Arte y creatividad

El camino de los caracoles


De pronto, el verano, el pleno agosto, los 40 grados centígrados, el cuerpo ardiendo detrás de cada ducha fría, las noches con el pelo mojado en la almohada. Y un ventilador cuyo aire se pierde en el trayecto entre él y yo. De pronto agosto se oscurece. Parece noviembre.

Las tormentas, bienvenidas. El olor del ozono, unos truenos que hacen temblar la tierra, unos rayos que atraviesan el silencio. No hay nadie, no hay nadie, porque en agosto nunca hay nadie. No hay nadie y menos que nadie, porque en agosto nunca hay nadie y, además porque ahora es una situación especial que nunca antes hemos vivido en el mundo entero a la vez. Supuestamente. Y digo supuestamente porque ¿cómo sabemos lo que es verdad? Hablar de la verdad es ahora una práctica irreverente y arriesgada. Camino entre los árboles. Anochece. Voy grabando este texto que improviso en la grabadora del iphone.

Es esa hora mágica. El cielo está azul, anocheciendo, pero todavía está claro. Las farolas se han encendido. Camino entre árboles floridos y frondosos, en el lugar donde vivo, una urbanización construida en los años 80, bloques de ladrillo rojo en medio de lo que debió ser un bosque espléndido. Camino entre los charcos. He ido a alimentar a Mata Hari. Hace algunas semanas sonó el teléfono, un número desconocido, una mujer que no me conocía a través de una vecina que me conocía, me pidió alimentar a esta gatita callejera durante sus vacaciones.

Por eso he vencido la pereza de quedarme descansando en casa. Descansar tranquilamente en casa es para mí, como para tantas personas, algo insólito que sucede muy de vez en cuando. Pero ahora me alegra haber salido a sumergirme en la energía de los truenos, de los relámpagos, de la lluvia y del gris antracita del día que me algún momento me entró dentro y desapareció fuera. Justo ahora ha dejado de llover por primera vez en el día desde las nueve y media de la mañana. El cielo ahora es azul, azul celeste, azul celeste claro, pero haciéndose de noche.

La urbanización en la que vivo es muy, muy grande. Hay un montón de bloques de dos pisos. Me gusta ver las ventanas iluminadas en la noche.

“This is water”, me acuerdo no sé porqué del maravilloso discurso que escribió el escritor norteamericano David Foster Wallace. “¿Qué diablos es el agua?”.

Es bonito encontrar un momento para caminar, para escuchar el viento en los árboles, para escuchar los sonidos de los platos colocándose en una mesa en la hora de la cena, en alguno de los hogares de los pisos entre los que camino.

Y… ahora es simplemente la vida en este plano, tal y como está siendo en este instante. Esto es lo que yo veo. Estoy aquí sola, sintiéndome bien, sabiendo que, en algún lugar, a unos cuantos kilómetros, a unos 500 kilómetros, está mi hijo pasando un par de semanas de vacaciones con su padre. He hablado con él hace un rato. Como si no existieran ni el tiempo ni el espacio.

Hace mucho tiempo, en mi adolescencia, tuve una visión o una sensación, o una revelación extraña.

Si la hubiera tenido ahora sería más lógica o más comprensible por todo lo que hemos leído. Tanta física cuántica. Tantas cosas, tenemos tanto conocimiento ahora. Pero en aquel momento yo era adolescente, no había internet, aunque había enciclopedias, pero no había leído tanto. Tuve una sensación de que pasado, presente y futuro sucedían al mismo tiempo y además de eso, como que regresaban. Era como un camino de ida y vuelta. Como ese símbolo de cuando pones la música en una dirección y luego vuelve otra vez, como en loop.

Es como si fuera desde el pasado al futuro y paralelamente está volviendo desde el futuro hasta el pasado, pero todo sucede a la vez, con lo cual en algún punto tenemos recuerdos del futuro y visiones de un pasado que no hemos vivido todavía. Fue una sensación muy real. Y en ese sentido, tiempo y espacio están en una dimensión y a la vez dentro de nuestra vida cotidiana también transitamos instantes fuera del tiempo y del espacio.

Estudio budismo y esto me hace cuestionar la “realidad”, o más bien, la interpretación de lo que veo. Supuestamente me late el corazón, supuestamente respiro, inhalo oxígeno, exhalo dióxido de carbono, supuestamente existo, supuestamente mientras yo camino fuera del espacio y del tiempo, aunque aparentemente recorro un tiempo y un espacio, mi mente me dice que al mismo tiempo hay mucha gente trabajando en hospitales, viviendo tragedias en el mundo. Dicen que hay un virus y pasan todas estas cosas que están pasando.

Ahora mismo no me encuentro con nadie. No veo a nadie con mascarillas. Sólo me he encontrado al vigilante haciendo su ronda nocturna. El aire es limpio, puro, fresco y últimamente me sabe tan rico el oxígeno. Nunca antes me supo tan rico el oxígeno hasta que me obligaron a ponerme una mascarilla, que sólo uso cuando realmente me obligan. Sé, sé que tampoco hay ninguna posibilidad de contagio de mí hacia nadie y de nadie hacia mí. No porque esté negando la realidad, que tampoco sabemos cual es, sino porque tengo una certeza en el corazón y vivo tranquila, alineada con la vida, con el latido, con el oxígeno, con lo que yo conozco como vida, que a lo mejor tampoco es real. No lo sé.

Recuerdo un texto escrito por Clarice Lispector, una escritora brasileña que se titulaba “No entender”. Y no me acuerdo muy bien, pero era un texto muy breve en el que decía que le daba tranquilidad renunciar a no entender. Y es un comodín que a veces uso. No entender, siendo una buscadora de significado como he sido siempre, de repente decir: no sé y no lo entiendo, me descansa.

