En los recovecos está …

 

Puerto

El porvenir es tan irrevocable
como el rígido ayer. No hay una cosa
que no sea una letra silenciosa
de la eterna escritura indescifrable
cuyo libro es el tiempo. Quien se aleja
de su casa ya ha vuelto. Nuestra vida
es la senda futura y recorrida.
Nada nos dice adiós. Nada nos deja.
No te rindas. La ergástula es oscura,
la firme trama es de incesante hierro,
pero en algún recodo de tu encierro
puede haber un descuido, una hendidura.
El camino es fatal como la flecha
pero en las grietas está Dios, que acecha.
(Jorge Luis Borges)

En los recovecos de la costa asturiana hay escondido un pequeño pueblo de pescadores que un día me flechó. Y es que hay una plaza de Cupido. Y en lo alto del puerto un arpón gigante, ahora enredado de zarzamoras, con el que se capturaban ballenas en el siglo XVII.

En los recovecos de mi cintura que un día fueron valles hoy se atisba la menopausia sin necesidad de catalejo. Canelones van ganando posiciones frente a canalillo que se va quedando rezagado. Y aspirante a ballenita llega por decisión propia un buen día a este puerto sin necesidad de ser disparada con arpón, pero con la sensación de haber sido alcanzada por la flecha del dios del deseo amoroso, hijo de Venus y Marte.

En los recovecos de los bares del puerto una mujer ballena en sus sesenta y tantos con una larga trenza cobriza irradia sexualidad y me confirma con cristalina contundencia que la gracia divina brilla más allá de cualquier edad, sobrepeso y geometría.

En los recovecos de mi tiempo aquí atesoro el esplendor infinito en la mirada de mi hijo de diez años, atesoro su risa y su disfrute jugando con las olas; atesoro su compañía como oro en paño, atesoro sus preguntas y su hermosura, atesoro sus abrazos y su frescura, atesoro su premeditación y su dulzura, atesoro su condición de grumete gourmet. Atesoro, sobre todo, su inmortalidad.

En los recovecos de un universo paralelo soy marinera de piel curtida y cuerpo fibroso que, descalza por el puerto, escancia sidra y saborea frutos del mar sintiendo que es ahí dónde pertenece, entre el crujir de la madera de los barcos, el silencioso movimiento de los gatos y el cautivador perfume de la mar.

En los recovecos de los oídos de Guionista, y debido a su libre interpretación, marinera se convirtió en minera y ahora minera se dedica a alumbrar en la oscuridad buscando oro y piedras preciosas mientras, tiznada de carbón, sueña con ser marinera en los pliegues de un universo ondulado como la espuma de mar en sus cabellos de sirena.

En los recovecos de los cabellos de mi hijo, en este mismo mágico lugar, mis manos retiraban liendres hace un par de años con premura y espanto ante la inminente vuelta al cole, con la eficacia de una liendrera microacanalada.

En los recovecos de mis cabellos de sirena ocultos bajo el casco de minera saltaban los piojos con alegría hace un par de años un par de pliegues más tarde en pleno golpe y porrazo de final del verano contra inicio de curso en un poético y tragicómico juego de malabares.

En los recovecos de las tres de esta madrugada Inspiración me despierta con insistencia queriendo mejorar mi primera canción compuesta y una vez conseguido no se da por vencida y me sugiere escribir un post para mi blog olvidado en los oleajes de la cotidianidad.

En los recovecos de este apartamento alquilado en las afueras del pueblo y de la wifi pero no de la belleza, se alternan coladas sin piña con disfrutes, deshoras con eternidades, canciones con silencios, sorprendente orden con deliberado desorden, el olor del incienso con el del pescado en la basura.

En los recovecos de este pueblo ondulan la ropa tendida en los balcones, los saludos amables de los habitantes, los caminos de hierba salvaje y las inesperadas visiones del mar acechando entre las casas de colores.

En los recovecos de la arena y de las olas vigilan incesantes cinco socorristas en medio kilómetro de playa: uno en la torre, dos sentados en la orilla frente a la zona de baño, otro en una zodiac y otro en una tabla de surf.

En los recovecos de mi biología Miedo ancestral aparece inesperado, me agarra tan fuerte que no me deja jugar a atravesar las olas, me obliga a detener la marcha exploradora de mi hijo, su mirada alegre y fascinada y su decisión de avanzar contra viento y marea sin temor alguno ante esos vislumbres de Tsunami, que también son atisbos de Samadhi.

En los recovecos de los neoprenos de los surfistas se ocultan los tatuajes que después se revelarán en un acontecimiento glorioso bajo las duchas para deleite de muchas.

En los recovecos del spotify en un iphone 5 agonizante chisporrotean las elecciones musicales de mi hijo que practica en el aire los ritmos de la batería en un obsesivo bucle que va desde Eye of the Tiger hasta Satisfaction, pasando por I am the Walrus y Bohemian Rapsody ante mi embelesado desconcierto.

En los recovecos de la senda del acantilado, el inmenso horizonte sostiene la ermita de la Atalaya, cuya presencia vacía y humilde contempla la puesta de sol sobre el mar donde nosotros, en nuestra recortada pequeñez y ojos de dibujo japonés, esperamos cazar el rayo verde.

En los recovecos del paraíso donde todo es perfecto se lamenta un quejido silencioso y profundo cuyos ecos a veces me asustan pero cuya canción se aleja en un adiós para nunca más volver.

En los recovecos de mis redes y de mis hilos de seda anida la esperanza de un amor absoluto y una dicha perenne cuyo anhelo insistente a veces suena como un doblar de campanas y otras dibuja formas en el humo del incienso.

