Geometría de la nieve

Geometría de la nieve

Fotografía de Kareva Margarita

6 de la mañana de un 6 de febrero. Todavía la nieve cubre los tejados. Suena mi despertador Sami, un despertador analógico de minutero silencioso que se desliza sereno por el mándala de las horas. Es de plástico plateado y discreto, se ilumina de azul y cabe en la palma de la mano, como el infinito de William Blake.

Sami, que así se llama porque esa es su marca, fue adquirido recientemente a cambio de 12 € en una pequeña tienda de relojes de mi localidad, de las de barrio de toda la vida, que nunca antes había visto y que la próxima vez que pase por ahí posiblemente ya no estará.

Había pensado “quiero un despertador analógico, de los de siempre” y al momento encontré la tienda, sin buscarla…. Igual que Bastián Baltasar Bux cuando comienza a manifestar sus deseos en la realidad en La historia interminable.

Quizás sea que estoy cautivada por este libro que estoy leyendo en voz alta con mi hijo de 9 años cada noche, por primera vez en mi vida. Es la primera vez que tengo la experiencia real de sentir que entro literalmente en un libro y que estoy dentro de un libro en la vida escribiéndola mientras algo me escribe y que, una y otra vez estoy atravesando mundos y cruzando al otro lado, sonriendo de asombro ante la mirada de mi hijo que sonríe también, con cierta curiosidad, cada vez que exclamo: “¡este libro es increíble!”

Las campanitas de entrada, el sonido de la puerta al abrirse, el espacio silencioso, el dueño de la tienda, un señor muy amable de pelo blanco tras el mostrador, su atención impecable y,  en una tienda de relojes, la sensación de tiempo detenido,  como el caer de la nieve … El recuerdo de ese instante cotidiano y mágico en su transparencia me hace sentir que ese día esa tienda estaba allí porque decidí comprar un reloj analógico y hubiera sido escrita por la vida para mí, como esas puertas de Fantasia que sólo se abren una vez para llevarte al Templo de las Mil Puertas.

Es perfectamente posible, también, que la razón por la que supuestamente no vuelva a encontrar esa tienda sea debido a que su dueño se haya jubilado, en esa otra dimensión de nuestro tiempo cronológico… o que haya llegado el tiempo de su dueño para hacer realidad su sueño.

Cualquiera que haya experimentado la función sueño de iphone quizás comprenderá mi desesperado amor por lo analógico.

La función sueño de iphone es de estas cosas maravillosas que un día descubres en tu iphone y que tiene el propósito de “ayudarte” a crear  hábitos saludables de sueño. Programas a qué hora quieres irte a dormir y a qué hora quieres despertarte y con el primer acorde de la canción de cuna de Johannes Brahms te dice: “Es tu hora de ir a dormir”. Y tiene la impertinencia de “remarcarte” si estás durmiendo suficiente o no.

Al principio el “tin tin tin….” de Brahms me encantaba y me hacía gracia. Poco tiempo después acabé respondiéndole “No me jodas!” con el mismo tempo.

Después de un tiempo usando la función sueño de iphone y viendo que eso no me llevaba a ninguna parte más que a restregarme en la cara mis malos hábitos de sueño, hice un “A la mierda!” como aquel de Fernándo Fernán Gómez y decidí apagar el puto iphone hijo de Sauron por las noches.

En mis más íntimas fantasías sueño con ser Galadriel y luchar contra el mal para que haya bondad detrás de las corporaciones y del sistema, y que recuperemos nuestra libertad. Y que siga existiendo la magia más allá de la maldita “manzana”. Si ya nos lo advirtió el Señor: “muerde esa manzana y parirás con dolor, con iphone sí, pero con dolor”.