Clarice Lispector sobre no entender:

No entiendo. Esto es tan vasto que supera cualquier entender. Entender es siempre limitado. Pero no entender puede no tener fronteras. Siento que soy mucho más completa cuando no entiendo. No entender, del modo en que lo digo, es un don. No entender, pero no como un simple de espíritu. Lo bueno es ser inteligente y no entender. Es una bendición extraña, como tener locura sin ser demente. Es un manso desinterés, es una dulzura de estupidez. Sólo que de vez en cuando viene la inquietud: quiero entender un poco. No demasiado: pero por lo menos entender que no entiendo.

(“Descubrimientos”, Clarice Lispector)

El otro día le decía a alguien: para mí las noticias son el latido de mi corazón. Hace 20 años que no consumo medios de comunicación, básicamente. Solamente cuando quiero mirar, investigar alguna cosa en concreto a ver qué sensación me produce. Y me entero inevitablemente por todas las personas que tengo a mi alrededor que me cuentan lo básico que necesito para vivir en el mundo, que, en realidad, es un corazón, todo mi cuerpo y desarrollar una vida, según lo que cada día me vaya pidiendo.

En mi vida cada día es distinto… no siempre entro a trabajar a la misma hora, no siempre como a la misma hora, no tengo un rutina porque mis rutinas cambian de día a día y de semana a semana, por cuestiones familiares y laborales. Eso me mantiene siempre atenta, improvisando. Me gustaría tener una vida ordenada, como también me gustaría ser cantante y ponerme todos los días un vestido super bello. Quizá eso algún día suceda, quizá no, o sucede simplemente en la dimensión de mi imaginación.

¡Hola! … ¡Hola!

Acabo de encontrarme una mujer con mascarilla. Eso me recuerda que he entrado en el mundo este en el que vivimos.

Y bueno, para mí lo importante ahora es, de qué manera puede uno refinar, depurar al máximo, su lugar.. O la comprensión o el posicionamiento en todo lo que está pasando en este momento, según nos cuentan, en el mundo.

Hay tantas especulaciones. Tantas personas sentenciando cosas. Tantas situaciones que nos llevan a separarnos, oponernos y confrontarnos. Muchas limitaciones y restricciones en cada gesto cotidiano que, de alguna manera, están diciéndole a nuestro cuerpo que está en una situación amenazante. Entonces al final ¿qué es lo mejor que podemos hacer con esto? Y no pienso que esto sea general si no que cada persona tiene que encontrar su propio lugar, lugar interior, emocional, energético.

Para mí, la opción es vivir normalmente. Si hago como si esto que está sucediendo no estuviera sucediendo parece que estoy negando la realidad. No la niego, simplemente veo más allá y camino sobre lo que sostiene la vida. Porque hay mucho más y más allá de esto. Es más, todo es mucho más que esto que está sucediendo. No lo quiero nombrar porque me niego a consumirlo y porque no quiero pronunciarlo en mi vida. Es como una cuestión mágica. No lo pronuncio, no existe. Y mientras tanto, en estos meses, no está existiendo en mi vida, no está existiendo en mi cuerpo, no está existiendo salvo porque me lo cuentan algunas personas que lo han tenido y lo han pasado. Pero en mi vida, ahora mismo en lo que está sucediendo ahora, no existe.

Pudiera parecer egoísta, pero no lo es.

Me encantaría poder explicarlo mejor. Creo que la mayoría de las personas viven pensando que la verdad es la que cuentan los medios de comunicación. O que la verdad es lo que siempre han creído personalmente. En unas familias es una cosa, en otras familias es otra. Con lo cual ¿cómo saber cual es la verdad? Que la verdad es su ideología política, o su religión. O que la verdad es lo que ellos sienten, su emoción en ese momento. O que la verdad es lo que se puede demostrar científicamente.

Me acuerdo de que mi maestro de meditación… (oh, qué bonito, estoy viendo un caracol, porque ha habido tanta tormenta y es pleno verano y están saliendo. Pero no están sacando sus cuernos al sol sino a la luna. Estoy viendo dos caracoles. Es precioso. Porque me han enseñando que esto son caracoles) Me acuerdo que mi maestro de meditación un día me preguntaba: ¿Es verdad esto? Y en algún momento pensé (tengo que caminar ahora con cuidado porque hay un montón de caracoles y no quiero pisar ninguno), y yo pensaba: “pues la verdad es que no sé si es verdad, a lo mejor estoy en un sueño, como dicen los Toltecas o como cuentan los Budistas”. Qué bonito camino de caracoles.

A lo mejor es un sueño. ¿Cuál es la diferencia entre este sueño y el que tengo por la noche?

Entonces, al final…  ¿donde está uno? Está uno en su vida.  Nos toca alimentarnos, nos toca respirar. A veces trato de reflexionar desde el punto de vista de que  no tengo información. Si no tuviera información, si no hubiera internet, si no hubiera televisión, si no hubiera medios de comunicación, si no hubiera libros, ¿qué haría? ¿Qué es lo que está sucediendo en este momento?

En este momento el sendero se oscurece y tengo que ir con mucho cuidado porque no quiero pisar ningún caracol y apenas se ve, pero me parece un juego bonito y decido que no voy a pisar ninguno y … acabo de llegar a casa! Había dado tantas vueltas que ni siquiera sabía que estaba en este camino de regreso a casa. Y quiero dar una vuelta más porque me parece un hermoso paseo nocturno. Si realmente yo no tuviera ninguna información, si no supiera … ¿Cómo viviría?

Me late el corazón, respiro, me muevo, tengo un hijo. Ahora no está conmigo presencialmente, pero está conmigo en el corazón. En ese sentido es instantáneo. Nos separa el espacio…  un supuesto espacio. Pero estamos completamente unidos.

En este momento se supone que es la hora de cenar e irse a dormir y yo he sentido cierto desasosiego al anochecer, cierta tristeza, esta situación de no ver la sonrisa de las personas porque llevan mascarilla, o la mirada porque llevan gafas de sol, de no reconocer a la gente que conocía por la calle o de no reconocer a mis propios amigos ni a mí misma. Porque cualquier discusión realmente no es la verdad, ni de un lado ni de otro. Y sentir que algo está sucediendo que una vez más nos separa, nos aleja, nos confronta, nos supone que vemos el mundo en término de ellos y nosotros, los malos y los buenos, los que llevan mascarilla y los que no la llevan, los irresponsables, los borregos. Los despiertos, los dormidos, etcétera, etcétera.