En los recovecos de la Soledad en mi corazón comienzan a crecer raíces, flores, frutos, insectos, mamá pato y sus patitos, mamá gata y sus gatitos, plantas medicinales, musgo, helechos, ortigas y hierbabuena, grandes bosques de eucaliptos, cascadas y ríos, cielos estrellados y un cartel de “Se vende. Incluye jardín”.

En los recovecos de la lectura de “Momo” con mi hijo me doy cuenta de que los engaños de los hombres grises calaron en mí como en todos hace ya tanto tiempo que ha llegado el momento de reclamar educadamente pistola en mano al estilo Thelma: “¡Entrégennos inmediatamente todo el tiempo robado!”

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Alumbramiento

Alumbramiento bajo árbol

Del parto a las estrellas: física de la maternidad, astrofísica y ciencia ficción

 

Puede que el dolor del parto te haga “ver las estrellas”. También puede suceder que el efecto de la anestesia epidural en combinación con un cóctel de oxitocina y endorfinas en forma de lluvia de perseidas sobre una sensibilidad particular te haga ver flanes, como le ocurrió a una amiga mía. Sí, después de gritar a todo el equipo médico pidiéndo desesperadamente la epidural, mientras daba a luz empezó a ver flanes volando.

O como otra querida amiga me dijo cuando yo le contaba en mi embarazo que quería un parto natural sin anestesia: “Tú verás lo que haces, pero te digo, cuando me pusieron la epidural, yo vi el cielo” (Y así fue).

Puede que dar a luz sea una experiencia de iluminación inesperada, como me sucedió a mí (El infinito en la palma de tu mano y la eternidad en una hora),  no me importa que sus raíces estén en la química del cuerpo o en la trascendencia del alma, para mí ambas son una misma cosa.

La conexión entre el alumbramiento y las estrellas es obvia y el universo es elegante.  Y hacer elegante esta indagación es un trabajo de parto. Quizás debería renunciar a ser elegante al escribir este artículo, puesto que parir no lo es desde la estética que hoy impera. Es más bien brutal. Pero chicos, no os desmayéis y seguid leyendo, que voy a hablar más de astronomía que de romper aguas o de cortar la supercuerda del cordón umbilical o de extraer la placenta (disculpadme, pero vosotros sabéis perfectamente que tendéis a marearos).

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Excurso: siempre me ha resultado fascinante que la mayoría de los hombres que conozco se desmayan en los análisis de sangre y son pusilánimes para las pruebas médicas, cuando biológicamente están diseñados para cazar y defender el territorio sangre mediante.

Igualmente me resulta increíble que las mujeres poseamos la fuerza salvaje de parir sangre mediante o seamos capaces de cualquier cosa si nuestro hijo está en peligro, y sin embargo nos volvemos pusilánimes ante los médicos, y cediendo nuestro poder y nuestra libertad al someternos socialmente.

Es como si ambos perdiéramos nuestros poderes inherentes cuando nos descontextualizamos. Como Spiderman sin su traje se vuelve un Peter Parker torpe y sin poderes. Absolutamente adorable, también hay que reconocer. Porque en nuestra vulnerabilidad resplandece también nuestra belleza.

Así, en el transcurso de unos 100 años muchos hombres han pasando de las barricadas a los paritorios, han empezado a asistir a los cursos de preparación al parto, a cambiar pañales, a despiojar, a cocinar y a pasear el boogaboo (con el bebé dentro por supuesto).

Al mismo tiempo muchas mujeres nos hemos puesto a expresarnos y a crear de mil maneras, y a viajar y a liderar y a buscar nuestra libertad como si no hubiera un mañana.

Al explorar nuevos territorios no frecuentados por nuestras tendencias biológicas y condicionamientos culturales nos estamos pasando la antorcha.

Alumbramiento es la acción y efecto de alumbrar, del latín illumināre:

1.  Dar luz y claridad a algo o a alguien.

2.  Poner luz o luces en un lugar.

3.  Acompañar con luz a alguien.

5. Parir o dar a luz a un hijo.

Buscando fotografías sobre alumbramientos encontré estos oleos de Amanda Greavette, una pintora canadiense nacida en 1981. Aquí puedes ver su hermosa y particular galería de nacimientos.

Amanda Greavette Galería de Nacimientos

Alumbramiento. Me gusta mucho esta palabra y la relación entre luz y parto, nacimiento y creación. Por eso la he elegido para este Post Parto, que lejos de lo que su nombre indica, todavía no ha sido, sino que está siendo, un parto largo y complicado, nada fluido, por cierto. Cuando la inspiración no llega, la voluntad y el deseo se quedan solos atendiendo el chiringuito.

El proceso del parto es la entrega a la inteligencia primordial que late en nuestros movimientos. Y el bebé en la plena oscuridad del vientre de su madre es guiado por esa pulsación que acontece en el útero, mientras la madre se entrega en la oscuridad del dolor y el temor, a luz que el dolor también oculta, a la luz escondida de la promesa, a la luz olvidada de sus ancestros. Así una madre es La que ilumina.

Dar a luz es un estallido brutal que puede ir seguido de una dicha transparente o de la extenuación del cuerpo, o del desmayo o del desconcierto o de una ternura dolorosa seguida de hasta el infinito y más allá… y no podemos saber si a Dios el Big Bang le dolió tanto como le duele el parto a una mamífera, o si, como suele suceder, el dolor se le ha olvidado.

No puedo hablar mucho sobre atravesar el dolor en el parto porque en medio de las contracciones la posibilidad de una epidural en dosis bajas me sedujo y a ella me entregué. Siento que si tuviera que volver a parir, me gustaría atravesar el dolor y la totalidad de la experiencia tal cual es, para conocerla.

Si quieres investigar sobre el sentido que tiene el dolor en el parto, aquí tienes un libro escrito por la comadrona italiana Verena Schmid que me recomendó una amiga y que le ayudó a parir las dos veces sin anestesia en unos partos largos y extremos.