Sueño con un día poder liberarme de la necesidad de vivir con mi iphone-mi ipad-mi macbookair-mi tesoro y no echar pestes cada vez que intento hacer algo con Windows 10 o cada vez que intento deslizar mis dedos sin resultado por la pantalla de un Huawei y que el pensamiento recurrente sea “¡Pero qué mierda es esta!”. Y no tener que vender más mi alma al mejor diablo, al vestido de blanco, al más cool. Al final y al cabo, el diablo sigue siendo diablo y uno tendrá que vivir con el que su sueldo le permita. Teniendo en cuenta el precio, el valor y la dependencia que crea cada manzanita, no puedo evitar compararlo con EL ANILLO. Y sobre todo porque detrás de tan brillante tecnología está oculto el lugarteniente de la fortaleza del mal, que desde hace ya tiempo también ha conseguido conquistar a la manzana. ¿O no?

Quizás cambie de opinion el día en el que el iphone se caiga al WC y sobreviva, el día en el que caiga al suelo y no se rompa la pantalla, el día en el que ya no vuelva a decir “el iphone está lleno, vaya a ajustes para configurar el almacenamiento” y el día en el que a los pocos meses de salir el último modelo no vuelva a salir el siguiente último modelo sin que nos haya dado tiempo a respirar entre medias.

El día en el que muera tu iphone y no te encuentres en una encrucijada de caminos porque no tienes pasta para pagar otro y vas a tener que comprar un Huawei o un Samsung o cualquiera que cueste 150 € y entonces deje de nevar para siempre.

El siguiente vídeo es muy ilustrativo, a la par que didáctico: Galadriel contra Sauron.

 

 

Esta secuencia cinematográfica de “El Hobbit: la batalla de los cinco ejércitos” ilustra literalmente como me siento cada vez que abro el mail o el whatsapp o cada vez que el sistema operativo me pide actualizar una aplicación, o cada vez que Microsoft Office me pide un puto código que jamás existió, o cada vez que me vuelven loca pidiéndome una nueva contraseña, o ante cada llamada de Orange o Vodafone o cada sms de Yoigo o Jazztel, o cada comercial de Endesa o Iberdrola en la puerta de tu casa para que te beneficies de descuentos después de pedirte tu número de cuenta corriente o ante las hordas de publicidad que invaden nuestros dispositivos y nuestros parpadeos.

Por eso, cuando miro la nieve caer, despacito, y se hace el silencio, me siento taaaaan bien….

Lejos de ser Galadriel, todavía no puedo decirle con esa voz que espanta los demonios: “No tienes ningún poder aquí, servidor de Mordor!!!”. Así que asumo mi relación de amor-odio con la manzana, y mi desesperación ante el sistema tecnócrata y tecnológico y mi acto psicomágico de rebelión se reduce a comprar un pequeño despertador analógico y decirle, cual Princesa Leia: “Sami, eres  mi única esperanza”. Entonces duermo tranquila sabiendo que durante esas horas, el localizador está apagado y en Mordor no saben que estoy plácidamente durmiendo en mi casa.

No fui nostálgica hasta que llegó este cruce de caminos entre lo analógico y lo digital, y la juventud y lo que podríamos empezar a llamar edad madura, que por otra parte, es la fruta en su estado de perfección y dulzura.

Ahora, a veces, sueño con ese sonido indescriptible del dial de los teléfonos analógicos, y la sensación en los dedos, la sensación en todo el cuerpo, de marcar un número de memoria y toda la vuelta del dial, el proceso de “marcar un número”. En fin, tendré que comprar uno en una tienda vintage.

Hay que decir de Sami que es un despertador fiel y abarcable. Suena delicado pero despierta, y presionando un botón ancho y suave te vuelve a avisar cada 5 minutos durante una hora entera. Cuando suena lo abarco en la palma de mi mano, como al infinito, y me lo escondo bajo el edredón para que no despierte a mi hijo ni a mis gatas, y no se revolucione la casa, mientras duermo un poco más, o un mucho más, y entonces mi fervorosa voluntad de levantarme cada mañana dos horas antes para hacer yoga y escribir se consume en su propia efervescencia en las aguas del sueño.

