White Friday, Black Sheep

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Fotografía de Jessica Walsh

Ahora es el Momento. Elijo vivir un viernes blanco. Elijo vivir un lienzo en blanco a cada instante en mi mente. Una mente diáfana en la que revolotean las posibilidades como mariposas. Y yo las elijo. Y yo las dibujo. Ahora.

Elijo el blanco como mi Pantone 000C White, blanco puro, para este curso.

Esta es una reflexión contemporánea. No más. Aunque nos invito a que seamos más responsables y más despiertos, no digo que lo que propongo sea lo mejor, ni lo correcto, más bien lo comparto como otra posible elección.  

En medio de las hordas de Black Friday que inundan los dispositivos esta oveja negra sueña con un viernes blanco.

Blanco para mí significa libertad, simplicidad y paz. Dulzura.

Una esencia de espacio y claridad, de cuidado, de silencio sobre el que resalten las palabras expresamente nombradas y dancen las realidades perfectamente delineadas. Y donde se pueda ver la verdad de las cosas.

Para poder disfrutar de lo blanco es necesaria la presencia de lo negro como contraste y referencia.

Blanco y negro se complementan y se sostienen mutuamente. Los entendemos como opuestos y separados, con diferente vibración y comportamiento, aun siendo manifestaciones de lo mismo. El símbolo del Yin y el Yang expresa la danza de todas las cosas en perfecto equilibrio.

Blanco es la presencia de todos los colores. Blanco es el AHORA (White(i)snow). Blanca es la paz en su bandera y su paloma. Blanco es el lienzo del pintor. Blanco es el orden. Blanca es la leche alimento del recién nacido. Blanco es el cabello en el anciano. Blanco es el algodón. Blanca es la tiza. Blanca es la seda. Blanca es la luz radiante de las estrellas. Blanca es también la luz cegadora.

Negro es la ausencia de color. En el negro la visión se le revela al chamán. Negro es el caos. Negro es el espacio que sostiene las estrellas y negro es el agujero en el que la estrella se convierte cuando se apaga. Negra es la tierra reciclada de lo que una vez muerto alimenta la nueva vida. Negra es la tierra de mi Lanzarote amada. Negro es el fuego solidificado de mis deseos insatisfechos que conforman un sólido paisaje.  

 En el espacio del universo coexisten oscuridad y luz, caos y orden.

Mi alma de negra, en cuya memoria se susurran los cantos de esclavitud y los tambores que acompañan la danza de la vida pura, ahora siente que necesita la vibración del color blanco.

¿Será que deseo experimentarme completada? ¿Será que deseo un lienzo en blanco donde pintar mis sueños?

Cuando cierro los ojos y me imagino mi hogar soñado, veo una casa sencilla, sostenible, posible, construida con mis propias manos al menos en parte, afín y una con el entorno, blanca, luminosa, abierta y espaciosa por dentro, pero también acogedora, con madera y materiales orgánicos crudos y refinados, muy pocos y bonitos objetos, vidrios de colores que resalten sobre el blanco y espejos que reflejen arcoíris en las paredes. Custodiada por la vital presencia de árboles autóctonos, aunque me harían muy feliz una palmera, un limonero, una higuera, girasoles y rosas, flores de cactus. Y, por supuesto, un huerto.

Imagino tener sólo lo que se necesita y se usa, y un poco (pero poquito) más, por diversión. Un piano, también por supuesto, un ukelele y una guitarra. Y ver las pocas pertenencias que tengamos a simple vista. Todo a mano. Y compartir la paz y la belleza de este home sweet home. 

Imagino un espacio a través del cual moverme descalza con libertad y calidez en amorosa compañía. 

Un hogar sencillo, natural y bonito.

Y ese sueño de futuro es ahora una realidad en mi imaginación pintada. Y mi ahora es un espléndido amanecer escribiendo un sueño.

Esta idílica ensoñación de mi mirada desobediente se ve de pronto interrumpida por el recuerdo de un reciente paseo por un centro comercial.

Entonces aparece lo negro para que resalte lo blanco.

La semana pasada cedí mi iphone al museo arqueológico, después de que muriera por fin tras una prolongada y deseperante agonía.

Así que tuve que salir corriendo como si no hubiera un mañana (que no lo hay porque “The Moment is Now”) a comprarme el iphone más barato que encontré a módicos plazos (lo reconozco, soyiphonedependiente, es mi única dependencia de la que espero curarme un día con un tratamiento especial de teléfono de dial combinado con terapia termal).

Me fui a la Apple Store (sí, lo reconozco y me confieso, me gusta porque es blanca) en el Centro Comercial de mi zona y me encontré con el enorme despliegue de anuncios del Black Friday por todas partes alrededor. Tuve una profunda revelación al respecto con matices que hoy no podría explicar. Y me vi a mí misma fuera, fuera de este mundo de consumo compulsivo y de sentimiento de carencia. Y deseando estar a cien mil leguas de viaje submarino de cualquier centro comercial, a ser posible. Aunque reconozco que en ocasiones pueda serme cómodo, incluso agradable.

Me zafé del “voy a esperar al Black Friday para comprarme tal cosa”. Personalmente no necesito comprarme tal cosa en el Black Friday ni que me regalen nada ni ahorrarme nada. Ni aplicar a ningún sorteo. Aunque llegue por los pelos a final de mes.

Ya me regalan muchas cosas porque ser profesora de yoga es como ser el médico del pueblo. Me han regalado desde aguacates hasta estatuillas de India, pasando por adornos de todo tipo, vino y bombones. Sólo falta que me traigan una oveja (preferiblemente negra, esta vez, por afinidad electiva).

No comparto este pensamiento colectivo de “a ver si lo consigo más barato para gastar menos y puedo comprar más cosas por el precio de una” o “voy a comprar ahora así ya tengo los reyes solucionados”, o “es que me ahorro un montón”. No voy a juzgarlo. Simplemente no lo incluyo en mi cesta de la compra. Mis reyes prefiero que sean unos pocos, bonitos y sentidos regalos comprados en tiendas pequeñas de comerciantes, autónomos como yo.

Los que se inventaron el Black Friday saben que se consume mucho más y se gasta en cosas que seguramente no se necesitan, que ocupan un montón de espacio y que en poco tiempo inundarán los vertederos de residuos que tardarán cientos de años en degradarse.

Sí es muy contemporáneo, es parte de la vida, es así. Y no voy a estar peleándome con ello. Pero me libera no elegirlo.

Es como una especie de perversión condescendiente de esos que dirigen estas políticas manipuladoras desde su isla y no creen que las personas merezcamos una felicidad desnuda y desprovista.

Como si nos estuvieran haciendo un favor enorme por abaratarnos las cosas un día al año y en los dos meses de rebajas, después de dejarnos fritos con la factura de gas y electricidad todos los meses. “Tomad los desechos que quedan y así nos ayudáis a limpiar nuestros almacenes y a ensuciar vuestros valles para que podáis morir aplastados entre montañas de impresoras hijas de la obsolescencia programada”.

No, gracias.

A esos, los escondidos en la sombra de sus playas privadas, ya les queda poco que hacer, porque esto ya es insostenible y las personas no somos estúpidas. Ya empezamos a darnos cuenta de que es innecesario.

A esos líderes sin empatía y a sus secuaces hombres grises no les deseo ningún mal. Deseo que se dediquen a consumir su piña colada sin decirnos a los demás lo que tenemos que hacer con nuestra vida, cuántas horas tenemos que trabajar, cuántas horas tenemos qué dormir, qué noticias inventadas tenemos que creer, qué tenemos que comer para estar sanos, y que fármacos tenemos que tomar, cuántos kilográmos tenemos que pesar y cuantos centímetros tienen que medir nuestras “cosas”. Deseo también que devuelvan las tierras que han robado a la Tierra y que luego cobran al resto de sus habitantes.

Es cierto que, de alguna forma, todos encontramos algún beneficio en esto. Pero también creo que nos hemos pasado de rosca y que podríamos vivir feliz y cómodamente, todos, con muy poco o casi nada más que el esplendor de la vida misma y esta tierra.

Hace ya tiempo que cuando entro en una farmacia o en la tienda de la gasolinera, me siento abrumada ante tanto horror vacui, tanta oferta, tanta desmesura y tanto plástico.

Y el vacío y el silencio se convierten de pronto en artículos de primera necesidad.  

Respeto por supuesto a todo aquel al que le gusta comprar y tener y coleccionar cosas. Pero que sea libremente. Que no sea porque socialmente le teledirigen de manera tan descarada y enloquecida.

Se me hace raro ver a todos esos seres humanos corriendo y comprando compulsivamente todos juntos en el mismo día. Aunque quizás ellos se lo están pasando genial y se les hace raro ver a una oveja negra y aburrida como yo sin comprar nada. 

Yo añoro la tienda de ultramarinos atendida por el tendero del barrio al que pedirle un litro de leche, una barra de pan y mantequilla.

Llámame radical.

El otro día hablando con un amigo recordé un documental que vi hace meses en mi mes de prueba de Netflix. Me encantó y lo recomiendo. Me dio mucha paz cuando lo vi y pensé: así me gustaría vivir. Se llama “Minimalismo”. Ya el tráiler te dice mucho:

Y llámame también irresistible porque, según este artículo, la oveja negra es, en realidad, la mejor del rebaño:

Las ovejas negras, siempre que no tengan un solo pelo blanco, protegen al rebaño de algunos males, enfermedades o incluso de las tormentas. Así lo aseguran las tradiciones de los pastores del Alto Aragón, en una colección de intuiciones que la veterinaria Lucía López ha recogido para un estudio. Según su trabajo, estos animales tan castigados en el imaginario colectivo han sido, en realidad, sagrados durante siglos.

http://cadenaser.com/programa/2017/04/17/hoy_por_hoy/1492428272_102435.amp.html

Así que hoy me dispongo a vivir un viernes blanco, libre de consumo, con la melena propia de una oveja negra de pura cepa. Y para celebrarlo, un próximo lunes artesano y analógico.

I’m a lonely girl.

De postre, algo que te va a dar varias sonrisas y una gran felicidad, que no será empañada a pesar del correspondiente anuncio de Black Friday.

El sencillo y fascinante videoclip elegido para hoy, “I’m a lonely boy” de The Black Keys. Esas benditas teclas negras que suenan tan maravillosamente disonantes y que siempre te sorprenden.  

Su protagonista, el guarda de seguridad del estudio donde rodaron el vídeo clip para esta canción, que luego decidieron sustituir por este retal de backstage.

Viva lo sencillo.

A vuestra salud y felicidad! Saravá!


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Surfer@s de grandes olas

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Surfear grandes olas es un viaje a través de los límites gloriosos de la vida.

