Hermana, recuerda tu nombre

Hermana, recuerda tu nombre

 

Hermana Plano General 2

 

Y canta Shug Avery “El blues de Miss Celie” en El color púrpura:

 

“Hermana, recuerda tu nombre,

ningún huracán se llevará tu valor

Hermana mía, no tenemos mucho tiempo

así que ponte a bailar, hermana.”

 

Mientras elijo a Alice Walker para ilustrar este post, estoy eligiendo por igual a Gloria Fuertes, a Marilyn Monroe, a todas mis hermanas de todos los colores y todos los tiempos, a todas las madres, a las no madres, a las mujeres que limpian, a las mujeres que sanan, a las que luchan, a las que escriben, a las que ya no pueden contarlo, a las que cantan, a las que callan, a las que paren, a las que pierden, a las que aguardan, a las que aguantan, a las que tejen, sobre todo y especialmente a todas aquellas sobre las que nadie escribe, sobre las que nadie canta, a todas las invisibles, porque no las ven, porque no se ven a sí mismas….

Alice Walker es una escritora afroamericana y feminista que recibió el Premio Pulitzer en 1983 por la novela El color púrpura, en la que se basó la película del mismo nombre y que dirigió Steven Spielberg, ambas brillantes obras que admiro desde adolescente.

La secuencia que incluyo al final de este escrito es, para mí, una de las más hermosas en la historia del cine.  Retrata el amor, la belleza y el poder de la solidaridad femenina y del reconocimiento. Quizás hay que conocer la historia para entenderla, pero aun sin saberla simbólicamente queda todo dicho.

Hermanas y  hermanos, estamos en un importante umbral, en un momento histórico de despertar y de profundo cambio en la conciencia humana. Para atravesarlo, nos apoyamos en las piedras que han dejado nuestras antecesoras y nuestros antecesores, y en las semillas sembradas.

El eminente físico austriaco Fritjof Capra escribe en su obra “El Tao de la Física”:

“Veo el interés que el misticismo oriental ha despertado en Occidente durante los últimos veinte años como parte de una tendencia mucho más amplia que trata de contrarrestar el profundo desequilibrio existente en nuestra cultura, en nuestros pensamientos y nuestros sentimientos, en nuestros valores y actitudes y en nuestras estructuras políticas y sociales.  La terminología del yin y el yang me pareció muy adecuada para describir este desequilibrio cultural. Nuestra cultura ha favorecido los valores y actitudes yang o masculinas, y ha descuidado sus contrapartes yin o femeninas, que le son complementarias. Hemos favorecido la autoafirmación a costa de la integración, el análisis sobre la síntesis, el conocimiento racional sobre la sabiduría intuitiva, la ciencia sobre la religión, la competencia sobre la cooperación, la expansión sobre la conservación y así sucesivamente. Este desarrollo parcial ha alcanzado ya un punto alarmante, ha llegado a constituir una crisis que presenta dimensiones sociales, ecológicas, morales y espirituales.

No obstante, al mismo tiempo, estamos siendo testigos del inicio de un tremendo movimiento evolucionario, que parece ilustrar el antiguo refrán chino que dice: “Cuando el yang ha alcanzado su punto culminante, retrocede dejando paso al yin”. Las décadas de los años 60 y 70 generaron toda una serie de movimientos sociales que parecían converger en una misma dirección.  La creciente preocupación por la ecología, el intenso interés por el misticismo, el surgimiento de la consciencia feminista y el redescubrimiento de los enfoques holísticos sobre la salud y la curación, son todas manifestaciones de una misma tendencia evolucionaria. Todas ellas vienen a contrarrestar el excesivo énfasis puesto en lo racional, en las actitudes y los valores masculinos y tratan de recuperar el equilibrio entre los aspectos masculino y femenino de la naturaleza humana. Así, la consciencia de la profunda armonía existente entre la visión del mundo de la física y la del misticismo oriental, aparece ahora como parte integral de una transformación cultural mucho más amplia, que nos lleva a una nueva visión de la realidad, visión que requerirá una cambio fundamental de nuestros pensamientos, en nuestras percepciones y nuestros valores”.