Entonces lo que me tranquiliza profundamente es mirar los árboles, escuchar los pájaros, escuchar el viento en los árboles, ver que siguen ahí… y sentir la vida. Esa capa finísima de lo que subyace la vida, la existencia en este plano que conocemos. Hay algo que sustenta todo, que es perfecto, que es brillante, que es esplendoroso aún en su máxima discreción. Que es bellísimo, que está siempre. Está siempre, silencioso. Y me gusta todo el rato sentir que voy por ese camino, por esa línea, por ese camino. Ese camino de los caracoles, ese camino que es la vida. Que es la vida en la que hay paz. La vida en la que todo está bien. Está bien cuando llueve, está bien cuando truena, está bien cuando hace 40 grados de calor. Está bien cuando hace demasiado frío, está bien cuando todo se inunda, está bien cuando todo se seca, está bien cuando las flores florecen, está bien cuando las hojas se caen.

Está bien eso que existe por debajo de la humanidad y en la esencia de nuestra humanidad, en la perfección de nuestro cuerpo físico, en la perfección de nuestros órganos sensoriales. Hay algo en la vida que me dice que la vida es para disfrutarla. Los cinco sentidos que conocemos nos producen placer, básicamente.  Saborear y poder discernir lo que es bueno y lo que es malo, o lo que es veneno y lo que no es; escuchar la más sublime de la música y quizás alejarnos del más horrible de los sonidos. El tacto, sentir la piel. La belleza de los colores, de la luz, de las formas. Eso en nuestro cuerpo físico. Los olores, los perfumes, las fragancias. Todo eso en nuestro cuerpo físico que tiene una inteligencia perfecta en cada célula y en la vida en la Tierra, de la misma manera: las montañas, el océano, el mar, el reflejo del cielo en el agua, los animales, la belleza de un leopardo, la belleza de un colibrí, la belleza de un hipopótamo, las flores, los ríos, las nieves, los glaciares. Es pura magnificencia, pura belleza. El cielo en la noche, las estrellas. El sol.

Es un prodigio que sigue existiendo más grande que la política de un Estado, más grande que el nombre de un Estado, más grande que una profesión enfermera, médico, personal de limpieza, político… más grande que si un virus ha sido fabricado o no, más grande que una conspiración o no, más grande, más grande que la propia muerte.

¿Y nos estamos perdiendo eso? ¿Estamos dispuestos a perdernos esto tan grande?

Tengo suerte. En algunas creencias dirían que por una cuestión kármica, después de haber sufrido mucho, he llegado a este lugar en el que camino en paz por un sendero de caracoles sin mascarilla, respirando un oxígeno maravilloso en una vida en la que tengo mucho amor. Amor verdadero de muchas personas y cortesía de muchas otras. Mucho cariño, amabilidad y un bello oficio. Un lugar hermoso en el que vivo. Si pudiera elegir ¿tendría esta vida? Bueno, a lo mejor tendría otra distinta, pero ésta está bien y la disfruto, aunque no tengo dinero. Ahora mismo tengo como 9 euros en la cuenta corriente. Ayer en la caja del supermercado  tuve que parar a hacer una transferencia en la app del móvil, de los 30 euros que tenía en la cuenta de ahorro a la “cuenta nomina”, entrecomillas nómina porque soy autónoma, en la que había 20 €. Entonces todo junto, justo, justo. Todo lo de las dos cuentas me dio y pude pagar la compra del supermercado, en medio de ese apuro bajo los insultos de un chico que había en la fila que me gritaba que qué hacía porque les estaba haciendo esperar un minuto más y yo pensaba: ¿hemos perdido el juicio, hemos perdido el sentido común realmente?

Y bueno, si tuviera dinero haría esto o lo otro. No lo tengo. Camino entre caracoles, que son bellísimos. Me identifico con ellos porque son lentos como yo, porque de alguna forma llevan su casa tan pequeñita a cuestas. Yo mi oficina la llevo encima de mí.

Y … ¿qué es lo importante? Qué es lo importante? Respirar.

A veces intuyo cosas y deduzco por sentido común. Yo siento que no debo llevar mascarilla porque es una ofensa a mi cuerpo y un insulto a la vida, porque le estoy dando una información a mi cuerpo de que no respire, de que no hable, de que no huela. Me provoca espanto cuando se la veao puesta a las personas. Me siento como si estuviera en una película de terror mala y fea. Y no entiendo, no entiendo mal, no al modo glorioso de Clarice Lispector. No me parece una falta de respeto hacia otras personas no usar mascarilla y desde luego sé que no es peligroso. Me parece eso es algo que simplemente ellos creen que es. Para mi lo peligroso es ponerme la mascarilla porque realmente no puedo respirar con ella, porque realmente me hace sentir muy, muy mal. Y con 50 años siendo una ciudadana impecable me parece impropio tener que dar explicaciones a nadie a 40 grados bajo el sol de las 3 del mediodía sin comer. Y me apena profundamente que tantas personas tengan que llevarla obligatoriamente durante 8 horas de su jornada laboral.

Los pájaros no se están cayendo de los árboles muertos, con lo cual deduzco que no hay en el aire nada que esté contaminado. Es evidente dónde hay contaminación psicológica y adicción por consumir un tipo de información que causa estragos en la salud mental y física y división entre las personas. Una pena.

Palabras que eran de todos y que se expropian: héroes, normalidad, responsabilidad, juntos..

Decido no abrir la puerta de mi casa a lo que percibo nocivo para mí disfrazado de supuestamente bueno. La bruja disfrazada de anciana vendiendo una manzana. Todos conocemos los cuentos. El bien, el mal. ¿Es realmente inherente en nosotros? Los cherokees dicen que el hombre blanco tiene la enfermedad del doble corazón. Porque está dentro de nosotros.