Garret McNamara es un surfista profesional de grandes olas, es hawaiano, tiene 51 años y el record mundial por haber surfeado la ola más alta en Nazaré, Portugal, donde reside con su mujer y sus hijos. Sobre él cuento hoy una bonita historia.

Hace justo una semana estaba yo regresando de impartir un retiro en la costa de Portugal, en la que mi hijo de 10 años pudo disfrutar de sus primeras clases de surf mientras yo daba clases de yoga, gracias a esa bendita anestesia que es: “ojos que no ven, corazón que no siente”. Aunque he de confesar que, antes de verle partir hacia su surf, yo había rezado a todos los dioses de todos los panteones de todas las religiones existentes en esta tierra y en todos los confines del universo. Creo que con esto ya doy por finalizada para siempre mi práctica religiosa.

Una de esas tardes en la playa de surf de Odeceixe un amigo me presta su tabla y me anima a bracear y a ponerme de pie sobre las suaves olitas de la orilla con la marea baja. Braceo escasos segundos antes de casi chocarme con otra tabla. Pero eso siembra la semillita de mis futuras, deseadas y temidas clases de surf en algún otro espacio temporal.

Si has visto alguna vez las olas de Portugal, seguramente habrás percibido en las letras luminosas de su espuma la advertencia: peligro.

Sumergida en el wipeout de la vuelta a todos los coles esta semana, la fascinación que me producen las olas me lleva a surfear minutos robados a las tareas inacabadas de forrar libros y recoger cocina entre la cena y la cama.

Echo de menos tan desesperadamente el mar que una noche me dejo llevar por un misterioso trance hipnótico. Y, como cantaba Joaquín Sabina, me dieron “las diez y las once las doce y la una, y las dos y las tres” pero la luna no me encontró al anochecer junto a nadie más que a mi soledad, y tampoco desnuda sino ojiplática, atemorizada y enamorada mirando vídeos de surf de grandes olas en mi ipad.

Así descubro a Garret McNamara, a su mujer Nicole Macías, la preciosa historia del nacimiento de su hijo y a la brillante fotógrafa Emily Robinson (pincha en sus nombres para conocer su trabajo).

Y todo porque una olita de whatsapp de un grupo me había traído un vídeo de Nazaré.

El cañón de Nazaré es el mayor desfiladero submarino de Europa, situado junto a la Villa de Nazaré, en Portugal, aquí al ladito, en nuestra amada península. Con una extensión de 230 km, su profundidad de 5.000 metros y su cercanía a la costa provocan olas gigantes.

 

 

Sin haberlo experimentado nunca, porque hasta donde yo recuerdo no me ha sido posible surfear en anteriores encarnaciones, sé lo que se siente. Sé que es así porque estamos todos conectados con la vida en todos sus puntos y con todos sus instantes pasados, presentes y futuros en nosotros y en todos los seres. Sólo hace falta cerrar los ojos y sentir.

El surf me atrae poderosamente y al mismo tiempo me aterroriza. En una de mis pesadillas recurrentes un tsunami se abalanza sobre mí, por suerte siempre me despierto a tiempo.

Y es que el planeta Neptuno estaba ascendiendo por el horizonte en el instante de mi nacimiento. Sus ondas inundan mi vida de profundidad y magia. Es una lástima que la mayoría de las personas no conozcan lo que es la astrología de verdad: una bella y asombrosa revelación del cielo sobre la tierra.

Neptuno me susurra al oído que el surfista vive con plena conciencia de la muerte y de la gloria. Y que llega a ese estado de gracia al deslizarse por la ola y recorrerla en el límite de la vida, ese estado trascendente en el que no le importa morir porque ha conocido lo Supremo. Aunque cada vehículo y cada viaje sean distintos, alcanza el mismo “lugar” al que se llega también a través de la heroína, la música y la mística.

Puedo escuchar el sonido y el rugido del mar, del viento y de mis movimientos en ese instante. También el silencio. Puedo sentir en mi piel como la tabla se desliza por la ola. Puedo sentir como me ilumino. Y también como me muero. Lo percibo todo simultáneamente cuando veo a Garret surfear. Es un mago. Es un dios.

En las olas recorridas con mi ipad me encuentro con su mujer, Nicole, profesora de educación medioambiental. En mi imaginación me pregunto cómo puede ella sostener que su hombre se marche una y otra vez para entregarse a la fuerza arrolladora e imprevisible de ese mar, una arriesgada entrega que es toda su vida, irremediablemente.

¿Quizás esta mujer no tiene miedo? ¿O será que más grande que el miedo es el amor, la admiración y la comprensión profunda de lo que Es?

Mi pequeño surf me lleva también a un instante de gloria y la grandeza de la pareja se me revela cuando me encuentro el reportaje fotográfico del nacimiento de su bebé en su casa. Y surfeo con ellos a través del parto.

En las paredes de su cuarto un cartel dice: “Si una mujer no parece una diosa cuando está dando a luz, es que alguien no la está tratando bien”.

Entonces Garret se convierte en el hombre que ama a la mujer que surfea el máximo dolor y la máxima transcendencia de dar a luz a su bebé en su casa como una maga, una diosa.

Verles a los dos es ver el esplendor de lo humano y de lo divino, una vez más. Y toda una suerte que esté recogido bajo la mirada luminosa de la fotógrafa Emily Robinson.

Quizás no puedes hacer surf en el mar pero puedes escuchar la sinfonía de mirlos al amanecer o saborear un delicioso té mientras sientes los rayos del sol iluminando tu rostro. O mirar a través de los ojos de tu hijo cuando te cuenta un nuevo descubrimiento.

Quizás ahora te des cuenta de que vives surfeando en la locura.

Como el papá que está comprando un panel de recompensas en el Lidl en medio del griterío de sus hijos que se pelean mientras intenta hablar con su hermana por teléfono contándole que tuvo que poner su iphone en no molestar para poder desaparecer completamente porque en el trabajo no le dejan en paz y que al volver a la oficina después de las vacaciones tenía unos 4.000 emails por leer y responder.

Como la mamá que tiene que llevar a sus diferentes hijos a las diferentes extraescolares a la misma hora y hacer la compra en los 5 minutos que le quedan libres de trayectos delirantes.

Como todas esas personas anónimas que llegamos a final de mes salvándonos de un wipeout justo antes de que la espuma del tsunami nos fuera a tumbar. Y regresamos renacidos a la orilla con un “uf” cada vez.

Como todas esas personas en el mundo que viven salvándose de la muerte a cada instante antes de morir o antes de seguir viviendo.

Un sólo brillito de conciencia en nuestra cotidianidad detiene el tiempo en la cresta de la ola.

En ese brillito está la grieta por donde se puede escapar del sufrimiento y entrar en la dicha. En esa grieta está la fuerza para tener paz en la tierra.

Llevamos mucho tiempo entrenando. Es hora de ponernos de pie. Ahora lo supremo está al alcance de nuestra mano en cada instante.

¿Y si nos decidimos a renacer en nuestra casa, la tierra?

BebeSurfTabla

Mira este vídeo, es realmente emocionante.

 

Y la sesión de fotos:

Reportaje fotográfico: El hijo de una leyenda del surf: baby Barrel nacido en casa.

 

 

 

En la Tierra Alrededor del Sol En el Cielo

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“Bienvenida. Y Felicidades. Estoy encantado de que pudieses conseguirlo. Llegar hasta aquí no fue fácil. Lo sé. Y hasta sospecho que fue algo más difícil de lo que tú crees.

En primer lugar, para que estés ahora aquí, tuvieron que agruparse de algún modo, de una forma compleja y extrañamente servicial, billones de átomos errantes. Es una disposición tan especializada y tan particular que nunca se ha intentado antes y que sólo existirá esta vez. Durante los próximos muchos años -tenemos esa esperanza-, estas pequeñas partículas participarán sin queja en todos los miles de millones de habilidosas tareas cooperativas necesarias para mantenerte intacta y permitir que experimentes ese estado tan agradable, pero tan a menudo infravalorado, que se llama existencia.”

(“Una breve historia de casi todo”, Bill Bryson, 2003)

Sí, yo celebro mi existencia. Ahora. Hasta hace poco la celebraba ritualmente sólo por mi cumpleaños, un misterioso designio me ha llevado cada año a celebrar mi nacimiento, pero el resto de los días pasaban medio ciegos medio asombrados. Quizás más ciegos que asombrados. El asombro eran vislumbres. Un vivir a medias, dando todo lo que podía pero sin terminar de ver.

Afortunadamente esos vislumbres fueron creciendo, fueron haciédose más frecuentes y luminosos, llevándome de la mano como los niños cuando juegan a la Gallinita Ciega.

Ahora mientras escribo esto entran los rayos de sol por el ventanal e iluminan mi pequeño escritorio, el teclado y el árbol de Navidad. El sol acaba de elevarse por el horizonte sobre los tejados.

Me asombra que todos los que estamos en condiciones de celebrar nuestra existencia ni siquiera consideremos la posibilidad, que no abramos los ojos a lo que somos. Y que todavía se nos vaya la vida en pequeñeces que no son nada al lado de un simple latido del corazón.

 

Cada vez que contemplo el sol salir, cada mañana, me siento sostenida por un orden y una certidumbre que olvido tan a menudo como tan a menudo me aterra la magnificencia de la vida. Cada cumpleaños, me siento arropada y feliz de estar, como decía mi querido padre, dando otra vuelta alrededor del sol. Mi madre, por otra parte, tenía una cualidad solar, iluminaba todo con una fuerza y calidez increíble. Así he sentido al sol muy cerca desde que nací, a las 5.50 de una mañana de invierno en la tierra caliente de Córdoba.

Además, desde pequeña, me fascinaron los astros, las órbitas, los colores y tamaños de las increíbles esferas de nuestro sistema solar. Siempre tuve la costumbre de mirar arriba, de mirar más allá, cuando la oscuridad acechaba. Todavía me asombra descubrir la luna llena, menguante, creciente y buscarla cuando está nueva.

Hoy me he levantado a las 5.50 y, como es mi cumpleaños, he encendido una vela a la vida, a mí, a mis padres, a mi hijo, a mi familia, a mis amigos, al mundo… en gratitud. Y he abierto el regalo de cumpleaños que me había preparado para mí misma:

felices

 

He comenzado el día practicando mi yoga para hoy: 4 saludos a la luna, 12 saludos al sol y

R E S P I R A R ….

 

Abrazar a mi hijo, desayunar rico, tocar el piano, escribir… y celebrar….