Personalmente lo veo como él y estoy comprometida con este cambio, tratando de pensar y actuar desde una conciencia superior en la medida de lo posible y de descubrir, en el trabajo conmigo misma desde mi interior atravesando mis luces y mis sombras, las claves para ir creando un mundo mejor.

Vivimos en un desequilibrio y como todo cuerpo vivo, nuestra sociedad desde dentro de sí misma busca equilibrarse a través del mecanismo de la homeostasis,

El día de hoy, la huelga de hoy, la manifestación de hoy, la lluvia de hoy, son mecanismos de homeostasis de nuestro propio sistema.

Y desde mí, como humilde pensadora, quiero favorecer ese equilibrio no desde el castigo, ni desde el odio, ni desde el rencor, ni desde la violencia, sino desde la reflexión, sino desde el amor a la vida, desde la visibilización, la visión y la comprensión desde el corazón.

Hay una realidad social que perdura milenios, y que nos ha perjudicado y nos perjudica a tod@s, mujeres, hombres, niños y por supuesto a todo el planeta y a la naturaleza misma. Esto está claro. Todos somos víctimas. Podemos llamar patriarcado a esta realidad social.

La Real Academia Española, compuesta por 8 mujeres en un total de 44 académicos (fue en 1978 cuando ingresó Carmen Conde como primera mujer en la RAE), define patriarcado como la organización social primitiva en que la autoridad es ejercida por un varón jefe de cada familia, extendiéndose este poder a los parientes aun lejanos de un mismo linaje.

En la evolución del patriarcado, visto lo visto, da igual como sean esos parientes (ahora gobernantes), basta que sean varones aunque lejanos en parentesco (diré hermandad). Y al final tampoco importa que sean mujeres. Porque lo que prevalece es que estén al servicio de la codicia y del poder de unos pocos y que sus formas sean lejanas del amor y del respeto.

El gen del patriarcado está en el ADN de mujeres y hombre en cada pensamiento y en cada gesto cotidiano de nosotr@s mism@s. Y van desde el “No, ya lo hago yo, si no me importa….” pasando por “estoy gorda” y todo lo que hay detrás de ambas afirmaciones, hasta actos criminales. Y no lo vemos.

Cada gesto cotidiano en el compromiso del respeto nace de un cambio en nuestra mente, de darnos cuenta de las pequeñas formas en las que todas y todos mantenemos viva la injusticia, mayoritariamente desde la ignorancia. Y en el poder, desde la ausencia de luz, de corazón, de compasión. De otra manera esta situación no continuaría.

La buena noticia es es que está cambiando. Much@s mujeres y hombres estamos haciendo el cambio. Nos estamos transformando.

Son más de 2.000 años de una distorsión mental y social desde que se empieza a condenar como pecado el acto sexual, que da la vida desde el placer, cuando no está al servicio de la reproducción sino del placer. En 2018 la ablación es una realidad y se marca como referencia el 2030 para abolirla.

Dentro de esta enajenación (o confusión mental mayúscula) se encuentra el burka para ocultar por completo la belleza de lo femenino (además de impedir el aire) tanto como en otros lugares las muchachas invaden con un canon excluyente de “belleza” las fotos de toda publicidad, de la misma manera en la que tienen que caminar también en lencería por algunas calles y parques oscuros en invierno o mostrarse detrás de vitrinas iluminadas, para el contentamiento del hombre y a su servicio.

Cuando digo hombre hablo de una generalidad y pido que no identifiquemos esto como todos los hombres, si no como una conducta mayoritariamente aceptada que nace de nuestro lado oscuro (ignorancia, ausencia de empatía) como seres humanos. 

En esta distorsión también se induce a que nos vistamos “como putas” pero luego eso mismo se insulta y se desprecia. Y de esa distorsión surgen desde la paliza hasta la violación o el asesinato para tener o no tener a ese oscuro objeto del deseo. Pareciera que somos las mujeres la razón de todos los males. Bozal para el perro peligroso.

Hablamos de ello porque ha causado y causa mucho sufrimiento, para tod@s.

Este lado oscuro del ser humano está en tod@s nosotr@s. Y, supuestamente, debería estar en nuestra mano elegir con qué pensamientos y acciones queremos manifestar en la realidad esa felicidad y bien común que tod@s anhelamos desesperadamente en nuestro corazón.

