Geometría de la nieve

Geometría de la nieve

Fotografía de Kareva Margarita

6 de la mañana de un 6 de febrero. Todavía la nieve cubre los tejados. Suena mi despertador Sami, un despertador analógico de minutero silencioso que se desliza sereno por el mándala de las horas. Es de plástico plateado y discreto, se ilumina de azul y cabe en la palma de la mano, como el infinito de William Blake.

Sami, que así se llama porque esa es su marca, fue adquirido recientemente a cambio de 12 € en una pequeña tienda de relojes de mi localidad, de las de barrio de toda la vida, que nunca antes había visto y que la próxima vez que pase por ahí posiblemente ya no estará.

Había pensado “quiero un despertador analógico, de los de siempre” y al momento encontré la tienda, sin buscarla…. Igual que Bastián Baltasar Bux cuando comienza a manifestar sus deseos en la realidad en La historia interminable.

Quizás sea que estoy cautivada por este libro que estoy leyendo en voz alta con mi hijo de 9 años cada noche, por primera vez en mi vida. Es la primera vez que tengo la experiencia real de sentir que entro literalmente en un libro y que estoy dentro de un libro en la vida escribiéndola mientras algo me escribe y que, una y otra vez estoy atravesando mundos y cruzando al otro lado, sonriendo de asombro ante la mirada de mi hijo que sonríe también, con cierta curiosidad, cada vez que exclamo: “¡este libro es increíble!”

Las campanitas de entrada, el sonido de la puerta al abrirse, el espacio silencioso, el dueño de la tienda, un señor muy amable de pelo blanco tras el mostrador, su atención impecable y,  en una tienda de relojes, la sensación de tiempo detenido,  como el caer de la nieve … El recuerdo de ese instante cotidiano y mágico en su transparencia me hace sentir que ese día esa tienda estaba allí porque decidí comprar un reloj analógico y hubiera sido escrita por la vida para mí, como esas puertas de Fantasia que sólo se abren una vez para llevarte al Templo de las Mil Puertas.

Es perfectamente posible, también, que la razón por la que supuestamente no vuelva a encontrar esa tienda sea debido a que su dueño se haya jubilado, en esa otra dimensión de nuestro tiempo cronológico… o que haya llegado el tiempo de su dueño para hacer realidad su sueño.

Cualquiera que haya experimentado la función sueño de iphone quizás comprenderá mi desesperado amor por lo analógico.

La función sueño de iphone es de estas cosas maravillosas que un día descubres en tu iphone y que tiene el propósito de “ayudarte” a crear  hábitos saludables de sueño. Programas a qué hora quieres irte a dormir y a qué hora quieres despertarte y con el primer acorde de la canción de cuna de Johannes Brahms te dice: “Es tu hora de ir a dormir”. Y tiene la impertinencia de “remarcarte” si estás durmiendo suficiente o no.

Al principio el “tin tin tin….” de Brahms me encantaba y me hacía gracia. Poco tiempo después acabé respondiéndole “No me jodas!” con el mismo tempo.

Después de un tiempo usando la función sueño de iphone y viendo que eso no me llevaba a ninguna parte más que a restregarme en la cara mis malos hábitos de sueño, hice un “A la mierda!” como aquel de Fernándo Fernán Gómez y decidí apagar el puto iphone hijo de Sauron por las noches.

En mis más íntimas fantasías sueño con ser Galadriel y luchar contra el mal para que haya bondad detrás de las corporaciones y del sistema, y que recuperemos nuestra libertad. Y que siga existiendo la magia más allá de la maldita “manzana”. Si ya nos lo advirtió el Señor: “muerde esa manzana y parirás con dolor, con iphone sí, pero con dolor”.

Sueño con un día poder liberarme de la necesidad de vivir con mi iphone-mi ipad-mi macbookair-mi tesoro y no echar pestes cada vez que intento hacer algo con Windows 10 o cada vez que intento deslizar mis dedos sin resultado por la pantalla de un Huawei y que el pensamiento recurrente sea “¡Pero qué mierda es esta!”. Y no tener que vender más mi alma al mejor diablo, al vestido de blanco, al más cool. Al final y al cabo, el diablo sigue siendo diablo y uno tendrá que vivir con el que su sueldo le permita. Teniendo en cuenta el precio, el valor y la dependencia que crea cada manzanita, no puedo evitar compararlo con EL ANILLO. Y sobre todo porque detrás de tan brillante tecnología está oculto el lugarteniente de la fortaleza del mal, que desde hace ya tiempo también ha conseguido conquistar a la manzana. ¿O no?