Dicho todo esto, a las 6 de la mañana del pasado 6 de febrero, decidí despertarme para escribir sobre la geometría de la nieve, ritualizando en la hexagonalidad de ese tiempo. Porque el día anterior había nevado como hacía tiempo que no nevaba. Y la nieve, como siempre, me había devuelto al presente perfecto.

Había sido un día precioso de nieve, mucha nieve en pocas horas, y silencio… Gracias a la suerte de mi trabajo y de mis tiempos había tenido la oportunidad de vivir plenamente,  con absoluta presencia y asombro, el tiempo detenido y la magia que la nieve regala en sus múltiples rincones.

En mi vida la nieve sucede muy poco porque vivo en la meseta, cerca de la montaña sí, pero en la meseta.  No esquío y no tengo la costubre de subir a la montaña cuando hay nieve. Podría empeñarme en buscar la nieve, pero hasta ahora, no lo he hecho. Quizás porque soy del sur y me gusta mucho el calor, las palmeras, las minifaldas, las sandalias y bañarme en agua turquesa.

Cuando nieva en las planicies del sur y no te quedas inesperadamente atrapada en la carretera o en la casa (cosa que suele suceder, todo sea dicho) es como cuando ves la nieve por primera vez cuando eres niña.

Entiendo que para mis amigos noruegos, Marit y Uwe, la experiencia es totalmente diferente, porque viviendo en una cabaña en el campo, necesitaban dos horas por las mañanas para quitar la nieve de la puerta,  a base de pala, hasta poder salir de casa. Eso cada día, durante los meses de invierno.

Tengo la suerte de trabajar junto a una palmera, es una gran compañera de trabajo, me da alegría de vivir. Mi palmera es muy alta y tiene lo que se dice 6 pelos, y cuando los salvajes sin corazón del ayuntamiento la mandan podar, la dejan con 4. Aún así, con sus poquitas y finas ramas, es muy elegante, digna, bonita y se le atribuye a su propio mérito sobrevivir en un cuadrilatero de 1 metro cuadrado que comparte con una higuera (si es que todavía se le puede llamar así después de las podas que también sufre).

¡Qué manera de podar! Yo creo que, con todos mis respetos y sin acritud, la acción de poder excita a los forestales o a los jardineros que se ocupan; creo que se les va en ello litros de testosterona (si es que eso existe). Se emocionan y dejan mi pueblo, naturalmente exuberante, transformado en el Gólgota.

Volviendo al tema, disfruté mucho de mirar hacia arriba y ver caer lentamente la nieve sobre mi palmera. Y luego la nieve comenzó a caer, lentamente sí, pero como si no hubiera un mañana. Y enseguida, pero lentamente, estaba todo blanco. Y salí y mi coche estaba casi enterrado en nieve. Y me metí dentro y, cuando pude arrancar, inmensos copos de nieve se abalanzaban lentamente sobre el parabrisas. Y pude llegar, lentamente fascinada, a mi destino.

No había casi nadie en la calle a pleno día. Puro silencio. Así que podías escuchar ese maravilloso crujir que se siente en todo el cuerpo al pisar la nieve. Y dejar que la nieve fuera posándose, lenta, fría y delicadamente sobre tu cara. Y quedarte ahí, gozando, sin vergüenza, porque no había nadie para mirarte cuando sacaste el iphone para grabar fotos y vídeos de los rincones de siempre pero como si fueras turista en Berlín, creyendo que podías llegar a plasmar ese momento mágico justo antes de que tu iphone te comunicase sin compasión: “No hay suficiente espacio para hacer fotos en este iphone”.