(Nota: personalmente uso la arroba porque la prefiero a la x. La arroba es redonda como los átomos y los planetas y es un abrazo incluyente. De x y cruces ya hemos tenido mucho).

En realidad ya está todo dicho y hecho. Ahora está siendo el momento de visibilizarlo y cambiarlo, desde una conciencia humanitaria, de comprensión profunda y amor por los seres, la tierra y la vida.

¿Quién da la vida y quien la quita? Dar vida y quitarla forman parte de la vida toda. Dar a luz, amamantar y cuidar de niñ@s y mayores y cazar y matar para alimentar y proteger al clan y forman parte de la misma vida. Y hay unas hormonas en el cuerpo que gobiernan, incesantes, esas conductas y esos comportamientos.

De igual manera, hay una conciencia prodigiosa que subyace la biología y un espíritu dentro de todas las cosas. En este marco inconmesurable destella la evolución en la mente humana.

Con respecto a la vida que doy, como madre, me gustaría que mi hijo estudiara otra historia. La historia que yo estudié fueron guerras, conquistas, invasiones, luchas por el poder. En otro lado, por suerte, arte y conocimiento de la naturaleza. Los nombres propios, todos masculinos, a excepción de Eva (empezamos mal), la Virgen María (mucho que decir al respecto), Juana de Arco, Juana la Loca, Isabel la Católica hasta que lució el arco iris y aparecieron Marie Curie o Rosalía de Castro y Emilia Pardo Bazán. Chin pún. No había más. Estábamos todas pariendo, fregando, curando y muriendo. O aparecíamos como personajes de novelas u objetos de inspiración.

Se puede pensar que es que realmente no había mujeres, sin embargo curiosamente ahora están saliendo a la luz nombres propios de mujeres de todos los tiempos que hicieron grandes cosas y que podían haberse estudiado. Pero hasta hace muy poco no se las nombraba, por tanto, nunca existieron.

Hay múltiples maneras en las que podemos hacer este cambio, aunque no sea fácil.

Por ejemplo ¿Cómo hacemos esto cuando la sociedad no lo apoya? ¿Cómo haces esto cuando lo urgente es trabajar para ganar el dinero para alimentar a tu familia? ¿Cómo haces esto cuando trabajar para ganar el dinero para alimentar a tu familia supone aceptar cosas inaceptables para el bienestar de esa mujer obligadas por la propia sociedad?

Sólo sé que lo hacemos entre tod@s y poco a poco, desde lo más pequeño y cotidiano. Y los que podamos hacerlo más fácilmente iremos liberando y despejando el camino para los que no pueden. Y sé que hay muchas personas, hombres y mujeres, trabajando, tan incesantemente como nuestras células, para crear un mundo bueno para tod@s.

Una de las formas que se me ocurren, como mujeres, es tomar el propio poder, la propia belleza. Tenemos la fuerza extraordinaria de concebir, gestar y dar a luz vida y creación en infinitas maneras con la dulzura del corazón y también la fiereza del instinto. Ambas son inherentes para preservar la creación y cuidar amorosamente del clan, que es la humanidad toda.

Tomar el propio poder supone darse espacio a una misma, de descanso, de deleite, de inocencia, de libertad. Y poner los límites necesarios para preservar ese espacio. A veces dulcemente, a veces con el rugido y el zarpazo de una leona.

Trato con muchas mujeres. Conozco a muchas mujeres. Veo a muchas mujeres. Estamos exhaustas. Los hombres están exhaustos también.

Me ocuparía otro artículo como mínimo escribir sobre las miles de maneras en las que nos dejamos exclavizar y nos exclavizamos a nosotras mismas a diario. Pero hoy no lo voy a escribir.

Porque se me ocurre una forma más sencilla para empezar a manifestar este cambio, a recuperar este equilibrio en la humanidad entre lo femenino y lo masculino.