No hace falta ser rico económicamente, no hace falta que no te falten cosas, no hace falta que todo cuadre, no hace falta que todo salga bien, no hace falta ser delgada, ni joven, ni guapa eternamente….

Basta con dejarse iluminar la mente el cuerpo y el alma por esos pequeños y, como diría Bill Bryson, tan agradables pero tan a menudo infravalorados rayitos de sol: es la medicina que recomiendo, la ducha tan necesaria como placentera. Y no estoy hablando de tumbarse a tomar el sol, aunque también 😉

Estoy hablando de ver la vida, estoy hablando de sentir, de sentir los propios pasos caminar, de mirarse al espejo, de verse, de mirar al otro, de ver al otro, de escuchar, de tocar, de saborear, de oler la vida. Estoy hablando de esforzarnos en perseguir nuestra dicha inherente, en agarrarnos a nuestro sol interior, a la fuerza de nuestro espíritu, a dejarnos guíar por ella en medio de cualquier tempestad, sea grande o pequeña. Y a perseverar en ello cada segundo de nuestra existencia.

Esto exige voluntad y entrenamiento, es hacer músculo. Es como ir al gimnasio, salir a correr o a nadar o escalar o hacer la compra o las tareas domésticas o ponerte a hacer todo eso que detestas pero que es absolutamente necesario. Y si puedes darle alegría al camino, mejor que mejor.

Podemos pasarnos la vida rechazando y apreciando alternativamente, identificándonos con países y partidos políticos y razas y familias e ideologías y odiando todo lo que es “otro”. Podemos pasarnos las vida intentando que no nos roben, quejándonos de todo lo que no nos gusta, de todo lo que nos hacen los demás, de todo lo que padecemos;  podemos intentar decorar nuestra vida sólo con lo que nos gusta. Podemos hacer un cercado sólo con las emociones positivas y las cosas bonitas gastando toda nuestra energía en crear un parapeto para que “nada más” ni “nadie más” entre en nuestra milimétricamente diseñada burbuja.

También podemos elegir, a veces.

Podemos elegir inhalar la vida, exhalar la vida, dejarnos atravesar por la pena más profunda, canalizar la ira y en algún momento, sin previo aviso, sin nada que lo haya provocado,  que nos pille por sorpresa el estado de gracia y la dicha más deliciosa. Es algo parecido a comer bombones debajo de la ducha caliente a solas. ¿Lo habéis probado?  Yo sí. ¡Probadlo!!!

A veces pienso que en mi cuento, al nacer, me bendijeron con un hechizo, el de ver oscuro hasta pasados los 40 y y y….. Y a los 40 y y y un buen médico me dijo algo que se resume en esto: “Tienes una depresión endógena por falta de serotonina, se considera una enfermedad (siempre fue así y posiblemente siempre será así)” Y yo pensé: “Sí, siempre fue así y también hubo muchos destellos. Y eso de siempre lo será, ya lo veremos, que soy bruja y también puedo neutralizar hechizos”.

Así que empecé a soplar, empecé a soplar, despacito, sobre el bebé que fui, sobre la niña que fui, sobre la adolescente que fui, sobre la joven que fui, sobre la mujer que soy. Despacito como quitando el polvo de hechizo oscuro. Y esa brisa de mi propio aliento fue convirtiéndose en polvo de estrellas y fino polvo de oro del sol.

En medio de la experiencia poética de existir y escribir, me doy cuenta de que es tarde y  que tengo que salir al Punto Limpio a tirar un montón de trastos rotos para liberar espacio en casa y tengo que hacer la compra en Mercadona, pues esta tarde vienen amigos queridos a celebrar nuestra existencia juntos:

“Saravá!”

(escucho la voz de Vinicious de Moraes bendiciendo en su canto)

Saravá es una palabra de origen africano empleada en Brasil como una bendición, un “salve”, un mantra, un sonido místico o sagrado que sirve para elevar el espíritu.

Una posible interpretación que encontré en la wikipedia:

SA— (Fuerza, Señor) —RA— (Reinar, Movimiento) —VÁ (Naturaleza, Energia).

Es decir, una versión africana de:

“Que la Fuerza te acompañe”

Que la fuerza te acompañe, amig@, que la fuerza me acompañe, que la fuerza nos acompañe a tod@s…

… y que celebremos ese estado tan prodigioso, pero tan a menudo infravalorado, que se llama EXISTENCIA.

 

 

 

 

 

La armonía de las esferas

Frazey Ford

 

“La armonía de las esferas es una antigua teoría de origen pitagórico, basada en la idea de que el universo está gobernado según proporciones numéricas armoniosas y que el movimiento de los cuerpos celestes se rige según proporciones musicales; las distancias entre planetas corresponderían, según esta teoría, a los intervalos musicales.”

Grande Pitágoras que estás en los Cielos, grande Wikipedia que estás en la Tierra.

Proporciones numéricas armoniosas y movimiento de cuerpos celestes es esta mujer en su Mismidad. Sí, la mujer de la foto, esta belleza que parece salida de un cuadro de Vermeer, la que busca una música contenida en las esferas de vinilo.

Ella es música, es esfera, es proporción, es armonía, como bien podrá comprobarse al final de este post, que está escrito con el propósito de mostrar un precioso vídeoclip de ella para nuestro puro deleite, y aprovechar la ocasión para escribir sobre otros asuntos que puedan venir al caso y sean útiles a la humanidad.

Ella se llama Frazey Ford, y es una cantante compositora canadiense que descubrí este pasado domingo gracias al Divino Algoritmo de Spotify, que también estás en los cielos.

De todos los post que tengo en la estantería de vinilos de mi mente peleándose para sonar en el tocadiscos de este blog en algún momento, si Pitágoras quiere, o Pitágoras mediante, o si Pitágoras tiene a bien ocuparse de las tareas domésticas para que yo pueda disponer de un tiempo para sentarme a escribir este querido blog tan prolífico… esta bola salió ganadora entre todas las demás.

En realidad, el post de hoy iba a ser sobre otra Artista, española y catalana, redonda en su perfección y pura armonía, y proporción en su belleza exacta.

Ambas son divinas, ambas son humanas, ambas son madres, ambas están vivas, ambas son contemporáneas, ambas son cantantes compositoras. La otra (la que hoy no es protagonista) es una cantante suprema, descomunal, auténtica maga, asombrosa, de incuestionable y unánime belleza. Y aunque llevo una semana fascinada después de haberla visto en directo, escuchándola, cantándola, rememorándola y adorándola, Frazey se ha cruzado en mi camino y me ha enloquecido. ¿Por qué? Por una razón tan banal como biológica:  me ha flechado, me ha disparado, me ha conectado con algo  profundo, ancestral,  podríamos decir… freudiano. Disculpen ustedes mi infidelidad.

No sé si a ustedes vosotros os pasará lo mismo que a mí cuando veais el vídeoclip al que, dicho sea de paso, yo le daría un Oscar al Diseño de Vestuario, entre otras cosas.

El caso es que miro a esta mujer y me pasa algo que me ha pasado con muy pocas mujeres: me dan ganas de tenerla como novia!

Y no sólo ganas, sino muchas muchas ganas!

Que conste que esto no desmerece ni eclipsa para mí su talento como artista. De hecho, la escuché antes de verla, su voz, la armonía y las letras de sus canciones me llegaron dulcemente al corazón, la elegí entre otras, la busqué antes de verla, y cuando la vi fue un gozoso descubrimiento. Su energía, su cuerpo, su movimiento son también su música. La música no está separada del cuerpo a través del cual suena. Se hacen juntos. Igual que los cuerpos celestes no están separados de su sonido.

Bueno, el caso es que ocasionalmente he coqueteado con la posibilidad de echarme una novia, o una amante. Es algo que pienso a veces, como creo que debemos pensar muchos, o casi todos, en algunos momentos de nuestras vidas.

Debido a mi, podríamos llamar, incapacidad relativa o imposibilidad permanente de mantener una pareja masculina, a veces he pensado que quizás con una mujer se me daría mejor. Después del pensamiento, le preguntaba a mi cuerpo, y mi cuerpo a veces me decía: guay! Y otras veces: mmmm, no sé….

Porque lo cierto es que los hombres me gustan mucho y me enloquecen los hombres barbudos en general y los barbudos tatuados en particular, como bien se detalla en el post “Los hombres no lloran, riegan su barba”.

También es verdad que la creencia de “pareja” o “matrimonio”, como algo que “debe ser”, como institución, como corporación, como única salvación, se ha caído frente a mí como las balas que Neo para en el aire con la fuerza de su mente de Elegido y van cayendo una por una al suelo, inofensivas para siempre. Es decir, por fin es inofensivo para mí el hecho de no tener pareja. Good news!

 

 

Y quien dice creencias sobre la pareja, dice creencias sobre el resto de las cosas. Se empiezan a caer como balas.

En este escenario, la vida se despliega como un oceáno infinito de maravillosas posibilidades.

Parece que todo pinta bien hasta que nos encontramos con que “promiscua” no es la palabra que me define. El guionista de mi vida se equivoco y escribió: “promística”. Lamentable hecho.

Así que aquí estoy, recluida en mi templo, venga a tirar mis trenzas por la terraza, pero por ellas sólo trepan gatos, mirlos y gorriones.

Hasta que a Pitágoras le de el punto y decida intervenir en las proporciones numéricas preestablecidas, para que “promística” cambie sus letras a “promíscua” o a “princesa prometida”, o a comer “perdices” como símbolo de felicidad y fidelidad, me divierte imaginar la posibilidad de tener una novia oronda, sexy y acogedora como Frazey y un novio barbudo con el que jubilarme junto al mar, y eventualmente un barbudo tatuado de revista, con los que disfrutar del tiempo del que no dispongo. Porque… ¿en que franja de mi calendario incluyo a un novio o a una novia?

Y es que una parte importante de mí se siente despeinada como un personaje de Ken Loach o como Carmen Maura en ¿Qué he hecho yo para merecer esto? pagando facturas y haciendo la colada sin fin: el Sísifo de las mujeres trabajadoras es la puta colada.

Sísifo, el eterno retorno, la reencarnación… Para mí el verdadero yoga no sería salir de la rueda de reencarnaciones, sino dejar de hacer la colada y de recoger la cocina una y otra maldita vez.

Sin embargo, porque hay que ser positivos y pensar que todo sirve, cierto es que las tareas domésticas son el tiempo en el que me dedico a la música, a aprenderme canciones, a cantarlas, a escuchar podcast de Radio 3 y Descubrimientos Semanales de Spotify.

Así que al final la harmonia tou kosmou, la «armonía del cosmos» o «música universal», hace que el eterno retorno de estropajos y escobas se conviertan en esferas celestiales y preciosas redondeces.