Quizás cambie de opinion el día en el que el iphone se caiga al WC y sobreviva, el día en el que caiga al suelo y no se rompa la pantalla, el día en el que ya no vuelva a decir “el iphone está lleno, vaya a ajustes para configurar el almacenamiento” y el día en el que a los pocos meses de salir el último modelo no vuelva a salir el siguiente último modelo sin que nos haya dado tiempo a respirar entre medias.

El día en el que muera tu iphone y no te encuentres en una encrucijada de caminos porque no tienes pasta para pagar otro y vas a tener que comprar un Huawei o un Samsung o cualquiera que cueste 150 € y entonces deje de nevar para siempre.

El siguiente vídeo es muy ilustrativo, a la par que didáctico: Galadriel contra Sauron.

 

 

Esta secuencia cinematográfica de “El Hobbit: la batalla de los cinco ejércitos” ilustra literalmente como me siento cada vez que abro el mail o el whatsapp o cada vez que el sistema operativo me pide actualizar una aplicación, o cada vez que Microsoft Office me pide un puto código que jamás existió, o cada vez que me vuelven loca pidiéndome una nueva contraseña, o ante cada llamada de Orange o Vodafone o cada sms de Yoigo o Jazztel, o cada comercial de Endesa o Iberdrola en la puerta de tu casa para que te beneficies de descuentos después de pedirte tu número de cuenta corriente o ante las hordas de publicidad que invaden nuestros dispositivos y nuestros parpadeos.

Por eso, cuando miro la nieve caer, despacito, y se hace el silencio, me siento taaaaan bien….

Lejos de ser Galadriel, todavía no puedo decirle con esa voz que espanta los demonios: “No tienes ningún poder aquí, servidor de Mordor!!!”. Así que asumo mi relación de amor-odio con la manzana, y mi desesperación ante el sistema tecnócrata y tecnológico y mi acto psicomágico de rebelión se reduce a comprar un pequeño despertador analógico y decirle, cual Princesa Leia: “Sami, eres  mi única esperanza”. Entonces duermo tranquila sabiendo que durante esas horas, el localizador está apagado y en Mordor no saben que estoy plácidamente durmiendo en mi casa.

No fui nostálgica hasta que llegó este cruce de caminos entre lo analógico y lo digital, y la juventud y lo que podríamos empezar a llamar edad madura, que por otra parte, es la fruta en su estado de perfección y dulzura.

Ahora, a veces, sueño con ese sonido indescriptible del dial de los teléfonos analógicos, y la sensación en los dedos, la sensación en todo el cuerpo, de marcar un número de memoria y toda la vuelta del dial, el proceso de “marcar un número”. En fin, tendré que comprar uno en una tienda vintage.

Hay que decir de Sami que es un despertador fiel y abarcable. Suena delicado pero despierta, y presionando un botón ancho y suave te vuelve a avisar cada 5 minutos durante una hora entera. Cuando suena lo abarco en la palma de mi mano, como al infinito, y me lo escondo bajo el edredón para que no despierte a mi hijo ni a mis gatas, y no se revolucione la casa, mientras duermo un poco más, o un mucho más, y entonces mi fervorosa voluntad de levantarme cada mañana dos horas antes para hacer yoga y escribir se consume en su propia efervescencia en las aguas del sueño.

Dicho todo esto, a las 6 de la mañana del pasado 6 de febrero, decidí despertarme para escribir sobre la geometría de la nieve, ritualizando en la hexagonalidad de ese tiempo. Porque el día anterior había nevado como hacía tiempo que no nevaba. Y la nieve, como siempre, me había devuelto al presente perfecto.

Había sido un día precioso de nieve, mucha nieve en pocas horas, y silencio… Gracias a la suerte de mi trabajo y de mis tiempos había tenido la oportunidad de vivir plenamente,  con absoluta presencia y asombro, el tiempo detenido y la magia que la nieve regala en sus múltiples rincones.

En mi vida la nieve sucede muy poco porque vivo en la meseta, cerca de la montaña sí, pero en la meseta.  No esquío y no tengo la costubre de subir a la montaña cuando hay nieve. Podría empeñarme en buscar la nieve, pero hasta ahora, no lo he hecho. Quizás porque soy del sur y me gusta mucho el calor, las palmeras, las minifaldas, las sandalias y bañarme en agua turquesa.