El dolor del parto

Como los bebés, algún día surgieron la luz y la creación y me apasiona explorar de dónde. Me fascina que la nada se convierta en infinito, el vacío en plenitud y que en el universo haya galaxias y también un montón de materia oscura.

Como a muchos, los Jedis dejaron una huella imborrable en mí: me maravillan el lado luminoso y el lado oscuro de la fuerza, su danza y su alternacia.

Hoy estamos cruzando el equinoccio (del latín aequinoctium, “noche igual”), cuando el día tiene una duración igual a la de la noche en todos los lugares de la Tierra. Ocurre dos veces por año. Es un dos. Es dual. Y marca el inicio de la primavera y del otoño, del nacer y del morir.

En el equinocio la luz y la oscuridad se hallan en equilibrio.

Hace un año elegí esta fecha para dar a luz a mi tercera hija, que es multilliza, puesto que es 1 y 21 al mismo tiempo, mi 21 Taras. Y celebro el nacimiento de este blog escribiendo sobre alumbramientos.

Mi primer hijo es un niño y es humano, un hijo propiamente dicho que cumplió 10 años hace 3 días; fue concebido con facilidad y prontitud, la gestación fue un tsunami emocional, y el parto fácil y rápido.

Mi segunda hija es una creación, material y espiritual, física y metafísica, que nació en la forma de una escuela de yoga y cumplirá 9 años el 9 del 9. Requirió años hasta concebirse, y el embarazo y el parto fueron increíblemente fáciles y placenteros. Sin embargo la recuperación del parto ha durado años.

Mi tercera hija es virtual, es esta plataforma luminosa dónde escribo. Tardó unos meses en concebirse y gestarse, y el parto fue a toda velocidad.

Como me dijo una madre de tres, el tercero ya va solo. Y así es, porque el primero y el segundo me ocupan todo el tiempo. Confío en la supervivencia de mi criatura más pequeña gracias a sus poderes divinos.

Aunque apenas puedo atender a mi tercera hija sueño sin embargo con gestar y parir más retoños, será porque los Jedis vivieron en la casa de “Con ocho basta”. Quisiera dar a luz varios libros, un duo o trío o cuarteto musical y un hogar en una tierra bonita donde echar raíces. Y entre mis futuros autoempleos deseados están diseñadora de perfumes y maestra de ceremonias para alumbrar aromas y discursos. Me gustar concebir, me gusta gestar, me gusta dar a luz. Me gustar crear mundos. Pero el proceso de creación se despliega a través de muchos momentos de oscuridad, así como oscuro es el canal del parto para el bebé en el proceso de nacer.

En la cosmología tántrica, todo el universo se percibe como creado, penetrado y sostenido por dos fuerzas fundamentales, que están permanentemente en una unión perfecta e indestructible, formando el principio absoluto Shiva-Shakti.

La tradición ha asociado a estos principios una forma, respectivamente la de una deidad masculina y la de una femenina. Desde un punto de vista metafísico, la pareja divina Shiva-Shakti corresponde a dos aspectos esenciales del Uno: el principio masculino, que representa el aspecto permanente de Dios, y el principio femenino, que representa su energía, la fuerza que actúa en el mundo manifestado, el acto de creación y la creación misma.

Como escribió Blaise Pascal:

Contemple el hombre, pues, la naturaleza entera en su elevada y plena majestad (…) Contemple esta resplandeciente luz colocada como una lámpara eterna para alumbrar el universo, que la Tierra le parezca como un punto rodeado por la vasta órbita que este astro describe y que se asombre de que esta vasta órbita es a su vez  una fina punta respecto de la que abrazan los astros que ruedan por el firmamento. Pero si nuestra vista se detiene aquí, que la imaginación vaya más allá; antes se cansará ella de concebir que la naturaleza de suministrar.

Nosotros somos hijos de la creación y a la vez creadores, y las creaciones nos resuenan como propias, ya sean niños, canciones o películas, sentimos un vínculo profundo con lo creado.

En cierto sentido, todos los niños son hijos nuestros. Cuando nace un bebé, es como si fuera nuestro y es como si nacieran todos los niños. Cuando muere un niño es como si  muriera el nuestro, como si murieran todos los niños. Y es que todos somos hermanos, hijos de las estrellas según las palabras de la astrónoma chilena, María Teresa Ruiz, Premio de la UNESCO mujeres en Ciencia en 2017:

MariaTeresaRuizyniños

De verdad somos todos hermanos, soñamos las mismas cosas, estamos hechos del mismo material y tenemos los mismos parientes ancestrales, las mismas estrellas que fabricaron los átomos de los cuales estamos hechos. Cualquier átomo de nuestro cuerpo tiene miles de millones de años. Los átomos de hidrógeno de mis lágrimas los fabricó el big bang. Y los átomos de calcio en mis huesos, el óxigeno en mi sangre y todos los elementos que forman parte de mí, todos, fueron fabricados por las estrellas. Somos sus hijos, hijos de las estrellas.

https://www.amazon.es/Hijos-las-estrellas-maravilloso-recorrido/dp/8499927742

 

Este mismo mes de marzo se publica la detección de la formación de las primeras estrellas después de una Edad Oscura del Universo. Tienes todo el reportaje aquí: Así se hizo la luz en el universo tras 180 millones de años de oscuridad. y en el siguiente vídeo subtitulado está resumido en poca más de 1 minuto. Es fascinante.

 

 

Esta pulsación entre luz y oscuridad, inhalación y exhalación, sístole y diástole es la expresión física de lo que en filosofía tántrica se llama Spanda, término sánscrito que designa la vibración primordial del Universo y de nuestro ser, su continua pulsación creativa.