Desde los 11 años estudio el movimiento de los cuerpos celestes y sus intervalos musicales. Nunca he entendido que vivamos entre aristas, picos de mesas y formas cuadradas.  Siempre he amado las formas redondas y me encantan las casas de los hobbits.

¿Será quizás por eso que cuando veo a una mujer gorda y preciosa como Frazey Ford siento un inmenso bienestar? Porque estoy profundamente aburrida de las modelos de lencería de las marquesinas y el actual Canon de “Belleza” empieza a parecerme cansino, insustancial, y lo que es peor, una dañina mentira que todos nos hemos creído y grabado a fuego en nuestra mente.

Quizás esto sea porque ya me he hartao, o me he iluminao, o porque he madurao o porque he engordao. Lo importante es que me siento Libre.

Muchas veces en el pasado he dicho que si fuera hombre estaría con mujeres gorditas. Ahora sonrío al descubrir que ya no me haría falta ser hombre, si algún día se me cruzara una gordi guapa en mi camino para hacer la colada juntas.

Gordis, barbudos, bienvenid@s a mi universo paralelo de promiscuidad pitagórica.

Pasen, vean, disfruten y enamórense del poderío femenino en su libertad!!!

 

I fought for my own victories and for the beauty in my life
My joy, my joy, my joy…….

Cenizas…nenúfares…tizas

Nenufarestiza

 

En las fisuras de la apariencia, de lo esperado, de lo creído, de lo pensado, de lo decidido, de lo imaginado, de lo dolido, de lo manipulado, de lo arrepentido; a través de las fisuras en la pátina de la culpa, del miedo, de la vergüenza y de la pena, brilla lo real, tan majestuoso como desapercibido.

Un verano dulce, con la dulzura propia de ese verano que la piel anhela desde lo más profundo del alma. Esa nostalgia que ya no es nostalgia porque es promesa cumplida. Y aunque lo cotidiano y lo banal empañen la visión clara, entre las grietas del espejo se vislumbran los destellos de esa cosa llamada felicidad, que pasa a ser algo pequeño, delicado, sutil y tan simple como el ahora, tal cual Es, poblado, según nuestro juicio, de imperfecciones y desaciertos.

Cuando emerges de las profundidades de lo oscuro, porque has viajado en la oscuridad, con la fuerza que te da tu propio espíritu que en la luz mora, el sonido pequeñito que producen las ranas saltando de sus nenúfares al agua en un estanque, la magnificencia diminuta en el sonido de la vocecita de tu hijo, el esplendor de la ilusión en su mirada inocente entre las olas,  el crujir de sus pasitos al acecho de gatos y ranas y estrellas fugaces, todas esas pequeñas cosas, son mi renacer a la Vida.

Y mientras unos renacen, aunque no sabemos por cuanto tiempo, otros van muriendo, de formas esperadas o anunciadas, o imprevisibles, en una asombrosa cadena, como si uno tras otro fueran subiendo a un tren. Y con sus cenizas, el polvo en el que se transforma lo que hasta hace poco fueron, nuevos niños pintarán sus aprendizajes en la pizarra de la existencia.

Porque en este breve, luminoso y dulce verano vivido, mientras las voces de los niños y sus juegos puebla el detenerse del tiempo, la noticia de la muerte del padre de mi más querido amigo suena entre nenúfares, la noticia de la muerte de la madre de mi amiga  íntima acompaña el olor de la higuera, el recuerdo de la reciente muerte de dos queridas alumnas se funde con la brisa entre las hojas de los sauces; la voz llorosa de otra amiga días antes de la muerte de su padre por estar trabajando y no poder estar junto a él me llevan a recordar los últimos meses de la vida de mi madre mientras me ducho con mi hijo bajo una cascada entre rocas y musgo; las inesperadas palabras “se nos fue en paz” en un mensaje de whatsapp de otra amiga cuando un mes antes ni siquiera se sabía que su hermano tenía cáncer se imprimen como limón en papel al guardar la ropa en la maleta.

Y la memoria de mi madre, y la memoria de mi padre, y la memoria de mis muertos, tan cercana como lejana, con esa extrañeza y perplejidad que te deja la muerte a pesar de los años, discurren hiladas por la danza de las libélulas.

Y el tren se aleja. Y se los lleva, dejándonos la huella de los sonidos pasados temblando en medio del silencio del aula vacía y una pizarra a medio borrar.

Tiza, de la lengua azteca náhuatl tizatl: “yeso”, “arcilla blanca”.

Y a modo de ritual con ese polvo blanco pinto las estanterías de mi casa de la negrura de una pena, de varias penas, y con las cenizas de mis duelos pinto los armarios, y pinto los cajones, y los barnizo con un brillo satinado y vacío mi cocina de sartenes inservibles y trastos pesados y quemo los papeles viejos del salón, y saco todo aquello que convierte mi hogar en un desvan de muertos queridos y la dejo como la estación de la que partió ese último tren de los que se han ido. Y por la estación camino hasta alejarme al lugar donde los niños se tumban sobre los raíles para predecir la llegada del próximo tren. Y yo también me tumbo y simultáneamente escucho el pasado reciente en la vibración del hierro, y el silencio del ahora y las cigarras y el latido de mi propio corazón por la emoción ante lo que está por venir.

De pronto, sin previo aviso, se escucha algarabía, sonidos de sillas arrastrandose en el suelo, ecos de voces y gritos de niños subiendo y bajando escaleras, el olor de los pupitres y de los libros nuevos que todavía perdura en mi cerebro límbico se junta con el olor que sucede en el presente, en el colegio de mi hijo, en el colegio de nuestros hijos, hoy.

Y despierto, otra vez. Y renazco.

Y el recuerdo de un poema de E.E. Cummings que me acompaña cada día, ilustra mi renacimiento.

 

I, who have died, am alive again today

and this is the sun’s birthday

this is the birthday of life and love and wings

and of the gay great happening illimitably earth

now the ears of my ears awake and now the eyes of my eyes are opened

 

Yo, que he muerto, estoy vivo de nuevo

y este es el cumpleaños del sol

y es el cumpleaños de la vida y del amor y de las alas

y del alegre y gran acontecimiento que es la tierra, ilimitada

ahora los oídos de mis oídos despiertan y ahora los ojos de mis ojos están abiertos

 

Canción de hoy: “En mi isla” de Henri Salvador

 

 

 

 

 

Perfecta y aun así no te das cuenta

Bujanghasana

Canción: “Perfecta”, letra y música de Luis Ramiro

Vídeo: Mila Zahori

Dedicado a las mujeres, para recordarles que se amen a sí mismas

Dedicado a la perfección inherente y real de lo que somos

Dedicado a los hombres que reconocen a las mujeres

Desde la dicha de ser una misma

Ver vídeo:

 

 

Esas marquitas que hay en tus piernas,
Que te acomplejan si vas sin medias,
Son las estrellas de mi universo,
Las que me guían cuando me pierdo,
Las que me alumbran cuando navego.

Que gracias me haces cuando me cuentas,
“Amor, mis tetas son tan pequeñas”,
y yo pregunto si es grande el viento,
y qué tamaño tiene el invierno,
qué coño importa si son perfectos…

Como la vida si voy contigo,
Como la muerte si es a tu lado,
Como tu boca tapando el frío,
Perfecta como una madre besando a un hijo.

Eres perfecta y aún así no te das cuenta,
Perfecta, perfecta, perfecta.
Eres perfecta como el sol, como la tierra
Perfecta, perfecta, perfecta.

Esos dos brazos no te los tapes,
No seas tan tonta si tú ya sabes
Que son las alas de mi esperanza,
Mis dos caminos para ir a casa,
El contrapeso de mi balanza.

Con tu sonrisa yo enciendo el mundo,
miro tu culo y veo el futuro,
En esos ojos yo me hago el muerto,
En esos labios subo hasta el cielo,
Tengo muy claro que son perfectos…

Como la vida si voy contigo,
Como la muerte si es a tu lado,
Como tu boca tapando el frío,
Perfecta, como una madre besando a un hijo.

(Luis Ramiro, poeta y cantautor)

Los hombres no lloran, riegan su barba (Parte 1)

Mendontcry

 

Yo me confieso. Aquí, públicamente, por primera vez: sí, me gustan los hombres barbudos y tatuados. Eso no significa que no me gusten los hombres afeitados y sin tatuar, Dios me libre! Pero si me cruzo con un barbudo tatuado me doy la vuelta sin decoro.

Prueba de esto es el tablero de Pinterest que creé hace un par de años llamado “Serás un hombre” y que recupero para tan esperada ocasión. Lamentablemente no he podido seguir regando sus barbas por falta de tiempo, pero se ve que, al igual que mis plantas, sobreviven sólo gracias al amor que a distancia les profeso:

https://es.pinterest.com/milazahori/serás-un-hombre-youll-be-a-man/

Mi preferencia por los barbudos es infinitamente anterior a la moda. De hecho, no soy mujer de modas ni de peluquerías. No compro el Harpers Bazaar, ni sigo a blogueras de moda, sólo voy a la peluquería una o dos veces al año; he sido agraciada con una melena rizada que a la mínima se hace rastas ella sola y no hay quien la peine: basta una noche durmiendo (no hablemos de un revolcón, de esos que rara vez suceden en mi monástica vida de sacerdotisa ilegal) para que haya que considerar seriamente ir a cortar los nudos.

Tampoco tengo presupuesto para ropa de marca, que ni necesito. Tengo poco ocio, trabajo descalza y con mallas así que sólo puedo ponerme tacones para andar por casa (sobre este tema tengo una historia fascinante que espero que Cronos algún día me permita escribir).

Me atrevería a decir que mi elegancia natural no precisa de modas, pero a veces quizás peco un poco de vivir de estas rentas aunque todavía nunca he llegado al cole de mi hijo con el pijama debajo del abrigo, y eso que en alguna contrarreloj he coqueteado peligrosamente con la posibilidad (dicen las malas lenguas que las autónomas corremos el grave peligro de abusar del pijama para todo…. que no del camisón …).

Ahora que reviso lo escrito puede que la descripción de mí misma induzca a pensar que soy una perroflauta (con toda mi admiración por esta genuina tribu urbana), pero no: ni tengo perro, ni toco la flauta.

Venía diciendo (la melena ensortijada de mi mente tiende a los excursos y mi ego aprovecha la mínima oportunidad para hablar de su libro) que mi preferencia por los tatuajes es anterior a la moda. De hecho, ahora me causa una cierta incomodidad ver hordas de tatuados porque sí, porque está de moda, y sobre todo el uso banal del tatuaje. “Ah, está de moda tatuarse, pues me pongo un tribal!”, muchas veces sin una mínima investigación sobre los maoríes y una mínima mística.