Cuando nieva en las planicies del sur y no te quedas inesperadamente atrapada en la carretera o en la casa (cosa que suele suceder, todo sea dicho) es como cuando ves la nieve por primera vez cuando eres niña.

Entiendo que para mis amigos noruegos, Marit y Uwe, la experiencia es totalmente diferente, porque viviendo en una cabaña en el campo, necesitaban dos horas por las mañanas para quitar la nieve de la puerta,  a base de pala, hasta poder salir de casa. Eso cada día, durante los meses de invierno.

Tengo la suerte de trabajar junto a una palmera, es una gran compañera de trabajo, me da alegría de vivir. Mi palmera es muy alta y tiene lo que se dice 6 pelos, y cuando los salvajes sin corazón del ayuntamiento la mandan podar, la dejan con 4. Aún así, con sus poquitas y finas ramas, es muy elegante, digna, bonita y se le atribuye a su propio mérito sobrevivir en un cuadrilatero de 1 metro cuadrado que comparte con una higuera (si es que todavía se le puede llamar así después de las podas que también sufre).

¡Qué manera de podar! Yo creo que, con todos mis respetos y sin acritud, la acción de poder excita a los forestales o a los jardineros que se ocupan; creo que se les va en ello litros de testosterona (si es que eso existe). Se emocionan y dejan mi pueblo, naturalmente exuberante, transformado en el Gólgota.

Volviendo al tema, disfruté mucho de mirar hacia arriba y ver caer lentamente la nieve sobre mi palmera. Y luego la nieve comenzó a caer, lentamente sí, pero como si no hubiera un mañana. Y enseguida, pero lentamente, estaba todo blanco. Y salí y mi coche estaba casi enterrado en nieve. Y me metí dentro y, cuando pude arrancar, inmensos copos de nieve se abalanzaban lentamente sobre el parabrisas. Y pude llegar, lentamente fascinada, a mi destino.

No había casi nadie en la calle a pleno día. Puro silencio. Así que podías escuchar ese maravilloso crujir que se siente en todo el cuerpo al pisar la nieve. Y dejar que la nieve fuera posándose, lenta, fría y delicadamente sobre tu cara. Y quedarte ahí, gozando, sin vergüenza, porque no había nadie para mirarte cuando sacaste el iphone para grabar fotos y vídeos de los rincones de siempre pero como si fueras turista en Berlín, creyendo que podías llegar a plasmar ese momento mágico justo antes de que tu iphone te comunicase sin compasión: “No hay suficiente espacio para hacer fotos en este iphone”.

Por supuesto seguí, feliz, sin necesidad de iphone y sin posibilidad de reportaje, disfrutando del mágico instante, sabiendo que pronto acabaría. Y seguí disfrutando todo el día, y mi hijo y yo tuvimos un viaje asombroso envueltos por la nieve soplando en todas las direcciones alrededor del coche al caer la noche conduciendo por la autopista, con la sensación de que la espiral de nieve nos levantaría en cualquier momento, como el tornado levanta la casa de Dorothy en “El mago de Oz”.

En realidad este blog no es para escribir sobre mi vida, sino para recordar la belleza de lo cotidiano a través de lo que veo en mi día a día. También para mostrar lo hermoso del ser humano y de la vida, a través de creaciones artísticas, mayoritariamente femeninas, porque en este momento de la historia toca visibilizar el trabajo de las mujeres que durante siglos no pudo apenas verse, ni contarse, ni hacerse…

Por eso, para describir el esplendor y la magia del caer de la nieve, experiencia por todos conocida por otra parte, sin que fuera demasiado obvio o poéticamente manido, decidí buscar una foto que ilustrara completamente la felicidad que experimenté el pasado lunes cuando nevó. Y me acordé de las fotógrafas rusas. “Porque ellas, con toda seguridad, deben de tener alguna foto con nieve”  me dije a mí misma.

Busqué a Kareva Margarita y a Elena Shumilova y efectivamente: ahí estaba retratada con brillante perfección la experiencia prodigiosa de la nieve.  Puedes pinchar en sus nombres para deleitarte con sus obras artísticas.

