Espejarse

Espejarse

BlancanievesMirror

Fotografía: Kareva Margarita

Espejarse: contemplarse en el espejo.  

Puedes escuchar este artículo en el siguiente audio. Duración: 14 minutos. No te pierdas los enlaces, las fotos y los vídeos de la versión escrita.

Sólo la palabra espejo es una puerta a mil dimensiones, una caja de Pandora.

Difícil para mí atravesar el espejo para llevarte de la mano, querid@ lector@, sin perderme a mí misma por el camino. Pero precisamente de eso trata este blog: de abrir puertas, de abrir cajas, de explorar, indagar, descubrir, encontrar, atravesar portales a otras miradas y a otros mundos a partir de algo cotidiano.

Cotidiano como un espejo, que forma parte de nuestra vida desde la primera vez que nos vimos reflejados en el agua y, como Narciso, nos quedamos atrapados en la necesidad de contemplar nuestra propia imagen.

Así que ahora me siento como si estuviera entrando en Interstellar (gran película que super recomiendo), un lugar dónde el tiempo se estira y desaparece, dónde se encuentran todas las teorías de la física: la relatividad, la cuántica, el electromagnetismo… y se cruzan, se anulan entre ellas, se superponen…. Pasamos a otro Universo dónde todo es posible.

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Lejos de ser un artículo de Ciencia Ficción, este post nace cuando al mirarme al espejo me doy cuenta de las cosas que nos suceden cuando nos encontramos con nuestra propia imagen. Una reflexión concreta sobre algo muy contemporáneo, reflejo de nuestra sociedad y de nuestra mente.

Espero volver a ello dentro de un rato, porque están apareciendo Eco, Narciso, Alicia y la Madrastra de Blancanieves y me están llevando de la mano a contemplar el Árbol de la Vida, distrayéndome. Y cuando creo que me están sacando de mi sendero, descubro que el mito de Narciso tiene mucho que ver con mi reflexión: una historia de amor no correspondido y de amor inalcanzado.

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Eco y Narciso, pintura de John William Waterhouse (1903).

Cuenta el mito, que Narciso era un joven muy hermoso del que se enamoraban las doncellas, pero él las rechazaba. Eco era una ninfa a la que Hera había condenado a repetir las últimas palabras de aquello que se le dijera. Un día siguiendo a Narciso por el bosque, Eco se escondió entre los árboles. Cuando él preguntó «¿Hay alguien aquí?», Eco respondió: «Aquí, aquí». Incapaz de verla, Narciso le gritó: «¡Ven!». Eco salió de entre los árboles con los brazos abiertos. Narciso cruelmente se negó a aceptar su amor, por lo que la ninfa, desolada, se ocultó en una cueva y allí se consumió hasta que sólo quedó su voz.

Para castigar a Narciso por su engreimiento, Némesis, (la diosa de la justicia retributiva, la solidaridad, la venganza, el equilibrio y la fortuna) hizo que se enamorara de su propia imagen reflejada en una fuente. En una contemplación absorta, incapaz de apartarse de su imagen, acabó arrojándose a las aguas. Se dice que Narciso se suicida al no poder tener el objeto de su deseo. En el sitio donde su cuerpo había caído, creció una hermosa flor, que hizo honor al nombre y la memoria de Narciso.

Espejo, del latín specŭlum.

Se me cae el alma al suelo cuando consulto el Diccionario de la Real Academia Española. Algo tan increíble como Espejo tiene una definición tan  tan…. Con todos mis respetos y reconociendo la labor y la dificultad de semejante empresa… es tan poco espiritual! Tan poco metafísico! Tan serio! Tan literal! Tan sólo hemisferio izquierdo! Tan antiguo. Tan lleno de corbatas y trajes obsoletos.