La vida humana lo contiene todo. El bien, el mal, el doble corazón. Y también el noble corazón del discernimiento y del amor.

Conocemos las leyes naturales y el honor. Estamos viviendo en un mundo farmacológico que ensombrece y desautoriza un perfecto mundo natural. ¿Hemos olvidado nuestra esencia? Si todas las personas nos diéramos cuenta de lo increíble que es nuestro cuerpo físico, de las capacidades de nuestra mente que se pueden entrenar y de que tenemos una intuición certera, un lugar en nosotros que realmente sabe la verdad y que está en armonía con la vida… sería todo tan distinto ahora. Recuerdo las palabras de un homeópata al que fui una vez. Me dijo: “Si se nos pudiera aparecer Dios enfrente ahora mismo, se nos caía la cara de vergüenza”.

Entiendo los miedos de las personas. Entiendo. Mis padres ya murieron. Entiendo los miedos de las personas que no quieren perder a sus padres en una situación horrible. Lo entiendo. Entiendo incluso la ignorancia de pretender parar un tsunami con las manos. Entiendo que hay personas, muchas, que no confían en su sistema inmunológico ni en la relación de soberanía con respecto a su cuerpo y a su vida. Entiendo que hay personas que no están dispuestas a morir. Lo entiendo. Entiendo el miedo a la muerte perfectamente. En ese sentido he logrado paz, por lo menos en muchos momentos. Por supuesto, en otros no. En otros me autoengaño, me enfurezco, me ofendo. Pero tengo la sensación de que si muero me refugio en mi espíritu, que es el espíritu de todas las cosas. Y que lo que he hecho hasta ahora es maravilloso ¿no? He vivido una vida, he amado, he temido, he crecido, he creado, he disfrutado, me he maravillado, me he aterrado, me he equivocado, he acertado y … que la vida es muy grande.

Pienso que tenemos una participación en la vida importante, no sé qué porcentaje es, pero es una participación de voluntad y de creación. Hay investigadores que dicen que somos los creadores de nuestra propia vida, que somos dioses, que podemos ser dioses y que todo depende de nosotros. Otras muchas personas piensan que nada depende de nosotros, que estamos expuestos, vulnerables ante una voluntad mayor. Yo no lo sé. He estudiado mucha metafísica, mucha religión, mucha filosofía y no lo sé. Pero la sensación que yo tengo y lo que a mí me gusta pensar porque me divierte, es que soy coguionista. A veces llamo a Dios guionista, porque yo veo como la vida me habla constantemente de miles de formas a través de frases, a través de acontecimientos. Y entonces yo siento que yo coescribo, que la vida me hace guiños, y que hay una parte de mí que tiene voz y voto. Y en esa parte de mí que tiene voz y voto, le digo a la vida:

Sí, sí, me encanta respirar, me encanta hablar, me encanta sonreír, me encanta mirar, me encanta que se me vean los ojos. Me encanta ver los ojos de las personas. Me encanta caminar, me encanta oler, me encanta saborear, me encanta escuchar, me encanta tocar, me encanta vivir, me encanta ver la vida, me encanta ver la belleza, me encanta escuchar la música y eso existe y eso es siempre. Y por supuesto, me encanta abrazar.

Por una cuestión de karma, supuestamente, ahora aquí yo no estoy debatiéndome entre la vida y la muerte, no estoy en un hospital desangrándome, no estoy perdiendo a un ser querido ahora, en este momento. Aunque ya haya pasado por eso y en cualquier momento lo vuelva a pasar. Y .. ¿no es legítimo poder disfrutar de respirar sin sentir culpa y al mismo tiempo sentir compasión por todas las personas que sufren? ¿No es legítimo vivir la propia vida libremente sabiendo que no haces daño sino bien? ¿No es legítimo saber con toda certeza que no hay ninguna relación entre mi libertad para respirar y la muerte de otra persona? ¿De verdad tengo yo que dejar de respirar por los que mueren en vez de respirar por los que mueren?

Quizás si sumamos felicidad, si sumamos respiración, insuflamos vida en aquellos que parece que la pierden.

 Así que en este momento disfruto de que tengo lo que tengo. Qué es lo que es y … ¿qué más puedo saber?

En medio de cualquier desesperanza, en medio de la oscuridad de la mente, siempre fluye invisible el camino de la vida pura, intacta, el camino que nos hace bien, el camino que nosotros mismos podemos escribir.

Mirando hacia atrás y viendo cómo he podido manejarme en los últimos tiempos, he visto que he creado cosas con el poder de mi imaginación, con el poder de mi deseo. He creado muchas cosas que soñaba y luego se han visto manifestadas y pienso realmente se puede estar en la vida como uno quiere. Hasta cierto punto. Porque ahora no sé si he pisado un caracol, no sé si hay algo que me pueda pisar a mí, no lo sé, por descuido, no lo sé hasta qué punto hay azar, pero sólo sé que quiero seguir viendo la vida, que quiero seguir viendo lo que es natural, como dice el poeta E.E. Cummings: “Everything which is Natural, which is infinite, which is Yes” (Todo lo que es infinito, lo que es natural, lo que es Sí).

 Así que camino sobre ese tejido transparente. Intento seguir caminando en ese tejido transparente que ahora tiene forma de camino poblado de caracoles. A veces tiene forma de la cola en el supermercado, a veces tiene forma de una persona que te cuenta sus sentimientos angustiada, a veces tiene forma de alguna creencia de que lo que está pasando en tu vida es terrible cuando en realidad no lo es. A veces tiene forma de caracol, de dos caracoles.