Y esa forma es:

Hermanas, vamos a mirarnos en el espejo, a quedarnos un rato mirándonos a los ojos, contemplando nuestras curvas, nuestros huesos, nuestro aliento, nuestro vello, nuestras “imperfecciones”, nuestras obras, la vida en nosotras. Vamos a concedernos tiempo para hacer esto. Atravesemos la vergüenza que hemos padecido por ser lo que somos. Y no paremos hasta que nos veamos, realmente. Y suceda la epifanía de nuestro reencuentro, de la perfección que somos, del esplendor, y del amor a nosotras mismas, real, más allá de la mente, más allá de todo lo dicho y escrito.

Vamos a permitirnos recibir también el reflejo que el espejo de los que nos quieren nos susurra “eres bella, eres maravillosa, gracias por existir”.

Y cuando nos vemos realmente y pronunciamos nuestro nombre como un mantra mágico que abre puertas, y escribimos nuestro nombre con nuestros colores en las paredes de esta existencia, en ese mismo instante somos reconocidas, vistas, respetadas y amadas por nuestras hermanas, por nuestros hermanos, por nuestras hijas e hijos, por nuestras madres y padres. Por todos los hombres.

Y esa forma es:

Hermanos, somos un@. 

 

Negro sobre blanco

Negro sobre blanco

 

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Puedes escuchar esta entrada en el siguiente audio. Y al final del escrito te espera una maravillosa charla subtitulada de la autora Chimamanda Ngozi Adichie.

Hoy miércoles día de la palabra…

Negro sobre blanco…. Tinta negra sobre una blanca y luminosa pagina. Negra (tinta), blanca (página). Negra sobre blanca.

Poner algo “negro sobre blanco” significa escribirlo. La expresión se suele aplicar a obras literarias y a hechos o situaciones de cierta importancia. Significa otorgar oficialidad a algo que carecía de ella, aclarar malentendidos y sacar a la luz o hacer visible algo que permanecía escondido.

Eso es lo que hace Chimamanda Ngozi Adichie: poner negro sobre blanco.

Chimamanda Ngozi Adichie (sonoro precioso nombre) es una escritora nigeriana feminista nacida en 1977.

Tomás de Aquino define lo bello como aquello que agrada a la vista (quae visa placet). Yo añadiría también que agrada al oído, a la inteligencia, al corazón, al espíritu. La percepción de la «belleza» a menudo implica la interpretación de alguna entidad que está en equilibrio y armonía con la naturaleza, y puede conducir a sentimientos de atracción y bienestar emocional.

En ese sentido para mí Chimamanda es belleza en cada una de sus letras, en cada palabra que elige, en el propósito detrás de lo que escribe, en la dulzura real y profunda detrás de las verdades que muestra.

La descubrí ayer y ha sido un flechazo. Estoy perpleja porque no la conocía.

Si hubiera estado en el mundo en los últimos años de mi vida, seguramente la habría conocido hace tiempo. Pero llevo unos cuantos años ajena al mundo exterior, a la prensa, a la televisión y a los medios en general, ocupándome de salvar a cada instante la calidad de mi vida familiar,  doméstica, profesional y personal. Y tengo que elegir los minutos que dedico a cada cosa.

Por ejemplo, ahora estoy eligiendo escribir este post, a las 22:58, en la cama, junto a mi niño que duerme a mi lado (le gusta dormirse acompañado) en lugar de recoger la ropa del tendedero, doblarla y guardarla en los armarios. También estoy eligiendo escribir en lugar de dormirme a las 23:00  para poder levantarme a las 6:00 y que me de tiempo a todo.

Ayer mi hijo salió del cole y me dijo: “Mamá: tengo una noticia que es buena y mala a la vez”. Yo estaba expectante. “Me he terminado el último libro que me quedaba del “Diario de Gregg”.  Así que no tengo nada para leer. ¿Podemos ir a la librería comprar otro tomo?

Yo pensé que el libro no es barato (y mi hijo se los zampa) y que se lo podíamos pedir prestado a un amigo suyo que tiene todos, o mirar en la biblioteca. Pero se me iluminó el alma al pensar en pasar por la librería.

Era una tarde luminosa, de hecho, en la que se paró el tiempo. Hacía calorcito y el sol brillaba como si fuera mediodía. Así que caminamos hacia la librería del pueblo.