Catherine Heymans, astrofísica de la Universidad de Edimburgo, y especialista en materia oscura, nos desvela los recientes descubrimientos sobre los componentes oscuros del universo en el siguiente artículo:

Catherine Heymans.jpg

“El lado oscuro del Universo”

“Aunque las galaxias permanecerán unidas, porque la gravedad es demasiado fuerte, las estrellas agotarán su combustible y se apagarán lentamente y todo terminará en una nada fría y oscura”

 

“Por un azar que no busco comprender” hace hoy exactamente 5 años, el telescopio Planck proporciona la imagen más precisa hasta la fecha del eco del gran estallido que dio origen al cosmos, que la Agencia Espacial Europea presentaba como la imagen del universo recién nacido:

Planck_CMB

 

Y siguiendo con la conexión de fechas, interdependencia de los fenómenos o entrelazamiento cuántico, me encuentro que en el día de mi cumpleaños se publica la noticia de la muerte de Vera Rubin, la astrónoma que aportó la primera prueba de materia oscura:

“Yo observé que las galaxias giraban de una manera totalmente inesperada según las leyes de Newton y Kepler. Esto se interpretó como la primera evidencia de que la materia oscura existía y continúa siendo la hipótesis más factible, pero también podría ser que arrastráramos un error fundamental en las ecuaciones que utilizamos para describir el movimiento de los cuerpos celestes”

 

Vera RubinVera Rubin, astrónoma estadounidense (1928-2016)

Aquí tienes un bonito artículo sobre ella.

Esa coherencia secreta y misteriosa que, según la poeta colombiana Adriana Hoyos, se oculta detrás de la creación de un poema, es la misma que subyace este escrito. Porque cuando hace unos días quise escribir un post por el primer año de vida de este blog no tenía nada, sólo el final de un invierno y el principio de una creación. Y nunca pensé que el parto me iba a llevar de viaje por estrellas y planetas, mis amados cuerpos celestes.

El parto de este post o post-parto ha sido largo muy largo, y oscuro, y poco elegante. Un montón de kleenex usados y arrugados se apelotonan alrededor del Air de mi MacBook en forma de galaxia en espiral porque este largo invierno de nuestro descontento ha hecho estragos en mis defensas. Este alumbramiento, lejos de llevarme por el atajo de un agujero de gusano, se ha convertido en un viaje a través de un agujero negro del cual estoy pudiendo salir gracias al comportamiento extravagante de las partículas subatómicas.

Nunca imaginé que mi devoción por la astrología se convertiría en amor a la astronomía, ni que mi fascinación por la metafísica se convertiría en amor verdadero a la física. Y de la física hacia mí, por lo que parece querer decirme el virus de la influenza que me orbita, pequeño escombro del microcosmos.

Porque al final todo es lo mismo y nunca ha estado separado. Luz, oscuridad, sueño, despertar.

Y para terminar, una entrañable masterclass de 7 minutos de la astrónoma María Teresa Ruiz, sobre nuestros ancestros estelares. Y un timelapse de 11 minutos de todo el universo desde su nacimiento hasta ahora, que ilustra los pensamientos de Pascal. En la grandeza de nuestro microcosmos somo pequeños y recientes inquilinos de nuestro universo.

Feliz Primavera!

 

 

 

 

 

 

El infinito en la palma de tu mano y la eternidad en una hora

manito

agua dulce fotografía

Puedes leer este post o escucharlo en este audio:

Quiero escribir de tantas cosas hoy, y son las 23 horas, y se me cierran los ojos de sueño, pero necesito escribir, tantos días sin poder escribir… Y quiero escribir lo mágico y lo banal de un día cualquiera como hoy: un día que empieza, un día que transcurre, un día que termina, un día más en el paraíso.

Y quiero escribirlo desde el recuerdo de un primer abrir de ojos, de una primera respiración, del primer instante de la vida, que es, en realidad, cada instante.

El instante en que nació mi hijo se paró el tiempo. Todo se volvió transparente con un halo blanco. Mi sonrisa, mi felicidad, mi inocencia pura, mi absoluta plenitud. La eternidad del instante perfecto que se desplegaba a un ritmo perfecto duró varias horas. Dicen que esa experiencia se llama éxtasis.

Siempre digo que el nacimiento de mi hijo fue una experiencia de iluminación para mí. Y así fue, realmente. Un estado de gracia. Tuve la suerte de vivirlo así.

Y aunque luego todo volvió a adquirir esa pátina de realidad acostumbrada, la experiencia dejó su impronta para siempre.

Cuando vi esta fotografía, me envolvió el recuerdo de la primera noche dándole mi dedo a la manita diminuta de mi bebé.  Y la ternura más allá de las palabras.

Esa primera noche en el hospital no dormí. Tuve mis ojos fascinados y mi mano agarrando su manita toda la noche sin descanso. Él en su cunita transparente donde te recomiendan que duerma y que yo puse junto a mi cama todo lo cerca que fue posible.

Esta sociedad ha anestesiado nuestra maternidad. Nos convertimos en niñas pequeñas durante el embarazo y el parto sometiéndonos a lo que nos “disimuladamente” obligan.

No me atreví a dormir con él junto a mi pecho en mi cama, por ese absurdo miedo a aplastarle. Y porque no sólo no te animan a ello, si no que te lo desaconsejan. Por no decir que normalmente se llevan al bebé al nido, una habitación donde llevan a todos los bebés para que la madre descanse.

En algunos casos la madre necesita descansar después de 36 horas de un parto extremadamente difícil y de perder mucha sangre, como es el caso de una amiga mía. Algunas madres necesitan descansar. Pero no creo que la costumbre de separar al bebé de su madre nada más nacer sea la mejor opción.

Si pudiera volver a vivirlo, lo haría diferente. Habría dormido con mi bebé junto a mi pecho, en lugar de darle “sólo” mi mano, aunque en realidad le estaba dando toda mi alma.