Yo propongo dejar de debatir especulaciones y respirar, y seguir el corazón y dejarles a los demás su responsabilidad. ¿Por qué hay personas que se sienten con derecho, sin conocerte, a juzgarte o a decirte lo que tienes que hacer? ¿No pueden quizás suponer que soy una persona sensata, cuidadosa, amorosa, responsable y que a lo mejor no llevo mascarilla por alguna razón muy legítima y que nunca jamás les cuestionaría a ellos que lo hicieran o que no lo hicieran, más allá de que pueda tener mis opiniones como un ser humano limitado? ¿Por qué no nos dejamos tranquilos? ¿Por qué no nos dejamos vivir? ¿Por qué no seguimos nuestro corazón y respiramos si necesitamos respirar?

Y hay algo muy bonito. Siempre hemos visto películas de magia. Siempre hemos creído en nuestro corazón, en la magia. La magia se puede desde la voluntad interior. Puedes decidir en este mismo instante que nadie te puede poner una multa por no llevar una mascarilla que no quieres llevar o que no tienes porqué enfermarte. Puedes decidir que tu sistema inmunológico es perfecto y fuerte. Y puedes decidir no tener miedo a la muerte. Puedes decidir estar en paz con todo lo que hay. Puede que te levantes triste a la mañana y decidir cambiar tu estado de ánimo en unos minutos, ese estado que no es verdad y que constantemente cambia. Y en cualquier momento algo puede pisar tu caparazón, sin darse cuenta, porque está oscuro y no te ha visto. Hasta entonces y mientras tanto, puedes seguir dejando tu hermoso rastro en esa capa finísima, esplendorosa, prodigiosa que es la existencia.

Arte y creatividad

Espejarse

BlancanievesMirror

Fotografía: Kareva Margarita

Espejarse: contemplarse en el espejo.  

Puedes escuchar este artículo en el siguiente audio. Duración: 14 minutos. No te pierdas los enlaces, las fotos y los vídeos de la versión escrita.

Sólo la palabra espejo es una puerta a mil dimensiones, una caja de Pandora.

Difícil para mí atravesar el espejo para llevarte de la mano, querid@ lector@, sin perderme a mí misma por el camino. Pero precisamente de eso trata este blog: de abrir puertas, de abrir cajas, de explorar, indagar, descubrir, encontrar, atravesar portales a otras miradas y a otros mundos a partir de algo cotidiano.

Cotidiano como un espejo, que forma parte de nuestra vida desde la primera vez que nos vimos reflejados en el agua y, como Narciso, nos quedamos atrapados en la necesidad de contemplar nuestra propia imagen.

Así que ahora me siento como si estuviera entrando en Interstellar (gran película que super recomiendo), un lugar dónde el tiempo se estira y desaparece, dónde se encuentran todas las teorías de la física: la relatividad, la cuántica, el electromagnetismo… y se cruzan, se anulan entre ellas, se superponen…. Pasamos a otro Universo dónde todo es posible.

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Lejos de ser un artículo de Ciencia Ficción, este post nace cuando al mirarme al espejo me doy cuenta de las cosas que nos suceden cuando nos encontramos con nuestra propia imagen. Una reflexión concreta sobre algo muy contemporáneo, reflejo de nuestra sociedad y de nuestra mente.

Espero volver a ello dentro de un rato, porque están apareciendo Eco, Narciso, Alicia y la Madrastra de Blancanieves y me están llevando de la mano a contemplar el Árbol de la Vida, distrayéndome. Y cuando creo que me están sacando de mi sendero, descubro que el mito de Narciso tiene mucho que ver con mi reflexión: una historia de amor no correspondido y de amor inalcanzado.

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Eco y Narciso, pintura de John William Waterhouse (1903).

Cuenta el mito, que Narciso era un joven muy hermoso del que se enamoraban las doncellas, pero él las rechazaba. Eco era una ninfa a la que Hera había condenado a repetir las últimas palabras de aquello que se le dijera. Un día siguiendo a Narciso por el bosque, Eco se escondió entre los árboles. Cuando él preguntó «¿Hay alguien aquí?», Eco respondió: «Aquí, aquí». Incapaz de verla, Narciso le gritó: «¡Ven!». Eco salió de entre los árboles con los brazos abiertos. Narciso cruelmente se negó a aceptar su amor, por lo que la ninfa, desolada, se ocultó en una cueva y allí se consumió hasta que sólo quedó su voz.

Para castigar a Narciso por su engreimiento, Némesis, (la diosa de la justicia retributiva, la solidaridad, la venganza, el equilibrio y la fortuna) hizo que se enamorara de su propia imagen reflejada en una fuente. En una contemplación absorta, incapaz de apartarse de su imagen, acabó arrojándose a las aguas. Se dice que Narciso se suicida al no poder tener el objeto de su deseo. En el sitio donde su cuerpo había caído, creció una hermosa flor, que hizo honor al nombre y la memoria de Narciso.

Espejo, del latín specŭlum.

Se me cae el alma al suelo cuando consulto el Diccionario de la Real Academia Española. Algo tan increíble como Espejo tiene una definición tan  tan…. Con todos mis respetos y reconociendo la labor y la dificultad de semejante empresa… es tan poco espiritual! Tan poco metafísico! Tan serio! Tan literal! Tan sólo hemisferio izquierdo! Tan antiguo. Tan lleno de corbatas y trajes obsoletos.

“Veramente”, hacen falta más mujeres en la Academia para equilibrarlo y darle vidilla. Es plano plano. Cero esférico. Es literalmente un … y me sale una palabrota sexista, así que la voy a cambiar por “profundo aburrimiento” que no tiene nada que ver con la palabrota sexista, obviamente. (No me distraigas, Eco)

Busco la etimología (en otro lado) y dice: “La palabra espejo, formada por specio mirar, y el sufijo instrumental culum.  Significa, por tanto, “instrumento de mirada”.

Alicia desde el País de las Maravillas me susurra al oído: “Gargantua…”. Tienes razón, bonita. No olvidaré mencionar que Gargantua, un agujero negro super masivo, es el objetivo de la expedición de Interstellar.

gargantua

El ser humano es explorador por naturaleza. Los exploradores de todos los siglos, desde el principio de la humanidad hasta los astronautas, buscan ver más allá, encontrar más allá, cruzar al otro lado. Alicia acepta el juego, es curiosa, y cuando la curiosidad puede al miedo se convierte en puro deleite, en pura transformación. Narciso no cruza, se queda cautivado por lo evidente, y muere atrapado porque no consigue alcanzarse a sí mismo.