“Veramente”, hacen falta más mujeres en la Academia para equilibrarlo y darle vidilla. Es plano plano. Cero esférico. Es literalmente un … y me sale una palabrota sexista, así que la voy a cambiar por “profundo aburrimiento” que no tiene nada que ver con la palabrota sexista, obviamente. (No me distraigas, Eco)

Busco la etimología (en otro lado) y dice: “La palabra espejo, formada por specio mirar, y el sufijo instrumental culum.  Significa, por tanto, “instrumento de mirada”.

Alicia desde el País de las Maravillas me susurra al oído: “Gargantua…”. Tienes razón, bonita. No olvidaré mencionar que Gargantua, un agujero negro super masivo, es el objetivo de la expedición de Interstellar.

gargantua

El ser humano es explorador por naturaleza. Los exploradores de todos los siglos, desde el principio de la humanidad hasta los astronautas, buscan ver más allá, encontrar más allá, cruzar al otro lado. Alicia acepta el juego, es curiosa, y cuando la curiosidad puede al miedo se convierte en puro deleite, en pura transformación. Narciso no cruza, se queda cautivado por lo evidente, y muere atrapado porque no consigue alcanzarse a sí mismo.

Tan lejos hemos llegado a otros continentes y a otras estrellas y tan lejos estamos de nosotros mismos.

Cuando miramos nuestra propia imagen en un espejo… ¿aceptamos lo que vemos? ¿amamos lo que vemos? ¿Comprendemos lo que vemos? ¿alcanzamos lo que vemos? ¿cruzamos al “otro lado”? ¿llegamos a ser uno con lo que vemos? ¿somos capaces de ver de verdad la verdad de lo que vemos?

Lo explicaré mejor. Lo que a mí me sucede estoy segura de que es lo que le sucede a la mayoría de las mujeres. No sé lo que les sucede a la mayoría de los hombres. Tengo pendiente preguntarles.

A mí me sucede lo siguiente: si la imagen que muestra el espejo pasa el examen de mi Departamento de Control de Calidad Interior, entonces me pongo contenta, y me siento bella y bien; si la imagen que muestra el espejo no pasa el Quality Control, es decir, no se ajusta a lo que mi mente considera bello, entonces me siento mal. Y no me quiero.

Esto es resumirlo simple. ¿Te has parado a darte cuenta de la cantidad y calidad de pensamientos que emergen cuando la imagen en el espejo, cuando la imagen de cualquier mujer en el espejo no se adecúa a los cánones de belleza de esta sociedad?

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Quizás me equivoco, pero esta experiencia no es tan dramática para los hombres. Contadme, chicos.

Me atrevo a asegurar que no conozco a ninguna mujer que se sienta satisfecha con su físico. Incluyéndome a mí misma, todas nos criticamos y nos desaprobamos a nosotras mismas sistemáticamente. Lo que quisiéramos, resulta inalcanzable. Puede que algún día nos veamos bien, pero va a durar bien poco. La noche va a avanzar, el rimmel se va a correr, los años van a pasar, las arrugas y las canas van a aparecer. Y empezaremos a luchar contra esos “terribles monstruos”. Y sacaremos toda nuestra artillería contra las canas, las arrugas, los kilos, la flacidez, la celulitis, y maquillaremos y manipularemos la belleza de lo real hasta aniquilarla por completo. Y moriremos sin habernos alcanzado, como Narciso.

Y entonces seremos capaces de perseguir y mandar asesinar a esa niña inocente de piel blanca como la nieve, labios rojos como las fresas, pelo negro como el cielo nocturno. Y si no,  recuerda lo que le sucede a la madrastra cuando el espejo le dice que “ella ya no es la más bella”. Se envenena y envenena.

No voy a ir a lo trillado, ni a lo evidente. A todos nos encanta LA BELLEZA. Pero ¿quién decide e implanta para todos lo que es oficialmente bello? ¿no ha cambiado lo bello a lo largo de la historia? ¿no es lo realmente bello una experiencia más bien del espíritu?