Por supuesto seguí, feliz, sin necesidad de iphone y sin posibilidad de reportaje, disfrutando del mágico instante, sabiendo que pronto acabaría. Y seguí disfrutando todo el día, y mi hijo y yo tuvimos un viaje asombroso envueltos por la nieve soplando en todas las direcciones alrededor del coche al caer la noche conduciendo por la autopista, con la sensación de que la espiral de nieve nos levantaría en cualquier momento, como el tornado levanta la casa de Dorothy en “El mago de Oz”.

En realidad este blog no es para escribir sobre mi vida, sino para recordar la belleza de lo cotidiano a través de lo que veo en mi día a día. También para mostrar lo hermoso del ser humano y de la vida, a través de creaciones artísticas, mayoritariamente femeninas, porque en este momento de la historia toca visibilizar el trabajo de las mujeres que durante siglos no pudo apenas verse, ni contarse, ni hacerse…

Por eso, para describir el esplendor y la magia del caer de la nieve, experiencia por todos conocida por otra parte, sin que fuera demasiado obvio o poéticamente manido, decidí buscar una foto que ilustrara completamente la felicidad que experimenté el pasado lunes cuando nevó. Y me acordé de las fotógrafas rusas. “Porque ellas, con toda seguridad, deben de tener alguna foto con nieve”  me dije a mí misma.

Busqué a Kareva Margarita y a Elena Shumilova y efectivamente: ahí estaba retratada con brillante perfección la experiencia prodigiosa de la nieve.  Puedes pinchar en sus nombres para deleitarte con sus obras artísticas.

Pero además, investigué para comprender científicamente la geometría de la nieve, algo que me parece tan increíble como su peso y su lentitud al caer. Y me encontré con una investigación dirigida por la profesora de química Mary Jane Shultz, de la Escuela de Artes y Ciencias de la Universidad de Tufts en Estados Unidos respondiendo a las especulaciones de hace más de 400 años hechas por el científico Johannes Kepler sobre la creación de una de las formas más bellas de la naturaleza: el copo de nieve de seis caras.

Me puse muy contenta! Ya tenía una mujer científica, Mary Jane (en el link arriba puedes verla) que investigaba la geometría de la nieve. Sin embargo, no entendí ni papa y los anuncios que aparecían sin cesar en el periódico on line donde se publicaba la noticia no me permitían leer tranquilamente el texto, así que terminé por renunciar a entenderlo. A mí me resultan complejos, pero es bonito acariciar sus líneas y quedarse con la sensación de que algo muy muy importante está contenido en un copo de nieve, véase:

El copo de nieve de seis ángulos y la geometría pentagonal

Geometría de los copos de nieve

Química descifra la geometría del copo de nieve

La geometría de la nieve me reconfirma la existencia de Dios, de la cual no dudo, pero me la reconfirma para los demás. Porque yo veo “eso” que llamamos Dios en todo lo que existe. Y no ese Dios de “parirás con dolor aunque con un iphone”, que es sólo una interpretación humana.

Pero el intento siempre fallido de razonamiento mental y carga histórica y religiosa asociada a su nombre dan lugar a mucha confusión y hacen que muchas personas no “crean” en “Dios” y se pierdan la experiencia. Sí, disfrutan de la experiencia de la nieve, pero se pierden la comprensión y la visión del corazón de Dios siendo nieve, o Dios en la geometría de la nieve.

Porque la “razón” no es suficiente. Se puede vivir feliz y disfrutando sin “creer” en Dios, por supuesto. Pero sé que si es así, en realidad se está viviendo a Dios dentro, sin darse uno cuenta mientras Dios ha quedado cristalizado como un mero concepto en la mente pensante o en el limitado ámbito de la razón. Y es que no tiene sentido “creer” en Dios.

Es exactamente lo mismo con la música. Cuando alguien me dice que no cree en Dios, yo le pregunto: “¿no crees en la música? ¿de dónde viene la música? ¿no te asombra la geometría y la magia de un copo de nieve? ¿no te parece que hay una conciencia prodigiosa e indescriptible que subyace todo lo que existe? Eso es, para mí, Dios. Y no estoy hablando de un Dios de ninguna religión. La religión es parte del intento del ser humano por comprender y honrar el misterio de la existencia y ponerlo en palabras.

