Negro sobre blanco

Negro sobre blanco

 

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Puedes escuchar esta entrada en el siguiente audio. Y al final del escrito te espera una maravillosa charla subtitulada de la autora Chimamanda Ngozi Adichie.

Hoy miércoles día de la palabra…

Negro sobre blanco…. Tinta negra sobre una blanca y luminosa pagina. Negra (tinta), blanca (página). Negra sobre blanca.

Poner algo “negro sobre blanco” significa escribirlo. La expresión se suele aplicar a obras literarias y a hechos o situaciones de cierta importancia. Significa otorgar oficialidad a algo que carecía de ella, aclarar malentendidos y sacar a la luz o hacer visible algo que permanecía escondido.

Eso es lo que hace Chimamanda Ngozi Adichie: poner negro sobre blanco.

Chimamanda Ngozi Adichie (sonoro precioso nombre) es una escritora nigeriana feminista nacida en 1977.

Tomás de Aquino define lo bello como aquello que agrada a la vista (quae visa placet). Yo añadiría también que agrada al oído, a la inteligencia, al corazón, al espíritu. La percepción de la «belleza» a menudo implica la interpretación de alguna entidad que está en equilibrio y armonía con la naturaleza, y puede conducir a sentimientos de atracción y bienestar emocional.

En ese sentido para mí Chimamanda es belleza en cada una de sus letras, en cada palabra que elige, en el propósito detrás de lo que escribe, en la dulzura real y profunda detrás de las verdades que muestra.

La descubrí ayer y ha sido un flechazo. Estoy perpleja porque no la conocía.

Si hubiera estado en el mundo en los últimos años de mi vida, seguramente la habría conocido hace tiempo. Pero llevo unos cuantos años ajena al mundo exterior, a la prensa, a la televisión y a los medios en general, ocupándome de salvar a cada instante la calidad de mi vida familiar,  doméstica, profesional y personal. Y tengo que elegir los minutos que dedico a cada cosa.

Por ejemplo, ahora estoy eligiendo escribir este post, a las 22:58, en la cama, junto a mi niño que duerme a mi lado (le gusta dormirse acompañado) en lugar de recoger la ropa del tendedero, doblarla y guardarla en los armarios. También estoy eligiendo escribir en lugar de dormirme a las 23:00  para poder levantarme a las 6:00 y que me de tiempo a todo.

Ayer mi hijo salió del cole y me dijo: “Mamá: tengo una noticia que es buena y mala a la vez”. Yo estaba expectante. “Me he terminado el último libro que me quedaba del “Diario de Gregg”.  Así que no tengo nada para leer. ¿Podemos ir a la librería comprar otro tomo?

Yo pensé que el libro no es barato (y mi hijo se los zampa) y que se lo podíamos pedir prestado a un amigo suyo que tiene todos, o mirar en la biblioteca. Pero se me iluminó el alma al pensar en pasar por la librería.

Era una tarde luminosa, de hecho, en la que se paró el tiempo. Hacía calorcito y el sol brillaba como si fuera mediodía. Así que caminamos hacia la librería del pueblo.

 

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Mientras mi hijo elegía el tomo que le apetecía de la colección y se sentaba a hojear todos, aproveché para comprar el regalo de un amiguito suyo que cumple años el sábado, y echar un vistazo a las mesas con la selección de libros expuestos. Y encontré una mesa entera y varios espacios con libros escritos por mujeres, sobre mujeres y sobre la vida.

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Me sorprendió que no conocía a ninguna. Eran escritoras de las que jamás había oído hablar. Y creo que el público en general no debe conocer, partiendo de la base de que nunca se han estudiado autoras en todos los años de colegio..

 

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Todos los libros pasaron por mis manos y todos me los quería llevar. Sorprendentemente, las autoras habían nacido en 1927, 1935, 1943, 1955….. Y habían escrito muchos libros.

 

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Entonces yo me pregunté: ¿dónde estaban? ¿dónde han estado todo este tiempo estas mujeres?

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Después de tener todos esos libros es mis manos y quedarme sus huellas en el alma con el anhelo de volver a encontrarlas, elegí a Chimamanda. Dos libritos pequeños, de 5 € que me han cautivado.

 

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Y como a mí, sé que cautivaran a mujeres y hombres, por eso quiero compartirlo aquí.

Y aprovecho para pedir especialmente a los hombres: leed a las mujeres, como nosotras hemos leído a los hombres durante toda la historia de la humanidad. Escuchad a las mujeres, como nosotras hemos escuchado a los hombres. Ved a las mujeres, como nosotras hemos visto a los hombres.

Y aprovecho para pedir especialmente a las mujeres: leed a las mujeres, como nosotras hemos leído a los hombres; escuchad a las mujeres, como nosotras hemos escuchado a los hombres. Ved a las mujeres, como nosotras hemos visto a los hombres.

Porque nos han enseñado a admirar al hombre. Y al hombre no se le ha enseñado a admirar a la mujer, más allá de su belleza o su comportamiento. Y a la mujer no se le ha enseñado a admirar a la mujer.