Pero además, investigué para comprender científicamente la geometría de la nieve, algo que me parece tan increíble como su peso y su lentitud al caer. Y me encontré con una investigación dirigida por la profesora de química Mary Jane Shultz, de la Escuela de Artes y Ciencias de la Universidad de Tufts en Estados Unidos respondiendo a las especulaciones de hace más de 400 años hechas por el científico Johannes Kepler sobre la creación de una de las formas más bellas de la naturaleza: el copo de nieve de seis caras.

Me puse muy contenta! Ya tenía una mujer científica, Mary Jane (en el link arriba puedes verla) que investigaba la geometría de la nieve. Sin embargo, no entendí ni papa y los anuncios que aparecían sin cesar en el periódico on line donde se publicaba la noticia no me permitían leer tranquilamente el texto, así que terminé por renunciar a entenderlo. A mí me resultan complejos, pero es bonito acariciar sus líneas y quedarse con la sensación de que algo muy muy importante está contenido en un copo de nieve, véase:

El copo de nieve de seis ángulos y la geometría pentagonal

Geometría de los copos de nieve

Química descifra la geometría del copo de nieve

La geometría de la nieve me reconfirma la existencia de Dios, de la cual no dudo, pero me la reconfirma para los demás. Porque yo veo “eso” que llamamos Dios en todo lo que existe. Y no ese Dios de “parirás con dolor aunque con un iphone”, que es sólo una interpretación humana.

Pero el intento siempre fallido de razonamiento mental y carga histórica y religiosa asociada a su nombre dan lugar a mucha confusión y hacen que muchas personas no “crean” en “Dios” y se pierdan la experiencia. Sí, disfrutan de la experiencia de la nieve, pero se pierden la comprensión y la visión del corazón de Dios siendo nieve, o Dios en la geometría de la nieve.

Porque la “razón” no es suficiente. Se puede vivir feliz y disfrutando sin “creer” en Dios, por supuesto. Pero sé que si es así, en realidad se está viviendo a Dios dentro, sin darse uno cuenta mientras Dios ha quedado cristalizado como un mero concepto en la mente pensante o en el limitado ámbito de la razón. Y es que no tiene sentido “creer” en Dios.

Es exactamente lo mismo con la música. Cuando alguien me dice que no cree en Dios, yo le pregunto: “¿no crees en la música? ¿de dónde viene la música? ¿no te asombra la geometría y la magia de un copo de nieve? ¿no te parece que hay una conciencia prodigiosa e indescriptible que subyace todo lo que existe? Eso es, para mí, Dios. Y no estoy hablando de un Dios de ninguna religión. La religión es parte del intento del ser humano por comprender y honrar el misterio de la existencia y ponerlo en palabras.

Lamentablemente, como con todo, se ha utilizado y se utiliza por seres humanos sin compasión al servicio de intereses de poder y codicia y se manipula y se mata en su nombre. Por eso, al final, Dios acaba teniendo tan mala prensa. Para unos Alá, para otros Yahvé, Shiva-Shakti, Zeús, Afrodita, Ganesha y todos los dioses que no son Dios… y para muchos Dios, en general. De cualquier manera, no estamos viendo ni a Dios ni a los hijos de Dios, detrás de su nombre.

¿Por qué la nieve nos conecta con algo trascendente?

Y me viene a la memoria una preciosa historia que ilustra todo esto.

Una muy querida amiga, a la que me une un amor incondicional tan perfecto como un copo de nieve, un amor intacto, puro y eterno, me contó esta historia.

Mi amiga es de un humilde pueblo de Badajoz y había venido a Madrid a trabajar. En algún momento fue a Badajoz para ver a su abuelo Félix, con quien siempre ha tenido una conexión muy especial y por eso ha llamado Félix a su primer hijo. Su abuelo estaba muy malito, de cáncer, y en esa ocasión él le dijo a ella, medio delirando o soñando: “Ya volverás cuando haya nieve…” Ella se volvió a Madrid. Y el día que la llamarón para decirle que su abuelito había fallecido ella estaba en Madrid. Cuando iba hacia Badajoz para el entierro comenzó a nevar… y fue la primera vez en su vida que mi amiga veía nevar.

Por alguna razón que desconocemos, el caer de la nieve detiene el tiempo y nos trae al momento presente y al asombro. Quizás en Alaska, Siberia, Escandinavia y Polo Norte les pase exactamente lo mismo con mi palmera. No sé. Pero sé que para muchos, cuando hablamos de nieve nos encontramos en un lugar fuera del tiempo.