 

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Mientras mi hijo elegía el tomo que le apetecía de la colección y se sentaba a hojear todos, aproveché para comprar el regalo de un amiguito suyo que cumple años el sábado, y echar un vistazo a las mesas con la selección de libros expuestos. Y encontré una mesa entera y varios espacios con libros escritos por mujeres, sobre mujeres y sobre la vida.

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Me sorprendió que no conocía a ninguna. Eran escritoras de las que jamás había oído hablar. Y creo que el público en general no debe conocer, partiendo de la base de que nunca se han estudiado autoras en todos los años de colegio..

 

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Todos los libros pasaron por mis manos y todos me los quería llevar. Sorprendentemente, las autoras habían nacido en 1927, 1935, 1943, 1955….. Y habían escrito muchos libros.

 

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Entonces yo me pregunté: ¿dónde estaban? ¿dónde han estado todo este tiempo estas mujeres?

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Después de tener todos esos libros es mis manos y quedarme sus huellas en el alma con el anhelo de volver a encontrarlas, elegí a Chimamanda. Dos libritos pequeños, de 5 € que me han cautivado.

 

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Y como a mí, sé que cautivaran a mujeres y hombres, por eso quiero compartirlo aquí.

Y aprovecho para pedir especialmente a los hombres: leed a las mujeres, como nosotras hemos leído a los hombres durante toda la historia de la humanidad. Escuchad a las mujeres, como nosotras hemos escuchado a los hombres. Ved a las mujeres, como nosotras hemos visto a los hombres.

Y aprovecho para pedir especialmente a las mujeres: leed a las mujeres, como nosotras hemos leído a los hombres; escuchad a las mujeres, como nosotras hemos escuchado a los hombres. Ved a las mujeres, como nosotras hemos visto a los hombres.

Porque nos han enseñado a admirar al hombre. Y al hombre no se le ha enseñado a admirar a la mujer, más allá de su belleza o su comportamiento. Y a la mujer no se le ha enseñado a admirar a la mujer.

Creo que nosotras llevamos ventaja como lectoras y consumidoras de cultura. Ahora nosotras tenemos la palabra. Y nos corresponde a todas y a todos escucharla. Sobre todo cuando la palabra trae luz y cambia el mundo.

Sería muy muy hermoso que nos detuviéramos con cariño, con conciencia, a escuchar lo que en este tiempo las. mujeres podemos aportar.

En la intimidad, la palabra de la mujer se ha convertido en una queja amarga, en una exigencia, en un reproche, en un llanto de carencia al hombre.

Cambiar el mundo pasa por cambiar la palabra, cambiar la forma de hablar, de comunicarnos. Y cambiar la forma de escucharnos.

Por eso os comparto esta verdadera delicia y os animo a que la disfrutéis.

 

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El librito “Todos deberíamos ser feministas” es la publicación de la charla que sigue a continuación. Todo un regalo. Subtitulado al español.

 

Creando mundos

Creando mundos
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Creando Mundos

Fotografía: “Maker” de Eugenia Loli

Puedes escuchar este post en el siguiente audio. Duración: 10 minutos.

Al final de la entrada tienes una de las secuencias más bellas, espectaculares y sobrecogedoras sobre la Creación. Es de la película “El árbol de la Vida” de Terence Malick, una obra maestra. Contempla la secuencia con calma y deleite, cuando tengas un ratito, mejor en una pantalla más grande. Son 13 minutos. No te la pierdas!!!

Queda apenas una hora para que termine el día de hoy. Ahora todavía es JUEVES…. ! Y escribo a contrarreloj para que siga siendo jueves cuando publique esta entrada.

Cuando concebí este blog, establecí diferentes temas sobre los que escribir según los días de la semana, por su relación simbólica, energética, astrológica y etimológica. Me pareció una estructura divertida.

También me propuse escribir un post cada día de lunes a viernes, todo un desafío. Y al menos quiero cumplirlo estas dos primeras semanas, antes de sucumbir.

Así que, como Cenicienta, estoy bajando las escaleras a toda velocidad porque tengo que llegar a casa antes de la medianoche. Mi casa es PUBLICAR y que sean las 23 y….. No me preocupa volver a mis harapos, porque no estoy vestida de princesa. Me preocupa mi compromiso con el día de hoy, que se llama Jueves.