Creo que nosotras llevamos ventaja como lectoras y consumidoras de cultura. Ahora nosotras tenemos la palabra. Y nos corresponde a todas y a todos escucharla. Sobre todo cuando la palabra trae luz y cambia el mundo.

Sería muy muy hermoso que nos detuviéramos con cariño, con conciencia, a escuchar lo que en este tiempo las. mujeres podemos aportar.

En la intimidad, la palabra de la mujer se ha convertido en una queja amarga, en una exigencia, en un reproche, en un llanto de carencia al hombre.

Cambiar el mundo pasa por cambiar la palabra, cambiar la forma de hablar, de comunicarnos. Y cambiar la forma de escucharnos.

Por eso os comparto esta verdadera delicia y os animo a que la disfrutéis.

 

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El librito “Todos deberíamos ser feministas” es la publicación de la charla que sigue a continuación. Todo un regalo. Subtitulado al español.

 

Mi hijo tiene una madre con TDAH

Mi hijo tiene una madre con TDAH

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Puedes escuchar esta entrada en el siguiente audio. Duración 12 minutos.

Al final de este post tienes una joyita de vídeo, titulado: Madre: un tributo al indomable espíritu de las madres.

Mi hijo de 9 años me contaba el otro día, en el coche al volver del cole, que con su padre se levanta a las 9, desayuna, se viste, salen de casa a las 9.23  y a las 9.30 está en colegio. Yo exclamé, estupefacta: NO!!!!! ¿¿¿¿EN SERIO????

Mi hijo me responde tranquilamente y medio riendo: “sí, papá se levanta, se toma un té así sin más, se viste y nos vamos”. Lo dijo con un tono imposible de registrar aquí. A mí me salió una carcajada del alma. Primero por la forma tan divertida de mi hijo de decirlo con una entonación nueva, segundo porque vi la estampa y me inundó el amor, tercero porque vi dos ventanas simultáneas de las mañanas antes del cole de Manuel, una con su padre y otra con su madre. Mi risa era una risa genuina a la par que trascendente, de superación de mí misma, de aceptación de mi cotidianidad y de mis dificultades ante el chiste de mi vida. Pero cualquier otro día, en lugar reírme, podría haberme puesto a llorar como un dibujo japonés lanzando lágrimas como misiles en todas las direcciones.

“¿Y a qué hora se levanta papi?”, le pregunto a mi hijo (sabiendo que la batalla está perdida de antemano). “A las 9 y algo…” me responde. A mi no me salen las cuentas…. Y estoy ojiplática que se dice (gran palabro donde los haiga, oiga. Etimológicamente significa: con los ojos como platos).

“¿Pero tú te levantas antes que papá?”

“sí… a veces”

“Y te preparas tú el desayuno solito”

“Sí, mira: cojo los cereales, una taza, la leche, una cuchara ….”

Pienso: claro! Por eso a los padres les cunde más! No tienen la maldita manía de dárselo todo hecho a los hijos. Pues a partir de ahora te vas a preparar tú el desayuno también en casa, me digo para mis adentros. Ya fue un avance cuando le organicé el armario para que él eligiera su propia ropa y se vistiera como si yo no existiera. Esto va a ser toda una revolución, una cosa menos! Sobre todo porque cuando me enfrento al desayuno suelo colapsarme. Más adelante se entenderá porqué.

Ahora mientras escribo esto son las 7:09 de la mañana. Anoche me acosté a las 23:00 para levantarme a las 6:15 y hacer mi práctica de yoga y escribir este post que, si llego a tiempo, programaré para publicar esta noche. Y si todo fluye debería darme tiempo a ducharme, a elegir bien la ropa, a maquillarme incluso, a preparar el almuerzo de mi hijo…. Y si dejo la cocina recogida y la cama hecha, medalla olímpica. Lo normal para cualquier persona normal, para mí es una proeza.

Las 7 horas de sueño que había programado dormir, para mantener una buena salud de sueño, no han sido posibles. Me he despertado, no sé porqué, a las 4.20. Mala hora para despertar. He intentado conciliar el sueño pero no he podido. Así que a las 5.47 me he levantado. Y he pensado: nací a las 5.50 a.m. así que será buena hora para levantarme.

Si no fuera porque llevo una semana agotada, con un sueño permanente e infinito….

Da igual la hora a la que me levante, como si no duermo. Haga lo que haga, no me cunde el tiempo. O no me da tiempo a hacer todo todo lo que hay que hacer en el tiempo que tengo.

Es verdad, no soy la única. A la mayoría de las personas que conozco no les da tiempo, por no hablar de las madres, que pertenecemos a otra categoría.

Ruego me disculpen los padres por no ponerles en la misma categoría. Sé que aunque estén también realmente desbordados esos padres maravillosos copartícipes en la Igualdad de Género, las madres (en general y en su mayoría, salvo excepciones) se cargan ellas mismas con mucho más trabajo debido fundamentalmente a condicionamientos sociales y culturales y quizás también tendencias biológicas. A veces me da la impresión de que los padres (en general y en su mayoría, salvo excepciones) consiguen preservar su tiempo para estar bien ellos, algo que nosotras deberíamos aprender de ellos, por cierto.  Si eres una excepción de padre que se sobrecarga porque antepone las necesidades de todo el clan frente a las suyas propias, por favor, acógete al paréntesis y te recibimos con los brazos abiertos en nuestra clase “preferente” de madres.