Saturno, planeta y además el Dios asociado al tiempo cronológico, pues fue Kronos para los griegos, curiosamente, tiene un polo norte hexagonal, como la nieve.

 

La mejor forma de terminar este post es escuchando música de nieve.

Otra mujer, Kate Bush, maravillosa y veterana música, nos canta 50 palabras para la nieve en su magnífico album “50 Words for Snow” que puedes escuchar completo a continuación.

Y recuerda que pinchando los enlaces en dorado y los vídeos se despliega un universo de preciosas creaciones y conocimiento 🙂

Feliz nieve!

 

Perfecta y aun así no te das cuenta

Perfecta y aun así no te das cuenta

Bujanghasana

Canción: “Perfecta”, letra y música de Luis Ramiro

Vídeo: Mila Zahori

Dedicado a las mujeres, para recordarles que se amen a sí mismas

Dedicado a la perfección inherente y real de lo que somos

Dedicado a los hombres que reconocen a las mujeres

Desde la dicha de ser una misma

Ver vídeo:

 

 

Esas marquitas que hay en tus piernas,
Que te acomplejan si vas sin medias,
Son las estrellas de mi universo,
Las que me guían cuando me pierdo,
Las que me alumbran cuando navego.

Que gracias me haces cuando me cuentas,
“Amor, mis tetas son tan pequeñas”,
y yo pregunto si es grande el viento,
y qué tamaño tiene el invierno,
qué coño importa si son perfectos…

Como la vida si voy contigo,
Como la muerte si es a tu lado,
Como tu boca tapando el frío,
Perfecta como una madre besando a un hijo.

Eres perfecta y aún así no te das cuenta,
Perfecta, perfecta, perfecta.
Eres perfecta como el sol, como la tierra
Perfecta, perfecta, perfecta.

Esos dos brazos no te los tapes,
No seas tan tonta si tú ya sabes
Que son las alas de mi esperanza,
Mis dos caminos para ir a casa,
El contrapeso de mi balanza.

Con tu sonrisa yo enciendo el mundo,
miro tu culo y veo el futuro,
En esos ojos yo me hago el muerto,
En esos labios subo hasta el cielo,
Tengo muy claro que son perfectos…

Como la vida si voy contigo,
Como la muerte si es a tu lado,
Como tu boca tapando el frío,
Perfecta, como una madre besando a un hijo.

(Luis Ramiro, poeta y cantautor)

45 cerebros y Un corazón

45 cerebros y Un corazón
corazonpuertamadera
45 cerebros y un corazón

Entra… puedes escuchar este post en el siguiente audio, o leerlo y recorrer sus enlaces, puertas a más historias. Duración: 13 minutos.

Rondando el corazón, lo encontré. He atisbado el corazón original, el que lo contiene todo… Me ha susurrado de forma inesperada “Tú que vienes a rondarme, amárrate a mí” y me ha abierto la puerta a su geografía. Mi alma exploradora me pide comenzar un trazado de su mapa, esa cartografía del corazón que me ha llamado siempre.

El corazón tiene infinitas puertas, y se puede acceder a él por cualquiera de ellas: por la puerta principal o por la de servicio, por la más recóndita o por la del letrero luminoso, por una caprichosa o por otra procedente, por la más convencional o por la más atrevida, por una dolorosa o por una placentera, y muchas veces por la más imprevisible…

Cuando escuchas la palabra corazón ¿qué piensas que es?

Indagando la etimología de la palabra corazón, la mejor me la he encontrado en un fabuloso artículo de la Revista Española de Cardiología  del que extraigo lo que buscaba, y que me regresa al sánscrito:

La palabra que designa al corazón en sánscrito es hrid1. Según el médico y poeta chileno Hernán Baeza, esta palabra significa «saltador» y hace referencia a los saltos que da el corazón en el pecho en respuesta a los esfuerzos y a las emociones. En la tradición hindú se representa gráficamente el centro de energía (chakra) del corazón como un ciervo en actitud de saltar.

Al parecer, una variante de la palabra hrid, que los griegos pronunciarían krid, más tarde kirdía, dio lugar al término griego καρδια (cardia) y al latino cor1. Cuando el latín vulgar evolucionó hacia las diferentes lenguas romances, casi todas ellas denominaron al corazón con esta última palabra o con sus derivados. Así, los valencianos, catalanes y baleares dicen cor, los franceses, coeur, y los italianos, cuore. Éste es el origen también del gallego corazón y del portugués coração.  En esperanto, corazón se dice koro. De cor viene también la palabra inglesa core, que significa la parte central, esencial, de cualquier cosa.