Cuando das tu mano a la manita diminuta de tu hijo recién nacido estás dando la mano incondicionalmente a la vida entera. Y entregándote a un abismo de amor, de dolor, de felicidad, de miedo, de ignorancia y de maestría. De una ternura dolorosa por lo extrema.

Mi hijo ahora tiene 9 años y está durmiendo junto a mí, en mi misma cama, mientras yo escribo este post. También están a los pies de la cama nuestras dos gatas: Happy y Samadhi. Y el macbookair. Podríamos decir que los 100 metros cuadrados de piso nos sobran y nos apañaríamos con una estancia.  Amor infinito en cuatro metros cuadrados.

A mi hijo le gusta dormir conmigo porque le da miedo la noche, como nos dio miedo a todos cuando éramos pequeños. Entiendo que los humanos y muchos mamíferos nos sentimos instintivamente vulnerables durante el sueño y tendemos a dormir juntos para protegernos. Y creo que casi todos los niños se levantan para ir a la cama de sus padres. Y si ellos pudieran elegir, pongo la mano en el fuego a que dormirían con ellos. De hecho, en muchas culturas duermen todos juntos.

Me parece genial que cada madre, padre y familia hagan lo que les plazca al respecto. No creo en un método ni en una verdad, creo en lo que el corazón te pide y en lo que se va desplegando naturalmente en armonía cada día, y según las circunstancias, las necesidades y el sentir de cada uno.

A mí me gusta dormir con mi hijo porque es mi amor. Y uno normalmente quiere estar junto a aquello que ama. Me parece natural y hermoso. Y me siento afortunada de poder hacerlo.

Aunque esto es algo muy criticado en nuestra sociedad, yo lo tengo tan claro, y lo disfruto tanto, que me importan un huevo todas esas cosas que mucha gente asegura con tanta rotundidad sobre la educación de los hijos.

La crianza, la infancia de un hijo, es un tiempo tan corto en toda una vida que yo prefiero vivirlo tan plenamente como me sea posible.

Y un día de estos mi hijo sentirá que ya es el momento de dormir en su cama y tranquilamente se irá. Igual que un día tranquilamente se irá de casa. Igual que un día ya no podré agarrarle la manita y comérmelo a besos y a cosquillas.

Mi hijo hoy ha sido lo mejor del día.

Hoy ha sido lunes de Pascua, día no lectivo. Ser autónoma tiene sus cosas terribles y sus cosas magníficas: a veces puedes decidir quedarte con tu hijo y trabajar en casa, porque está malito o porque no tiene cole, y esto puede ser a la vez terrible, y magnífico.

Hoy ha sido esplendoroso y delirante.

Me he levantado muy pronto para poder trabajar antes de que mi niño se despertara. Porque ya sé que trabajar con tu hijo en casa suele ser casi siempre desquiciante.

Cuando llevaba media hora trabajando en pijama delante del ordenador y sin haber desayunado para que me diera tiempo (todos los chistes sobre los autónomos son verdad), escucho una vocecita: “mami….”

Así que como es muy pronto y tiene que dormir más, al menos sus diez horas mínimas de sueño, voy y le abrazo para que vuelva a dormirse. Se duerme pero tarda, y cada vez que intento irme se despierta y tengo que quedarme.

La ansiedad por todo el trabajo que tengo por hacer y mil tareas por resolver se empieza a manifestar en mi interior, simultáneamente al placer de disfrutar de la respiración y el olor de mi hijo tranquilamente en la cama. Así que decido aprovechar el tiempo disfrutándolo, y meditándolo. Aprovecho para sentir, para recordar mis sueños, para tomar conciencia de mis miedos, para observar mi mente, para elevarla cuando cae e iluminarla cuando se oscurece…

En un momento ya puedo irme y volver al ordenador y a la agenda, hasta que mi hijo se despierta definitivamente y hay que preparar desayuno, y recoger la casa y organizar el día, que avanza conciliando.

Pero la conciliación… esa palabra….

Hoy mi hijo es un regalo del cielo: ha hecho los deberes sin quejarse, no me reclama, no se me sube a la chepa mientras atiendo llamadas de trabajo, puedo responder emails, pelearme con la contabilidad, poner tickets de soporte al servidor de la web de la empresa que no funciona y me rechaza la contraseña. Mi hijo mientras hace todo lo que le pido, cambia de actividades, juega, ve algún vídeo, se viste, se lava los dientes, me dice gracias y por favor y está especialmente cariñoso y me abraza y me cuenta cosas de vez en cuando.

Yo sobre la marcha tengo que ir decidiendo qué cosas de la lista de tareas tendrán que caerse o dejarse para otro momento. La compra es una de ellas. Cambiar la arena de los gatos, otra. Recoger la cocina y hacer la cama tendrán que postergarse.

DETESTO LAS TAREAS DOMÉSTICAS CON TODA MI ALMA

Y me empiezo a sentir terriblemente incómoda de no abarcar el trabajo, de colapsarme a la hora de vestirme, de las tareas domésticas que nunca se acaban… y de ver que no voy a poder, ni de lejos, escribir un post en mi querido blog. Llevo casi una semana sin poder escribir. Sé que me conviene dejar el trabajo un rato y salir a dar un paseo con mi hijo. Sé que siempre nos despeja y nos cambia el ánimo. Hace un día precioso. Quizás demasiado calor para pasear.

Entonces decido darle una clase de yoga de 20 minutos a mi hijo (hemos empezado hace poco). Lo hace muy bien, teniendo en cuenta lo difícil que es.

Consigo improvisar una comida sana que mi niño se come con gusto (ensalada caprese con tomatitos Cherry, y huevos) y después nos vamos a dar un paseo por un campo-bosque que tenemos cerca. Y ahí todo cambia. Estamos solos entre los árboles.