Pues si a una persona “normal”, madre o padre, en esta sociedad de hoy no le da tiempo,  puedo aseguraros que la vida cotidiana de una madre con TDAH (imagino que la de un padre también) llega a vivirse con una buena dosis de dificultad, esfuerzo y desconcierto, como cualquier vida con un handicap.  La sensación interior es como si tu mente fuera la ruedita de espera que aparece cuando el ordenador se cuelga o cuando el móvil está buscando la wifi.

Hace ya aproximadamente una década se empezó a oír hablar de “niños hiperactivos”  o con trastornos de atención, y de los problemas que tenían sus padres con ellos y cómo tratarlos médicamente o terapéuticamente.

A día de hoy ya hay asociaciones de padres con hijos de TDAH, productos de coaching on-line para padres de niños con TDAH y también para adultos con TDAH y una gran cantidad de libros e información, así como neuropediatría online. Pero lo cierto es que a quien no le toca de cerca no lo conoce.

Es cierto que siempre me sentí rara, distinta. Y sobre esto podría dar muchos datos, quizás más adelante en otro post. Extrañamente siempre me sentí más identificada con lo que le pasaba a cualquier personaje de Bergman que con cualquier sevillano saleroso. Hacía yoga cuando aquí casi nadie hacía yoga, investigaba sobre alimentación cuando casi nadie se lo planteaba, inauguré centros de yoga y herbolarios, estudiaba astrología cuando nadie sabía siquiera lo que era, indagaba en técnicas de meditación cuando no se conocía la palabra, me psicoanalizaba en secreto cuando aquí sólo se conocía el psicoanálisis por las películas de Woody Allen. Era nueva era cuando la nueva era era una minoría mal vista en España. Iba a ver películas en chino mandarín y durante un tiempo tuve que defender semejante rareza ante la mayoría de mis amigos. Ahora es habitual. Hasta hace pocos años no lo era.

Ahora me siento pionera de mi propio trastorno y cuando busco chistes sobre madres con TDAH, sólo los encuentro en google en inglés. A España todavía no han llegado, como no hay libros publicados en España específicos sobre mujeres adultas con TDAH, y en EEUU sí. Y estoy casi segura de que pertenezco a la primera promoción de mujeres diagnosticadas oficialmente con TDAH en España. Y aunque lo que padezco no es algo de lo que pueda uno sentirse orgulloso, apuesto ahora por lucir mis defectos.

A estás alturas, posiblemente te estés preguntando. ¿Pero que es esto del TDAH? A ver cómo consigo resumirlo.

TDAH (ADHD en inglés) son las siglas para Trastorno de Déficit de Atención y/o Hiperactividad. Link a wikipedia por si te interesa investigar. Aunque no estoy muy de acuerdo con el resumen de síntomas principales. Son un poco mediáticos.

Intento resumir con mis palabras, si es que esto se puede resumir, lo que es el TDAH. Y siéntanse libres por favor los psiquiatras para corregirme lo que consideren necesario.

El TDAH es un trastorno neurobiológico que se caracteriza por un déficit en los neurotransmisores del cerebro dopamina y noradrenalina, que son los que regulan las funciones ejecutivas del cerebro, relacionadas con la actividad y la atención.

Sí, pero como bien me dice mi psiquiatra: “¿Qué hay detrás de los neurotransmisores? ¿Ese “más allá que has mencionado alguna vez ?”

El cerebro y la mente son mundos asombrosos. Y la psiquiatría es fascinante.

Digamos que las personas con TDAH tenemos mucha dificultad para manejarnos en las tareas cotidianas y mecáncias, tenemos mucha facilidad para distraernos y dejar a medias cada cosa que empezamos, nos perdemos en nuestra propia mente hiperactiva y en lo cotidiano. Nos resulta una odisea elegir entre muchas posibilidades (ropa en el armario, un producto en el supermercado). Como el funcionamiento del cerebro ejecutor es inestable, debido al funcionamiento inestable de los neurotransmisores que lo regulan, ejecutamos inestablemente y tenemos una atención y una actividad inestable. Pasamos de la falta total de atención al “hiperfoco” y de la hiperactividad a la parálisis.

Así que puedes imaginar el desafío para una madre con este trastorno. A no ser que tengas dinero para pagarte una empleada doméstica que lo haga todo y te ordene todo, y una asistente personal que te lleve todos los temas económicos y organizativos. No es mi caso. Lo tengo que hacer todo yo.

Lo maravilloso de todo esto es que soy madre con déficit de atención, y profesora de yoga con déficit de atención, y fui productora de televisión con déficit de atención. Y, a día de hoy, no me han despedido de ninguno de mis cargos, ni he llevado a la humanidad a la hecatombe.

Cuando me diagnosticaron pensé: “Toda mi vida sintiéndome un imperfecto desastre, y resulta que soy un puto crack!!!”