Tan lejos hemos llegado a otros continentes y a otras estrellas y tan lejos estamos de nosotros mismos.

Cuando miramos nuestra propia imagen en un espejo… ¿aceptamos lo que vemos? ¿amamos lo que vemos? ¿Comprendemos lo que vemos? ¿alcanzamos lo que vemos? ¿cruzamos al “otro lado”? ¿llegamos a ser uno con lo que vemos? ¿somos capaces de ver de verdad la verdad de lo que vemos?

Lo explicaré mejor. Lo que a mí me sucede estoy segura de que es lo que le sucede a la mayoría de las mujeres. No sé lo que les sucede a la mayoría de los hombres. Tengo pendiente preguntarles.

A mí me sucede lo siguiente: si la imagen que muestra el espejo pasa el examen de mi Departamento de Control de Calidad Interior, entonces me pongo contenta, y me siento bella y bien; si la imagen que muestra el espejo no pasa el Quality Control, es decir, no se ajusta a lo que mi mente considera bello, entonces me siento mal. Y no me quiero.

Esto es resumirlo simple. ¿Te has parado a darte cuenta de la cantidad y calidad de pensamientos que emergen cuando la imagen en el espejo, cuando la imagen de cualquier mujer en el espejo no se adecúa a los cánones de belleza de esta sociedad?

makeup

Quizás me equivoco, pero esta experiencia no es tan dramática para los hombres. Contadme, chicos.

Me atrevo a asegurar que no conozco a ninguna mujer que se sienta satisfecha con su físico. Incluyéndome a mí misma, todas nos criticamos y nos desaprobamos a nosotras mismas sistemáticamente. Lo que quisiéramos, resulta inalcanzable. Puede que algún día nos veamos bien, pero va a durar bien poco. La noche va a avanzar, el rimmel se va a correr, los años van a pasar, las arrugas y las canas van a aparecer. Y empezaremos a luchar contra esos “terribles monstruos”. Y sacaremos toda nuestra artillería contra las canas, las arrugas, los kilos, la flacidez, la celulitis, y maquillaremos y manipularemos la belleza de lo real hasta aniquilarla por completo. Y moriremos sin habernos alcanzado, como Narciso.

Y entonces seremos capaces de perseguir y mandar asesinar a esa niña inocente de piel blanca como la nieve, labios rojos como las fresas, pelo negro como el cielo nocturno. Y si no,  recuerda lo que le sucede a la madrastra cuando el espejo le dice que “ella ya no es la más bella”. Se envenena y envenena.

No voy a ir a lo trillado, ni a lo evidente. A todos nos encanta LA BELLEZA. Pero ¿quién decide e implanta para todos lo que es oficialmente bello? ¿no ha cambiado lo bello a lo largo de la historia? ¿no es lo realmente bello una experiencia más bien del espíritu?

Es creativo ensalzar la belleza natural del tipo que sea, la propia forma genuina, a través de la moda, de nuestra vestimenta, del uso del maquillaje, del peinado, de los tatuajes, adornos y ese largo etcétera de recursos que los humanos desarrollamos desde nuestro instinto biológico del cortejo y que se convierten en arte. Y más allá, como humanos, desde ese anhelo inherente de expresar la belleza.

Es legítima cualquier decisión de hacerse cirugía estética o hacerse todo tipo de tratamientos antienvejecimiento.

Es maravilloso dedicarse a cuidar la alimentación y hacer ejercicio para mantenerse en una buena forma física, mental y espiritual y lucir un aspecto bello y saludable.

Lo que me parece importante aquí, a nivel personal y social, es: ¿después de hacer todo eso, voy a seguir desaprobándome? ¿Hasta cuándo? ¿Y si no alcanzo a conseguir esa belleza que deseo ser, entonces no valgo?  ¿Seguiré siempre inmensamente insatisfecha con mi propia imagen?

¿Cuánto me va a costar sostener este espejo toda mi vida?

¿Qué supone todo esto? ¿Cuántos pensamientos de desaprobación sobre una misma a lo largo del día? ¿Qué impacto tiene cada pensamiento de juicio sobre sí misma, de desaprobación de sí misma? ¿por no hablar de la desaprobación de todos los demás aspectos de lo que somos?

Nunca somos suficientes. Nunca es suficiente.

¿Realmente no somos capaces de amar la prodigiosa criatura que somos?¿No es plena y suficiente nuestra respiración? ¿No es perfecto y bello el latido de nuestro corazón?

Origen” es una película de Christopher Nolan, el mismo director de Interstellar (nunca imaginé que hablaría de su cine cuando mi mente concebía este post ante el espejo). “Origen” cuenta que una idea en la mente puede destrozar tu vida o crear una vida maravillosa. Así que el equipo protagonista de Origen se dedica a entrar en el inconsciente de las personas a través de sus sueños, para aniquilar, erradicar esa idea en su mente que está diseñando su vida de determinada manera.

Los budistas, los yoguis, los artistas, los buscadores espirituales somos exploradores del otro lado, igual que los exploradores de continentes y de otros universos “físicos” exploran el macrocosmos, los buscadores espirituales nos dedicamos a descubrir los confines del universo de la mente y del espíritu.

Los maestros nos animan siempre a mirar en el interior.

Entonces ¿alcanzamos a ver que nuestra mirada está teñida de un filtro lleno de condicionamientos culturales, sociales, familiares, circunstanciales, personales, a través de las ideas y creencias que han ido conformando nuestra mente, que es una mente individual pero fundamentalmente colectiva?

¿Todas esas cosas que mi mente cree y piensa … son verdad?