El paisaje es hermoso, entre pinos, encinas, jaras, zarzamoras y senderos que se bifurcan. Comenzamos a ver conejos (hay un montón de crías), las primeras golondrinas, y escuchamos el canto de los pájaros en una increíble sinfonía primaveral.

Escucha el jardín de mirlos (20 segundos):

De pronto, escuchamos cencerros. Un pastor ha sacado a su rebaño. Hay ovejas, algunas cabras, varios corderitos y dos perros. El pastor es un señor mayor de pelo blanco y barba, curtido por el sol, que saluda a mi hijo y le pregunta si quiere acariciar al perro. Le pregunto si siempre pasean por ahí porque nunca antes le he visto. Me dice sonriendo: “siempre hay una primera vez”. Se llama Antonio. Y el perro Triqui.

Es maravilloso escuchar los cencerros del rebaño resonando. Ellos siguen su camino. Mi hijo me pide que volvamos porque hemos quedado en ir a casa de un amiguito. Llegamos a la hora prevista.

Yo mientras me dispongo a hacer la compra y pienso que si resuelvo lo urgente del trabajo rápidamente, quizás me da tiempo a escribir. Al pasar por el mercado no hay sitio para aparcar así que dejo la compra para el día siguiente. Y llego a mi casa y abro el ordenador.

A partir de ahí, mis dos horas sin mi hijo, dos horas de delirio tecnológico. Cada tarea depende de la tecnología y se subdivide en un montón de pequeñas tareas que se van convirtiendo en irrealizables. Una carrera de obstáculos, de pesadillas de contraseñas que no funcionan y que no pueden reestablecerse:

su contraseña no es suficientemente segura

su contraseña no debe de tener más de 12 caracteres

su contraseña debe de incluir minúsculas, mayúsculas y signos

ha excedido su tiempo

descárguese este formulario, imprímalo, escanéelo, fírmelo y envíelo por fax

y una locura de configuración de cuentas de email que no consiguen descargarse, de páginas web del banco que caducan cada dos minutos y te obligan a repetir el trabajo mil veces, desesperación por no poder acceder a la información al haber cambiado de ordenador, el Microsoft office que te dice que no tienes licencia después de haberla pagado…

en fin, un largo etcétera de Orcos que te hacen empezar a pensar que …

….quizás soy gafe tecnológica

… que no, que es que tengo que asumir que esto es el día a día de un autónomo que no tiene departamento de informática, ni de mantenimiento, ni de contabilidad en su empresa porque es ella/él para todo…..

…que debe de ser una conspiración global para volver loco al pobre ser humano de a pie

…que si no sería mejor opositar (lo digo pero no lo creo)

… que qué vida apacible tienen los funcionarios y la gente que trabaja en empresa con vacaciones pagadas y pagas extras y departamentos a su servicio

… que así es la vida

… que qué suerte que no hay guerra y tenemos que comer

… aunque no sé si este verano tendré sueldo y si llegaré a final de mes

… que cómo voy a hacer en verano para conciliar trabajo y vacaciones de mi hijo

… que cómo me gustaría irme de vacaciones y no hacer nada pero no sé si voy a tener dinero para vacaciones

… que esta vida es delirante

… que si no sería mejor vivir en una aldea sin wifi y comiendo de mi propio huerto y sin correr todo el puto día

… que no pasaría nada si no escribiera un blog y no tuviera una empresa, siempre hay un repertorio inmenso de canciones para cantar durante toda una vida

Y sí, siento ansiedad, y algo de desesperación. Y en algún momento llego a escribir un par de emails de cliente borde que amenaza con cambiarse de proveedor y llegando incluso a escribir en MAYÚSCULAS Y CON EXCLAMACIONES.

Y sí, soy profesora de yoga y siento ansiedad y me desespero… Por suerte tengo un truco. Me digo: tengo ansiedad. Entonces la reconozco, la miro, la llamo por su nombre y la dejo estar…

Y pienso que la solución debe de ser cuántica: hacer como que se para el tiempo en medio de la vorágine de obstáculos y minutos y confiar, y tener paciencia, y recordar esa experiencia sin tiempo en el instante de la iluminación.

Y pienso que si me esmero podré parar el tiempo, como Neo para las balas.

Neo, matrix

Hora de recoger a mi hijo! Voy un poco tarde, pliego el ordenador, salgo pitando, cojo el coche, improviso una cena sana que mi hijo se devora (quinoa que hice ayer en la Thermomix rehogada con cebolla y shitake y aguacate aliñado) Y me pide dos tostadas con mantequilla y miel de postre. Habla con su padre por teléfono, mañana se queda a dormir con él para ver la Champions juntos 🙂

Recojo la cocina, mi hijo se pone el pijama, se lava los dientes, ya es tarde, hoy no hay ducha.

Y me pide que le lea un cuento de “Cuentos budistas para ir a dormir”, un libro que le regaló mi mejor amigo. Se acurruca en mi hombro y le leo: el árbol de los frutos misteriosos.

 

 

Se dispone a dormirse como un bendito pero me ve abrir el macbook y me empieza a preguntar cosas. Finalmente se duerme.

No es mi mejor día para escribir, tengo mucho sueño, pero quería guardar el recuerdo de un día raro y honorable que me enseña a surfear, a confiar, a ver lo bello detrás de cada obstáculo.

Y sobre todo, la alegría de tener la manita de mi hijo, todavía cerquita, de tener a mi hijo durmiendo a mi lado, de comprobar como en cada rincón se despliega un infinito, de confiar en que a pesar del tsunami de la vida, el amor y la vida son hasta el infinito y más allá.

Como decía William Blake, abarcar el infinito en la palma de nuestra mano:

Para ver el mundo en un grano de arena,
Y el Cielo en una flor silvestre,
Abarca el infinito en la palma de tu mano
Y la eternidad en una hora.