Podría pensarse que las palabras con las que se designa al corazón en las lenguas germánicas tienen un origen muy distinto. Sin embargo, no es así. La similitud con el sánscrito hrid es evidente en el antiguo godo hairtó1, el alemán Herz, el neerlandés hart, el inglés heart y las lenguas escandinavas (hjerte en danés y en noruego, hjärta en sueco y hjarta en islandés).

Maravilloso.

Dicen que el pensamiento y el sentimiento crean la realidad. Seguir el hilo desde el pensamiento hasta la realidad es un viaje sutil que te transporta a otra dimensión, sin dejar de estar en esta. Más bien te lleva a lograr habitar esta, plenamente.

En mis clases tantas veces repito que el momento presente es La Puerta, que me acabé colando por ella, como Alicia se cae en el agujero del árbol.

En mi caso esta experiencia carece de fuegos artificiales, formas caleidoscópicas, mandalas de colores girando en la mente o delirios espirituales. Es un brillo delicado. Lo que en inglés llaman Spark. Es más parecido a la brisa de verano al atardecer, junto al mar, cuando un suave sentimiento cálido, profundo y reconfortante te llena inesperadamente de una dicha tranquila y verdadera. Es incluso más sutil, es transparente. Y su transparencia te lleva por caminos sorprendentes.

Esta semana en las clases proponía que nos quedáramos en el sentir, no en el pensar; que diéramos al sentir una oportunidad, puesto que ya estamos todo el día pensándolo todo. Y puesto que, como me dijo un sabio amigo, el sentir es anterior al pensar.

Cada vez más a menudo me detengo a sentir cada cosa y a sostener la emoción, y a sentir y a observar y a vivir la experiencia del momento presente tal y como se despliega a cada instante. Aunque requiere cierto coraje (coraje viene de corazón) sostener una tristeza, una soledad, una ira, un sentimiento de abandono, un miedo o una culpa,  después de que te pasan a través estas emociones, llegas a una preciosa sensación de parar el tiempo.

Un día de esta semana, me encontraba con mi socio dando una clase particular de yoga a una persona con lesiones en la columna vertebral que le producen tanto dolor, que le han implantado un estimulador medular. En medio de la clase tuve una experiencia que me ha ocurrido muchas veces, pero esta vez la sentí diferente en el corazón.

Más allá de la empatía que siento por todos los seres humanos, emergió un profundo sentimiento de amor, un amor absoluto y matizado, amor por el momento en sí, por lo que sucedía y por todo lo que incluía, amor al llegarme el recuerdo de ciertas personas. Y en medio de ese sentimiento de amor sentí mi corazón hueco, vacío. No vacío con la connotación negativa que solemos dar a esta palabra. Era hueco, infinito, real y concreto al mismo tiempo. Y yo me sentía totalmente presente.

A la noche siguiente, el corazón me tenía reservada una preciosa revelación.

Vivo en el corazón de la península, que es grande y tiene muchas puertas. Lavapiés es una de ellas. En el Teatro del Arte tenía lugar un concierto del programa Voces femeninas que organiza Son Estrella Galicia.

Era una fría noche de primavera, y para entrar en el teatro había que atravesar un patio interior por donde circulaba un viento helado. El viento siempre anuncia: puedes abrir las puertas del corazón o cerrarlas de un portazo.

En el interior de la sala, a oscuras, María Arnal y Marcel Bagés nos presentaban su álbum 45 cerebros y 1 corazón (en este link puedes escucharlo).

Sus latidos me llevaron al corazón de mi linaje paterno, Burgos, donde en agosto del año pasado se descubrió una fosa común de asesinados por las fuerzas franquistas en 1936. Lo más impactante es que en dicha fosa se conservaron, intactos, 45 cerebros y un corazón.

A María Arnal i Marcel Bagés esta noticia les impresionó tanto que decidieron titular así su disco de debut, y explorar tan excepcionales caminos.

