera a eximir de las iras de la tribu.

Como si tuviese que conjurar su relativa fortuna, la habilidad de escapar de la miseria de la posguerra,  a través del sacrificio de unas monedas.

Que como monedas vírgenes, sin gastar, se entregaban por supuesto en los primeros días de plazo

…creo que alguna vez soñé con que un espíritu soplaba todos esos papeles y se los llevaba, volando, hacia el Cruce, ese gran vórtice donde las cosas de los adultos y los asuntos médicos sucedían…

 

Muchos muchos años mas tarde

 

Mi padre escuchó que La Renta se puede hacer por Internet.

Que existía algo así como un borrador. Que sería algo parecido a lo que La Divinidad, o El Cosmos, saben de ti.

Así que ahora, una vez al año, viene a mi casa y encabronándose como siempre -en una suerte de homenaje a los días pasados y ya casi ni recordados-  sigue mirando papeles del borrador, que ya no logra integrar en un todo coherente.

Y yo, que siempre he huido de los números como de la peste, y que en realidad no tengo más allá de una muy difusa idea de lo que estoy haciendo, me giro muy serio y le pido su aprobación con un “¿entonces, validamos los datos y presentamos la declaración”?

Y él, en un acto de algo que no puedo nombrar con otra palabra que no sea “fe” contesta -también serio- “validamos”

Y aunque he de reconocer que en momentos anteriores del proceso he tenido que esforzarme mucho para que no sea a mi a quien invada por momentos la mala hostia…

…antes de girarme hacia la pantalla me doy cuenta de que en realidad estamos compartiendo una actividad y pasándonoslo bien.

Ya no es una confesión o una cosa taaan taaan seria de adultos. Ahora hemos más o menos relativizado y es casi un juego. Como alguno de los que teníamos, hace ya tanto –o no-, cuando yo era niño.

Y justo antes de darle al botón “enviar” me cruza la mente por un momento la idea de que tal vez ahí esté resumida la cadena de lo masculino.

Jugártela dando tu palabra.

Y esa es ahora mi relación con el programa PADRE

Que ahora por cierto igual ya no se llama así

Igual habría que llamarle papá

Y decirle: “gracias, papá, te quiero.”

 

 

Canción de hoy:

“Song for my father” Horace Silver

Joya…..

 

 

Paloma presente

Paloma presente

PalomaOrquideaRosa

Tierra abrázame
Abrázame con tu luz
Escucha mis pasos caminar
Mi alma respirar en tus brazos

Tierra abrázame
Abrázame con tu piel
Escucha mi cuerpo acelerar
Corriendo hasta la cima por tener tu querer

(“Palomas blancas” de Natalia Lafourcade)

(puedes escuchar las canciones, los podcast y navegar por las bios pinchando en los enlaces en dorado)

Querida Paloma,

Hace un mes conocí una canción de Violeta ParraPaloma Ausente, blanca paloma, rosa naciente… La cantamos en el taller de voz hasta memorizarla, la canción me emocionó profundamente, me conectó con el miedo y la tristeza por la muerte de un ser querido (“que no descienda herida mi palomita, la que viene fundida a los elementos) …  y nunca imaginé que me ibas a llevar a ella hoy de nuevo.

1.11 de la madrugada ahora. Hace unas horas que se extinguió tu vida en tu cuerpo y aun no lo creo. Este post es para ti.

Por fin corre algo de brisa, te has marchado en un día abrasador del mes de junio con tus alas quemadas por fuera. Mañana tu cuerpo se hará cenizas. Tu cuerpo joven, tu cuerpo bello. Tu cuerpo alegre, vibrante y  llenísimo de vida.

Yo no soy la parte devastada. No soy tus tres hijos pequeños, no soy tu increíble marido, no soy tus padres, no soy  tu familia, no soy tus amigos íntimos. He tenido la suerte de ser tu profesora de yoga.

He pasado el día impactada pensando en ti, en tus hijos, en tu marido, he encendido una vela a tu alma y te he honrado en mi esterilla al llegar a casa esta noche, mientras escuchaba un podcast de Radio 3, Dolce Italia, que hacía dulce mi forma de velarte.