Mi psiquiatra (me encanta decir esto, es taaan contemporáneo) me asegura que no es una enfermedad, si no una “predominancia del hemisferio cerebral derecho”, y me hace un precioso dibujo del cerebro con sus dos hemisferios y lo que rige cada uno. Sin embargo, me dice, la medicación está funcionando muy bien en niños y adolescentes, aunque no se trate de una enfermedad. Él es especialista y trabaja especialmente con niños y adolescentes en la Seguridad Social.

Si es difícil para un niño padecer TDAH en esta sociedad tan enloquecida (en realidad, para mí, es la sociedad la que sufre Trastorno por déficit de Atención e Hiperactividad, obviamente y no el niño que pacede el delirio de su tiempo y poca comprensión en su naturaleza “diferente”), entonces ¿Cómo es ser madre con TDAH?

Por suerte, puedo escribir y contarlo. Otro día. Pero te adelanto que nuestro mundo interior, en ocasiones también el exterior, se parece mucho a la foto. Aunque esa colada resulta esplendorosa rodeando a esa belleza oriental. Ponle a la muchacha una bata, un moño despeinado, 10 kilos de más y 10 años de más y unas cuantas arrugas de más…. y posiblemente se acerque más a una realidad políticamente incorrecta.

Son las 8.07 cuando escribo esto, acaba de salir el sol sobre los tejados y sus rayos me inundan los ojos y me despiertan de este momento. Hora de ducharse, preparar desayunos, ropa, despertar a mi hijo, que no ha hecho los deberes durante el fin de semana, y me  dijo ayer que los haría después de desayunar. Ya voy tarde. Dudo que me de tiempo a recoger la cocina, hacer la cama y maquillarme. Con llegar a la hora al cole me doy por satisfecha (¿o no?). Más bien no. Más bien nunca. Digamos que salvamos lo fundamental. Mi hijo estará preparado mucho antes que yo y me esperará diciéndome: “¡Vamos, mamá!”

Pater noster

Pater noster

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Hoy es martes y no puedo evitar hablar de mi padre, porque la palabra martes contiene tanto de su persona.

Por eso necesito hacer una breve introducción sobre el origen y el sentido de esta palabra.

Martes viene de dies Martis, es decir, ‘día de Marte’, porque estaba dedicado al dios romano de la guerra. Hijo de Júpiter en forma de flor y de Juno. Se le representaba como a un guerrero con armadura y con un yelmo encrestado. El lobo y el pájaro carpintero eran sus símbolos.

Marte dio nombre al cuarto planeta del sistema solar: Marte, al día de la semana: Martes y al tercer mes del año: Marzo.

Originalmente, Marte era el dios patrón de los pueblos itálicos, que eran tanto guerreros como agricultores.  Era un dios guerrero, que protegía a su pueblo contra sus enemigos. También era un dios ctónico asociado a la tierra, a la protección física y espiritual de los cultivos, y era el Dios de la Primavera.

Reunía Marte la virtudes de intrepidez, temeridad ciega, valor y osadía, fuerza viril, e inspiración guerrera. Era el dios que conducía a la victoria a los romanos.

Como dominios de Marte se consideraban los bosques misteriosos en los que habitaba el pájaro carpintero.

Mi padre nació un 15 de abril de 1931, el día siguiente de la proclamación de la Segunda República Española.  Él alguna vez comentó que pensaba que había nacido el 14, pero le habían inscrito en el registro al día siguiente para que no constara que había nacido el día de la República. En casa siempre lo celebramos el día 15. Nunca dijo nada de ser republicano, pero se intuía cierta afinidad y un orgullo de haber nacido en esa fecha.

Mi padre nació justo en un momento de enorme energía popular, política y social. Y él tenía en sí una grandísima fuerza, una grandísima pasión y una inmensa necesidad de libertad.

Mi padre nació bajo el signo de Aries un día de primavera, haciendo honor al Dios Marte, pues Aries, viene de Ares, el dios griego de la guerra, el equivalente al dios Marte, aunque Marte era más refinado y menos violento.

En astrología, arte que tengo el privilegio de haber estudiado desde mi infancia, Marte es el planeta regente del signo Aries, y a ambos se les atribuyen la energía y las características propias que hemos descrito del dios Marte.

Mi padre tenía esas cualidades.

Yo no sé si mi padre había estudiado mitología y astrología, pero lo cierto es que, por ese “azar que no busco comprender”, siempre nos contaba que estaba seguro de que en otra vida había sido un centurión romano, y lo sentía muy fuerte en su corazón, tanto que decía que siempre que estaba en Roma, escuchaba los cascos de los caballos sobre los adoquines, cuando no había ningún caballo alrededor.  Y nos explicaba que se veía los pies con las sandalias, y se veía vestido con la falda de un centurión.

Mi padre fue el pequeño de 9 hermanos, su madre era Madre, y su padre juez de paz de un pequeño pueblo de Burgos. Contaba siempre que su madre era todo amor y que su padre era tremendamente estricto y le maltrataba.  También contaba que sus hermanos mayores se burlaban siempre de mi padre porque dormía con su madre, y le llamaban “duermemadres”.