Sobre el Camino de Santiago, en la Pedraja, se preservaron los cerebros y el corazón. La explicación científica de su conservación es que la fosa fue cavada en un terreno arcilloso, impermeable y extremadamente ácido. Y aquel verano de 1936 fue frío y lluvioso. “La zanja era una piscina. Los cadáveres tenían un tiro en la nuca, así que el agua entró en los cráneos. Y el agua no permite el crecimiento de los microbios que provocan la putrefacción. Los cerebros, con grasa, se saponificaron, se transformaron en jabón”

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El descubrimiento me impacta y me duele hasta lo concreto. Sólo escuchar “45 cerebros y 1 corazón”, tanto la historia, como la música, como la voz, es un viaje al pasado, al presente, al futuro, un disparo en el reino eterno del corazón.

Una de las palabras que uso a menudo para definir el corazón es intacto.

Cuando hablamos de corazón en la filosofía del yoga, hablamos del corazón espiritual, de hrdaya. Ese corazón abarca, contiene y ES todo lo que existe: la lealtad y la traición, la muerte y la vida, el encuentro y el desencuentro, la mentira y la verdad, el deseo y el desamparo, la oscuridad y la luz…

Cuando sientes el corazón hueco, puedes sostener todo lo que ocurre, respirando en calma, y permanecer intacto.

Los Upanishads son libros sagrados de la filosofía del Yoga escritos a partir del s. VI a. C. El Chandogya Upanishad (III,14,3) contiene un bellísimo texto que dice:

“Es el espíritu que habita en mi­ corazón, más pequeño que un grano de arroz o que un grano de cebada, (..) Es el espíritu que habita en mi corazón, más grande que la tierra, más grande que el firmamento, más grande que los mismos cielos, más grande que todos estos mundos. 

Él contiene todas las obras y deseos, todos los perfumes y todos los sabores. Él envuelve el universo entero y ama todo en silencio. Es el espíritu que habita en mi corazón”.

La Voz y el Canto de María Arnal y la Guitarra y el Sonido de Marcel Bagés (para los cuales prefiero no usar adjetivos, y que los escuches transparentes como son) hacen que el corazón despierte.  Una extraordinaria revelación que quiero compartir contigo.

Los vídeos no alcanzan el impacto de su directo, pero te acercan a conocerles. Te invito a verles y escucharles. Tres excepcionales canciones, poemas, con su traducción a continuación…

En la periferia brillante
de una galaxia mediana,
en medio de un mar oscuro
donde flota nuestro mundo

tú, que vienes a rondarme
como los nueve planetas,
parece que cuando bailas
llueven miles de cometas

Tú que vienes a rondarme
amárrate a mí
Tú que vienes a rondarme
arrímate aquí

magia negra entre tus manos
mil caballos desbocados
corren con el morro en llamas
el fuego canta y tú bailas

lamen lunas desorbitadas
las mareas mareadas
así me sigues al trote
y de cabeza al galope:

magia negra entre mis formas
suben hormigas, se enraman
romeros de sierras altas
fresco el aire que me canta

se han abierto las ventanas
beben cientos de gargantas
mientras alzas con la mano
el vino que todo sana

Tú que vienes a rondarme
amárrate a mí
Tú que vienes a rondarme
arrímate aquí

En los aposentos del universo
estás tú que me esperas,
mi piel se llena de chispas
que saben a flores y a lenguas

magia negra entre tus manos
altos jazmines se enzarzan
amarran nuestras caderas
vuelan hacia las esferas

fuentes de estrellas antiguas
santiguan nuestros jaleos
arden en llamas azules
todas las voces del universo
con nosotros

río de ti rayo de mí
no siento ninguna pena
rayo de ti río de mí
esta es nuestra verbena

Tú que vienes a rondarme
amárrate a mí
Tú que vienes a rondarme
arrímate aquí

en la periferia brillante
de una galaxia mediana
en medio de un mar oscuro
donde nada nuestro
diminuto mundo nuestro
diminuto
mundo

Lletra – Maria Arnal
Música – Maria Arnal i Marcel Bagés
Electrònica – Grey Filastine
Producció – David Soler
Realització: Marc Sempere i Albert Lloreta 
Direcció d’art: Erkuden Fernández

Poema de Vicent Andrés Estellés y melodía de Héctor Arnau Salvador.
No he desitjat mai cap cos com el teu.
Mai no he sentit un desig com aquest.
Mai no el podré satisfer -és ben cert.
Però no en puc desistir, oblidar-te.
És el desig de la teua nuesa.
És el desig del teu cos vora el meu.
Un fosc desig, vagament, de fer dany.
O bé el desig simplement impossible.
Torne al començ, ple de pena i de fúria:
no he desitjat mai cap cos com el teu.
L’odi, també; perquè és odi, també.
No vull seguir. A mamar, tots els versos!