Cuando me miro al espejo y me veo con todos esos filtros pienso: “estoy gorda”, porque la imagen y la idea de lo correcto y lo bello y lo socialmente admirable me está bombardeando en todas las marquesinas desde hace ya demasiado años. Y esa idea es muy delgada. Y esa idea no tiene nada que ver con los seres humanos que veo a mi alrededor. Es por lo tanto inalcanzable.

Y… ¿es verdad que estoy gorda?

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Y…. si estoy gorda ¿no soy bella? Y si no soy “bella” ¿soy menos? ¿es verdad que debería ser de otra manera distinta a la que soy? ¿verdaderamente soy un error de la naturaleza? ¿Y si resulta que todo es bello pero no lo vemos?

Hace un par de años tuve la suerte y el privilegio de conocer personalmente a Pablo d’Ors, en un taller de meditación que organicé y le invité a impartir. Pablo d’Ors es sacerdote y escritor y un maravilloso y generoso ser humano, así lo sentí.

Al taller que impartió asistieron 45 personas en una sala de 33 metros cuadrado. Fue un encuentro auténtico, sencillo, profundo y natural, como él.

Dijo algunas cosas memorables. Una de ellas, que comentó casi de pasada, me llegó especialmente, porque ya lo había experimentado.

Nos dijo: “Si te miras al espejo, y te mantienes contemplándote al espejo un buen rato, acabas llorando.

Sí, acabas llorando, porque te ves. Te miras a ti mismo a través de la negra pupila del Gargantua de tus ojos y ves tanto. Ves tu persona, ves tu identidad, ves tu mente, ves tu cuerpo, ves tus manchas, ves tu inocencia, ves tu alma. Te alcanzas.

Y es que, sostienen filosofías espirituales como la Cábala o el Shivaismo de Cachemira, el 1 para convertirse en 2 sólo puede hacerlo reflejándose a sí mismo. O dicho de otra manera, Dios crea el Mundo para conocerse a sí mismo, siendo la Creación su propio reflejo. O dicho de otra manera, Dios creó al hombre a su imagen y semejanza. Por eso buscamos al otro para sentirnos completos.

De las Cinco Sabidurías del Budismo, la segunda es la “Sabiduría similar a un espejo”. Esta Sabiduría es como un espejo porque éste refleja todos los objetos; de igual manera la mente iluminada entiende la verdadera naturaleza de todo y refleja todo aquello que existe.

¿Te has contemplado a ti mism@ en el espejo mágico?

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Arte y creatividad

Creando mundos

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Creando Mundos

Fotografía: “Maker” de Eugenia Loli

Puedes escuchar este post en el siguiente audio. Duración: 10 minutos.

Al final de la entrada tienes una de las secuencias más bellas, espectaculares y sobrecogedoras sobre la Creación. Es de la película “El árbol de la Vida” de Terence Malick, una obra maestra. Contempla la secuencia con calma y deleite, cuando tengas un ratito, mejor en una pantalla más grande. Son 13 minutos. No te la pierdas!!!

Queda apenas una hora para que termine el día de hoy. Ahora todavía es JUEVES…. ! Y escribo a contrarreloj para que siga siendo jueves cuando publique esta entrada.

Cuando concebí este blog, establecí diferentes temas sobre los que escribir según los días de la semana, por su relación simbólica, energética, astrológica y etimológica. Me pareció una estructura divertida.

También me propuse escribir un post cada día de lunes a viernes, todo un desafío. Y al menos quiero cumplirlo estas dos primeras semanas, antes de sucumbir.

Así que, como Cenicienta, estoy bajando las escaleras a toda velocidad porque tengo que llegar a casa antes de la medianoche. Mi casa es PUBLICAR y que sean las 23 y….. No me preocupa volver a mis harapos, porque no estoy vestida de princesa. Me preocupa mi compromiso con el día de hoy, que se llama Jueves.

El día de una mujer, madre, separada, autónoma y de recursos económicos justitos para llegar a fin de mes por los pelos, que además tiene Trastorno de Déficit de Atención diagnosticado y además es una mujer lenta y contemplativa a la par que hiperactiva, no es precisamente un día holgado. No sobra el tiempo. No hay tiempo para sofá, ni para ver Big Bang Theory ni Juego de Tronos (que nunca he visto). Así que como no tengo tiempo, la única solución que he encontrado para salir de ese “no tengo tiempo” ha sido un poco radical: crear un nuevo proyecto y ejecutarlo. Y tener menos tiempo todavía.

Ahora son las 22.30, he llegado a casa hace nada después de trabajar hasta las 21, he cenado mientras abría el MacBook Air (todavía no sé cómo lo he hecho) y me he puesto a escribir como si no hubiera un mañana. Escribir no es sólo escribir. Escribir una entrada es buscar la mejor foto, el mejor vídeo, la mejor referencia, contrastar la información, cortar y pegar y escribir algo de mi propia cosecha, buscar el libro de poemas que me ha venido a la mente mientras hacía varias otras cosas a la vez, y con suerte, poder grabar el audio mientras las gatas trotan por las paredes de la casa. Escribir es robarle horas al sueño. Ahora mi hijo está con su padre, si no ya me habría quedado dormida a su lado, plácidamente.

Volvamos al jueves pues, que es un día la mar de interesante. Tic tac tic tac…. escucho el reloj en la tripa del cocodrilo.

En castellano jueves procede de la expresión latina Jovis dies, que significaba ni más ni menos que ‘día de Júpiter’, pues este era el dios al que se le encomendaba este día de la semana.

Júpiter (en latín: Iuppiter), también llamado Jove (Iovis), es el principal dios de la mitología romana, padre de dioses y de hombres.

La palabra latina Iuppiter (Júpiter) proviene de las raíces indoeuropeas dyu-, que significa “luz”, y piter, que hace referencia a pater, y que significa “padre”; es decir: El padre de la luz. En cuanto a la palabra latina deus (“dios”), así como su variante divus (“divino”, o “divinidad”), que están ambas en la base de la palabra castellana “Dios”, significan literalmente “ser de luz”, puesto que se entendía que los dioses estaban hechos de la misma materia que la luz. Este origen también está en la base de la palabra Iovis (“Jove”, otro nombre para Júpiter, de donde proviene la palabra castellana “jovial”). Por otra parte, la palabra griega Zeus también procede de una raíz indoeuropea: dyeuis.