Durante la Guerra Civil pasaron hambre, y algunos días sólo había un pedazo de pan y un cuenco de leche para todos. Su padre repartía el pedazo entre los nueve y ponía el cuenco en el centro de la mesa. Y como todos se abalanzaban, él padre golpeaba fuertemente con una vara en la mano de aquel que se atreviera a saltarse su turno.

Mi padre miraba las estrellas y se preguntaba “¿Porqué no puedo estar allí, en el cielo?”. Cuando miraba el cielo sentía toda la libertad. Se sentía preso, así que con 13 años se escapó, cogió su bicicleta y se subió en el primer tren que pasaba por el pueblo, que iba a Gerona. Cuando le encontraron su padre le dio una tremenda paliza.

En cuanto fue mayor de edad ingresó para hacerse sacerdote, pero a los pocos años se salió, según sus propias palabras, porque le gustaban mucho las mujeres.

Coincidió con que su padre murió en esa época. Cuando estaba en el lecho de muerte con todos sus hijos alrededor, preguntó por mi padre, que era el único que faltaba. Estaba yendo desde Madrid para verle y nada más entrar a la habitación, su padre pronunció el nombre de su noveno hijo y justo después se murió.

Entonces mi padre volvió a Madrid y se gastó toda la herencia de su padre que le había correspondido a él, en lujo, ropa cara, fiestas, juego y mujeres, según él contaba. Sus hermanos, cuando se enteraron, fueron a buscarle a Madrid desde Burgos y le dieron una paliza por gastarse todo el dinero, aunque fuera de él.

A partir de entonces se marchó a viajar por todo el mundo, a aprender idiomas, consiguiendo trabajo como botones y recepcionista de hoteles en diferentes ciudades de Europa.

Mi padre hablaba español, inglés, francés, italiano y alemán, perfectamente. Todos los había estudiado de forma autodidacta.

Un día, mientras trabajaba como recepcionista de un hotel en Ginebra, Suiza, dónde tenía a su vez su propia habitación como empleado, y muy buena reputación como trabajador, conoció a un grupo de españoles y les invitó a dejar sus maletas y sus cosas en su habitación mientras se hallaban de paso, o algo así. Si mi padre viviera, le volvería a preguntar todos los detalles de como ocurrió todo, pero cuando me lo contó, a mí me dolía y me desconcertaba tanto que lo quería borrar de mi memoria.

Lo que sucedió fue que estos españoles atracaron una joyería, les pillaron, y ellos acusaron a mi padre ser el jefe de la banda, dieron su dirección y encontraron el botín en la habitación de mi padre en el hotel. Mi padre siempre me aseguró que él era inocente, y yo sé y siento que así es, aunque fuera un vividor y le gustara el lujo y la belleza y la libertad. Y conozco su dolor.

Mi padre pasó 7 años de su vida en una cárcel de Suiza, de la que se escapó junto con su mejor amigo de la cárcel, haciendo una copia de las llaves de la celda, puesto que en la cárcel trabajaba en cerrajería (suena increíble, pero tal cual lo contaba).

Así que su amigo y él se escaparon y atravesaron los Alpes. En mitad de la nieve su mejor amigo murió de frío en sus brazos. Cuando mi padre cruzó a Francia, le esperaba la policía.

Le metieron en una celda de castigo a pan y agua dónde cuenta que no había altura entre el suelo y el techo para ponerse de pie. Y que no sabe cuánto tiempo pasó ahí, pero que cuando salió, tenía una barba muy larga.

A la cárcel iba a visitarle un sacerdote mexicano, que era el maestro espiritual de mi madre, que por aquel entonces trabajaba cuidando unos niños en Lausanne, Suiza. Mi madre era una católica comprometida que hacía obras de caridad y visitaba a enfermos en los hospitales. El sacerdote le pidió que fuera a visitar a un preso español que estaba muy deprimido. Entonces mi padre se enamoró de mi madre. Se conocieron en la cárcel, un buen sitio para los amantes de la libertad.

Cuando mi padre salió de la cárcel (entre estos dos párrafos hay un libro entero) fue a Córdoba a buscar a mi madre y se casaron.

Cuando yo tenía un año y mi madre estaba embarazada de mi hermano, a mi padre le diagnosticaron un cáncer de parótida y se tuvieron que marchar a Madrid al Hospital de la Paz. Allí le operaron y le dieron dos meses de vida.

Mi padre siempre cuenta que en la operación salió de su cuerpo y se vio desde arriba, vio el quirófano, a los médicos y su cuerpo. Sintió que en ese momento murió. Pero no quería morirse y se agarró a la vida hasta los 76 años.

Mi padre siempre decía que le hubiera gustado ser director de orquesta o un gran payaso como Chaplin. Charles Chaplin había nacido un 16 de abril.

Nuestra vida de familia no fue nada fácil y la relación entre mis padres fue muy tormentosa. Aunque recuerdo verles salir felices y arreglados, reírse juntos y hablar en francés entre ellos cuando no querían que les entendiéramos.

Mi padre sufría de unos terribles dolores de cabeza y tenía ataques de ira muy frecuentemente. Él decía que se había quedado muy mal de los nervios después de la operación. Teníamos miedo de sus enfados. Pero muchas veces era muy alegre y se reía con ganas.