Lamentablemente, como con todo, se ha utilizado y se utiliza por seres humanos sin compasión al servicio de intereses de poder y codicia y se manipula y se mata en su nombre. Por eso, al final, Dios acaba teniendo tan mala prensa. Para unos Alá, para otros Yahvé, Shiva-Shakti, Zeús, Afrodita, Ganesha y todos los dioses que no son Dios… y para muchos Dios, en general. De cualquier manera, no estamos viendo ni a Dios ni a los hijos de Dios, detrás de su nombre.

¿Por qué la nieve nos conecta con algo trascendente?

Y me viene a la memoria una preciosa historia que ilustra todo esto.

Una muy querida amiga, a la que me une un amor incondicional tan perfecto como un copo de nieve, un amor intacto, puro y eterno, me contó esta historia.

Mi amiga es de un humilde pueblo de Badajoz y había venido a Madrid a trabajar. En algún momento fue a Badajoz para ver a su abuelo Félix, con quien siempre ha tenido una conexión muy especial y por eso ha llamado Félix a su primer hijo. Su abuelo estaba muy malito, de cáncer, y en esa ocasión él le dijo a ella, medio delirando o soñando: “Ya volverás cuando haya nieve…” Ella se volvió a Madrid. Y el día que la llamarón para decirle que su abuelito había fallecido ella estaba en Madrid. Cuando iba hacia Badajoz para el entierro comenzó a nevar… y fue la primera vez en su vida que mi amiga veía nevar.

Por alguna razón que desconocemos, el caer de la nieve detiene el tiempo y nos trae al momento presente y al asombro. Quizás en Alaska, Siberia, Escandinavia y Polo Norte les pase exactamente lo mismo con mi palmera. No sé. Pero sé que para muchos, cuando hablamos de nieve nos encontramos en un lugar fuera del tiempo.

Saturno, planeta y además el Dios asociado al tiempo cronológico, pues fue Kronos para los griegos, curiosamente, tiene un polo norte hexagonal, como la nieve.

 

La mejor forma de terminar este post es escuchando música de nieve.

Otra mujer, Kate Bush, maravillosa y veterana música, nos canta 50 palabras para la nieve en su magnífico album “50 Words for Snow” que puedes escuchar completo a continuación.

Y recuerda que pinchando los enlaces en dorado y los vídeos se despliega un universo de preciosas creaciones y conocimiento 🙂

Feliz nieve!

 

Espejarse

Espejarse

BlancanievesMirror

Fotografía: Kareva Margarita

Espejarse: contemplarse en el espejo.  

Puedes escuchar este artículo en el siguiente audio. Duración: 14 minutos. No te pierdas los enlaces, las fotos y los vídeos de la versión escrita.

Sólo la palabra espejo es una puerta a mil dimensiones, una caja de Pandora.

Difícil para mí atravesar el espejo para llevarte de la mano, querid@ lector@, sin perderme a mí misma por el camino. Pero precisamente de eso trata este blog: de abrir puertas, de abrir cajas, de explorar, indagar, descubrir, encontrar, atravesar portales a otras miradas y a otros mundos a partir de algo cotidiano.

Cotidiano como un espejo, que forma parte de nuestra vida desde la primera vez que nos vimos reflejados en el agua y, como Narciso, nos quedamos atrapados en la necesidad de contemplar nuestra propia imagen.

Así que ahora me siento como si estuviera entrando en Interstellar (gran película que super recomiendo), un lugar dónde el tiempo se estira y desaparece, dónde se encuentran todas las teorías de la física: la relatividad, la cuántica, el electromagnetismo… y se cruzan, se anulan entre ellas, se superponen…. Pasamos a otro Universo dónde todo es posible.