Es creativo ensalzar la belleza natural del tipo que sea, la propia forma genuina, a través de la moda, de nuestra vestimenta, del uso del maquillaje, del peinado, de los tatuajes, adornos y ese largo etcétera de recursos que los humanos desarrollamos desde nuestro instinto biológico del cortejo y que se convierten en arte. Y más allá, como humanos, desde ese anhelo inherente de expresar la belleza.

Es legítima cualquier decisión de hacerse cirugía estética o hacerse todo tipo de tratamientos antienvejecimiento.

Es maravilloso dedicarse a cuidar la alimentación y hacer ejercicio para mantenerse en una buena forma física, mental y espiritual y lucir un aspecto bello y saludable.

Lo que me parece importante aquí, a nivel personal y social, es: ¿después de hacer todo eso, voy a seguir desaprobándome? ¿Hasta cuándo? ¿Y si no alcanzo a conseguir esa belleza que deseo ser, entonces no valgo?  ¿Seguiré siempre inmensamente insatisfecha con mi propia imagen?

¿Cuánto me va a costar sostener este espejo toda mi vida?

¿Qué supone todo esto? ¿Cuántos pensamientos de desaprobación sobre una misma a lo largo del día? ¿Qué impacto tiene cada pensamiento de juicio sobre sí misma, de desaprobación de sí misma? ¿por no hablar de la desaprobación de todos los demás aspectos de lo que somos?

Nunca somos suficientes. Nunca es suficiente.

¿Realmente no somos capaces de amar la prodigiosa criatura que somos?¿No es plena y suficiente nuestra respiración? ¿No es perfecto y bello el latido de nuestro corazón?

Origen” es una película de Christopher Nolan, el mismo director de Interstellar (nunca imaginé que hablaría de su cine cuando mi mente concebía este post ante el espejo). “Origen” cuenta que una idea en la mente puede destrozar tu vida o crear una vida maravillosa. Así que el equipo protagonista de Origen se dedica a entrar en el inconsciente de las personas a través de sus sueños, para aniquilar, erradicar esa idea en su mente que está diseñando su vida de determinada manera.

Los budistas, los yoguis, los artistas, los buscadores espirituales somos exploradores del otro lado, igual que los exploradores de continentes y de otros universos “físicos” exploran el macrocosmos, los buscadores espirituales nos dedicamos a descubrir los confines del universo de la mente y del espíritu.

Los maestros nos animan siempre a mirar en el interior.

Entonces ¿alcanzamos a ver que nuestra mirada está teñida de un filtro lleno de condicionamientos culturales, sociales, familiares, circunstanciales, personales, a través de las ideas y creencias que han ido conformando nuestra mente, que es una mente individual pero fundamentalmente colectiva?

¿Todas esas cosas que mi mente cree y piensa … son verdad?

Cuando me miro al espejo y me veo con todos esos filtros pienso: “estoy gorda”, porque la imagen y la idea de lo correcto y lo bello y lo socialmente admirable me está bombardeando en todas las marquesinas desde hace ya demasiado años. Y esa idea es muy delgada. Y esa idea no tiene nada que ver con los seres humanos que veo a mi alrededor. Es por lo tanto inalcanzable.

Y… ¿es verdad que estoy gorda?

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Y…. si estoy gorda ¿no soy bella? Y si no soy “bella” ¿soy menos? ¿es verdad que debería ser de otra manera distinta a la que soy? ¿verdaderamente soy un error de la naturaleza? ¿Y si resulta que todo es bello pero no lo vemos?

Hace un par de años tuve la suerte y el privilegio de conocer personalmente a Pablo d’Ors, en un taller de meditación que organicé y le invité a impartir. Pablo d’Ors es sacerdote y escritor y un maravilloso y generoso ser humano, así lo sentí.

Al taller que impartió asistieron 45 personas en una sala de 33 metros cuadrado. Fue un encuentro auténtico, sencillo, profundo y natural, como él.

Dijo algunas cosas memorables. Una de ellas, que comentó casi de pasada, me llegó especialmente, porque ya lo había experimentado.