To see the world in a grain of sand,
And Heaven in a wild flower,
Hold infinity in the palm of your hand
And eternity in an hour.

Cómo parar el tiempo 😉 Maravillosa secuencia:

Mi hijo tiene una madre con TDAH

Mi hijo tiene una madre con TDAH

momadhd

Puedes escuchar esta entrada en el siguiente audio. Duración 12 minutos.

Al final de este post tienes una joyita de vídeo, titulado: Madre: un tributo al indomable espíritu de las madres.

Mi hijo de 9 años me contaba el otro día, en el coche al volver del cole, que con su padre se levanta a las 9, desayuna, se viste, salen de casa a las 9.23  y a las 9.30 está en colegio. Yo exclamé, estupefacta: NO!!!!! ¿¿¿¿EN SERIO????

Mi hijo me responde tranquilamente y medio riendo: “sí, papá se levanta, se toma un té así sin más, se viste y nos vamos”. Lo dijo con un tono imposible de registrar aquí. A mí me salió una carcajada del alma. Primero por la forma tan divertida de mi hijo de decirlo con una entonación nueva, segundo porque vi la estampa y me inundó el amor, tercero porque vi dos ventanas simultáneas de las mañanas antes del cole de Manuel, una con su padre y otra con su madre. Mi risa era una risa genuina a la par que trascendente, de superación de mí misma, de aceptación de mi cotidianidad y de mis dificultades ante el chiste de mi vida. Pero cualquier otro día, en lugar reírme, podría haberme puesto a llorar como un dibujo japonés lanzando lágrimas como misiles en todas las direcciones.

“¿Y a qué hora se levanta papi?”, le pregunto a mi hijo (sabiendo que la batalla está perdida de antemano). “A las 9 y algo…” me responde. A mi no me salen las cuentas…. Y estoy ojiplática que se dice (gran palabro donde los haiga, oiga. Etimológicamente significa: con los ojos como platos).

“¿Pero tú te levantas antes que papá?”

“sí… a veces”

“Y te preparas tú el desayuno solito”

“Sí, mira: cojo los cereales, una taza, la leche, una cuchara ….”

Pienso: claro! Por eso a los padres les cunde más! No tienen la maldita manía de dárselo todo hecho a los hijos. Pues a partir de ahora te vas a preparar tú el desayuno también en casa, me digo para mis adentros. Ya fue un avance cuando le organicé el armario para que él eligiera su propia ropa y se vistiera como si yo no existiera. Esto va a ser toda una revolución, una cosa menos! Sobre todo porque cuando me enfrento al desayuno suelo colapsarme. Más adelante se entenderá porqué.

Ahora mientras escribo esto son las 7:09 de la mañana. Anoche me acosté a las 23:00 para levantarme a las 6:15 y hacer mi práctica de yoga y escribir este post que, si llego a tiempo, programaré para publicar esta noche. Y si todo fluye debería darme tiempo a ducharme, a elegir bien la ropa, a maquillarme incluso, a preparar el almuerzo de mi hijo…. Y si dejo la cocina recogida y la cama hecha, medalla olímpica. Lo normal para cualquier persona normal, para mí es una proeza.

Las 7 horas de sueño que había programado dormir, para mantener una buena salud de sueño, no han sido posibles. Me he despertado, no sé porqué, a las 4.20. Mala hora para despertar. He intentado conciliar el sueño pero no he podido. Así que a las 5.47 me he levantado. Y he pensado: nací a las 5.50 a.m. así que será buena hora para levantarme.

Si no fuera porque llevo una semana agotada, con un sueño permanente e infinito….

Da igual la hora a la que me levante, como si no duermo. Haga lo que haga, no me cunde el tiempo. O no me da tiempo a hacer todo todo lo que hay que hacer en el tiempo que tengo.

Es verdad, no soy la única. A la mayoría de las personas que conozco no les da tiempo, por no hablar de las madres, que pertenecemos a otra categoría.

Ruego me disculpen los padres por no ponerles en la misma categoría. Sé que aunque estén también realmente desbordados esos padres maravillosos copartícipes en la Igualdad de Género, las madres (en general y en su mayoría, salvo excepciones) se cargan ellas mismas con mucho más trabajo debido fundamentalmente a condicionamientos sociales y culturales y quizás también tendencias biológicas. A veces me da la impresión de que los padres (en general y en su mayoría, salvo excepciones) consiguen preservar su tiempo para estar bien ellos, algo que nosotras deberíamos aprender de ellos, por cierto.  Si eres una excepción de padre que se sobrecarga porque antepone las necesidades de todo el clan frente a las suyas propias, por favor, acógete al paréntesis y te recibimos con los brazos abiertos en nuestra clase “preferente” de madres.

Pues si a una persona “normal”, madre o padre, en esta sociedad de hoy no le da tiempo,  puedo aseguraros que la vida cotidiana de una madre con TDAH (imagino que la de un padre también) llega a vivirse con una buena dosis de dificultad, esfuerzo y desconcierto, como cualquier vida con un handicap.  La sensación interior es como si tu mente fuera la ruedita de espera que aparece cuando el ordenador se cuelga o cuando el móvil está buscando la wifi.

Hace ya aproximadamente una década se empezó a oír hablar de “niños hiperactivos”  o con trastornos de atención, y de los problemas que tenían sus padres con ellos y cómo tratarlos médicamente o terapéuticamente.

A día de hoy ya hay asociaciones de padres con hijos de TDAH, productos de coaching on-line para padres de niños con TDAH y también para adultos con TDAH y una gran cantidad de libros e información, así como neuropediatría online. Pero lo cierto es que a quien no le toca de cerca no lo conoce.