Para mí el tatuaje siempre fue algo especial. A veces tengo la fantasía de tatuarme los dos brazos y la espalda entera, pero intuyo que en algún momento del avance temporal en mi cuerpo, podría ser que llegara a ocurrir, sí…. que no quedara bonito. Así que, por si las moscas, si mi tattoo life evoluciona, elegiré palabras y símbolos sagrados en lugares escondidos de mi anatomía.

El caso…. siempre siempre me atrajeron poderosa y secretamente las barbas. Pienso que esto puede deberse a tres razones principales:

  1. Mi inclinación teológica.
  2. Mi linaje de izquierdas.
  3. Mis antepasados árabes y judíos.

Delicioso smoothie, esa mezcla de árabes-judíos-rojos-sacerdotes….

Creo que no hay nada que aclarar o escribir al respecto, pero por si alguien tuviera duda, crecí creyendo que Dios era un hombre con barba blanca que vivía sentado en una nube. Y siempre me sentí muy atraída hacia “Él”. En ese tiempo ni se consideraba que Dios pudiera tener tatuajes.

Con respecto a las izquierdas, en mi linaje materno cordobés, mi abuelo y mi tía (mi madrina) eran militantes del Partido Comunista de España y de la CNT (Confederación Nacional del Trabajo), y por aquel entonces las barbas eran de rojos o de jesuitas.

Por otra parte, es bien conocido el gusto por la barba tanto de los hombres judíos ortodoxos como de los árabes fundamentalistas. Su pelo ocupa un lugar protagonista mientras de sus mujeres deben ocultarlo bajo velos o pelucas después de haberse rapado la cabeza tras casarse. Algún día, cuando me sienta con fuerzas, escribiré sobre esto.

Volviendo a la moda, gracias a Dios, sí a ese, al de la barba, alguna persona (mujer u hombre) con influencia tuvo una revelación y la gente la siguió y las barbas empezaron a brotar por todo el planeta como una maravillosa y refinada tendencia que muchas de nosotras esperábamos con secreta ansiedad.

Véase como ejemplo de esto la empresa de la que procede el estupendo cartel de este post, puritito arte (si no te has parado a ver mi tablero de Pinterest, ahora tienes una segunda oportunidad de adentrarte en una selva barbuda):

https://www.instagram.com/skullbeardmode/

Y… ¿cómo encontré esto?

Gracias, además de a Dios, a la crisis económica de los últimos años, y gracias, también, a que soy madre separada con custodia compartida, me he visto obligada a alquilar una habitación en el piso en el que vivo asimismo de alquiler, para poder llegar a fin de mes, que se dice. Llegar a fin de mes…. mmm… que expresión tan loca.

Otro día escribiré sobre mi fascinante casa de huéspedes, lo importante ahora es que mi compañera de piso actual es una linda bióloga feminista de 29 años, de una inteligencia prodigiosa y fotógrafa de mis fotos, que se dedica a la investigación de la Leishmaniasis, buscando becas por todo el mundo. Y en una de estas, llegó a mi humilde hogar para preparar su doctorado.

Un día descubrí en su Instagram o en su perfil de whatsapp la foto que he elegido para este post, porque a ella también le gustan los barbudos tatuados. Eso es bueno, porque compartir el feminismo y el gusto por los barbudos tatuados nos lleva ocasionalmente a charlas nocturnas divertidísimas (cuando mi hijo está con su padre).

Y la foto me dio el título de este post, que creo que tendrá varias partes, y ésta será sólo una intro, porque semejante tema da para tanto…

Y si no, mira esta foto titulada 12 razones para salir con un tío con barba; esta es la primera y la mejor que he encontrado entre las numerosas entradas en google con el mismo título (hay que saber inglés, porque no me da tiempo a traducirla):

12reasonstodateabeardedman

 

En realidad, este post no iba de esto. Me temo que tendré que dejar el tema principal para una segunda parte…

….porque no puedo evitar contaros algo que sucedió recientemente.

Tengo un amigo que tiene dos trabajos: el guay y el que está deseando dejar. En el que está deseando dejar comparte “oficina” con otros hombres, porque hay varios turnos. El otro día me enseñó una foto de la “oficina” (esto es real):

 

calendarioschicas

Me quedé tan perpleja ante semejante reliquia que mi comentario fue: “Ah, qué acogedora, tiene luz natural”

Y lo cierto es que me pareció muy bonita, muy vintage, y muy Kaurismäki.

En mi siguiente comentario ya no pude disimular todo lo que acontecía dentro de mí y le pregunté: “¿PERO ESTO TODAVÍA EXISTEEEE????”

Y él con su elegancia natural me respondió riendo…. sí, cosas que tienen mis otros compañeros…

Aunque sé que no le disgustará pasar sus horas con tan agradable compañía, doy fe de que mi amigo, feliz e ilegalmente casado desde hace muchos años y padre de dos maravillosas adolescentes, si él pudiera elegir, tendría otro tipo de posters muy diferentes.

Esto me dio la idea de hacer mi propio calendario, al estilo de los anteriores. Y he pensado en la siguiente foto ya para el mes de mayo, porque la impaciencia me puede:

 

beardtattodaddy

 

Entonces los hombres no lloran…?

Fin de la primera parte.

Y el vídeo de hoy, que es retro:

Roy no fue barbudo, ni tatuado, fue un grandísimo artista, lloró grandes penas y nos dejó esta sobrecogedora canción, “Crying”:

https://www.youtube.com/watch?v=eO8R1w8qrgo

El infinito en la palma de tu mano y la eternidad en una hora

manito

agua dulce fotografía

Puedes leer este post o escucharlo en este audio:

Quiero escribir de tantas cosas hoy, y son las 23 horas, y se me cierran los ojos de sueño, pero necesito escribir, tantos días sin poder escribir… Y quiero escribir lo mágico y lo banal de un día cualquiera como hoy: un día que empieza, un día que transcurre, un día que termina, un día más en el paraíso.

Y quiero escribirlo desde el recuerdo de un primer abrir de ojos, de una primera respiración, del primer instante de la vida, que es, en realidad, cada instante.

El instante en que nació mi hijo se paró el tiempo. Todo se volvió transparente con un halo blanco. Mi sonrisa, mi felicidad, mi inocencia pura, mi absoluta plenitud. La eternidad del instante perfecto que se desplegaba a un ritmo perfecto duró varias horas. Dicen que esa experiencia se llama éxtasis.

Siempre digo que el nacimiento de mi hijo fue una experiencia de iluminación para mí. Y así fue, realmente. Un estado de gracia. Tuve la suerte de vivirlo así.

Y aunque luego todo volvió a adquirir esa pátina de realidad acostumbrada, la experiencia dejó su impronta para siempre.

Cuando vi esta fotografía, me envolvió el recuerdo de la primera noche dándole mi dedo a la manita diminuta de mi bebé.  Y la ternura más allá de las palabras.

Esa primera noche en el hospital no dormí. Tuve mis ojos fascinados y mi mano agarrando su manita toda la noche sin descanso. Él en su cunita transparente donde te recomiendan que duerma y que yo puse junto a mi cama todo lo cerca que fue posible.

Esta sociedad ha anestesiado nuestra maternidad. Nos convertimos en niñas pequeñas durante el embarazo y el parto sometiéndonos a lo que nos “disimuladamente” obligan.

No me atreví a dormir con él junto a mi pecho en mi cama, por ese absurdo miedo a aplastarle. Y porque no sólo no te animan a ello, si no que te lo desaconsejan. Por no decir que normalmente se llevan al bebé al nido, una habitación donde llevan a todos los bebés para que la madre descanse.

En algunos casos la madre necesita descansar después de 36 horas de un parto extremadamente difícil y de perder mucha sangre, como es el caso de una amiga mía. Algunas madres necesitan descansar. Pero no creo que la costumbre de separar al bebé de su madre nada más nacer sea la mejor opción.

Si pudiera volver a vivirlo, lo haría diferente. Habría dormido con mi bebé junto a mi pecho, en lugar de darle “sólo” mi mano, aunque en realidad le estaba dando toda mi alma.

Cuando das tu mano a la manita diminuta de tu hijo recién nacido estás dando la mano incondicionalmente a la vida entera. Y entregándote a un abismo de amor, de dolor, de felicidad, de miedo, de ignorancia y de maestría. De una ternura dolorosa por lo extrema.

Mi hijo ahora tiene 9 años y está durmiendo junto a mí, en mi misma cama, mientras yo escribo este post. También están a los pies de la cama nuestras dos gatas: Happy y Samadhi. Y el macbookair. Podríamos decir que los 100 metros cuadrados de piso nos sobran y nos apañaríamos con una estancia.  Amor infinito en cuatro metros cuadrados.

A mi hijo le gusta dormir conmigo porque le da miedo la noche, como nos dio miedo a todos cuando éramos pequeños. Entiendo que los humanos y muchos mamíferos nos sentimos instintivamente vulnerables durante el sueño y tendemos a dormir juntos para protegernos. Y creo que casi todos los niños se levantan para ir a la cama de sus padres. Y si ellos pudieran elegir, pongo la mano en el fuego a que dormirían con ellos. De hecho, en muchas culturas duermen todos juntos.

Me parece genial que cada madre, padre y familia hagan lo que les plazca al respecto. No creo en un método ni en una verdad, creo en lo que el corazón te pide y en lo que se va desplegando naturalmente en armonía cada día, y según las circunstancias, las necesidades y el sentir de cada uno.

A mí me gusta dormir con mi hijo porque es mi amor. Y uno normalmente quiere estar junto a aquello que ama. Me parece natural y hermoso. Y me siento afortunada de poder hacerlo.

Aunque esto es algo muy criticado en nuestra sociedad, yo lo tengo tan claro, y lo disfruto tanto, que me importan un huevo todas esas cosas que mucha gente asegura con tanta rotundidad sobre la educación de los hijos.

La crianza, la infancia de un hijo, es un tiempo tan corto en toda una vida que yo prefiero vivirlo tan plenamente como me sea posible.

Y un día de estos mi hijo sentirá que ya es el momento de dormir en su cama y tranquilamente se irá. Igual que un día tranquilamente se irá de casa. Igual que un día ya no podré agarrarle la manita y comérmelo a besos y a cosquillas.

Mi hijo hoy ha sido lo mejor del día.

Hoy ha sido lunes de Pascua, día no lectivo. Ser autónoma tiene sus cosas terribles y sus cosas magníficas: a veces puedes decidir quedarte con tu hijo y trabajar en casa, porque está malito o porque no tiene cole, y esto puede ser a la vez terrible, y magnífico.