No he deseado nunca ningún cuerpo como el tuyo.
Nunca he sentido un deseo como este.
Nunca podré satisfacer -es cierto.
Pero no puedo desistir, olvidarte.
Es el deseo de tu desnudez.
Es el deseo de tu cuerpo junto al mío.
Un oscuro deseo, vagamente, de hacer daño.
O bien el deseo simplemente imposible.
Vuelta al comienzo, lleno de pena y de furia:
no he deseado nunca ningún cuerpo como el tuyo.
El odio, también; porque es odio, también.
No quiero seguir. A mamar, todos los versos!

Voz: Maria Arnal Dimas
Guitarra: Marcel Bagés

A la vida
Quin plor més gran que duc
a dins del meu poc cos.
Quin raig de foc que sent
A dintre d’ell.Que fort que bufa el vent
aquesta nit suau.
Quines coses més estranyes
Que passen prop de mi.¿Què passa ací on sóc,
que tinc regust de res?
Vaig i anem passant,
anem i vaig passant.
Vaig i anem compartint
sense cap novetat,
poc a poc els minuts.

Poc a poquet l’hivern.
Tots passant un camí
Havent-te’n tants i tants,
i tantes coses més
que neixen cada instant.
Ah!, la vida…

Encara espere tant de tu,
Que esperant mor amb tu.

Mil trencaments de viure,
mils i mils d’enemics.
Tot contra tota vida.
Cops amagats.

Muntanyes de paranys.
Enganys i més enganys.
Paraules sense lletra.
Imatges sense vida.
I un arma prop la mà,
Pel que passe demà.

Espere tant i tant de tu,
que no mato el meu cos.
Segueixo amb tots.

Un pensament però,
per aquells que estaran
junts a tots i tots junts…
Per aquells que ara estan
tant lluny però tant a prop,
tant a dins de nosaltres.

Aquells que fan possible
l’esperança de viure,
morint a cada instant.

Un dia qualsevol
serà la vida i tots!
serà la vida i tots!

Per tant i tantes coses més,
seguim. Us esperem!

Cante a la vida plena,
des de la vida buida.
Tanque els ulls, baixe el cap.

La sang em puja al cap.
I el cor em diu que sí.
El cervell diu que sí.
I tot en mi és un sí.
Que mai no acabarà.
Canto la vida sí.

A la vida

(Ovidi Montllor)

Qué llanto mayor que llevo
dentro de mi poco cuerpo.
Qué rayo de fuego que siente
Dentro de él.
Que fuerte que sopla el viento
esta noche suave.Qué cosas más extrañas
Que pasan cerca de mí.

¿Qué pasa aquí donde estoy,
que tengo sabor de nada?
Voy y vamos pasando,
vamos y voy pasando.
Voy y vamos compartiendo
sin ninguna novedad,
poco a poco los minutos.

Poco a poco el invierno.
Todos pasando un camino
Habiéndose tantos y tantos,
y tantas cosas más
que nacen cada instante.
Ah !, la vida …

Aunque espero tanto de ti,
Que esperando muero contigo.

Mil roturas de vivir,
miles y miles de enemigos.
Todo contra toda vida.
Golpes escondidos.
Montañas de trampas.
Engaños y más engaños.

Palabras sin letra.
Imágenes sin vida.
Y un arma cerca la mano,
Por que pase mañana.

Espero tanto y tanto de ti,
que no mato mi cuerpo.
Sigo con todos.

Un pensamiento pero,
por aquellos que estarán
juntos todos y todos juntos …
Para aquellos que ahora están
tan lejos pero tan cerca,
tanto dentro de nosotros.

Aquellos que hacen posible
la esperanza de vivir,
muriendo a cada instante.

Un día cualquiera
será la vida y todos!
será la vida y todos!

Por lo tanto y tantas cosas más,
seguimos. Os esperamos!

Canto a la vida plena,
desde la vida vacía.
Cierro los ojos, bajo la cabeza.
La sangre me sube a la cabeza.

Y el corazón me dice que sí.
El cerebro dice que sí.
Y todo en mí es un sí.
Que nunca acabará.
Canto la vida sí.