Saber y sentir que tu alma estará siempre presente queda en el borde de un abismo.

Tu persona impregnada de la blancura de tu alma hacía honor a tu nombre. A la más blanca paloma que simboliza la paz y la pureza del espíritu.

Recuerdo que después de casi un año de venir a mis clases de yoga todos los miércoles por la mañana, un día, al finalizar la clase, nos quedamos charlando. Fue un encuentro memorable para mí, fue conocerte. Me contaste, casi sin darle importancia, que tenías cáncer de pulmón. Te miré con inmenso asombro porque ante mí veía a una chica que era la encarnación de la salud, de la agilidad,  con una maravillosa práctica de yoga, además de ser una persona impecable, responsable, exquisita, ejemplar.

Me contaste que llevabas ya bastante tiempo con la enfermedad, y que todo el tiempo que habías venido a clase estabas en tratamiento de quimioterapia, un tipo de quimioterapia especial que era constante. Y que te permitía asistir a clase y realizar la práctica, que era muy intensa, como la yoguini más sana del planeta.

Me contaste que en el hospital estaban investigando y que estaban impresionados con tu caso, porque con tu tipo de cáncer, según añadiste, deberías haberte muerto ya.

Me contaste que cuando te diagnosticaron,  leíste el libro de Odile Fernández , médico de familia y madre que superó un cáncer de ovario, gracias a los tratamientos junto con un cambio en su alimentación y en su forma de vida. Y así hiciste: dejaste de trabajar, paraste el ritmo, te dedicaste a tus hijos, les sacaste de todas las extra escolares y os dedicasteis a pasar las tardes juntos, tranquilos, sin deberes. Cambiaste la alimentación de toda tu familia. Pudiste hacer todo esto con el apoyo incondicional de tu pareja.

Me fascinó tu historia, tu actitud. Y di por hecho que ya estabas curada. Aunque tú no lo dabas, pero tenías toda la fe en curarte definitivamente. Un día me dijiste que querías escribir un libro porque sentías que con tu experiencia podías ayudar a otras personas que estaban pasando lo mismo que tú.

Seguiste viniendo a yoga y te trajiste a tu marido, a tus amigos y vecinos con sus parejas y os apuntasteis todos al horario de los viernes por la tarde para poder coincidir y luego cenar juntos. Porque el yoga te hacía muy feliz.

Amo la vida y entiendo que la muerte es parte de esta vida. Y es en estos momentos que me da miedo, se me hace demasiado grande. Amarla tal y como es. Amar la vida incondicionalmente supone amar también la muerte, la pérdida y el dolor. Y aceptar que no tiene nada que ver con nuestra lógica ni con lo que pensamos. Las palabras aquí no alcanzan.  Las palabras de siempre, la filosofía, la metafísica, la religión se me caen por el abismo.

Sólo puedo constatar que ahora estoy viva y soy dichosa, y esta noche es dulce y amarga y perpleja. Una noche conmigo, en mi soledad, velándote con mi música y mi sentimiento. Mi hijo está con su padre esta semana y ahora debe dormir plácidamente, y no hay hora en la que no piense en él y le huela y sienta su cuerpecito y escuche su vocecita. Coexisten la felicidad y la ausencia, el agradecimiento y el vértigo ante el misterio de la vida. Mi corazón lleno de miedo y de amor. Y la vida humana es todo esto y tanto más. Hace poco que la vivo con el mayor de los aprecios sabiendo que conlleva el mayor de los desgarros. Aprendiendo a vivir sabiamente, sabiendo que supone aprender a trascender la muerte. Que es abrir el corazón, hacerlo infinito para que pueda tragar toda la magnificencia de la vida.

Aunque no querías irte de esta tierra, blanca Paloma, te has ido rodeada del infinito amor de tu gente.

Mañana iré a tu misa. Siempre estarás presente.

El sábado cantaré para ti una canción que se llama “Quédate”, pero ya es tarde.

Esta noche te ofrezco esta canción, “Palomas blancas”.

Te llevo en mi corazón.