Hoy ha sido esplendoroso y delirante.

Me he levantado muy pronto para poder trabajar antes de que mi niño se despertara. Porque ya sé que trabajar con tu hijo en casa suele ser casi siempre desquiciante.

Cuando llevaba media hora trabajando en pijama delante del ordenador y sin haber desayunado para que me diera tiempo (todos los chistes sobre los autónomos son verdad), escucho una vocecita: “mami….”

Así que como es muy pronto y tiene que dormir más, al menos sus diez horas mínimas de sueño, voy y le abrazo para que vuelva a dormirse. Se duerme pero tarda, y cada vez que intento irme se despierta y tengo que quedarme.

La ansiedad por todo el trabajo que tengo por hacer y mil tareas por resolver se empieza a manifestar en mi interior, simultáneamente al placer de disfrutar de la respiración y el olor de mi hijo tranquilamente en la cama. Así que decido aprovechar el tiempo disfrutándolo, y meditándolo. Aprovecho para sentir, para recordar mis sueños, para tomar conciencia de mis miedos, para observar mi mente, para elevarla cuando cae e iluminarla cuando se oscurece…

En un momento ya puedo irme y volver al ordenador y a la agenda, hasta que mi hijo se despierta definitivamente y hay que preparar desayuno, y recoger la casa y organizar el día, que avanza conciliando.

Pero la conciliación… esa palabra….

Hoy mi hijo es un regalo del cielo: ha hecho los deberes sin quejarse, no me reclama, no se me sube a la chepa mientras atiendo llamadas de trabajo, puedo responder emails, pelearme con la contabilidad, poner tickets de soporte al servidor de la web de la empresa que no funciona y me rechaza la contraseña. Mi hijo mientras hace todo lo que le pido, cambia de actividades, juega, ve algún vídeo, se viste, se lava los dientes, me dice gracias y por favor y está especialmente cariñoso y me abraza y me cuenta cosas de vez en cuando.

Yo sobre la marcha tengo que ir decidiendo qué cosas de la lista de tareas tendrán que caerse o dejarse para otro momento. La compra es una de ellas. Cambiar la arena de los gatos, otra. Recoger la cocina y hacer la cama tendrán que postergarse.

DETESTO LAS TAREAS DOMÉSTICAS CON TODA MI ALMA

Y me empiezo a sentir terriblemente incómoda de no abarcar el trabajo, de colapsarme a la hora de vestirme, de las tareas domésticas que nunca se acaban… y de ver que no voy a poder, ni de lejos, escribir un post en mi querido blog. Llevo casi una semana sin poder escribir. Sé que me conviene dejar el trabajo un rato y salir a dar un paseo con mi hijo. Sé que siempre nos despeja y nos cambia el ánimo. Hace un día precioso. Quizás demasiado calor para pasear.

Entonces decido darle una clase de yoga de 20 minutos a mi hijo (hemos empezado hace poco). Lo hace muy bien, teniendo en cuenta lo difícil que es.

Consigo improvisar una comida sana que mi niño se come con gusto (ensalada caprese con tomatitos Cherry, y huevos) y después nos vamos a dar un paseo por un campo-bosque que tenemos cerca. Y ahí todo cambia. Estamos solos entre los árboles.

El paisaje es hermoso, entre pinos, encinas, jaras, zarzamoras y senderos que se bifurcan. Comenzamos a ver conejos (hay un montón de crías), las primeras golondrinas, y escuchamos el canto de los pájaros en una increíble sinfonía primaveral.

Escucha el jardín de mirlos (20 segundos):

De pronto, escuchamos cencerros. Un pastor ha sacado a su rebaño. Hay ovejas, algunas cabras, varios corderitos y dos perros. El pastor es un señor mayor de pelo blanco y barba, curtido por el sol, que saluda a mi hijo y le pregunta si quiere acariciar al perro. Le pregunto si siempre pasean por ahí porque nunca antes le he visto. Me dice sonriendo: “siempre hay una primera vez”. Se llama Antonio. Y el perro Triqui.

Es maravilloso escuchar los cencerros del rebaño resonando. Ellos siguen su camino. Mi hijo me pide que volvamos porque hemos quedado en ir a casa de un amiguito. Llegamos a la hora prevista.

Yo mientras me dispongo a hacer la compra y pienso que si resuelvo lo urgente del trabajo rápidamente, quizás me da tiempo a escribir. Al pasar por el mercado no hay sitio para aparcar así que dejo la compra para el día siguiente. Y llego a mi casa y abro el ordenador.

A partir de ahí, mis dos horas sin mi hijo, dos horas de delirio tecnológico. Cada tarea depende de la tecnología y se subdivide en un montón de pequeñas tareas que se van convirtiendo en irrealizables. Una carrera de obstáculos, de pesadillas de contraseñas que no funcionan y que no pueden reestablecerse:

su contraseña no es suficientemente segura

su contraseña no debe de tener más de 12 caracteres

su contraseña debe de incluir minúsculas, mayúsculas y signos

ha excedido su tiempo

descárguese este formulario, imprímalo, escanéelo, fírmelo y envíelo por fax

y una locura de configuración de cuentas de email que no consiguen descargarse, de páginas web del banco que caducan cada dos minutos y te obligan a repetir el trabajo mil veces, desesperación por no poder acceder a la información al haber cambiado de ordenador, el Microsoft office que te dice que no tienes licencia después de haberla pagado…

en fin, un largo etcétera de Orcos que te hacen empezar a pensar que …

….quizás soy gafe tecnológica

… que no, que es que tengo que asumir que esto es el día a día de un autónomo que no tiene departamento de informática, ni de mantenimiento, ni de contabilidad en su empresa porque es ella/él para todo…..

…que debe de ser una conspiración global para volver loco al pobre ser humano de a pie

…que si no sería mejor opositar (lo digo pero no lo creo)

… que qué vida apacible tienen los funcionarios y la gente que trabaja en empresa con vacaciones pagadas y pagas extras y departamentos a su servicio

… que así es la vida

… que qué suerte que no hay guerra y tenemos que comer

… aunque no sé si este verano tendré sueldo y si llegaré a final de mes

… que cómo voy a hacer en verano para conciliar trabajo y vacaciones de mi hijo

… que cómo me gustaría irme de vacaciones y no hacer nada pero no sé si voy a tener dinero para vacaciones

… que esta vida es delirante

… que si no sería mejor vivir en una aldea sin wifi y comiendo de mi propio huerto y sin correr todo el puto día

… que no pasaría nada si no escribiera un blog y no tuviera una empresa, siempre hay un repertorio inmenso de canciones para cantar durante toda una vida

Y sí, siento ansiedad, y algo de desesperación. Y en algún momento llego a escribir un par de emails de cliente borde que amenaza con cambiarse de proveedor y llegando incluso a escribir en MAYÚSCULAS Y CON EXCLAMACIONES.

Y sí, soy profesora de yoga y siento ansiedad y me desespero… Por suerte tengo un truco. Me digo: tengo ansiedad. Entonces la reconozco, la miro, la llamo por su nombre y la dejo estar…

Y pienso que la solución debe de ser cuántica: hacer como que se para el tiempo en medio de la vorágine de obstáculos y minutos y confiar, y tener paciencia, y recordar esa experiencia sin tiempo en el instante de la iluminación.

Y pienso que si me esmero podré parar el tiempo, como Neo para las balas.

Neo, matrix

Hora de recoger a mi hijo! Voy un poco tarde, pliego el ordenador, salgo pitando, cojo el coche, improviso una cena sana que mi hijo se devora (quinoa que hice ayer en la Thermomix rehogada con cebolla y shitake y aguacate aliñado) Y me pide dos tostadas con mantequilla y miel de postre. Habla con su padre por teléfono, mañana se queda a dormir con él para ver la Champions juntos 🙂

Recojo la cocina, mi hijo se pone el pijama, se lava los dientes, ya es tarde, hoy no hay ducha.

Y me pide que le lea un cuento de “Cuentos budistas para ir a dormir”, un libro que le regaló mi mejor amigo. Se acurruca en mi hombro y le leo: el árbol de los frutos misteriosos.

 

 

Se dispone a dormirse como un bendito pero me ve abrir el macbook y me empieza a preguntar cosas. Finalmente se duerme.

No es mi mejor día para escribir, tengo mucho sueño, pero quería guardar el recuerdo de un día raro y honorable que me enseña a surfear, a confiar, a ver lo bello detrás de cada obstáculo.

Y sobre todo, la alegría de tener la manita de mi hijo, todavía cerquita, de tener a mi hijo durmiendo a mi lado, de comprobar como en cada rincón se despliega un infinito, de confiar en que a pesar del tsunami de la vida, el amor y la vida son hasta el infinito y más allá.

Como decía William Blake, abarcar el infinito en la palma de nuestra mano:

Para ver el mundo en un grano de arena,
Y el Cielo en una flor silvestre,
Abarca el infinito en la palma de tu mano
Y la eternidad en una hora.

To see the world in a grain of sand,
And Heaven in a wild flower,
Hold infinity in the palm of your hand
And eternity in an hour.

Cómo parar el tiempo 😉 Maravillosa secuencia:

En compañía de hombres

loboyluna

Puedes optar por escuchar los artículos en lugar de leerlos. Aquí tienes el de hoy en el siguiente audio. Y como siempre, al final, te espera un vídeo sorpresa!

Mientras escribo esto se eleva la luna llena preciosa sobre los tejados. Tengo la suerte de ver salir el sol desde la mesa donde escribo, y también de ver salir la luna cuando está llena.

Son las 22.22 (de verdad) en este preciso instante en el que escribo y tengo hasta las 0.00 para publicar este post (siempre me pongo estás metas extravagantes). Porque hoy es martes, el día en el que quiero escribir sobre los hombres.

Mis únicos momentos para escribir son las 6 de la mañana o a partir de las 22 horas. Y las musas me regalan la ascensión de los astros.

Cuando pensé en el post de hoy me vino el título “En compañía de hombres” y con él el recuerdo de dos películas “En compañía de hombres” (propiamente dicha) y “En compañía de lobos” (aquí cada cual que asocie como le guste, mi inconsciente ya decidió su propia asociación).

Aunque mi post dedicado a los hombres no tenía a priori que ver con lo que cuentan estas películas, sí son un punto de partida para una reflexión.

Quiero escribir sobre la deliciosa compañía de los exquisitos hombres que tengo la suerte de tener en mi vida, cerca de mí, después de haber pasado un precioso fin de semana compartiendo con algunos de ellos. 