El día de una mujer, madre, separada, autónoma y de recursos económicos justitos para llegar a fin de mes por los pelos, que además tiene Trastorno de Déficit de Atención diagnosticado y además es una mujer lenta y contemplativa a la par que hiperactiva, no es precisamente un día holgado. No sobra el tiempo. No hay tiempo para sofá, ni para ver Big Bang Theory ni Juego de Tronos (que nunca he visto). Así que como no tengo tiempo, la única solución que he encontrado para salir de ese “no tengo tiempo” ha sido un poco radical: crear un nuevo proyecto y ejecutarlo. Y tener menos tiempo todavía.

Ahora son las 22.30, he llegado a casa hace nada después de trabajar hasta las 21, he cenado mientras abría el MacBook Air (todavía no sé cómo lo he hecho) y me he puesto a escribir como si no hubiera un mañana. Escribir no es sólo escribir. Escribir una entrada es buscar la mejor foto, el mejor vídeo, la mejor referencia, contrastar la información, cortar y pegar y escribir algo de mi propia cosecha, buscar el libro de poemas que me ha venido a la mente mientras hacía varias otras cosas a la vez, y con suerte, poder grabar el audio mientras las gatas trotan por las paredes de la casa. Escribir es robarle horas al sueño. Ahora mi hijo está con su padre, si no ya me habría quedado dormida a su lado, plácidamente.

Volvamos al jueves pues, que es un día la mar de interesante. Tic tac tic tac…. escucho el reloj en la tripa del cocodrilo.

En castellano jueves procede de la expresión latina Jovis dies, que significaba ni más ni menos que ‘día de Júpiter’, pues este era el dios al que se le encomendaba este día de la semana.

Júpiter (en latín: Iuppiter), también llamado Jove (Iovis), es el principal dios de la mitología romana, padre de dioses y de hombres.

La palabra latina Iuppiter (Júpiter) proviene de las raíces indoeuropeas dyu-, que significa “luz”, y piter, que hace referencia a pater, y que significa “padre”; es decir: El padre de la luz. En cuanto a la palabra latina deus (“dios”), así como su variante divus (“divino”, o “divinidad”), que están ambas en la base de la palabra castellana “Dios”, significan literalmente “ser de luz”, puesto que se entendía que los dioses estaban hechos de la misma materia que la luz. Este origen también está en la base de la palabra Iovis (“Jove”, otro nombre para Júpiter, de donde proviene la palabra castellana “jovial”). Por otra parte, la palabra griega Zeus también procede de una raíz indoeuropea: dyeuis.

En astrología, el planeta Júpiter se relaciona con la filosofía, la religión, la fe, la ciencia, el sentido de la vida, la antropología, los viajes largos, las expediciones, los países y lenguas extranjeros, todo lo que va más allá de los límites conocidos, el conocimiento superior, la publicación de obras, la expansión en general.

En un principio había pensado escribir hoy sobre la relación entre la física cuántica y el budismo, que es un tema apasionante. Pero no sé si me va a dar tiempo, porque está saliendo otra cosa, y el tema requiere tiempo para poder explicarlo bien.

Así que voy a hablar del proceso de publicar (llevar a la luz) una pequeña obrita con sentido filosófico y religioso y que hable de la creación del universo y de Dios.

Buscando la foto para el tema, lo primero que pensé fue en la Creación de Miguel Ángel. Véase:

Miguel_Angel_Creacion_de_Adan_Capilla_Sixtina_bja

Luego me di cuenta de que era la creación de Adán, y aunque la obra sea maravillosa y me encante, vi que al fin y al cabo eran dos tipos, y me pareció demasiado patriarcal así que decidí utilizar el detalle, que siempre me ha gustado más que la obra en sí. Véase:

ausschnitt-aus-die-erschaffung-adams

Luego decidí buscar Big Bang, y todas las fotos eran de Big Bang Theory y había que esmerarse para conseguir alguna foto de la Gran Explosión del Universo.

Y justo cuando escribía “la Gran Explosión del Universo”, ha sonado una campanilla y me ha aparecido el siguiente aviso de un correo entrante: 21 TARAS (Nueva entrada) Creando Mundos. Mila Zahori acaba de publicar, que es la entrada que estoy escribiendo en este preciso instante. Y el autocorrector me ha cambiado “Zahori” por “Ahora”, qué inteligente.