Es cierto que siempre me sentí rara, distinta. Y sobre esto podría dar muchos datos, quizás más adelante en otro post. Extrañamente siempre me sentí más identificada con lo que le pasaba a cualquier personaje de Bergman que con cualquier sevillano saleroso. Hacía yoga cuando aquí casi nadie hacía yoga, investigaba sobre alimentación cuando casi nadie se lo planteaba, inauguré centros de yoga y herbolarios, estudiaba astrología cuando nadie sabía siquiera lo que era, indagaba en técnicas de meditación cuando no se conocía la palabra, me psicoanalizaba en secreto cuando aquí sólo se conocía el psicoanálisis por las películas de Woody Allen. Era nueva era cuando la nueva era era una minoría mal vista en España. Iba a ver películas en chino mandarín y durante un tiempo tuve que defender semejante rareza ante la mayoría de mis amigos. Ahora es habitual. Hasta hace pocos años no lo era.

Ahora me siento pionera de mi propio trastorno y cuando busco chistes sobre madres con TDAH, sólo los encuentro en google en inglés. A España todavía no han llegado, como no hay libros publicados en España específicos sobre mujeres adultas con TDAH, y en EEUU sí. Y estoy casi segura de que pertenezco a la primera promoción de mujeres diagnosticadas oficialmente con TDAH en España. Y aunque lo que padezco no es algo de lo que pueda uno sentirse orgulloso, apuesto ahora por lucir mis defectos.

A estás alturas, posiblemente te estés preguntando. ¿Pero que es esto del TDAH? A ver cómo consigo resumirlo.

TDAH (ADHD en inglés) son las siglas para Trastorno de Déficit de Atención y/o Hiperactividad. Link a wikipedia por si te interesa investigar. Aunque no estoy muy de acuerdo con el resumen de síntomas principales. Son un poco mediáticos.

Intento resumir con mis palabras, si es que esto se puede resumir, lo que es el TDAH. Y siéntanse libres por favor los psiquiatras para corregirme lo que consideren necesario.

El TDAH es un trastorno neurobiológico que se caracteriza por un déficit en los neurotransmisores del cerebro dopamina y noradrenalina, que son los que regulan las funciones ejecutivas del cerebro, relacionadas con la actividad y la atención.

Sí, pero como bien me dice mi psiquiatra: “¿Qué hay detrás de los neurotransmisores? ¿Ese “más allá que has mencionado alguna vez ?”

El cerebro y la mente son mundos asombrosos. Y la psiquiatría es fascinante.

Digamos que las personas con TDAH tenemos mucha dificultad para manejarnos en las tareas cotidianas y mecáncias, tenemos mucha facilidad para distraernos y dejar a medias cada cosa que empezamos, nos perdemos en nuestra propia mente hiperactiva y en lo cotidiano. Nos resulta una odisea elegir entre muchas posibilidades (ropa en el armario, un producto en el supermercado). Como el funcionamiento del cerebro ejecutor es inestable, debido al funcionamiento inestable de los neurotransmisores que lo regulan, ejecutamos inestablemente y tenemos una atención y una actividad inestable. Pasamos de la falta total de atención al “hiperfoco” y de la hiperactividad a la parálisis.

Así que puedes imaginar el desafío para una madre con este trastorno. A no ser que tengas dinero para pagarte una empleada doméstica que lo haga todo y te ordene todo, y una asistente personal que te lleve todos los temas económicos y organizativos. No es mi caso. Lo tengo que hacer todo yo.

Lo maravilloso de todo esto es que soy madre con déficit de atención, y profesora de yoga con déficit de atención, y fui productora de televisión con déficit de atención. Y, a día de hoy, no me han despedido de ninguno de mis cargos, ni he llevado a la humanidad a la hecatombe.

Cuando me diagnosticaron pensé: “Toda mi vida sintiéndome un imperfecto desastre, y resulta que soy un puto crack!!!”

Mi psiquiatra (me encanta decir esto, es taaan contemporáneo) me asegura que no es una enfermedad, si no una “predominancia del hemisferio cerebral derecho”, y me hace un precioso dibujo del cerebro con sus dos hemisferios y lo que rige cada uno. Sin embargo, me dice, la medicación está funcionando muy bien en niños y adolescentes, aunque no se trate de una enfermedad. Él es especialista y trabaja especialmente con niños y adolescentes en la Seguridad Social.

Si es difícil para un niño padecer TDAH en esta sociedad tan enloquecida (en realidad, para mí, es la sociedad la que sufre Trastorno por déficit de Atención e Hiperactividad, obviamente y no el niño que pacede el delirio de su tiempo y poca comprensión en su naturaleza “diferente”), entonces ¿Cómo es ser madre con TDAH?

Por suerte, puedo escribir y contarlo. Otro día. Pero te adelanto que nuestro mundo interior, en ocasiones también el exterior, se parece mucho a la foto. Aunque esa colada resulta esplendorosa rodeando a esa belleza oriental. Ponle a la muchacha una bata, un moño despeinado, 10 kilos de más y 10 años de más y unas cuantas arrugas de más…. y posiblemente se acerque más a una realidad políticamente incorrecta.

Son las 8.07 cuando escribo esto, acaba de salir el sol sobre los tejados y sus rayos me inundan los ojos y me despiertan de este momento. Hora de ducharse, preparar desayunos, ropa, despertar a mi hijo, que no ha hecho los deberes durante el fin de semana, y me  dijo ayer que los haría después de desayunar. Ya voy tarde. Dudo que me de tiempo a recoger la cocina, hacer la cama y maquillarme. Con llegar a la hora al cole me doy por satisfecha (¿o no?). Más bien no. Más bien nunca. Digamos que salvamos lo fundamental. Mi hijo estará preparado mucho antes que yo y me esperará diciéndome: “¡Vamos, mamá!”