Mi post, mi entrada, mi artículo de hoy (como deseemos llamarlo) ya está escrito en mi corazón, desde hace algunos días. Sin embargo, como artículo que es, necesita ser articulado, y yo, por mi parte, como ser humano responsable que soy, pretendo articularlo como se merece.

Y eso supone subirme a una montaña rusa.

Porque escribir lo que hay en la retaguardia me permite vaciarme y liberarme. Pero hablar, escribir, compartir, conlleva una responsabilidad.

Al menos yo así lo vivo. Escribo para compartir lo mejor de mí, y para aportar algo bueno, por eso me llena de felicidad cuando suena una campanilla en mi móvil que me anuncia que una persona nueva está siguiéndome, o que a alguien le ha gustado mi artículo o cuando recibo algún comentario, en el blog o por WhatsApp o en vivo de alguna amiga o amigo al respecto. Me llena de ilusión por el reconocimiento y el cariño, y porque nos acerca.

Entonces, cuando decido que voy a escribir sobre los hombres, sobre lo precioso que tienen en su interior como hombres, de pronto empiezan a suceder cosas.

Mientras pensaba este post, mientras me invadía la dulzura que sentía al recordar el tiempo que paso con mis amigos hombres, descubro por azar la noticia del asesinato en Argentina de Micaela García, activista del movimiento Ni Una Menos, supuestamente a manos de un violador en libertad condicional.

Y los hombres pensarán, ¿qué tiene que ver esto con los hombres?

Sigue nadando…..

Cuando ocurren estos hechos deleznables, tristemente, todas las mujeres se convierten en víctimas y los hombres en asesinos o abusadores potenciales. Lo cual ni es verdad, ni es justo.

Lo cierto es que en mí surgía un desconcierto al sentir lo que quiero escribir sobre hombres maravillosos y al mismo tiempo el deber de denunciar y señalar algo que no debería nunca jamás volver a suceder, cuando leo que en Argentina se registra un feminicidio cada 30 horas y que en 2016 hubo 290 asesinatos de mujeres en todo el país.

Soy feminista y pretendo recorrer caminos del feminismo que lleguen a mujeres y a hombres y abran otras puertas, otros horizontes. Por supuesto, honrando a mis antecesoras y a todas las feministas de la historia que sentaron y sientan las bases para que mi vida como mujer pueda ser la que es, a día de hoy, aunque quede camino, mucho camino, por recorrer hasta que la igualdad sea la base de nuestras relaciones, de nuestra intimidad, de nuestras leyes y de nuestro comportamiento. Y para que las mujeres no sean asesinadas por ser mujeres.

Reconciliación es la palabra que todo el tiempo susurra mi alma.

Y de pronto aparece el recuerdo de mi mejor amigo. Y el cuerpo se recupera. Cuando sé que le voy a ver, mi cuerpo dice “casa”, mi alma dice “casa”, me lleno de una sensación de hogar y de felicidad al saber que vamos a tomar un vino, con un poco de queso, y un paseo por Lavapiés, y quizás un cine y que voy a disfrutar tanto de su sentido del humor, y de nuestra complicidad, y de su inteligencia sorprendente, y sus detalles, su exquisitez, sus forma de indignarse y su alma apasionada. Y de tanto y de todo lo que nos une y todo lo que él es y soy yo y somos juntos y que merecería un librito.

Cuando pienso en los hombres, sin embargo, siempre aparece lo que me separa de ellos. Es decir, siempre les califico como hombres y establezco una diferencia clara por todo lo que implica, para mí, lo que es un hombre.

Los temas de género no son vividos de la misma manera por todo el mundo, obviamente. Cada persona tiene su propia experiencia al respecto. La mía estuvo muy marcada desde siempre, y ya de pequeña me alineé en el bando de las mujeres.

¿Porqué?

Sigue nadando

Hace poco más de una semana, durante un delicioso picnic junto a un río con nuestros churumbeles, una muy buena amiga que es terapeuta de Biodecodificación, Neuroemoción, Psicogenealogía y herencia Transgeneracional, nos hacía ver que las tres amigas que allí estábamos, “casualmente” habíamos tenido “padres peligrosos”, en el sentido de que habían sido dañinos, o de alguna manera habían maltratado. No era una crítica, ni justificación de nada, pero explicaba ciertas cosas.

Mi amado padre, que en paz descanse, y del cual he hablado en otro artículo anterior, había sido maltratado por un hombre, su propio padre, que a su vez había sido maltratado por otro hombre, su propio padre. Y así mi padre aprendió que amor es maltrato.

Siento una profunda compasión y comprensión hacia mi padre y su vida y he experimentado el amor infinito que nos une detrás de dolorosas circunstancias de nuestras vidas.

Sin embargo mientras crecía veía que mi madre aparentemente hacía todo por mantener la armonía y el amor en nuestra familia y alrededor, y que mi padre siempre la liaba parda.

Así que crecí con la experiencia repetida de “mamá buena”, “papá peligroso”.

Dicen que la experiencia con tus padres condiciona tus relaciones con las mujeres y los hombres después a lo largo de tu vida. Quizás eso influya en que algunas mujeres nos sentimos tan bien entre mujeres, y otras mujeres rivalizan y desprecian a sus compañeras, por eso algunos hombres temen a las mujeres y otros hombres tienen un montón de amigas mujeres. Quizás, no lo sé.

Me psicoanalicé durante 7 años y he caminado a través de los innumerables recovecos de la mente, y ahora siento que cada vez sé menos, y que no hay verdades categóricas, sólo indicaciones y pistas. Y que la verdad se encuentra más allá de las palabras, en el reino del silencio del corazón.

Pero me gusta llegar al reinado del Ser a través de palabra, y me gusta escribir palabras desde el reinado del Ser.

El caso es que durante mucho años, de alguna manera, he temido a los hombres, por aquello que veía en el primer hombre de mi vida: mi padre. Temía la ira causada por su profundo dolor y los líos en los que se metía a causa de su búsqueda.

Cuando yo tenía 15 años, sucedió en la familia algo terrible. Mi madrina, mi tía materna, era feminista y militante del Partido Comunista en Córdoba, una mujer de pelo rojo que trabajaba en la radio y vestía de colores alegres, poderosa, inteligente y luchadora.  Recuerdo su risa y su fuerza. Mi madrina fue violada en la flor de su vida y de su nombre, a la edad de 42 años, una noche al volver a casa. Intentó dialogar con el violador, y no pudo escaparse. Y cuando la infamia terminó se fue caminando directamente a la Comisaría de policía. Al contar lo sucedido, el agente le respondió: “No me extraña, es que está Vd. muy buena” (esto es verídico).

Sigue nadando….

He visto a las mujeres de mi familia pasar la mayoría de su vida luchando solas, después de haber sido abandonadas, o traicionadas, o haber decidido renunciar a la pareja a cambio de otra vida , o porque la vida sin más les había arrebatado a su hombre.

Esta memoria y este miedo se quedó grabado en mí durante años. Y no quiero que se repita lo mismo. Quiero crear en mi vida un camino amoroso compartido y libre, porque dicen que el Amor es Libertad.

Aparte de esta memoria, he sido muy afortunada y la vida me ha regalado hombres maravillosos. Empezando por mi propio hermano, un ser extraordinario sobre el que escribiré con calma un día de estos un post enterito. Y, por supuesto, el padre de mi hijo, quien me ha concedido mi más preciado regalo y a quien estoy unida por siempre en mi corazón.

Y mi socio, un hombre lleno de inteligencia, paciencia y confianza, sentido del humor y saber hacer, un ser que me trajo la Vida para salvarme en un momento dado y que es una caja de innumerables sorpresas.

Y mis parejas pasadas y mis amigos.

Entonces quiero honrar a los hombres. Y quiero honrar el proceso de poder verlos de verdad detrás de mis miedos.

Por eso es tan reconfortante para mí, y tan revelador, el paseo del domingo con mi amigo biólogo por un campo espectacular y desconocido que nos espera en un lugar inesperado. La tarde es brillante como el mediodía anaranjándose hacia el crepúsculo. Un regalo cada vez que mi amigo se detiene y dice “espera… escucha”…. y se hace el silencio. Y en el silencio el canto de un pájaro. “Es un Triguero” me dice. “¿Ves? Se busca un sitio en lo alto del árbol dónde se le escuche muy bien. “Y… escucha: hay otro respondiéndole. Son machos. Es su forma de marcar su territorio. Y la hembra acudirá al que se le escuche más”.

Y después de escuchar el canto de los pájaros, caminamos y conversamos y caminamos y conversamos. Y cada tanto se para, y me dice “Escucha…. las ranas”  y tiempo más tarde “espera…. creo que es un mochuelo”, un búho pequeño, porque ya se ha hecho de noche y vemos la luna casi llena e intentamos reconocer lo que parece ser Júpiter, y las Pléyades y la Constelación de Orion.

Y me queda un poso adorable de su compañía.

Trabajo rodeada de mujeres desde hace años, las adoro, son maravillosas. Y la mayoría de mis amistades son mujeres fascinantes.

Pero este fin de semana ha estado lleno de encuentros con hombres estupendos, lo cual valoro especialmente y me hace pasar la primavera con mayor deleite!

Una vez leí un poema que se llamaba “Colecciono amistades”, lo sentí muy mío.

El sábado pude disfrutar de otra deliciosa presencia masculina, mi compañero de canto, que posee el repertorio de canciones más bellas que he podido escuchar, con las que cada vez me sorprende. Tiene una hermosa voz y una maravillosa forma de tocar la guitarra. E irradia una energía alegre, apacible, siempre sonriente. Hace que todo sea fácil y fluido. Y, al mismo tiempo, tiene una actitud que ordena el espacio y delinea los límites.

Y después un encuentro inesperado con un grupo de amigos que hacen cine y me hacen reír a carcajadas hablando de los desafíos de llevar el foco de la cámara mientras se meten un gintonic tras otro entre capa y espada, al más puro estilo macho cuando se emocionan y empieza a intuirse que en cualquier momento se abrazan y cantan “Asturias patria querida”.

Y simplemente un vino al atardecer, al final de una semana de trabajo, en una terraza bajo los árboles, un breve encuentro lleno de universo con un amigo le abre una nueva puerta a Caperucita, que se quita la capucha y se hace una mujer que aprende a correr con los lobos y a caminar con los Hombres.

 

Mi hijo tiene una madre con TDAH

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Puedes escuchar esta entrada en el siguiente audio. Duración 12 minutos.

Al final de este post tienes una joyita de vídeo, titulado: Madre: un tributo al indomable espíritu de las madres.

Mi hijo de 9 años me contaba el otro día, en el coche al volver del cole, que con su padre se levanta a las 9, desayuna, se viste, salen de casa a las 9.23  y a las 9.30 está en colegio. Yo exclamé, estupefacta: NO!!!!! ¿¿¿¿EN SERIO????