Ante mi perplejidad total, que he pensado: ¿Cuándo le he dado yo al botón de publicar?

Se me ha quedado esta cara:

emojisurprise

Y claro, lo cierto es que había programado la publicación de la entrada (como hago todos los días) a las 23.30, para que no se me pasara el día de hoy. Y las 23.30 han llegado en el momento menos pensado.

La buena noticia es que esta entrada ha sido publicada el jueves, tal y como yo quería que sucediera. La mala noticia, es que al correr, no he perdido ningún zapato. Así que no tengo ninguna posibilidad de que mi príncipe me encuentre, si es que bailar con un príncipe es una de entre las miles de cosas que yo hecho en el día de hoy, entre carrera y carrera. En este momento no lo recuerdo.

Los magos por tanto correr me podrían haber confundido con una carroza, pero no ha debido de ser porque por suerte no me he convertido en calabaza.

Una cosa que tiene WordPress (y el autocorrector me ha cambiado “WordPress” por “sorpresa”, qué inteligente…), es que además de ser una sorpresa constante, normalmente envía el email de publicación de entrada bastante más tarde de su hora de publicación. Sin embargo hoy lo ha enviado con puntualidad británica.

Así que si hay alguien, por un azar que no busco comprender, leyéndome ahora mismo, quiero que sepas, que todavía estoy escribiendo, así que no te sorprendas si la entrada no termina debidamente, o termina raro.

Siempre llego por los pelos, pero hoy me llevo el premio.

Total, que las fotos no me convencían para expresar la idea de Dios, y de la creación, y de la gran explosión.

Hasta que he entrado en Pinterest (grande) y he encontrado…. LA FOTO.

¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡    UNA NIÑA CREANDO EL UNIVERSO    !!!!!!!!!!!!!!!!!! Mientras hace pompas de jabón con los planetas…. Delicioso!

Ya era hora!

Yo tengo gozo en mi alma ¡grande! (era una canción del coro de la iglesia de mi colegio). Mi alma grande y feminista está feliz con este corte de mangas inesperado al patriarcado. Al patriarcado, no a los hombres (que quede claro).

Que conste que me encantan los hombres con barba, y me pueden parecer divinos hijos de Dios. Pero estoy un poco cansada de la representación de Dios como un señor con barba. Claro, luego la gente no cree en Dios, porque se les parece demasiado a su vecino. Y por más que les expliques a Dios, como que no lo ven.

Sin embargo, ahora que lo pienso, y parafraseando a Fernando Trueba (yo creo en Dios, y a veces pienso que es Billy Wilder) … he de reconocer que tengo la suerte de conocer a un hombre con barba blanca (o gris) que es en mi vida Dios mismo. Y que incluso se parece al de Michelangelo. Así que la feminista se tiene que tragar sus chistes.

(Comunico que para inspirarme sólo bebo sopa de miso)

Bueno, pues la foto es de la artista griega del collage afincada en California Eugenia Loli. Pincha su nombre para conocer su obra, que es fascinante.

Me voy a dormir muy contenta.

Y la foto de la nena me ha recordado un precioso poema de uno de mis poetas preferidos (que fue un hombre y no tenía barba): E. E. Cummings (Del libro “Xaipe”, 1950)

quizá dios

sea la mano
de un niño)que con gran cuidado
nos
trae
a ti y a
mí(sin ni si
quiera aplastarlo)el

ligero ingrávido diminuto

mundo
con un agujero
del
que brotarían unos demonios alados si
algo no hubiera(quizá no pudieron)
ponerse de acuerdo)sucedido(y flotan-
do dentr
o

maybe god

is a child
‘s hand)very carefully
bring
-ing
to you and to
me(and quite with
out crushing)the

papery weightless diminutive

world
with a hole in
it out
of which demons with wings would be streaming if
something had(maybe they couldn’t
agree)not happened(and floating-
ly int

o

 

“El árbol de la vida” de Terence Malick. Música: “Lacrimosa” de Zbigniew Preisner.