Nunca se me olvidará una vez que nos llevó a mi hermano y a mí al Parque del Retiro en Otoño cuando éramos todavía muy pequeños, y pasamos la tarde rodando cuesta abajo sobre la hierba llena de castañas. Recuerdo cómo nos divertimos, y cómo disfrutó él. 

Nos enseñaba frases en todos los idiomas que conocía. Su frase preferida era: “No news, good news!” y siempre la decía después en alemán: “Keine Nachricht, gute Nachricht”. (Ninguna noticia, buenas noticias). Hablar idiomas le daba mucha alegría.

A mis padres les gustaba la buena vida, y salían al Casino, se iban a Roma en fin de semana cuando eso no era habitual en nuestra clase social. Mi padre se llevaba a mi madre a jugar, y vivía por encima de sus posibilidades.  Se arruinaron.

Cuando yo tenía 10 años tuvo que marcharse a México a trabajar durante dos años. Allí conoció la Orden Rosacruz, según él la describía, una orden de pensamiento metafísico cristiano. Pertenecer a los rosacruces le hizo mucho bien, y yo fui testigo de ello. Fue Rosacruz desde entonces hasta el final de sus días. Comenzó a estudiar metafísica, y se curó de sus terribles migrañas. Meditaba con un vaso de agua en sus manos que luego se bebía. Por aquél entonces yo tenía 15 años, era punk y y me avergonzaba de él cuando llegaba a casa con mis amigas y le oíamos cantar el OM. Tenía una mano increíble para las plantas que crecían en casa como en una selva y parecía que las quería más que a nosotros.

Mis padres se separaron. Mi padre montó empresas y tuvo dos escuelas de idiomas, donde enseñaba inglés a los niños, le apasionaba enseñar. Hasta que se jubiló y se marchó al mar por su enfermedad en los pulmones.

Durante mucho tiempo estuve muy enfadada con mi padre. Pero él siempre me llamaba, se preocupaba por mí, y fue tan perseverante en su amor hacia mí, que finalmente nos reencontramos, gracias a él.

Cuando fuimos adultos, siempre respetó nuestras elecciones y a veces elegía pasar las navidades solo por no hacernos ir a verle.

Mi padre tenía colgado en el pasillo de casa un poema de Rudyard Kipling que siempre nos recitaba. Decía:
Hijo, si quieres amarme, bien puedes hacerlo
Tu cariño es oro, que nunca desdeño

 Más quiero  comprendas que nada me debes
Soy ahora el padre y tengo los deberes

Nunca en las angustias por verte contento
He trazado signos de tanto por ciento

  Ahora pequeño quiero orientarte
Mi agente viajero llegará a cobrarte

Será un hijo tuyo gota de tu sangre
Presentará un cheque por cien mil afanes

Llegará a cobrarte y entonces mi niño
Como hombre honrado a tu propio hijo deberás pagarle.” 

En los últimos años de su vida, muchas veces teníamos conversaciones sobre Dios por teléfono. Él soñaba con que yo encontrara un buen compañero de vida y le encantaba la idea de que algún día pudiera abrir una escuela de yoga. Mi escuela de yoga es gracias a él.

Cuando me comprometí con el padre de mi hijo, él fue el único al que se le ocurrió contar el número de veces que mi amiga que ejerció de sacerdotisa, pronunció la palabra Amor en su discurso.

Murió repentinamente de un cáncer de hígado que nadie sabía que tenía, ni siquiera él. Yo estaba embarazada de mi hijo y estaba en Brasil cuando le ingresaron. Volvimos a contrarreloj y murió 2 minutos antes de que yo entrara por la puerta del hospital. Me esperó, pero no quiso que le viera morir. Mi hermano le acompañó amorosamente en su muerte.

A mi padre le encantaba el Padre Nuestro, le parecía una preciosa oración, y llamaba Padre a Dios con un cariño infinito.

Tiempo antes de morir escribió un hermoso poema en el que les pedía a los ángeles que le elevaran dulcemente al cielo el día de su muerte. Y como él quiso, tiramos sus cenizas al mar donde el vivió sus últimos años. Y ahí, leímos su poema.

El amor a los padres sigue creciendo después de su muerte. Siempre hay tiempo para la comprensión y la reconciliación. Y he podido experimentar claramente, que más allá del dolor,  las dificultades, de los desencuentros, y de las heridas, el Amor entre padres e hijos es eterno y verdadero, está vivo y perdura en el tiempo.

Gracias, Padre, por tu amor y por la riqueza de tu alma.

La que ilumina

La que ilumina

madre e hija rulos

 

Puedes escuchar este post en este audio. Duración: 7 minutos.

Lunes es el día de la luna. En la antigua Roma, los días de la semana se nombraban por los astros. La palabra que designa al satélite de la Tierra, luna, procede del latín y significa ‘luminosa’, ‘la que ilumina’.

En astrología, así como en muchas tradiciones, la luna es el símbolo de la maternidad, de los ciclos femeninos, del aspecto maternal y emocional de la mujer. De la cualidad del ser humano (mujeres y hombres) de amar, sentir, nutrir, proteger, crear un clan, crear un hogar.