Mi hijo me responde tranquilamente y medio riendo: “sí, papá se levanta, se toma un té así sin más, se viste y nos vamos”. Lo dijo con un tono imposible de registrar aquí. A mí me salió una carcajada del alma. Primero por la forma tan divertida de mi hijo de decirlo con una entonación nueva, segundo porque vi la estampa y me inundó el amor, tercero porque vi dos ventanas simultáneas de las mañanas antes del cole de Manuel, una con su padre y otra con su madre. Mi risa era una risa genuina a la par que trascendente, de superación de mí misma, de aceptación de mi cotidianidad y de mis dificultades ante el chiste de mi vida. Pero cualquier otro día, en lugar reírme, podría haberme puesto a llorar como un dibujo japonés lanzando lágrimas como misiles en todas las direcciones.

“¿Y a qué hora se levanta papi?”, le pregunto a mi hijo (sabiendo que la batalla está perdida de antemano). “A las 9 y algo…” me responde. A mi no me salen las cuentas…. Y estoy ojiplática que se dice (gran palabro donde los haiga, oiga. Etimológicamente significa: con los ojos como platos).

“¿Pero tú te levantas antes que papá?”

“sí… a veces”

“Y te preparas tú el desayuno solito”

“Sí, mira: cojo los cereales, una taza, la leche, una cuchara ….”

Pienso: claro! Por eso a los padres les cunde más! No tienen la maldita manía de dárselo todo hecho a los hijos. Pues a partir de ahora te vas a preparar tú el desayuno también en casa, me digo para mis adentros. Ya fue un avance cuando le organicé el armario para que él eligiera su propia ropa y se vistiera como si yo no existiera. Esto va a ser toda una revolución, una cosa menos! Sobre todo porque cuando me enfrento al desayuno suelo colapsarme. Más adelante se entenderá porqué.

Ahora mientras escribo esto son las 7:09 de la mañana. Anoche me acosté a las 23:00 para levantarme a las 6:15 y hacer mi práctica de yoga y escribir este post que, si llego a tiempo, programaré para publicar esta noche. Y si todo fluye debería darme tiempo a ducharme, a elegir bien la ropa, a maquillarme incluso, a preparar el almuerzo de mi hijo…. Y si dejo la cocina recogida y la cama hecha, medalla olímpica. Lo normal para cualquier persona normal, para mí es una proeza.

Las 7 horas de sueño que había programado dormir, para mantener una buena salud de sueño, no han sido posibles. Me he despertado, no sé porqué, a las 4.20. Mala hora para despertar. He intentado conciliar el sueño pero no he podido. Así que a las 5.47 me he levantado. Y he pensado: nací a las 5.50 a.m. así que será buena hora para levantarme.

Si no fuera porque llevo una semana agotada, con un sueño permanente e infinito….

Da igual la hora a la que me levante, como si no duermo. Haga lo que haga, no me cunde el tiempo. O no me da tiempo a hacer todo todo lo que hay que hacer en el tiempo que tengo.

Es verdad, no soy la única. A la mayoría de las personas que conozco no les da tiempo, por no hablar de las madres, que pertenecemos a otra categoría.

Ruego me disculpen los padres por no ponerles en la misma categoría. Sé que aunque estén también realmente desbordados esos padres maravillosos copartícipes en la Igualdad de Género, las madres (en general y en su mayoría, salvo excepciones) se cargan ellas mismas con mucho más trabajo debido fundamentalmente a condicionamientos sociales y culturales y quizás también tendencias biológicas. A veces me da la impresión de que los padres (en general y en su mayoría, salvo excepciones) consiguen preservar su tiempo para estar bien ellos, algo que nosotras deberíamos aprender de ellos, por cierto.  Si eres una excepción de padre que se sobrecarga porque antepone las necesidades de todo el clan frente a las suyas propias, por favor, acógete al paréntesis y te recibimos con los brazos abiertos en nuestra clase “preferente” de madres.

Pues si a una persona “normal”, madre o padre, en esta sociedad de hoy no le da tiempo,  puedo aseguraros que la vida cotidiana de una madre con TDAH (imagino que la de un padre también) llega a vivirse con una buena dosis de dificultad, esfuerzo y desconcierto, como cualquier vida con un handicap.  La sensación interior es como si tu mente fuera la ruedita de espera que aparece cuando el ordenador se cuelga o cuando el móvil está buscando la wifi.

Hace ya aproximadamente una década se empezó a oír hablar de “niños hiperactivos”  o con trastornos de atención, y de los problemas que tenían sus padres con ellos y cómo tratarlos médicamente o terapéuticamente.

A día de hoy ya hay asociaciones de padres con hijos de TDAH, productos de coaching on-line para padres de niños con TDAH y también para adultos con TDAH y una gran cantidad de libros e información, así como neuropediatría online. Pero lo cierto es que a quien no le toca de cerca no lo conoce.

Es cierto que siempre me sentí rara, distinta. Y sobre esto podría dar muchos datos, quizás más adelante en otro post. Extrañamente siempre me sentí más identificada con lo que le pasaba a cualquier personaje de Bergman que con cualquier sevillano saleroso. Hacía yoga cuando aquí casi nadie hacía yoga, investigaba sobre alimentación cuando casi nadie se lo planteaba, inauguré centros de yoga y herbolarios, estudiaba astrología cuando nadie sabía siquiera lo que era, indagaba en técnicas de meditación cuando no se conocía la palabra, me psicoanalizaba en secreto cuando aquí sólo se conocía el psicoanálisis por las películas de Woody Allen. Era nueva era cuando la nueva era era una minoría mal vista en España. Iba a ver películas en chino mandarín y durante un tiempo tuve que defender semejante rareza ante la mayoría de mis amigos. Ahora es habitual. Hasta hace pocos años no lo era.

Ahora me siento pionera de mi propio trastorno y cuando busco chistes sobre madres con TDAH, sólo los encuentro en google en inglés. A España todavía no han llegado, como no hay libros publicados en España específicos sobre mujeres adultas con TDAH, y en EEUU sí. Y estoy casi segura de que pertenezco a la primera promoción de mujeres diagnosticadas oficialmente con TDAH en España. Y aunque lo que padezco no es algo de lo que pueda uno sentirse orgulloso, apuesto ahora por lucir mis defectos.

A estás alturas, posiblemente te estés preguntando. ¿Pero que es esto del TDAH? A ver cómo consigo resumirlo.

TDAH (ADHD en inglés) son las siglas para Trastorno de Déficit de Atención y/o Hiperactividad. Link a wikipedia por si te interesa investigar. Aunque no estoy muy de acuerdo con el resumen de síntomas principales. Son un poco mediáticos.

Intento resumir con mis palabras, si es que esto se puede resumir, lo que es el TDAH. Y siéntanse libres por favor los psiquiatras para corregirme lo que consideren necesario.

El TDAH es un trastorno neurobiológico que se caracteriza por un déficit en los neurotransmisores del cerebro dopamina y noradrenalina, que son los que regulan las funciones ejecutivas del cerebro, relacionadas con la actividad y la atención.

Sí, pero como bien me dice mi psiquiatra: “¿Qué hay detrás de los neurotransmisores? ¿Ese “más allá que has mencionado alguna vez ?”

El cerebro y la mente son mundos asombrosos. Y la psiquiatría es fascinante.

Digamos que las personas con TDAH tenemos mucha dificultad para manejarnos en las tareas cotidianas y mecáncias, tenemos mucha facilidad para distraernos y dejar a medias cada cosa que empezamos, nos perdemos en nuestra propia mente hiperactiva y en lo cotidiano. Nos resulta una odisea elegir entre muchas posibilidades (ropa en el armario, un producto en el supermercado). Como el funcionamiento del cerebro ejecutor es inestable, debido al funcionamiento inestable de los neurotransmisores que lo regulan, ejecutamos inestablemente y tenemos una atención y una actividad inestable. Pasamos de la falta total de atención al “hiperfoco” y de la hiperactividad a la parálisis.

Así que puedes imaginar el desafío para una madre con este trastorno. A no ser que tengas dinero para pagarte una empleada doméstica que lo haga todo y te ordene todo, y una asistente personal que te lleve todos los temas económicos y organizativos. No es mi caso. Lo tengo que hacer todo yo.

Lo maravilloso de todo esto es que soy madre con déficit de atención, y profesora de yoga con déficit de atención, y fui productora de televisión con déficit de atención. Y, a día de hoy, no me han despedido de ninguno de mis cargos, ni he llevado a la humanidad a la hecatombe.

Cuando me diagnosticaron pensé: “Toda mi vida sintiéndome un imperfecto desastre, y resulta que soy un puto crack!!!”

Mi psiquiatra (me encanta decir esto, es taaan contemporáneo) me asegura que no es una enfermedad, si no una “predominancia del hemisferio cerebral derecho”, y me hace un precioso dibujo del cerebro con sus dos hemisferios y lo que rige cada uno. Sin embargo, me dice, la medicación está funcionando muy bien en niños y adolescentes, aunque no se trate de una enfermedad. Él es especialista y trabaja especialmente con niños y adolescentes en la Seguridad Social.

Si es difícil para un niño padecer TDAH en esta sociedad tan enloquecida (en realidad, para mí, es la sociedad la que sufre Trastorno por déficit de Atención e Hiperactividad, obviamente y no el niño que pacede el delirio de su tiempo y poca comprensión en su naturaleza “diferente”), entonces ¿Cómo es ser madre con TDAH?

Por suerte, puedo escribir y contarlo. Otro día. Pero te adelanto que nuestro mundo interior, en ocasiones también el exterior, se parece mucho a la foto. Aunque esa colada resulta esplendorosa rodeando a esa belleza oriental. Ponle a la muchacha una bata, un moño despeinado, 10 kilos de más y 10 años de más y unas cuantas arrugas de más…. y posiblemente se acerque más a una realidad políticamente incorrecta.

Son las 8.07 cuando escribo esto, acaba de salir el sol sobre los tejados y sus rayos me inundan los ojos y me despiertan de este momento. Hora de ducharse, preparar desayunos, ropa, despertar a mi hijo, que no ha hecho los deberes durante el fin de semana, y me  dijo ayer que los haría después de desayunar. Ya voy tarde. Dudo que me de tiempo a recoger la cocina, hacer la cama y maquillarme. Con llegar a la hora al cole me doy por satisfecha (¿o no?). Más bien no. Más bien nunca. Digamos que salvamos lo fundamental. Mi hijo estará preparado mucho antes que yo y me esperará diciéndome: “¡Vamos, mamá!”