Nos dijo: “Si te miras al espejo, y te mantienes contemplándote al espejo un buen rato, acabas llorando.

Sí, acabas llorando, porque te ves. Te miras a ti mismo a través de la negra pupila del Gargantua de tus ojos y ves tanto. Ves tu persona, ves tu identidad, ves tu mente, ves tu cuerpo, ves tus manchas, ves tu inocencia, ves tu alma. Te alcanzas.

Y es que, sostienen filosofías espirituales como la Cábala o el Shivaismo de Cachemira, el 1 para convertirse en 2 sólo puede hacerlo reflejándose a sí mismo. O dicho de otra manera, Dios crea el Mundo para conocerse a sí mismo, siendo la Creación su propio reflejo. O dicho de otra manera, Dios creó al hombre a su imagen y semejanza. Por eso buscamos al otro para sentirnos completos.

De las Cinco Sabidurías del Budismo, la segunda es la “Sabiduría similar a un espejo”. Esta Sabiduría es como un espejo porque éste refleja todos los objetos; de igual manera la mente iluminada entiende la verdadera naturaleza de todo y refleja todo aquello que existe.

¿Te has contemplado a ti mism@ en el espejo mágico?

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El infinito en la palma de tu mano y la eternidad en una hora

manito

agua dulce fotografía

Puedes leer este post o escucharlo en este audio:

Quiero escribir de tantas cosas hoy, y son las 23 horas, y se me cierran los ojos de sueño, pero necesito escribir, tantos días sin poder escribir… Y quiero escribir lo mágico y lo banal de un día cualquiera como hoy: un día que empieza, un día que transcurre, un día que termina, un día más en el paraíso.

Y quiero escribirlo desde el recuerdo de un primer abrir de ojos, de una primera respiración, del primer instante de la vida, que es, en realidad, cada instante.

El instante en que nació mi hijo se paró el tiempo. Todo se volvió transparente con un halo blanco. Mi sonrisa, mi felicidad, mi inocencia pura, mi absoluta plenitud. La eternidad del instante perfecto que se desplegaba a un ritmo perfecto duró varias horas. Dicen que esa experiencia se llama éxtasis.

Siempre digo que el nacimiento de mi hijo fue una experiencia de iluminación para mí. Y así fue, realmente. Un estado de gracia. Tuve la suerte de vivirlo así.

Y aunque luego todo volvió a adquirir esa pátina de realidad acostumbrada, la experiencia dejó su impronta para siempre.

Cuando vi esta fotografía, me envolvió el recuerdo de la primera noche dándole mi dedo a la manita diminuta de mi bebé.  Y la ternura más allá de las palabras.

Esa primera noche en el hospital no dormí. Tuve mis ojos fascinados y mi mano agarrando su manita toda la noche sin descanso. Él en su cunita transparente donde te recomiendan que duerma y que yo puse junto a mi cama todo lo cerca que fue posible.

Esta sociedad ha anestesiado nuestra maternidad. Nos convertimos en niñas pequeñas durante el embarazo y el parto sometiéndonos a lo que nos “disimuladamente” obligan.

No me atreví a dormir con él junto a mi pecho en mi cama, por ese absurdo miedo a aplastarle. Y porque no sólo no te animan a ello, si no que te lo desaconsejan. Por no decir que normalmente se llevan al bebé al nido, una habitación donde llevan a todos los bebés para que la madre descanse.

En algunos casos la madre necesita descansar después de 36 horas de un parto extremadamente difícil y de perder mucha sangre, como es el caso de una amiga mía. Algunas madres necesitan descansar. Pero no creo que la costumbre de separar al bebé de su madre nada más nacer sea la mejor opción.

Si pudiera volver a vivirlo, lo haría diferente. Habría dormido con mi bebé junto a mi pecho, en lugar de darle “sólo” mi mano, aunque en realidad le estaba dando toda mi alma.