Por eso me gusta dedicar los lunes a esta experiencia tan natural como transformadora para todos.

La energía creativa, creadora, es la capacidad de concebir, gestar y dar a luz, ya sea un hijo, una empresa, un proyecto o cualquier obra artística.

Y en el inicio de este proyecto creativo tan personal que nació un lunes (como mi hijo) quiero dedicarle a mi madre el primer lunes después de su nacimiento.

Mi querido abuelo materno era poeta y periodista en el Diario Córdoba.  Mi padre escribió poesía desde joven, así que haberme comprometido con la escritura me hace sentirme muy sensible estos días, y pensar en mi familia, en mi clan. Mi madre, mi padre y mis abuelos se fueron hace tiempo de esta vida.

Mi madre iluminaba la casa con su sonrisa cada vez que entraba por la puerta al volver del trabajo. Y esto no es un recurso poético, literalmente se iluminaba todo, o al menos yo así lo percibía. Ella era luz y más luz era el amor que nos tenía. Ahora entiendo su alegría al reencontrarnos a mi hermano y a mí al final del día. Porque el amor a un hijo no se parece a nada.

Mi madre se llamaba Soledad y se reía cuando nos contaba que en realidad, la habían bautizado María de la Soledad de la Santísima Trinidad África; igual que se reía mi hijo, fascinado, cuando le contaba el nombre completo de su abuela materna, a la que nunca conoció, el otro día mientras volvíamos en coche del colegio.

Su vida da para una novela y no cabe en este post, pero al menos quiero honrarla y agradecerla infinitamente aquí y ahora.

Mi madre no sólo era literalmente luminosa, era además amorosa, hermosa, generosa, inteligente, elegante, alegre, calmada, paciente, práctica, trabajadora, original, curiosa, culta. Tenía una mente abierta para su época, y me susurraba sus pensamientos y sus opiniones sobre las cosas.

Mi madre luchó mucho, y su vida estuvo llena de dolorosas adversidades hasta su último día. Pero durante mucho tiempo, hasta que enfermó, su sonrisa brillaba en medio de su infortunio.

Mi madre era comunicativa, nos hablaba, nos explicaba muy bien las cosas, y siempre tenía un montón de libros en la estantería a los que acudir para que pudiéramos aprender por nosotros mismos.

Una tarde mi madre nos contó, a mi mejor amiguita de la infancia y a mí, que algún día nos sucedería algo natural en las mujeres que se llamaba período. Y nos lo explicó todo perfectamente, por lo menos un año antes de que nos ocurriera, para que no nos asustáramos, porque en mi infancia de eso no se hablaba. Cuando me llegó a los 11 años recién cumplidos, llamó a la  familia a Córdoba y a Málaga para contarselo y me felicitaron a través de nuestro teléfono rojo de dial. A mí me causó mucha vergüenza.

Mi madre nos contaba muchas cosas sobre su infancia en Córdoba, su ciudad. Siempre nos recordaba que ella y sus hermanas  leían a escondidas por la noche, tapando con un pañuelo la lamparita, los libros que mi abuelo les pasaba sin que mi abuela se enterara, porque tenía miedo de que leyeran cosas indebidas (de mi abuelita hablaré otro lunes). Mi abuelo les transmitió a las cuatro hermanas su amor por la palabra y por el arte. Un día el pañuelo prendió fuego.

A mi madre le gustaba mucho la película Mujercitas porque trataba de cuatro hermanas que le hacían recordar a las suyas. Además la protagonista era escritora.

Pero su película preferida era Lo que el Viento se llevó, tenía el libro encuadernado porque lo había ido coleccionando por fascículos en su adolescencia. Y en cuanto se enteró un día de que ponían la película en un cine, nos llevo a verla. Yo debía tener 11 años.

Si hoy supiera que mi blog se llama 21 TARAS, me recordaría que TARA es el hogar de Escarlata O’Hara.

Mi madre era discreta pero era espectacular. Tenía camisones largos de todos los colores, y zapatos dorados y plateados, y un montón de collares y vestidos preciosos. Además, en el armario del baño tenía muestras de un montón de perfumes franceses, pintalabios de diferentes colores, sombras y lápices de ojos.

Así que mi mejor amiga de la infancia y yo, desde muy pequeñas, nos encerrábamos en el cuarto de mis padres a vestirnos con la ropa de mi madre y luego nos maquillábamos.

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Llamaba la atención por lo guapa que era y por como vestía, porque vivíamos en una comunidad de clase media muy austera y discreta, buena gente, donde todas las madres eran amas de casa, a excepción de mi madre, y siempre las recuerdo con el delantal lleno de harina y rodeadas de niños gritando. Mi madre también enharinaba y rebozaba el pescado y hacía un alioli delicioso, y nos hacía rosquillas de anís, y nos ponía unas gotitas de anís en el botijo de barro lleno de agua fresquita.

Mi madre era muy sociable y cariñosa y se llevaba muy bien con todo el mundo.