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Lejos de ser un artículo de Ciencia Ficción, este post nace cuando al mirarme al espejo me doy cuenta de las cosas que nos suceden cuando nos encontramos con nuestra propia imagen. Una reflexión concreta sobre algo muy contemporáneo, reflejo de nuestra sociedad y de nuestra mente.

Espero volver a ello dentro de un rato, porque están apareciendo Eco, Narciso, Alicia y la Madrastra de Blancanieves y me están llevando de la mano a contemplar el Árbol de la Vida, distrayéndome. Y cuando creo que me están sacando de mi sendero, descubro que el mito de Narciso tiene mucho que ver con mi reflexión: una historia de amor no correspondido y de amor inalcanzado.

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Eco y Narciso, pintura de John William Waterhouse (1903).

Cuenta el mito, que Narciso era un joven muy hermoso del que se enamoraban las doncellas, pero él las rechazaba. Eco era una ninfa a la que Hera había condenado a repetir las últimas palabras de aquello que se le dijera. Un día siguiendo a Narciso por el bosque, Eco se escondió entre los árboles. Cuando él preguntó «¿Hay alguien aquí?», Eco respondió: «Aquí, aquí». Incapaz de verla, Narciso le gritó: «¡Ven!». Eco salió de entre los árboles con los brazos abiertos. Narciso cruelmente se negó a aceptar su amor, por lo que la ninfa, desolada, se ocultó en una cueva y allí se consumió hasta que sólo quedó su voz.

Para castigar a Narciso por su engreimiento, Némesis, (la diosa de la justicia retributiva, la solidaridad, la venganza, el equilibrio y la fortuna) hizo que se enamorara de su propia imagen reflejada en una fuente. En una contemplación absorta, incapaz de apartarse de su imagen, acabó arrojándose a las aguas. Se dice que Narciso se suicida al no poder tener el objeto de su deseo. En el sitio donde su cuerpo había caído, creció una hermosa flor, que hizo honor al nombre y la memoria de Narciso.

Espejo, del latín specŭlum.

Se me cae el alma al suelo cuando consulto el Diccionario de la Real Academia Española. Algo tan increíble como Espejo tiene una definición tan  tan…. Con todos mis respetos y reconociendo la labor y la dificultad de semejante empresa… es tan poco espiritual! Tan poco metafísico! Tan serio! Tan literal! Tan sólo hemisferio izquierdo! Tan antiguo. Tan lleno de corbatas y trajes obsoletos.

“Veramente”, hacen falta más mujeres en la Academia para equilibrarlo y darle vidilla. Es plano plano. Cero esférico. Es literalmente un … y me sale una palabrota sexista, así que la voy a cambiar por “profundo aburrimiento” que no tiene nada que ver con la palabrota sexista, obviamente. (No me distraigas, Eco)

Busco la etimología (en otro lado) y dice: “La palabra espejo, formada por specio mirar, y el sufijo instrumental culum.  Significa, por tanto, “instrumento de mirada”.

Alicia desde el País de las Maravillas me susurra al oído: “Gargantua…”. Tienes razón, bonita. No olvidaré mencionar que Gargantua, un agujero negro super masivo, es el objetivo de la expedición de Interstellar.

gargantua

El ser humano es explorador por naturaleza. Los exploradores de todos los siglos, desde el principio de la humanidad hasta los astronautas, buscan ver más allá, encontrar más allá, cruzar al otro lado. Alicia acepta el juego, es curiosa, y cuando la curiosidad puede al miedo se convierte en puro deleite, en pura transformación. Narciso no cruza, se queda cautivado por lo evidente, y muere atrapado porque no consigue alcanzarse a sí mismo.

Tan lejos hemos llegado a otros continentes y a otras estrellas y tan lejos estamos de nosotros mismos.