Cuando das tu mano a la manita diminuta de tu hijo recién nacido estás dando la mano incondicionalmente a la vida entera. Y entregándote a un abismo de amor, de dolor, de felicidad, de miedo, de ignorancia y de maestría. De una ternura dolorosa por lo extrema.

Mi hijo ahora tiene 9 años y está durmiendo junto a mí, en mi misma cama, mientras yo escribo este post. También están a los pies de la cama nuestras dos gatas: Happy y Samadhi. Y el macbookair. Podríamos decir que los 100 metros cuadrados de piso nos sobran y nos apañaríamos con una estancia.  Amor infinito en cuatro metros cuadrados.

A mi hijo le gusta dormir conmigo porque le da miedo la noche, como nos dio miedo a todos cuando éramos pequeños. Entiendo que los humanos y muchos mamíferos nos sentimos instintivamente vulnerables durante el sueño y tendemos a dormir juntos para protegernos. Y creo que casi todos los niños se levantan para ir a la cama de sus padres. Y si ellos pudieran elegir, pongo la mano en el fuego a que dormirían con ellos. De hecho, en muchas culturas duermen todos juntos.

Me parece genial que cada madre, padre y familia hagan lo que les plazca al respecto. No creo en un método ni en una verdad, creo en lo que el corazón te pide y en lo que se va desplegando naturalmente en armonía cada día, y según las circunstancias, las necesidades y el sentir de cada uno.

A mí me gusta dormir con mi hijo porque es mi amor. Y uno normalmente quiere estar junto a aquello que ama. Me parece natural y hermoso. Y me siento afortunada de poder hacerlo.

Aunque esto es algo muy criticado en nuestra sociedad, yo lo tengo tan claro, y lo disfruto tanto, que me importan un huevo todas esas cosas que mucha gente asegura con tanta rotundidad sobre la educación de los hijos.

La crianza, la infancia de un hijo, es un tiempo tan corto en toda una vida que yo prefiero vivirlo tan plenamente como me sea posible.

Y un día de estos mi hijo sentirá que ya es el momento de dormir en su cama y tranquilamente se irá. Igual que un día tranquilamente se irá de casa. Igual que un día ya no podré agarrarle la manita y comérmelo a besos y a cosquillas.

Mi hijo hoy ha sido lo mejor del día.

Hoy ha sido lunes de Pascua, día no lectivo. Ser autónoma tiene sus cosas terribles y sus cosas magníficas: a veces puedes decidir quedarte con tu hijo y trabajar en casa, porque está malito o porque no tiene cole, y esto puede ser a la vez terrible, y magnífico.

Hoy ha sido esplendoroso y delirante.

Me he levantado muy pronto para poder trabajar antes de que mi niño se despertara. Porque ya sé que trabajar con tu hijo en casa suele ser casi siempre desquiciante.

Cuando llevaba media hora trabajando en pijama delante del ordenador y sin haber desayunado para que me diera tiempo (todos los chistes sobre los autónomos son verdad), escucho una vocecita: “mami….”

Así que como es muy pronto y tiene que dormir más, al menos sus diez horas mínimas de sueño, voy y le abrazo para que vuelva a dormirse. Se duerme pero tarda, y cada vez que intento irme se despierta y tengo que quedarme.

La ansiedad por todo el trabajo que tengo por hacer y mil tareas por resolver se empieza a manifestar en mi interior, simultáneamente al placer de disfrutar de la respiración y el olor de mi hijo tranquilamente en la cama. Así que decido aprovechar el tiempo disfrutándolo, y meditándolo. Aprovecho para sentir, para recordar mis sueños, para tomar conciencia de mis miedos, para observar mi mente, para elevarla cuando cae e iluminarla cuando se oscurece…

En un momento ya puedo irme y volver al ordenador y a la agenda, hasta que mi hijo se despierta definitivamente y hay que preparar desayuno, y recoger la casa y organizar el día, que avanza conciliando.

Pero la conciliación… esa palabra….