La recuerdo pocas veces contrariada conmigo. Sólo alguna vez cuando se me caía el Colacao del desayuno sobre la falda del uniforme o cuando lloraba cuando me desenredaba el pelo.

Pero inevitablemente recuerdo las terribles discusiones que tenía con mi padre porque se atrevía a contradecirle y no puedo olvidar verla llorar silenciosamente mientras lavaba los platos.

Todavía huelo el vicksvaporub cuando nos lo untaba en el pecho antes de irnos a dormir y rezábamos con ella en la cama. Otros días nos dejaba ver “Vacaciones en el Mar”. (Glups, me parece que este no va a ser un blog para millennials).

Y bueno, ya que estamos, le encantaba Joan Manuel Serrat y José Luis Perales.

Cada vez que nos encontraba por el pasillo de casa (era un piso pequeño) nos daba besos y abrazos.

Mi madre fue profundamente socialista y cristiana en su pensamiento y en sus acciones. Y nos enseño siempre a pensar en los demás.

Otro día, quizás contaré como se extinguió la luz de Soledad, en sus ojos y en su vida.

Toda nuestra capacidad de amar nos la da nuestra madre.

Su luz se queda siempre en nuestro corazón.

Toda la gratitud no es suficiente. Pero a través del amor a nuestros hijos seguimos honrando lo que nuestras madres nos han dado.

Siempre pensé que pasado, presente y futuro existen simultáneamente, así que confío en que todo mi amor y gratitud le lleguen ahora, esté donde esté.

 

 

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Mirrorball

Mirrorball

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En este instante, en el que me siento a escribir mi perfil, una luz naranja golpea en mi macbookair, repentina y discretamente . Veo a través de la ventana salir el sol sobre las casas.

En el ángulo exacto de su salida, reposa medio escondida en una esquina de la estantería una bola de espejos que compré para uno de mis cumpleaños. Nunca la colgué ni la usé para una pista de baile improvisada. Ha tenido la suerte de cumplir su función finalmente, iluminada de una manera diferente a la esperada, irradiando luz a su vez en forma de reflejos arco iris por todo el salón. Su público somos el sol y yo, y la música, la sinfonía de mirlos al amanecer. Una nunca sabe cuando y cómo va a volver a la discoteca.

No es hora de discoteca aunque sí de filosofía, y este juego de luces me recuerda que la luz de la luna no le es propia, dicen, es el reflejo de la luz del sol. Posee la propiedad de reflejar como un espejo.

Todo lo que podemos observar en la naturaleza y en la vida, contiene las claves de toda la filosofía, es un fractal de lo absoluto.

Por eso cuando vemos los reflejos, estamos viendo una manifestación pequeña de lo trascendente, Dios y su Creación.

En la metafísica tántrica, Prakasha (Shiva) es la Realidad Última, el Dios Supremo o Conciencia Suprema. Es conciencia pura, estática y no dual. De igual manera, Vimarsha (Shakti) es la autoexpresión dinámica de Prakasha, la contemplación de Prakasha, reflejandose, experimentándose a sí misma. La creación es el espejo en el que Dios, o la Conciencia Suprema, se contempla a sí misma.

En el plano de lo Absoluto no manifestado (Parabrahman), ambos aspectos (Shiva y Shakti, masculino y femenino) residen en la unión total, en el fundamento del ser, la conciencia infinita. Parabrahman es eterna e inmutable, la luz y verdad absoluta que está más allá de la luz y la oscuridad, lo verdadero y lo falso.

Porque somos una manifestación de lo Absoluto en estado limitado,  todos anhelamos profundamente esta unión través del encuentro con el otro. Sólo podemos conocernos a través del reflejo en el otro. Nos experimentamos y nos reflejamos en el otro, a través del odio (que es amor, por ausencia), y a través del amor.

Ya son las 8.00 a.m. y ahora hay que correr al mundo manifiesto, ducharse, lavarse el pelo, preparar el desayuno, despertar a mi precioso hijo, preparar la mochila para la piscina, preparar la ropa de los dos, la comida para el trabajo, llegar tarde al cole, otra vez…. o quizás hoy no. Y dejar el post en la esquina de la estantería, olvidado por un tiempo, junto a la bola de espejos.

“Mirrorball” por Peter Gabriel: Una increíble canción, y una creación audiovisual de lo más delicada y acorde … escúchala, disfrútala y espera… como esperas la salida del sol sobre el horizonte…. merece la espera.

Lyrics:
I plant the kind of kiss
That wouldn’t wake a baby
On the self-same face
The wouldn’t let me sleep

And the street is singing with my feet
And the dawn gives me a shadow I know to be taller
All down to you dear, everything has changed

My sorry name has made it to graffiti
I was looking for someone to complete me
Not anymore dear, everything has changed
Everything has changed

You make the moon our mirrorball
The street’s an empty stage
The city’s sirens, violins, everything has changed
Everything has changed

So lift off love
So lift off love

We took the town to town last night
We kissed like we invented it
Now I know what every step is for

To lead me to your door
Know that while you sleep
Everything has changed

You make the moon a mirrorball
The street’s an empty stage
The city’s sirens, violins, everything has changed

So lift off love, lift off love
Lift off love, lift off love

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