Cuando miramos nuestra propia imagen en un espejo… ¿aceptamos lo que vemos? ¿amamos lo que vemos? ¿Comprendemos lo que vemos? ¿alcanzamos lo que vemos? ¿cruzamos al “otro lado”? ¿llegamos a ser uno con lo que vemos? ¿somos capaces de ver de verdad la verdad de lo que vemos?

Lo explicaré mejor. Lo que a mí me sucede estoy segura de que es lo que le sucede a la mayoría de las mujeres. No sé lo que les sucede a la mayoría de los hombres. Tengo pendiente preguntarles.

A mí me sucede lo siguiente: si la imagen que muestra el espejo pasa el examen de mi Departamento de Control de Calidad Interior, entonces me pongo contenta, y me siento bella y bien; si la imagen que muestra el espejo no pasa el Quality Control, es decir, no se ajusta a lo que mi mente considera bello, entonces me siento mal. Y no me quiero.

Esto es resumirlo simple. ¿Te has parado a darte cuenta de la cantidad y calidad de pensamientos que emergen cuando la imagen en el espejo, cuando la imagen de cualquier mujer en el espejo no se adecúa a los cánones de belleza de esta sociedad?

makeup

Quizás me equivoco, pero esta experiencia no es tan dramática para los hombres. Contadme, chicos.

Me atrevo a asegurar que no conozco a ninguna mujer que se sienta satisfecha con su físico. Incluyéndome a mí misma, todas nos criticamos y nos desaprobamos a nosotras mismas sistemáticamente. Lo que quisiéramos, resulta inalcanzable. Puede que algún día nos veamos bien, pero va a durar bien poco. La noche va a avanzar, el rimmel se va a correr, los años van a pasar, las arrugas y las canas van a aparecer. Y empezaremos a luchar contra esos “terribles monstruos”. Y sacaremos toda nuestra artillería contra las canas, las arrugas, los kilos, la flacidez, la celulitis, y maquillaremos y manipularemos la belleza de lo real hasta aniquilarla por completo. Y moriremos sin habernos alcanzado, como Narciso.

Y entonces seremos capaces de perseguir y mandar asesinar a esa niña inocente de piel blanca como la nieve, labios rojos como las fresas, pelo negro como el cielo nocturno. Y si no,  recuerda lo que le sucede a la madrastra cuando el espejo le dice que “ella ya no es la más bella”. Se envenena y envenena.

No voy a ir a lo trillado, ni a lo evidente. A todos nos encanta LA BELLEZA. Pero ¿quién decide e implanta para todos lo que es oficialmente bello? ¿no ha cambiado lo bello a lo largo de la historia? ¿no es lo realmente bello una experiencia más bien del espíritu?

Es creativo ensalzar la belleza natural del tipo que sea, la propia forma genuina, a través de la moda, de nuestra vestimenta, del uso del maquillaje, del peinado, de los tatuajes, adornos y ese largo etcétera de recursos que los humanos desarrollamos desde nuestro instinto biológico del cortejo y que se convierten en arte. Y más allá, como humanos, desde ese anhelo inherente de expresar la belleza.

Es legítima cualquier decisión de hacerse cirugía estética o hacerse todo tipo de tratamientos antienvejecimiento.

Es maravilloso dedicarse a cuidar la alimentación y hacer ejercicio para mantenerse en una buena forma física, mental y espiritual y lucir un aspecto bello y saludable.

Lo que me parece importante aquí, a nivel personal y social, es: ¿después de hacer todo eso, voy a seguir desaprobándome? ¿Hasta cuándo? ¿Y si no alcanzo a conseguir esa belleza que deseo ser, entonces no valgo?  ¿Seguiré siempre inmensamente insatisfecha con mi propia imagen?

¿Cuánto me va a costar sostener este espejo toda mi vida?

¿Qué supone todo esto? ¿Cuántos pensamientos de desaprobación sobre una misma a lo largo del día? ¿Qué impacto tiene cada pensamiento de juicio sobre sí misma, de desaprobación de sí misma? ¿por no hablar de la desaprobación de todos los demás aspectos de lo que somos?