Hoy mi hijo es un regalo del cielo: ha hecho los deberes sin quejarse, no me reclama, no se me sube a la chepa mientras atiendo llamadas de trabajo, puedo responder emails, pelearme con la contabilidad, poner tickets de soporte al servidor de la web de la empresa que no funciona y me rechaza la contraseña. Mi hijo mientras hace todo lo que le pido, cambia de actividades, juega, ve algún vídeo, se viste, se lava los dientes, me dice gracias y por favor y está especialmente cariñoso y me abraza y me cuenta cosas de vez en cuando.

Yo sobre la marcha tengo que ir decidiendo qué cosas de la lista de tareas tendrán que caerse o dejarse para otro momento. La compra es una de ellas. Cambiar la arena de los gatos, otra. Recoger la cocina y hacer la cama tendrán que postergarse.

DETESTO LAS TAREAS DOMÉSTICAS CON TODA MI ALMA

Y me empiezo a sentir terriblemente incómoda de no abarcar el trabajo, de colapsarme a la hora de vestirme, de las tareas domésticas que nunca se acaban… y de ver que no voy a poder, ni de lejos, escribir un post en mi querido blog. Llevo casi una semana sin poder escribir. Sé que me conviene dejar el trabajo un rato y salir a dar un paseo con mi hijo. Sé que siempre nos despeja y nos cambia el ánimo. Hace un día precioso. Quizás demasiado calor para pasear.

Entonces decido darle una clase de yoga de 20 minutos a mi hijo (hemos empezado hace poco). Lo hace muy bien, teniendo en cuenta lo difícil que es.

Consigo improvisar una comida sana que mi niño se come con gusto (ensalada caprese con tomatitos Cherry, y huevos) y después nos vamos a dar un paseo por un campo-bosque que tenemos cerca. Y ahí todo cambia. Estamos solos entre los árboles.

El paisaje es hermoso, entre pinos, encinas, jaras, zarzamoras y senderos que se bifurcan. Comenzamos a ver conejos (hay un montón de crías), las primeras golondrinas, y escuchamos el canto de los pájaros en una increíble sinfonía primaveral.

Escucha el jardín de mirlos (20 segundos):

De pronto, escuchamos cencerros. Un pastor ha sacado a su rebaño. Hay ovejas, algunas cabras, varios corderitos y dos perros. El pastor es un señor mayor de pelo blanco y barba, curtido por el sol, que saluda a mi hijo y le pregunta si quiere acariciar al perro. Le pregunto si siempre pasean por ahí porque nunca antes le he visto. Me dice sonriendo: “siempre hay una primera vez”. Se llama Antonio. Y el perro Triqui.

Es maravilloso escuchar los cencerros del rebaño resonando. Ellos siguen su camino. Mi hijo me pide que volvamos porque hemos quedado en ir a casa de un amiguito. Llegamos a la hora prevista.

Yo mientras me dispongo a hacer la compra y pienso que si resuelvo lo urgente del trabajo rápidamente, quizás me da tiempo a escribir. Al pasar por el mercado no hay sitio para aparcar así que dejo la compra para el día siguiente. Y llego a mi casa y abro el ordenador.

A partir de ahí, mis dos horas sin mi hijo, dos horas de delirio tecnológico. Cada tarea depende de la tecnología y se subdivide en un montón de pequeñas tareas que se van convirtiendo en irrealizables. Una carrera de obstáculos, de pesadillas de contraseñas que no funcionan y que no pueden reestablecerse:

su contraseña no es suficientemente segura

su contraseña no debe de tener más de 12 caracteres

su contraseña debe de incluir minúsculas, mayúsculas y signos

ha excedido su tiempo

descárguese este formulario, imprímalo, escanéelo, fírmelo y envíelo por fax

y una locura de configuración de cuentas de email que no consiguen descargarse, de páginas web del banco que caducan cada dos minutos y te obligan a repetir el trabajo mil veces, desesperación por no poder acceder a la información al haber cambiado de ordenador, el Microsoft office que te dice que no tienes licencia después de haberla pagado…

en fin, un largo etcétera de Orcos que te hacen empezar a pensar que …

….quizás soy gafe tecnológica

… que no, que es que tengo que asumir que esto es el día a día de un autónomo que no tiene departamento de informática, ni de mantenimiento, ni de contabilidad en su empresa porque es ella/él para todo…..