En astrología, el planeta Júpiter se relaciona con la filosofía, la religión, la fe, la ciencia, el sentido de la vida, la antropología, los viajes largos, las expediciones, los países y lenguas extranjeros, todo lo que va más allá de los límites conocidos, el conocimiento superior, la publicación de obras, la expansión en general.

En un principio había pensado escribir hoy sobre la relación entre la física cuántica y el budismo, que es un tema apasionante. Pero no sé si me va a dar tiempo, porque está saliendo otra cosa, y el tema requiere tiempo para poder explicarlo bien.

Así que voy a hablar del proceso de publicar (llevar a la luz) una pequeña obrita con sentido filosófico y religioso y que hable de la creación del universo y de Dios.

Buscando la foto para el tema, lo primero que pensé fue en la Creación de Miguel Ángel. Véase:

Miguel_Angel_Creacion_de_Adan_Capilla_Sixtina_bja

Luego me di cuenta de que era la creación de Adán, y aunque la obra sea maravillosa y me encante, vi que al fin y al cabo eran dos tipos, y me pareció demasiado patriarcal así que decidí utilizar el detalle, que siempre me ha gustado más que la obra en sí. Véase:

ausschnitt-aus-die-erschaffung-adams

Luego decidí buscar Big Bang, y todas las fotos eran de Big Bang Theory y había que esmerarse para conseguir alguna foto de la Gran Explosión del Universo.

Y justo cuando escribía “la Gran Explosión del Universo”, ha sonado una campanilla y me ha aparecido el siguiente aviso de un correo entrante: 21 TARAS (Nueva entrada) Creando Mundos. Mila Zahori acaba de publicar, que es la entrada que estoy escribiendo en este preciso instante. Y el autocorrector me ha cambiado “Zahori” por “Ahora”, qué inteligente.

Ante mi perplejidad total, que he pensado: ¿Cuándo le he dado yo al botón de publicar?

Se me ha quedado esta cara:

emojisurprise

Y claro, lo cierto es que había programado la publicación de la entrada (como hago todos los días) a las 23.30, para que no se me pasara el día de hoy. Y las 23.30 han llegado en el momento menos pensado.

La buena noticia es que esta entrada ha sido publicada el jueves, tal y como yo quería que sucediera. La mala noticia, es que al correr, no he perdido ningún zapato. Así que no tengo ninguna posibilidad de que mi príncipe me encuentre, si es que bailar con un príncipe es una de entre las miles de cosas que yo hecho en el día de hoy, entre carrera y carrera. En este momento no lo recuerdo.

Los magos por tanto correr me podrían haber confundido con una carroza, pero no ha debido de ser porque por suerte no me he convertido en calabaza.

Una cosa que tiene WordPress (y el autocorrector me ha cambiado “WordPress” por “sorpresa”, qué inteligente…), es que además de ser una sorpresa constante, normalmente envía el email de publicación de entrada bastante más tarde de su hora de publicación. Sin embargo hoy lo ha enviado con puntualidad británica.

Así que si hay alguien, por un azar que no busco comprender, leyéndome ahora mismo, quiero que sepas, que todavía estoy escribiendo, así que no te sorprendas si la entrada no termina debidamente, o termina raro.

Siempre llego por los pelos, pero hoy me llevo el premio.

Total, que las fotos no me convencían para expresar la idea de Dios, y de la creación, y de la gran explosión.

Hasta que he entrado en Pinterest (grande) y he encontrado…. LA FOTO.

¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡    UNA NIÑA CREANDO EL UNIVERSO    !!!!!!!!!!!!!!!!!! Mientras hace pompas de jabón con los planetas…. Delicioso!

Ya era hora!

Yo tengo gozo en mi alma ¡grande! (era una canción del coro de la iglesia de mi colegio). Mi alma grande y feminista está feliz con este corte de mangas inesperado al patriarcado. Al patriarcado, no a los hombres (que quede claro).

Que conste que me encantan los hombres con barba, y me pueden parecer divinos hijos de Dios. Pero estoy un poco cansada de la representación de Dios como un señor con barba. Claro, luego la gente no cree en Dios, porque se les parece demasiado a su vecino. Y por más que les expliques a Dios, como que no lo ven.

Sin embargo, ahora que lo pienso, y parafraseando a Fernando Trueba (yo creo en Dios, y a veces pienso que es Billy Wilder) … he de reconocer que tengo la suerte de conocer a un hombre con barba blanca (o gris) que es en mi vida Dios mismo. Y que incluso se parece al de Michelangelo. Así que la feminista se tiene que tragar sus chistes.

(Comunico que para inspirarme sólo bebo sopa de miso)

Bueno, pues la foto es de la artista griega del collage afincada en California Eugenia Loli. Pincha su nombre para conocer su obra, que es fascinante.

Me voy a dormir muy contenta.

Y la foto de la nena me ha recordado un precioso poema de uno de mis poetas preferidos (que fue un hombre y no tenía barba): E. E. Cummings (Del libro “Xaipe”, 1950)

quizá dios

sea la mano
de un niño)que con gran cuidado
nos
trae
a ti y a
mí(sin ni si
quiera aplastarlo)el

ligero ingrávido diminuto

mundo
con un agujero
del
que brotarían unos demonios alados si
algo no hubiera(quizá no pudieron)
ponerse de acuerdo)sucedido(y flotan-
do dentr
o

maybe god

is a child
‘s hand)very carefully
bring
-ing
to you and to
me(and quite with
out crushing)the

papery weightless diminutive

world
with a hole in
it out
of which demons with wings would be streaming if
something had(maybe they couldn’t
agree)not happened(and floating-
ly int

o

 

“El árbol de la vida” de Terence Malick. Música: “Lacrimosa” de Zbigniew Preisner.