Nunca somos suficientes. Nunca es suficiente.

¿Realmente no somos capaces de amar la prodigiosa criatura que somos?¿No es plena y suficiente nuestra respiración? ¿No es perfecto y bello el latido de nuestro corazón?

Origen” es una película de Christopher Nolan, el mismo director de Interstellar (nunca imaginé que hablaría de su cine cuando mi mente concebía este post ante el espejo). “Origen” cuenta que una idea en la mente puede destrozar tu vida o crear una vida maravillosa. Así que el equipo protagonista de Origen se dedica a entrar en el inconsciente de las personas a través de sus sueños, para aniquilar, erradicar esa idea en su mente que está diseñando su vida de determinada manera.

Los budistas, los yoguis, los artistas, los buscadores espirituales somos exploradores del otro lado, igual que los exploradores de continentes y de otros universos “físicos” exploran el macrocosmos, los buscadores espirituales nos dedicamos a descubrir los confines del universo de la mente y del espíritu.

Los maestros nos animan siempre a mirar en el interior.

Entonces ¿alcanzamos a ver que nuestra mirada está teñida de un filtro lleno de condicionamientos culturales, sociales, familiares, circunstanciales, personales, a través de las ideas y creencias que han ido conformando nuestra mente, que es una mente individual pero fundamentalmente colectiva?

¿Todas esas cosas que mi mente cree y piensa … son verdad?

Cuando me miro al espejo y me veo con todos esos filtros pienso: “estoy gorda”, porque la imagen y la idea de lo correcto y lo bello y lo socialmente admirable me está bombardeando en todas las marquesinas desde hace ya demasiado años. Y esa idea es muy delgada. Y esa idea no tiene nada que ver con los seres humanos que veo a mi alrededor. Es por lo tanto inalcanzable.

Y… ¿es verdad que estoy gorda?

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Y…. si estoy gorda ¿no soy bella? Y si no soy “bella” ¿soy menos? ¿es verdad que debería ser de otra manera distinta a la que soy? ¿verdaderamente soy un error de la naturaleza? ¿Y si resulta que todo es bello pero no lo vemos?

Hace un par de años tuve la suerte y el privilegio de conocer personalmente a Pablo d’Ors, en un taller de meditación que organicé y le invité a impartir. Pablo d’Ors es sacerdote y escritor y un maravilloso y generoso ser humano, así lo sentí.

Al taller que impartió asistieron 45 personas en una sala de 33 metros cuadrado. Fue un encuentro auténtico, sencillo, profundo y natural, como él.

Dijo algunas cosas memorables. Una de ellas, que comentó casi de pasada, me llegó especialmente, porque ya lo había experimentado.

Nos dijo: “Si te miras al espejo, y te mantienes contemplándote al espejo un buen rato, acabas llorando.

Sí, acabas llorando, porque te ves. Te miras a ti mismo a través de la negra pupila del Gargantua de tus ojos y ves tanto. Ves tu persona, ves tu identidad, ves tu mente, ves tu cuerpo, ves tus manchas, ves tu inocencia, ves tu alma. Te alcanzas.

Y es que, sostienen filosofías espirituales como la Cábala o el Shivaismo de Cachemira, el 1 para convertirse en 2 sólo puede hacerlo reflejándose a sí mismo. O dicho de otra manera, Dios crea el Mundo para conocerse a sí mismo, siendo la Creación su propio reflejo. O dicho de otra manera, Dios creó al hombre a su imagen y semejanza. Por eso buscamos al otro para sentirnos completos.

De las Cinco Sabidurías del Budismo, la segunda es la “Sabiduría similar a un espejo”. Esta Sabiduría es como un espejo porque éste refleja todos los objetos; de igual manera la mente iluminada entiende la verdadera naturaleza de todo y refleja todo aquello que existe.

¿Te has contemplado a ti mism@ en el espejo mágico?