…que debe de ser una conspiración global para volver loco al pobre ser humano de a pie

…que si no sería mejor opositar (lo digo pero no lo creo)

… que qué vida apacible tienen los funcionarios y la gente que trabaja en empresa con vacaciones pagadas y pagas extras y departamentos a su servicio

… que así es la vida

… que qué suerte que no hay guerra y tenemos que comer

… aunque no sé si este verano tendré sueldo y si llegaré a final de mes

… que cómo voy a hacer en verano para conciliar trabajo y vacaciones de mi hijo

… que cómo me gustaría irme de vacaciones y no hacer nada pero no sé si voy a tener dinero para vacaciones

… que esta vida es delirante

… que si no sería mejor vivir en una aldea sin wifi y comiendo de mi propio huerto y sin correr todo el puto día

… que no pasaría nada si no escribiera un blog y no tuviera una empresa, siempre hay un repertorio inmenso de canciones para cantar durante toda una vida

Y sí, siento ansiedad, y algo de desesperación. Y en algún momento llego a escribir un par de emails de cliente borde que amenaza con cambiarse de proveedor y llegando incluso a escribir en MAYÚSCULAS Y CON EXCLAMACIONES.

Y sí, soy profesora de yoga y siento ansiedad y me desespero… Por suerte tengo un truco. Me digo: tengo ansiedad. Entonces la reconozco, la miro, la llamo por su nombre y la dejo estar…

Y pienso que la solución debe de ser cuántica: hacer como que se para el tiempo en medio de la vorágine de obstáculos y minutos y confiar, y tener paciencia, y recordar esa experiencia sin tiempo en el instante de la iluminación.

Y pienso que si me esmero podré parar el tiempo, como Neo para las balas.

Neo, matrix

Hora de recoger a mi hijo! Voy un poco tarde, pliego el ordenador, salgo pitando, cojo el coche, improviso una cena sana que mi hijo se devora (quinoa que hice ayer en la Thermomix rehogada con cebolla y shitake y aguacate aliñado) Y me pide dos tostadas con mantequilla y miel de postre. Habla con su padre por teléfono, mañana se queda a dormir con él para ver la Champions juntos 🙂

Recojo la cocina, mi hijo se pone el pijama, se lava los dientes, ya es tarde, hoy no hay ducha.

Y me pide que le lea un cuento de “Cuentos budistas para ir a dormir”, un libro que le regaló mi mejor amigo. Se acurruca en mi hombro y le leo: el árbol de los frutos misteriosos.

 

 

Se dispone a dormirse como un bendito pero me ve abrir el macbook y me empieza a preguntar cosas. Finalmente se duerme.

No es mi mejor día para escribir, tengo mucho sueño, pero quería guardar el recuerdo de un día raro y honorable que me enseña a surfear, a confiar, a ver lo bello detrás de cada obstáculo.

Y sobre todo, la alegría de tener la manita de mi hijo, todavía cerquita, de tener a mi hijo durmiendo a mi lado, de comprobar como en cada rincón se despliega un infinito, de confiar en que a pesar del tsunami de la vida, el amor y la vida son hasta el infinito y más allá.

Como decía William Blake, abarcar el infinito en la palma de nuestra mano:

Para ver el mundo en un grano de arena,
Y el Cielo en una flor silvestre,
Abarca el infinito en la palma de tu mano
Y la eternidad en una hora.

To see the world in a grain of sand,
And Heaven in a wild flower,
Hold infinity in the palm of your hand
And eternity in an hour.

Cómo parar el tiempo 😉 Maravillosa secuencia: